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APARICIONES DE JESÚS Y MARÍA EN EL ESCORIAL

"Yo prometo a todo el que rece el Santo Rosario diariamente y comulgue los primeros sábados de mes,

asistirle en la hora de la muerte."

(El Escorial. Stma. Virgen, 5-03-82) "Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, recibiréis gracias muy especiales en la vida y en la muerte."

(El Escorial. El Señor, 1-1-2000)

Mensaje del día 5 de Enero del 2.002, primer sábado de mes,

en Prado Nuevo de El Escorial. (Madrid)

LA VIRGEN:

Hija mía, una vez más estoy entre vosotros como Madre de todos los hombres. Vengo, hija mía, a buscar alivio en mi Corazón. En este lugar, alivian mucho mi Corazón tantas y tantas Avemarías. Los hombres, hija mía, están abismados en el mundo, en la tiniebla, y se introducen en el pecado. Por eso quiero que aliviéis mi Corazón, hijos míos, porque todas las fiestas aumenta más el pecado y el dolor de mi Corazón. Los hombres, cada día están más metidos, hija mía, en los placeres del mundo.

EL SEÑOR:

Sí, hijos míos, Yo grito tiernamente a mis almas: "No os introduzcáis en el pecado; velad, orad, para que la tentación se aleje"; y vosotros, hijos míos, no escucháis mi voz. Yo llamo a mis esposas con una voz tierna. A mis queridos sacerdotes, a todos mis hijos les grito: ¡"Sed fieles, hijos míos"! Y vosotros cerráis los oídos a mis palabras. Os hablo con ternura, pero no tenéis compasión de nuestros Corazones. El pecado de la carne, hijos míos, Satanás lo saca en triunfo. ¡Ay, qué ingratitud la de los hombres!; los llamo con ternura, estoy en el Tabernáculo por su amor; todo lo di por ellos y todo lo realicé por ellos: el Sacramento de la Eucaristía, mi Iglesia... Y ¿qué hacéis, hijos míos, con tantas y tantas gracias que os he otorgado para vuestra salvación? Mis llamadas son inútiles, hijos míos, mi mensaje lo rechazáis, estáis sordos y ciegos. ¿Hasta dónde queréis llegar? La Misericordia de todo un Dios está agotándose. ¡Qué ingratos son los hombres! Mira nuestros Corazones, hija mía.

LUZ AMPARO:

¡Ay, Señor, ay!

EL SEÑOR:

Todas estas espinas, hija mía, están clavadas, tan profundas que no pueden moverse, hija mía; sólo si los hombres hacen amor... sus actos todos dirigidos a la Divina Majestad de Dios. Actos de amor, hijos míos, son los que quiero; amor puro, sincero; no amores pasionales, amores carnales; amores que destruyen al hombre.

Tened piedad, hijos míos, de nuestro Corazón. Los hombres están llegando como cuando Sodoma y Gomorra, hijos míos: nada es pecado, hijos míos. Los hombres están fríos como témpanos de hielo; por eso quiero, hija mía, que hagáis actos de amor y de reparación por tantas y tantas ofensas que se cometen contra nuestros Corazones, aún de aquellos que dicen que me aman y que son míos, pero que la pasión los puede. Y mira nuestros Corazones rodeados de dolor y de espinas. Vengo a este lugar para que los hombres alivien nuestros Corazones.

LUZ AMPARO:

¡Qué tristeza, Dios mío! ¡Oy! ¿Qué puedo hacer, Señor, ante este dolor, ante esta incomprensión de los hombres?

EL SEÑOR:

Echa el rostro en tierra, hija mía. (Luz Amparo se posterna en el suelo).

¡Hay tanto mal en el mundo, hija mía! Santo Dios, Santo Fuerte, Santo inmortal, líbranos, Señor Eterno, de las asechanzas de Satanás.

El hombre está junto a las asechanzas.

LUZ AMPARO:

¡Dios mío, Señor, Señor!...

EL SEÑOR:

La oración, hija mía, el sacrificio, la humillación, es tan importante en la vida, hija mía, que el hombre no se humilla ante Dios.

Hijos míos, os pido humildad, penitencia y sacrificio. Los hombres se han olvidado de orar con una oración sincera que salga de los más profundo del corazón.

Repara, hija mía, los pecados que han ofendido tan gravemente, en estos días, nuestros Corazones.

Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a nuestros ofensores. No nos dejes caer en tentación. Líbranos de todo mal.

Haced bien la oración, hijos míos, pausada y sincera.

Levántate, hija mía. (Luz Amparo se levanta)

Quiero actos de reparación, hija mía, y los hombres que aprendan a ser humildes. Orad, hijos míos, la oración en familia es muy importante, en comunidades, consolad nuestros corazones; ¡están tan afligidos por los hombres! Mira, hija mía, otra vez más, cómo dejan mi rostro los pecados de los hombres.

LUZ AMPARO:

¡Dios mío, no pareces Tú, Señor!

EL SEÑOR:

Los hombres son tan ingratos que no miran el dolor de todo un Dios por sus criaturas.

LUZ AMPARO:

Dios mío, ¡ay!, te amo por los que no te aman, te glorifico por los que no te glorifican, me sacrificaré por los que no se sacrifiquen.

EL SEÑOR:

Hijos míos, acercaos a la Eucaristía, al sacramento de la Penitencia, visitad a vuestro Jesús que está triste y solo en el Tabernáculo.

LUZ AMPARO:

¡Ay, Señor, qué dolor! ¡Ay, cuánto dolor! ¡Ay! Decidme, Señor, ¿qué puedo hacer?

EL SEÑOR:

Sé humilde, hija mía.

LUZ AMPARO:

¡Cuánto dolor siente mi corazón, Señor!

EL SEÑOR:

Oración pido; oración que salga de lo más profundo del corazón; que no sea una oración mecánica; que los hombres mueven, hija mía, los labios, pero el corazón no lo ejercitan.

LUZ AMPARO:

Ay, Señor. Te amo, Señor, te amo. Te amo, Señor. Señor, ay. ¡Si yo pudiera quitarte todas esas espinas, Señor, y yo pudiera aliviarte un poco, Señor! ¿Qué tengo que hacer para poder aliviar tu Corazón?

EL SEÑOR:

Sé obediente, hija mía. Eres instrumento de Dios, de reparación. Humildad te pido.

LUZ AMPARO:

Haz de mí lo que quieras, Señor. ¡Ay, Dios mío, ay, cuanto dolor, Señor! Vamos a orar, Señor.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a nuestros ofensores. No nos dejes caer en tentación y líbranos de todo mal.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita, Tú, entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

¡Ay, qué dolor! ¡Qué dolor, Señor!, ¿no se podrá quitar ninguna espina?. ¡Ay!, a ver si pudiera quitar alguna espina de tu Corazón. ¡Ay, ay, ay, ay, no se puede, Señor! ¡Ay, ay, qué duras!

EL SEÑOR:

Sólo la oración, hija mía, podrá sacarlas. Di a los hombres que consuelen Mi Corazón con la oración.

LUZ AMPARO:

¡Ay, ay, ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío, Dios mío, ay qué dolor!...

EL SEÑOR:

Pues las almas, hija mía, no se enternecen ni ante este cuadro de dolor, ni ante la Sangre derramada por ellos. Las leyes las ponen los hombres y las cumplen a su antojo.

LUZ AMPARO:

¡Ay, ay, Dios mío! ¡Te amo, Señor!

EL SEÑOR:

Sólo pido, hijos míos, a los padres: educad a vuestros hijos en el santo temor de Dios, hijos míos. No los dejéis que se introduzcan en el mundo, donde el Demonio y la carne los arrastra. Velad por ellos, padres; ¡tendréis que dar una cuenta muy especial ante Dios por vuestros hijos! Esposas, sed sumisas a vuestros esposos. Esposos amad a vuestras esposas. El Demonio se ha apoderado de los hogares porque las esposas no son humildes y los hijos no respetan a los padres. Las familias están desunidas, porque la madre no es sumisa al esposo, y destruyen los hogares con su mal ejemplo, hija mía. Que la mayoría de los hogares están destruidos, porque no se respetan unos a otros. Empiezan los hijos por no respetar a los padres, y las esposas por no respetar a los esposos. Los hombres sólo se quedan en la imagen del tiempo sin querer alcanzar la eternidad. No hay paz ni armonía entre las familias. En el mundo está reinando Satán. Muchas almas consagradas se han marchitado. ¡Hay tan pocos lugares donde poder refugiarnos! Por eso pido, hijos míos: amaos unos a otros, respetaos, enseñad a los hijos la unidad de los esposos. Dad buen ejemplo de santidad en vuestros hogares para que vuestros hijos sean igual a vosotros. Pero ¿qué habéis hecho de los hogares, de los conventos? El mundo está precipitándose hace tiempo en un abismo que sólo Dios puede sacarlo. Si el hombre no mira a Dios, el mundo será destruido por la falta de amor entre los hombres. ¡Orad!

Y, tú, grita, hija mía, que oigan mi voz, que no se hagan los sordos. No puedo darles más, hija mía. Pisotean las gracias, rechazan mi amor y ponen ellos las leyes a su antojo. ¿En qué lugar están dejando a todo un Dios? Amad a la Iglesia con todo vuestro corazón, hijos míos. Amad al Santo Padre. Orad por los sacerdotes y los obispos, que cada uno seca... sepa cumplir con el ministerio que le corresponde para agradar a Dios y conquistar a las almas. Aliviad nuestros Corazones, hijos míos. Cada Avemaría vuestra llegará al Cielo y también aliviará a las almas del Purgatorio.

Acudid a este lugar, hijos míos, recibiréis gracias para vivir en gracia. No os abandonéis en los sacramentos. Acercaos diariamente a la Eucaristía. Fortaleceos de Mí, hijos míos. Mi Cuerpo es una verdadera comida y una verdadera bebida; alimentaos de Él, hijos míos. E instituí la Eucaristía por amor a vosotros. No me abandonéis, hijos míos, que muchas veces estoy triste y sólo esperándoos; una visita de vosotros, hijos míos.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

"Haced apostolado por todas las partes del mundo, hijos míos,

extended los mensajes, hijos míos.

¡Cuántos se ríen de mis mensajes!

Llevadlos por todos los rincones de la tierra.

(Stma. Virgen: 1-10-1983)

http://www.virgendolorosa.com

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"Yo prometo a todo el que rece el Santo Rosario diariamente y comulgue los primeros sábados de mes,

asistirle en la hora de la muerte."

(El Escorial. Stma. Virgen, 5-03-82) "Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, recibiréis gracias muy especiales en la vida y en la muerte."

(El Escorial. El Señor, 1-1-2000)

Mensaje del día 2 de Febrero del 2.002, primer sábado de mes,

en Prado Nuevo de El Escorial. (Madrid)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy otra vez como Madre de los afligidos, Madre de los pecadores. Sé, hija mía, que tu corazón está afligido, pues te has quedado huérfana de un director que tanto te ha ayudado, a lo largo de tantos años, hija mía, pero te ha preparado y, desde el Cielo, te seguirá ayudando y seguirá ayudando a esta Obra, que tanto y tanto ha amado.

PADRE ALFONSO MARÍA:

Dios permite que me veas, hija mía, que diferencia la del Cielo a la Tierra: aquí no valen los títulos, ni los nombramientos; aquí es todo a lo Dios ¡qué grandezas las del Cielo y ver el rostro de Dios! Cuántas almas llegan aquí, por ese lugar, con una vida perfecta, porque los hombres se llaman católicos practicantes, ¿pero cómo viven la doctrina...?

¡Qué maravillas las del Cielo cuanto he anhelado este lugar y este momento! No te quedas sola, desde aquí velare por ti. Luchad todos para venir a juntarnos todos: ¿Cómo los hombres pueden negar la existencia del Cielo y del Infierno? Y muchos pastores que niegan la existencia del Infierno no saben el mal que hacen a las almas; cuando se encuentren ante el atribunal de Dios... Hermanos ,sed sinceros en predicar el Evangelio tal como está escrito; que los hombres sepan las verdades. No tengáis temor de explicarles las verdades, porque cuánto se pierde en llegar aquí por no haberles dicho con claridad la existencia del Cielo y del Infierno. Qué grandezas las que hay aquí, qué diferencia en la Tierra a este lugar: en la Tierra todo atrae al hombre menos Dios y aquí sólo te atrae Dios. Esta grandeza infinita no la perdáis, hijos míos. ¡Cómo os atrevéis a no explicar las verdades!

LUZ AMPARO:

¡Ay, qué grandezas, Dios mío! ¡Ay, Padre, ayúdeme!

PADRE ALFONSO MARÍA:

Ya he llegado aquí a ver el rostro de Dios, qué alegría siente todo mi ser porque estoy impregnado de la divinidad de Dios participando de estas grandezas. ¡Que grandezas y cuánto he deseado este momento! Esta es la grandeza infinita por la que tiene queluchar el hombre, no hay otras grandezas en la Tierra mayor que ésta; dejad los halagos, vivid para Dios y no seáis centros, que los hombres son muy dados a hacernos centros; y no os dejéis embaucar por unas palmaditas, que es fácil, como no reflexionéis, de que el demonio os conquiste por la soberbia y la vanidad. Luchad, sólo Dios basta, amad a las criaturas pero Dios por encima de todas las cosas. ¡Cuántos se quedan sin llegar aquí, hijos míos, porque se han creído Dioses y todo lo que han hecho lo han hecho para su vanidad y su persona: no os dejéis conquistar por los hombres conquistad a los hombres para Dios y dejad que Dios conquiste vuestro corazón! Vivid una vida entregada, amad mucho esta Obra. En esta Obra iréis por camino de perfección, pero ¡Ay, cómo os dejéis halagar y dar palmaditas en la espalda!; no seáis centros, hijos míos, cuánto me sirvió esto a mí, aunque yo amaba mucho a mi Dios, pero cuánto bien me ha hecho. Ay, hija mía, lucha para que un día estemos juntos. He dirigido tu alma, hija mía, todo lo mejor que he podido para encaminarla a Dios; sigue por el camino perfecto, desprendido, y humíllate, hija mía, que todo el que se humille será ensalzado. No olvides todo lo que te he enseñado, y también gracias os doy por todos los bienes que he recibido de vosotros. Criaturas que os habéis entregado a Dios, es el mejor camino más perfecto y seguro. Que nadie os confunda, nadie. Estad siempre unidos y ninguno que sea mayor que otro. Amaos. Cuántas almas hay en este lugar participando de esta misma gracia, pero han tenido que ser humilladas y pisoteadas para llegar tan alto. Sé muy humilde, hija mía, no olvides mis consejos.

LA VIRGEN:

Otras almas están en este lugar. Este alma va a hablar porque Dios se lo permite.

ALMA DEL PURGATORIO:

Yo estoy aquí, en el Purgatorio, soy un alma que me entregué a Dios, pero no fui fiel a mi vocación y tenia otro lugar para ir, un lugar tenebroso, un lugar donde no existía la paz, donde no existe el amor, pero, por la misericordia de Dios, aquí estoy. Gracias a vuestras oraciones estoy esperando salir de un momento a otro de este lugar. Aunque es un lugar de purificación pero ¡somos tan felices purgando nuestras deudas! No cambiaríamos nada de la Tierra por el Purgatorio, pues hemos visto a Dios, desde lejos, nos ha abierto un rayito del Cielo y lo hemos visto y su Madre Santísima nos consuela. No queremos nada ni aspiramos nada que no sea Dios, que no sea la eternidad: estar con la Divina Majestad de Dios.

Nada cambiaríamos, aunque sufrimos para purificar nuestras culpas, por este lugar. Llevo aquí mucho tiempo, aunque mi tiempo no es vuestro tiempo, pero no importa el tiempo, importa el lugar donde voy a ir. Y otras muchas están purificándose, aunque es un lugar de dolor también es un lugar de gozo...

EL SEÑOR:

Mira los condenados.

LUZ AMPARO:

¡Qué horror!

ALMA CONDENADA:

No queremos saber nada ni de vosotros ni de Dios; no cambiaríamos las penas ni el dolor, para ir al Cielo. Nuestra misión es el odio, la destrucción, el desamor; es un tormento que no acabará nunca y nunca nos consumirá; es un fuego devorador que devora nuestras entrañas; pero somos malditos de Dios porque nosotros no hemos querido amarlo. Pero sí que quiero que aviséis a los hombres los tormentos tan grandes que hay en este lugar, para que no lleguen a él; así me lo ordena la voz de Dios... Pero por mí arrastraría a todos a este lugar donde se consumieran con el fuego, donde el odio, donde la destrucción, no dejan de existir. Todo es amargura, y nuestra misión es destruir a las almas.

LUZ AMPARO:

¡Qué horror!

ALMA CONDENADA:

Muchos llegamos aquí porque nadie ha querido decirnos la verdad y nosotros tampoco hemos querido comprenderla; era más fácil vivir en comodidad, en abundancia, en hacer cada uno lo que nos da la gana, sin hacer la voluntad de Dios. Este es nuestro sueldo, nos pagan para quien hemos trabajado; sentimos odio, desprecio. Si Dios nos dejara, destruiríamos el mundo. Sólo sentimos deseos de arrastrar a todos los hombres para que participen de este dolor.

LA VIRGEN:

Hija mía, ¿ves qué diferencia del amor al odio? Fíjate la paz que hay en este lugar y el odio, el desprecio, el rencor que hay en el otro; luchad, hijos míos, y no os dejéis conquistar por palabras que regalen vuestros oídos, por comodidades para vuestro cuerpo. Sed fieles a la voluntad de Dios, amad nuestros Corazones, hijos míos. Las almas buenas gozan de la misericordia tan grande que Dios ha tenido con ellas , porque han sido capaces de luchar, de desprenderse, de no aceptar vanidades, ni rencores, ni envidias, de ser pobres, humildes, de sacrificados, de imitar a Jesús en la Cruz y a María en Nazaret. ¿No has visto a tu padre espiritual, hija mía, qué gozoso está en la presencia de Dios? Toda su vida entregada a Dios desde muy niño; desde nueve años ya empezó su camino, hija mía.

EL SEÑOR:

Se entregó todo, por eso yo le di el premio a él y a ti; a él, de ser tu director espiritual y a ti, de aprender de él. Por eso pido a los hombres: acercaos a los Sacramentos, hijos míos, no os abandonéis en la oración, dejad el mundo y todas las vanidades que hay en el mundo y llevad un camino recto y seguro. En el mundo hay una crisis de fe que los hombres han perdido, porque todo lo ven bien. El hombre ha perdido la moral y el mundo está lleno de una inmoralidad: que nada es pecado, la carne la llevan en triunfo y te repito, hija mía, que los hombres quieren cambiar las leyes, no aceptándose cada uno como es, en el camino de la santidad ,si no en la inmoralidad y adulterando su cuerpo: hombres con hombres, mujeres con mujeres . ¡Pero hasta dónde vais a llegar criaturas, que no respetáis la ley de Dios! Dios creó al hombre para procrear y a la mujer; no para gozar ni para placeres ni pasiones. El hombre lo ha olvidado; te repito, hija mía, esto parece Sodoma y Gomorra: ¡Hasta cuándo tiene Dios que avergonzarse de los hombres! Orad, hijos míos, orad, para no caer en tentación.

Acudid a este lugar, hijos míos, que sólo vengo a enseñar que cumpláis con el Evangelio tal como está escrito y no pongáis leyes cada uno a vuestro antojo. Orad, sacrificaos, hijos míos, acercaos al Sacramento de la Confesión y de la Eucaristía, para fortalecer vuestras almas; que los hombres están en una tibieza porque han dejado a Dios y cada día el demonio se está apoderando más de las almas, y los guías no ven la situación del mundo; ciegos, que vuestra soberbia no os deja ver ni aceptar que Dios se manifieste a los humildes para confundir a los soberbios y a los que se creen grandes y poderosos. Pedid, hijos míos, por ellos.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales, para los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo, con el Espíritu Santo.

"Haced apostolado por todas las partes del mundo, hijos míos,

extended los mensajes, hijos míos.

¡Cuántos se ríen de mis mensajes!

Llevadlos por todos los rincones de la tierra.

(Stma. Virgen: 1-10-1983)

http://www.virgendolorosa.com

"Yo prometo a todo el que rece el Santo Rosario diariamente y comulgue los primeros sábados de mes,

asistirle en la hora de la muerte."

(El Escorial. Stma. Virgen, 5-03-82) "Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, recibiréis gracias muy especiales en la vida y en la muerte."

(El Escorial. El Señor, 1-1-2000)

Mensaje del día 2 de Marzo del 2002, primer sábado de mes,

en Prado Nuevo de El Escorial. (Madrid)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy otra vez más, como Madre de los pecadores. Los hombres dicen que son muchas veces las que me manifiesto, pero no ven la situación del mundo. ¿Cómo una Madre que ama tanto a sus hijos, no les va a avisar del peligro que les acecha? Hijos míos, convertíos, orad, que los hombres cada día están más separados de Dios; y ¡cómo voy a repetir que los hombres se vuelven fieras sin tener amor a Dios! ¡Cuánta pena me da esas almas que no escuchan mi voz y se ríen de mis palabras!

EL SEÑOR:

Tú no tengas miedo, hija mía, de decir lo que te comunico; grítalo, que los hombres que cierran sus oídos es porque quieren justificarse con la vida que llevan y no les conviene oír nuestras palabras. Pero, hija mía, hay que ser ciegos para no ver la maldad y el pecado que hay en el Mundo. Muchas veces he avisado a los hombres el gran peligro que les acecha; por eso pido oración, oración y sacrificio, porque Dios va a descargar su ira sobre esas almas tan ingratas. Y gracias a las almas que aman a Dios y lo glorifican, no ha descargado su brazo sobre la Humanidad, Cómo sois tan incrédulos, hijos míos, cómo os ciega el pecado que no veis que el mundo está destruyéndose por la falta que hay en él de Dios. Por eso hago un aviso, diciendo a todos los pastores de mi Iglesia, aquellos que son funcionarios del mundo, que dejen de funcionar en las cosas del mundo y funcionen en la Iglesia, que pueden hacer tanto bien a las almas, que recojan los rebaños y que estén con las ovejas; si el pastor se marcha, las ovejas se pierden; por eso hago un llamamiento a todos mis sacerdotes, que se dediquen al ministerio de la Iglesia, que hay muchas almas que se han descarrilado y desviado del rebaño de Cristo, que las recojan y sean fieles a su ministerio, y prediquen la Palabra de Dios. Sacerdotes queridos de mi Corazón, os ruego que no os dejéis arrastrar por las mentiras de Satán, que os dediquéis a vuestra Iglesia, y que dejéis de ser funcionarios de las cosas del mundo, ya veréis como otra vez resurge la fe en los corazones y se fortalece mi Iglesia. Obedeced, hijos míos, a los avisos del Santo Padre, de vuestros obispos, no os abandonéis en la oración y, contritos y arrepentidos, os daré un abrazo, hijos míos, y vuestro corazón lo dejaré limpio para que el Demonio no haga estragos en él; vuestro corazón pertenece a la Iglesia, a Cristo, a las almas, a los pobres pecadores; pero hijos míos, no os dejéis engañar por el deslumbramiento del mundo, sed fieles testigos del Evangelio.

Y vosotros laicos, ayudad a la Iglesia, educad aquellos, vuestra alma para Dios; aquellos que queráis entregaros al sacerdocio, hijos míos: hay tanta necesidad de sacerdotes santos para convertir a las almas…Hay mucho trabajo en la Iglesia, hijos míos, y pocos trabajadores. Amad a la Iglesia, amad al Santo Padre.

Y tú, hija mía, que nada te afecte, piensa que yo estoy por encima de todo, si Dios con vosotros, ¿a quién podéis temer? Dios pondrá personas en vuestro camino que os proteja; almas santas que guíen vuestro espíritu, pero amad mucho a la Iglesia con todo vuestro corazón; Dios es despreciado, Dios es ultrajado. Hija mía, los pecados de los hombres ofenden tanto a Dios; por eso pido almas capaces de donarse como víctimas para la salvación del mundo. También mi corazón siente alegría cuando tantas y tantas almas acuden a este lugar y de su boca desprenden tantas avemarías.

Todo el que rece el santo rosario diariamente, lo protegeré durante toda su vida y lo visitaré en la hora de la muerte.

El rosario es un arma poderosa, contra todos los males que hay en el mundo, hijos míos. Rezad el rosario en familia.

Acudid a este lugar, todos seréis bendecidos, hijos míos, os lo prometí la primera vez, y muchos seréis marcados con una cruz en la frente; esa cruz será una protección para no caer en el pecado.

Os pido, hijos míos, que oréis mucho, orad; no me canso de deciros, hijos míos, la oración es muy poderosa para tantos y tantos males como hay en el mundo, y tantas catástrofes que vendrán sobre la Tierra. Hijos míos, estad unidos en la oración, en el sacrificio, en la penitencia. Los hombres han olvidado a Dios y se han introducido en las pasiones, en el mundo, ¡qué pena de almas, como se dejan seducir por la astucia de Satanás!

Formad comunidades donde todos unidos glorifiquéis a Dios, porque los hombres unidos en la oración y en el amor, glorifican y alaban a Dios. Formad comunidades cristianas donde todos seáis uno y lo de uno sea de todos, respetándoos, amándoos y entregándoos a hacer la voluntad de Dios. Es muy difícil, en la situación del mundo que hay, que los hombres caminen por el camino de la salvación. Sí, hija mía, sí, se introducen las almas en el Infierno, aunque los hombres no quieren gritar la verdad que hay en el Infierno, lo esconden; ¿cómo ocultáis la verdad, hijos míos, cómo decís que los hombres estáis salvados y que el Infierno no existe? ¡Cuántos seréis responsables, por no predicar la verdad, ante Dios! Decid las verdades, hijos míos, porque la salvación de las almas está en la verdad. Yo soy la Verdad el Camino y la Vida, y el que no dice la verdad está con el rey de la mentira, que es Satán.

Oración pido y sacrificios.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, meditad la pasión de Cristo, acercaos al Sacramento de la Eucaristía, primero pasando por el Sacramento de la Penitencia. Amad nuestros Corazones, hijos míos, sed mansos y humildes de corazón, amaos los unos a los otros, cumplid los Mandamientos; es a lo que venimos, hijos míos: a advertiros que cumpláis con las Leyes de Dios, y a repetiros una y otra vez porque como Padre que avisa a sus hijos está repitiendo día a día: hijos míos, tened cuidado, y cuando los hijos no cambian les repiten y les repiten y el padre no se cansa, ni la madre, de aconsejar al hijo; así, hijos míos, nosotros repetimos una y otra vez para que no estéis ciegos y hagáis caso a los consejos.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

"Haced apostolado por todas las partes del mundo, hijos míos,

extended los mensajes, hijos míos.

¡Cuántos se ríen de mis mensajes!

Llevadlos por todos los rincones de la tierra.

(Stma. Virgen: 1-10-1983)

http://www.virgendolorosa.com

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"Yo prometo a todo el que rece el Santo Rosario diariamente y comulgue los primeros sábados de mes,

asistirle en la hora de la muerte."

(El Escorial. Stma. Virgen, 5-03-82) "Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, recibiréis gracias muy especiales en la vida y en la muerte."

(El Escorial. El Señor, 1-1-2000)

Mensaje del día 6 de Abril del 2002, primer sábado de mes,

en Prado Nuevo de El Escorial. (Madrid)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí está mi Corazón, lleno de dolor, porque los hombres no escuchan, la mayoría de ellos, mis palabras. ¡Ay, almas ingratas, si supiérais lo mal que está el mundo, hijos míos, lavaríais vuestros ojos y vuestros oídos, para quitaros esa viga que tenéis en ellos y escuchar las palabras del Cielo. Os pido, hijos míos: renovad vuestro espíritu; no seáis ciegos, sólo se puede quitar esa ceguera con la entrega a Dios, con la oración y con el sacrificio. Por eso hago un llamamiento a los hombres de buena voluntad y a todos los guías de los pueblos, ciegos, que no quieren escuchar nuestras palabras. Haced un llamamiento a los hombres, guías de los pueblos, quitaos la viga que tenéis en vuestros ojos y ved la situación de las almas. Respetad las cosas sagradas, hijos míos, y obedeced al Santo Padre; copiad de él que es un santo varón, mártir por la Humanidad; quitaos esa ceguera que tenéis, para poder conducir a las almas, hijos míos; enseñad a los hombres las verdades; pagaréis por vuestras culpas y por las culpas de los hombres, porque no habéis enseñando las verdades escritas en el Evangelio. ¿Desde cuándo está el mundo así, hijos míos? .Desde que los hombres han olvidado a Dios; desde que mis sacerdotes queridos se han abandonado en la oración y en la entrega a su ministerio. Por eso pido, hijos míos, os suplico: orad y haced que los hombres oren; enseñadles el valor del sacrificio y de la penitencia; enseñadles a que se acerquen a la Eucaristía con el alma limpia. Estad en los confesionarios, hijos míos, para que las almas se acerquen a descargar sus culpas.

Mira, hija mía, la situación del mundo. Mira los espíritus infernales, cómo quieren hacer desaparecer varias naciones, pueblos enteros. Harán perecer a las almas, para apoderarse de ellas. ¡Y todavía los hombres dicen que el mensaje es catastrófico! ¿No sabéis leer la Biblia, hijos míos? ¿Tampoco creéis en la Palabra de Dios? En la Biblia hay muchas catástrofes, ¿también se lo inventan los hombres? ¿O qué pensáis de Dios, hijos míos? ¿Creéis en Él o no creéis?. ¡Cómo se nota, hijos míos, que leéis poco el Evangelio! Y si lo leéis, no reflexionáis las palabras que hay en el Evangelio. ¿Por qué vosotros os empeñáis en poner un Evangelio nuevo? Los hombres tienen que saber las verdades, y lo vengo repitiendo una, y otra y otra vez. Pero cómo cerráis vuestros oídos, sólo con la gracia se os pueden abrir los oídos, hijos míos. Ya he dicho todo; sólo os pido, hijos míos, que lo cumpláis.

EL SEÑOR:

Sacerdotes, volved a vuestro ministerio, entregaos en cuerpo y alma a las almas; religiosos y religiosas, adorad a vuestro Dios, no os deslumbréis, muchas de vosotras, por el mundo. Habéis cambiado las normas, salís al mundo y entráis libremente, y todo el que sale al mundo, se contagia de él; así es como las vacaciones os hacen perder vuestra vocación, hijos míos; por eso os pido a todos que renovéis vuestro espíritu y os entreguéis a Dios. Dejad el bullicio del mundo, que en el mundo está reinando Satán. Os habéis marchitado, hijas mías, flores lozanas había en los conventos, pero el demonio astuto se ha encargado de destruir esas almas. Yo os di libertad, hijos míos, pero no libertinaje, y nada véis pecado, por eso hay tan poquitas almas que quieren seguir el verdadero camino, porque el demonio los arrastra al mundo, a las vanidades y a los placeres vanos que hay en él. Por eso hago un llamamiento también a esas almas consagradas: que dejen el mundo y la libertad, y las vacaciones, que son la perdición de sus almas. Si os habéis consagrado a Dios, hijas mías, ¿quién como Dios? No os aburráis en vuestros conventos, si está el tesoro más grande, y habéis escogido el esposo más fiel, dentro de vuestro convento. Dedicaos a la oración, hijas mías, y poneos al servicio de Dios, ahí está la verdadera felicidad.

También hago un llamamiento a los matrimonios: ¡ay madres, que permitís que vuestros hijos vayan por el camino de la perdición, ¿qué amor es ese, hijas mías? sólo buscáis el gozo del tiempo, pero no pensáis en la eternidad. Padres, educad a vuestros hijos, para Dios. ¿Sabéis por qué en los hogares no hay paz? Porque los hombres aman antes el mundo que Dios, por eso no hay respeto unos hacia otros, y no buscan el camino de la salvación, buscan el camino de la perdición, porque se han faltado el respeto, la dignidad y han echado a Dios de sus hogares; porque donde triunfa el pecado, no puede triunfar Dios. ¡Seréis responsables, Padres de los devaneos de vuestros hijos, porque sólo os preocupáis de lo material, sin enseñarles a compartir con los que lo necesitan. Vosotros mismos sois los que les dáis para disfrutar del mundo. No saben, por eso, hijos míos, lo que es sacrificarse, para tener un hogar, porque todo se lo dáis fácil. ¡Qué pena de padres, hijos míos! por eso también hago un llamamiento a los padres: donde no está Dios, no reina la paz; todo es discordia, todo es ruina, y todo es destrucción, y cada uno vive a su antojo, ¿Dónde está el respeto a los padres, los hijos? ¿Y dónde está la educación de los padres a los hijos? Si sólo pensáis darles material, que lo material los introduce en el mundo y lo ven todo fácil porque vosotros se lo ponéis todo fácil, hijos míos. Por eso no saben valorar el trabajo de cada día: "Comerás el pan con el sudor de tu frente". ¡Ay, hijos míos, qué hacéis con vuestros hijos!

Laicos, hago un llamamiento sobre vosotros: vosotros tenéis que hacer una renovación, porque seréis los que fortaleceréis la Iglesia con vuestra ayuda. Por eso pido, hijos míos: adquirid virtudes, respetaos unos a otros, amaos, con un amor desinteresado, no amores egoístas, amores destructores; un amor límpio y desinteresado. Vivid para Dios, hijos míos, ¿no os dáis cuenta que los hombres, la mayoría de ellos, no viven nada más que para los placeres?. Dios está fuera de sus corazones, y, ¡todavía dicen los hombres que no creen que venga Dios a avisar! os va a pasar, hijos míos, como cuando el Diluvio, como cuando Sodoma y Gomorra; os lo he avisado. Estad preparados, porque Yo aplicaré mi Divina Justicia contra aquellos destructores de los pueblos, y destructores de las almas. Y también pido a mis sacerdotes santos, que no se abandonen y que sigan el camino que han escogido, con sacrificio y oración; y también aquellas almas contemplativas, fieles a su vocación, consuelan tanto nuestros Corazones; almas queridas, no os abandonéis, que el demonio está haciendo estragos en el mundo y quiere apoderarse, siendo el rey de todas las almas. Vosotras, desde vuestros escondites, hacéis tanto bien a las almas, hijas mías; que nadie os confunda, sed fieles a vuestra vocación; ¡cuánto consoláis nuestros Corazones!. Y aquellas almas que se entregan a los pobres y necesitados, recibirán el ciento por uno, por sus buenas obras, y todo el que colabore a ayudar a las almas necesitadas, tendrá un lugar seguro y sellado, que nadie podrá quitar ese sello en la eternidad.

Pido, otra vez, hijos míos: sed respetuosos unos con otros; amaos, no dejéis la oración, enseñad a vuestros hijos el camino verdadero, no los dejéis que se envenenen del veneno que hay en el mundo. Y hago otro llamamiento a los sacerdotes; ellos podrían hacer tanto bien a las almas y recoger a tantos rebaños que están esparcidos perdiéndose en la oscuridad, porque viven en tinieblas y la tiniebla es muerte.

Orad, visitad al "Prisionero", hijos míos, "Prisionero" de amor por los hombres; a veces estoy tan solo, que ni mis propias almas se acuerdan de estar un ratito ante mí. ¿No os da pena de vuestro Jesús, hijos míos? Corazones endurecidos, llenos de maldad, muchos de vuestros corazones. ¿Hasta dónde queréis llegar? ¿Cómo vais a amar al prójimo, hijos míos, si no amáis a Dios?. Sí hija mía, sí, que nadie se asuste, pero naciones enteras, estos espíritus inmundos, se han apoderado de ellas, y sólo reina el pecado, y en hogares, en la mayoría de todos los hogares, mira, hija mía, el fruto de Satanás: cómo las madres introducen a sus hijos en el mundo, dándole más valor al libertinaje que a los consejos de Dios. ¡Qué pena de hogares!, Por eso no reina la paz en ellos, porque os creéis, hijos míos, que queréis más a vuestros hijos dándoles ese libertinaje. Si sois madres, ¿Cómo ponéis víboras en las manos de vuestros hijos, para envenenarlos? Uníos los dos, hijos míos, los matrimonios, para ayudar a vuestros hijos, pero con la presencia de Dios; donde no está Dios, no reina la paz. No seáis necios, hijos míos, y no os dediquéis a perder el tiempo, aprovechadlo para vuestra salvación, hijos míos.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, todos seréis sellados y no dejaré de dar la bendición, aunque no existan mensajes, os sellaré las frentes y seréis bendecidos y protegidos.

EL SEÑOR:

Obedeced, hijos míos, son consejos de vuestra Madre, de una Madre corredentora del género humano, que os ama y desea todo lo mejor para sus hijos.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos para el día de las tinieblas, una bendición muy especial, para ese día tenebroso.

Os bendigo, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

"Haced apostolado por todas las partes del mundo, hijos míos,

extended los mensajes, hijos míos.

¡Cuántos se ríen de mis mensajes!

Llevadlos por todos los rincones de la tierra.

(Stma. Virgen: 1-10-1983)

http://www.virgendolorosa.com

"Yo prometo a todo el que rece el Santo Rosario diariamente y comulgue los primeros sábados de mes,

asistirle en la hora de la muerte."

(El Escorial. Stma. Virgen, 5-03-82) "Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, recibiréis gracias muy especiales en la vida y en la muerte."

(El Escorial. El Señor, 1-1-2000)

Mensaje del día 4 de Mayo del 2002, primer sábado de mes,

en Prado Nuevo de El Escorial. (Madrid)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy como Madre de amor y Madre de misericordia; hoy vengo con el manto de oro, hija mía, este manto no tiene fin, en él está grabado el amor de los hombres. Cada rosa, hija mía, es una oración que ha salido de boca de los hombres con amor. Quiero que los hombres me den muestras de amor; con amor todo es fácil, hija mía, porque el amor todo lo puede: con amor fue redimido el Mundo, y con amor las almas recibirán la gloria; por eso el mundo está en esta situación, hija mía; porque el hombre no ama, el hombre es egoísta, el hombre no demuestra a Dios que la mayor prueba de amor son las obras. Pero hoy el hombre confunde el amor con la pasión, con el halago. Yo quiero almas que me demuestren su amor con obras; los halagos, hijos míos, no os benefician, y a cuántas almas les gustan los halagos, y a cuántas almas les gustan ser señores y no servidores; sólo hay un Señor de señores, no os guste recrear los oídos con halagos vanos.

EL SEÑOR:

Hija mía, Yo quiero que me demuestres el amor como me lo estás demostrando: con dolor, con sacrificio, con entrega. No te dejes halagar por nadie, huye de los que te halaguen, y demuéstramelo con hechos, hija mía; tú deja todas tus miserias; que yo haré desaparecer todas tus miserias y las consumiré en mi amor pero ¡ay de aquellos que os gustan las alabanzas en la Tierra, ya recibís aquí el premio, hijos míos, y os perdéis la eternidad! ¡Ay de aquellos que les gusta poner a son de trompeta las cosas que hacen, cuando yo os digo: "Lo que haga tu mano izquierda, que no lo sepa tu derecha", y cuántos dais, hijos míos, bombo a lo que hacéis. Sólo quiero avisar a los hombres, que el amor es el mandamiento más importante para la salvación de las almas. Todas estas almas, hija mía, han llegado por amor (El Señor enseña a Luz Amparo una morada con muchas almas). Donde no hay amor es destrucción, envidias, rencores. No seáis almas que os comportéis como Caín, que decía amar a su hermano y lo mató por envidia. Su ira lo convirtió en un malhechor, por envidia.

Solo pido, hijos míos, que meditéis todos los mensajes, que todo se va cumpliendo; meditad desde el primero hasta el último, veréis cómo todo lo que se ha dicho, se cumple. Amad a la Iglesia, no la critiquéis, porque los hombres fallen, la Iglesia prevalecerá en pie. Por eso pido que los sacerdotes se dediquen al ministerio y recojan a las ovejas perdidas y dejen de ser funcionarios, que con amor y con ternura conquisten a las almas para el rebaño de Cristo, que todo se ha convertido en pasiones y placeres ¡ y todavía dicen que tanto mensaje! pero hijos míos, ¿estáis ciegos?, os repito una y otra vez: ciegos, sordos, y pido a aquellas almas consagradas que oren mucho por la Iglesia, por el Santo Padre, y por las ovejas descarriadas. Amad, hijos míos, pero con un amor puro y santo, venido del Corazón de Cristo. Convertíos y arrepentíos, hijos míos. Meditad los mensajes. No habrá más mensajes, pero habrá bendiciones muy especiales y marcas que quedarán selladas en las frentes.

Acudid a éste lugar, hijos míos, que todos seréis marcados y bendecidos con bendiciones muy especiales; y meditad todos los mensajes. Hijos míos, ¡qué duro está vuestro corazón!, ¿no os enternece estas palabras tan tiernas de vuestra Madre del Cielo?, hijos míos, arrepentíos, hijos míos, y convertíos, no ofendáis más al Señor, ¡está tan ofendido!, que sólo pido oración, sacrificio y penitencia para poder reparar tantos pecados como se cometen en el Mundo. Os dije que los siete pecados capitales el demonio los lleva en triunfo; Hace falta que los hombres vuelvan la mirada a Dios y se arrepientan, y vivan una vida santa de amor y de entrega a Dios. Muchos fariseos viven no según el espíritu, sino según la carne y los vicios.

LA VIRGEN:

Orad, orad, hijos míos, y acercaos al Sacramento de la Eucaristía, pero en gracia, hijos míos, que cometéis muchos sacrilegios.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

Yo os bendigo, como el Padre os bendice por medio del hijo y con el Espíritu Santo.

NOTA:

Luz Amparo informa que ella acudirá, según costumbre, los primeros sábados, aunque no habrá mensaje, a las bendiciones y marcas anunciadas; por tanto se escribirá cuanto suceda, por breve que sea, y estará al alcance de todos.

"Haced apostolado por todas las partes del mundo, hijos míos,

extended los mensajes, hijos míos.

¡Cuántos se ríen de mis mensajes!

Llevadlos por todos los rincones de la tierra.

(Stma. Virgen: 1-10-1983)

http://www.virgendolorosa.com

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