Make your own free website on Tripod.com

APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL





MENSAJE DEL DÍA 1 DE ENERO DE 1983 (PRIMER SÁBADO)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



En el inicio del quinto misterio, Amparo queda en éxtasis y transmite el mensaje que le comunica la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Hija mía, soy vuestra Madre, os traigo paz a la tierra; pero los hombres, hija mía, forman la guerra. Soy Madre, hija mía, de todos los habitantes de la tierra. Vengo, hija mía, llena de dolor, pero también vengo llena de misericordia y de amor para todos mis hijos. Yo derramo, hija mía, gracias para toda la humanidad, pero la humanidad, hija mía, me corresponde con toda clase de pecados, de crímenes y de burlas, hija mía.

Quiero, hija mía, que todos se salven, por eso mi Hijo bajó a la tierra, para que se mofaran de El y le diesen muerte de cruz, para que pudierais conseguir el cielo, hijos míos. Pero, para conseguir el cielo, hay que cumplir, hijos míos, con las reglas que el Padre Eterno ha puesto para toda la humanidad; y muchos, hijos míos, no queréis cumplir esas reglas, os vais al camino del pecado y de la perdición de vuestra alma y os quiero a todos, hijos míos, pero os quiero muy pequeños, muy pequeños, para que luego os pueda llevar muy alto a las moradas de mis escogidos, hijos míos.

Pensad, hijos míos, que existen los infiernos, también pensad que existen los cielos y que cada uno recibirá según sus obras, hijos míos. ¡Cuántos hijos han venido heridos de su alma y se han marchado curados con mi gracia, hijos míos!

Mira, hija mía, mi Corazón. Hija mía, quita una sola espina de un alma consagrada (Amparo quita la espina gimiendo). No toques más, hija mía, no toques más, estas espinas son de mis almas consagradas. Hija mía, los dejé como pastores en mi Iglesia y ¿qué han hecho de algunas de mis iglesias? Casa de ladrones y de pecado. Quiero, hijos míos, que en este lugar se levante una capilla en honor a mi nombre y que se reúnan todos aquellos que quieran ser apóstoles de los últimos tiempos, que vengan a meditar para la salvación del mundo.

Escribe un nombre, hija mía, en el libro de la vida (Amparo escribe en el aire de derecha a izquierda). Ya hay otra alma más en el libro, hija mía, nunca se borrarán estas firmas.

Haced oración, hijos míos, haced sacrificios; os quiero a todos con todo mi Corazón.

Quiero, hijos míos, que meditéis la pasión de mi Hijo, está muy olvidada, hijos míos.

Os quiero a todos, pero quiero que os hagáis pequeños muy pequeños, hija mía, para que vuestra Madre os pueda rescatar de las asechanzas del enemigo, hija mía.

Bebe, hija mía, otras gotas del cáliz del dolor (se oye como Amparo deglute algo que no se ve). Hija mía, qué amargo está el cáliz; así está mi Corazón. Esta amargura diariamente la siente mi Corazón por todos mis hijos sin distinción de razas. Hijos míos, no mezcléis políticas en mis Rosarios; las políticas no sirven al hombre con frecuencia nada más que para su propia condenación.

También os pido, hija mía, que hagáis sacrificios por esas almas consagradas, las quiero tanto..., y qué mal corresponden, hija mía. También deseo la paz, hijos míos; no busquéis la guerra, quiero que sembréis la paz por todo el mundo. Humildad, hijos míos, humildad es lo que pido, sin humildad no se puede alcanzar el cielo. Siempre, hijos míos, buscamos almas humildes e incultas para que los poderosos vean clara la mano de Dios.

Hija mía, ofrécete como víctima para expiación de todos los pecados del mundo.

Os bendigo, hijos míos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Adiós, hija mía, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 6 DE ENERO DE 1983 (EPIFANÍA)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hija mía, hija mía: hoy es un día muy importante, especialmente para los niños. Yo os voy a pedir un regalo, hijos míos: que todos aquellos que no se hayan llegado a la Eucaristía, hijos míos, que se preparen y lo hagan. No seáis Herodes, hijos míos, os quiero Cirineos para que pueda entregaros mi Hijo la cruz.

También quiero que os hagáis como niños para poderos trasplantar en el jardín de los escogidos.

Hijos míos, ayudad a mi Hijo a descargarse de esa cruz que lleva constantemente para la salvación de todas las almas. Hijos míos, el Padre Eterno os está esperando con los brazos abiertos. Pensad, hijos míos que el castigo está muy próximo; enmendad vuestras vidas, poneos a bien con Dios, hijos míos.

Os pido este regalo, hijos míos: que seáis humildes, humildes para poder entrar en las moradas celestiales. También me agrada hijos míos, que hagáis vigilias en reparación por todos los pecados del mundo.

Como los hombres no dejen de ofender a Dios, el castigo, hijos míos, está a las puertas. Haced sacrificio. Hijos míos, haced caso de vuestra Madre, que vuestra Madre os quiere con todo su Corazón, hijos míos. Mira hija mía, cómo está mi Inmaculado Corazón. Qué dolor siente este Corazón por todos mis hijos, por todos sin distinción de razas, hijos míos.

Quita una espina. Qué pocas se purifican, hija mía (Amparo llora amargamente al arrancar la espina del Corazón de la Virgen). No toques más. A éstas les queda todavía mucho que purificar, hija mía.

Escribe otro nombre, hija mía. ¡Cuántos se están salvando en el libro de la vida! ¡Cuántos se están salvando, hijos míos, por medio de vuestras oraciones! Besa el libro.

Besa el suelo, hija mía. Esto son actos de humildad que pueden ayudar a muchas almas. Pide, hija mía, por mis almas consagradas, ¡las amo tanto...!, y, ¡qué mal me corresponden!

Bebe, hija mía, otras gotas del cáliz del dolor (aquí se ve como Amparo se lleva algo a la boca y se oye como traga). Ya queda poco, hija mía, de este cáliz. No puedo sujetar el brazo de mi Hijo, hija mía. Es preciso apurar hasta la última gota para ver si se salva la tercera parte de la humanidad, hija mía. ¡Qué ingratos son! No hacen caso de mis mensajes. Quiero sacrificio, sacrificio, hijos míos. Y tú hija mía, déjate humillar. Piensa, hija mía, que todo el que se humille será ensalzado en la presencia del Padre.

Ofrécete como víctima, hija mía, en reparación por todos los pecadores. Vuelve a besar el suelo, hija mía, (Amparo con una facilidad desacostumbrada en ella lo besa). Esto hija mía, ofrécelo por mis almas consagradas.

Hija mía, el castigo está muy próximo. Confesad vuestras culpas, hijos míos, acudid a la Eucaristía. Pensad que en cualquier momento el Hijo del Hombre enviará sus ángeles para segar la mies seca de la tierra; y esto, hijos míos, puede suceder en unos segundos.

Yo os bendigo, hijos míos, como mi hijo os bendice: en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Adiós, hija mía, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 14 DE ENERO DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Mensaje dado por la santísima Virgen a Amparo en su casa y escrito por sus hijas Lourdes y Amparo.

LA VIRGEN:

"Qué ingratos, hija mía! Quiero que hagas cada día más sacrificios. Quiero que tu sufrimiento sirva para cambiar la humanidad. Mira mi Corazón; está dolorido por la ingratitud de los hombres.

Habla con los humanos. El castigo está muy cerca. Diles que cambien sus vidas, que el tiempo está muy cerca, bajará mi Hijo en una nube blanca rodeado de ángeles; que cumplan con los mandamientos de la Ley de Dios. Diles que Dios Padre es misericordioso, pero también muy severo.

Mira cómo tengo mi Corazón. Sólo puedes quitar una espina, arráncala sin miedo de mi Corazón; tira fuerte hija mía, no te la claves tú, tírala. Escribe otro nombre, hija mía, ya hay otro nombre más en el libro de la vida. Besa el libro, hija mía. Mira, éste es otra clase de castigo (este castigo se refiere a los tres días de tinieblas. Durante este tiempo cada uno verá lo que ha hecho durante toda su vida, esto será lo que produzca el dolor en la carne. Amparo dice haber sentido estos dolores en su cuerpo), este dolor lo sentirán diariamente en sus carnes. Mira esta morada, hija mía; en recompensa de tu sufrimiento vas a ver otra clase de premio. ¡Qué felicidad sientes en tu cuerpo! (Amparo ve una morada celestial llena de luz, incluso las rocas despiden luz. Ve personas rodeadas de luz gozando de la presencia del Señor. Jesús desprende de todo su cuerpo una luz que llena de felicidad). Vale la pena sufrir para alcanzar este premio, mira qué almas, qué luz desprenden de su cuerpo.

A los humanos, hija mía diles que vivan en el santo temor de Dios; que todos se salven. Yo quiero que se purifiquen, hija mía. ¡Qué dolor sientes, hija mía, al ver que tantas almas no van a sentir la felicidad que tú has experimentado! Ese mismo dolor siento Yo. Diles que se arrepientan que cambien sus vidas. ¡Qué poco imitan a mi Hijo! Que cambien de vida, que el castigo está muy cerca, que cambien, hija mía.

Tenéis que cumplir estas virtudes: pureza, humildad, sacrificio acompañado de caridad y oración. Bebe otras gotas del cáliz del dolor. Se está acabando este cáliz y cuando el cáliz se acabe el mundo se verá envuelto en llamas. El castigo no se evitará; pero con oración Dios Padre dará más oportunidades para que se salven más almas. Que se arrepientan, que el Padre Eterno los está esperando con los brazos abiertos; quiere abarcar toda la humanidad; que se arrepientan. (Se oye

como traga Amparo y le dan arcadas). Esta amargura es la que siente mi Corazón por los pobres pecadores. Yo lo siento sin distinción de razas. Haz oración haz sacrificio, que el tiempo está próximo y las almas se están precipitando al abismo. No os durmáis, que en cualquier momento Dios Padre os puede arrebatar la vida. Haced oración, sacrificio también pido.

El tiempo apremia. Haced vigilias y Vía Crucis. Acudid a la Eucaristía, no os abandonéis, que mi Hijo está muy triste esperándoos, consoladle. Y tú refúgiate en mi Corazón que nunca te abandonará. Vas a recibir pruebas muy duras; no te dejes ingresar en ningún sitio. El enemigo quiere destruir esto. Sé astuta, sé astuta como una serpiente, pero sé humilde como una paloma. Sin humildad no se puede conseguir el cielo.

Serás humillada y calumniada; pero piensa que a mi Hijo lo humillaban y calumniaban y se dio a la humanidad para la salvación de las almas. Pide por las almas consagradas. ¡Qué pena me dan!

Adiós, hija mía. Os bendigo a todos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 20 DE ENERO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Prado Nuevo, El Escorial. Terminado el rezo del santo Rosario, en el camino que conduce a la carretera, Amparo que va acompañada de varias personas, comienza a sangrar con fuertes dolores por las manos, frente, pies y costado. Las personas que la acompañan sólo ven la sangre en las partes no cubiertas por el vestido. Entre varias personas es acompañada a un coche, en el que es llevada a su casa. Son estas personas, el matrimonio propietario del coche, su cuñada y Pilar. En otros vehículos suben a su casa varias personas más. Entre ellas D. Juan Arias-Andreu y esposa, más otras cuyos nombres desconocemos.

Una vez en la casa, la dejan encima de la cama, quedando crucificada y transmitiendo este mensaje que la santísima Virgen le comunica. Al no tener cassette, los presentes toman por escrito el mensaje, no siendo posible tomarlo completo.

"Hija mía, vas a tener muchas pruebas en este mundo. Ofrécete como víctima en reparacion por las almas. Varios obispos no hacen caso de mis llamamientos; quieren destruir esto. Sé astuta como la serpiente y sencilla como la paloma. Varios pastores, hija mía, por su vida de impiedad y abandono en la oración están labrando ellos mismos su condenación. Haz sacrificios por el Vicario de Cristo. El Vicario está en un gran peligro. Haz sacrificios, ¡pobre Vicario!, va a sufrir mucho, hija mía. Yo estaré con él en el último momento. Vendrán grandes calamidades sobre la humanidad. Grandes terremotos; ciudades enteras quedarán destruidas. ¡Qué pena de almas! Muchos pastores de la Iglesia se han hecho asalariados. ¡Qué pena de almas! ¡Están al borde del abismo! Pagarán por todas las almas que arrastran al abismo. Hacen de la Iglesia guarida de ladrones y de pecado. No te dejes ingresar; recibirás pruebas muy duras. No creerán; no quieren escuchanne; no hacen caso. ¡Qué pena me dan esas almas! No quieren aceptar nuestras palabras. No tengas miedo, acude a esa cita. Yo estaré contigo. Sé muy humilde en todos los momentos. Intentarán destruirlo todo; pero estando Yo con vosotros, no tengáis miedo. El cáliz del dolor se está acabando. Todo el que se llame "Hijo de Dios", que no niegue a mi Hijo. Al que niegue a mi Hijo, los ángeles lo negarán a él. ¡Cuántos anticristos hay entre los humanos que quieren apoderarse de las almas! Muchos sacerdotes, por su mala vida, por su falta de piedad arrastran muchas almas diariamente al fondo del abismo. Que hagan oración; que no se abandonen; que se arrepientan. Que los quiero a todos, que todos son mis hijos, ¡que cambien sus vidas! ¡Cuánto me agradó la vida de Santa Teresa! Sus oraciones constantes y su penitencia para la salvación de las almas. ¡Pocos conventos viven la propia regla! Hay conventos que ofenden a Dios y viven en relajación. Algunos conventos no son casa de oración, sino casa de recreo. ¿Qué han hecho de sus reglas? Las flores de esos conventos se están marchitando. Que hagan más oración y piensen más en Dios.

Está llegando el momento en el que el Hijo del Hombre no traerá la paz a los hombres; sino la guerra entre los humanos. Ya está la guerra: padres contra hijos; nuera contra suegra... El fin de los tiempos está llegando, y la humanidad no quiere saber nada. Van sembrando pecado sobre pecado y crímenes por todas partes. Ellos mismos se están precipitando en el fondo del abismo.

Estad preparados, que en cualquier momento puede mandar Dios a sus ángeles, como el ladrón entra sin avisar.

Pensad que para nosotros el alma es más importante que el cuerpo. Pensad que el reino de Dios está muy cerca, y el Hijo de Dios vendrá en una nube para retribuir a cada uno según sus obras.

Sed humildes. Con la humildad podéis alcanzar el cielo. Para llegar al cielo hay que coger la cruz y seguir a mi Hijo. Cada vez se precipitan más millares y millares de almas al abismo.

Pedid al Padre Eterno. No penséis nunca que el Padre Eterno es un tirano; es un Padre misericordioso: pero a la vez es juez severo. Estoy dando pruebas constantemente a la humanidad. Pensad que el enemigo está en los cuatro ángulos de la tierra. El enemigo está al acecho para apoderarse de las almas.

Con humildad y sacrificio os salvaréis, hijos míos. Haced visitas al Santísimo, Jesús os espera. Recibid todas las pruebas con humildad.

Este mundo está lleno de envidias y de impurezas. No seáis Caínes; sed como Abel. No ofrezcáis a Dios los peores frutos de vuestra cosecha. Ofreced los mejores. Sed azucenas. Refugiaos sobre mi Corazón. No quiero que os condenéis. Quiero salvaros. ¡Qué tristeza siente mi Corazón cuando un hijo mío se precipita al abismo! Tú eres madre. Si uno de tus siete hijos se precipitase al fondo del abismo, qué dolor tan profundo sentirías. Piensa en mi Corazón de Madre, ¡qué dolor tan profundo siente cuando millares de sus hijos se condenan para toda la eternidad por su propia voluntad! Diariamente me rechazan. Pensad que mi Hijo está con una cruz cargado sin descansar, para salvar a la humanidad desagradecida. Faltan segundos para la destrucción de varias naciones. No hacen caso. Quiero que hagáis sacrificio y oración.

No te duermas, hija mía, mientras duermes las almas se están condenando. Haz sacrificio y oración. Yo estaré contigo. Sé fuerte. Recibirás muchas pruebas, por todos aquellos que se llaman pastores de la Iglesia, que no quieren escuchar nuestra voz. Pero piensa: estando Dios contigo, ¿a quién puedes tener miedo? Piensa que el enemigo jamás podrá destruir las cosas de Dios. Vendrán grandes castigos. El enemigo formará en el aire una guerra con armas atómicas. ¡Cuántos cuerpos volarán por el aire y la piel se desprenderá de esos cuerpos! Millares de ojos lo verán y aún así no lo creerán.

El planeta tierra está a punto de destruirse. Con oraciones y sacrificios, ¡cuántas almas se pueden salvar! Muchas almas se condenan porque nadie reza por ellas. Hablad de Dios y extended los mensajes de vuestra Madre por todo el mundo.

Rusia es el azote de toda la humanidad. Pedid que se convierta. Querrá destruir con artefactos atómicos la humanidad. Con vuestras oraciones y vuestros sacrificios puede convertirse. Recibiréis vuestra recompensa por vuestros sacrificios. Recordad que Dios dijo: que todo el que salve almas, salvará la suya. No debéis tener miedo; seguid adelante con humildad. Sed apóstoles de los últimos tiempos. Tenéis que ayudar a muchas almas que están en gran peligro.

Mira mi Corazón, hija mía, no tiene ni un huequecito sin espinas. ¡Qué dolor siente por todos sus hijos sin distinción de razas! No puedes tocarlo; ni un alma está purificada. Ofrece tus dolores por las almas consagradas. ¡Las quiero tanto...! Pero qué mal corresponden a mi amor (Amparo llora y hace intencidn de tocar el Corazón de la santísima Virgen incorporándose sobre la cama). No lo puedes tocar, hija mía; no lo toques, que están muy profundas. ¡Cómo sangra mi corazón!

Escribe otro nombre hija mía. Hay veintitrés nombres escritos en el libro de la vida. Estos nombres no se borrarán jamás. (Amparo escribe en el aire de derecha a izquierda). Besa el libro, hija mía. (Amparo levanta la cabeza y besa).

Bebe del cáliz del dolor, hija mía. Se está acabando. (Amparo toma algo con las manos y se oye perfectamente como deglute). Está amargo, hija mía. Esta amargura es la que siente mi Corazón de ver que la humanidad no hace caso de mis avisos. Cuando el cáliz quede apurado, vendrá el castigo sobre la tierra. Sed humildes y no os abandonéis.

Os doy mi santa bendición, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Humildad os pido, hijos míos. Adiós".

Al comenzar los dolores, Amparo cuenta que ve un rayo de luz que viene hacia ella. Esto lo ve siempre que va a comenzar la pasión. Cuenta que, a pesar de los dolores tan intensos, siente una gran paz y felicidad interior. Al quedar en éxtasis y pasar la pasión, ve al Señor crucificado. A un lado de la cruz ve a la Virgen vestida de negro; y sobre la cabeza lleva un velo de gasa blanca echado sobre el hombro derecho y pasando por debajo del mentón. Al terminar el éxtasis deja de verlos.

TESTIGOS: Pili, D. Juan y su esposa, un matrimonio, una pintora, mi tía Emilia, mi Padre Nicasio, mis hermanas Lourdes y Mary Carmen, y yo Amparo Barderas. (Y unos vecinos que ayudaron a meterla en casa).

FIRMADO: Amparo Barderas





MENSAJE DEL DÍA 29 DE ENERO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Durante el rezo del santo Rosario, al iniciar la Letanía, Amparo queda en éxtasis y transmite el siguiente mensaje que le comunica la santisima Virgen:

"Hija mía, hija mía, va a ser un mensaje muy corto, hija mía, levanta la voz para que todos te oigan, hija mía, para que mis almas consagradas presten atención, va a haber un gran castigo, hija mía, sobre toda la humanidad, no quieren esas almas escuchar mis mensajes. Hija mía, te he dicho que fueses astuta; te lo he dicho; tú lo has cumplido; no te dejes someter, hija mía a ninguna prueba más. Quieren confundirte para destruirlo como en otros lugares, hija mía. Hija mía, vas a sufrir mucho; esas almas, hija mía, esos pecados de esas almas consagradas..., los ángeles del cielo están pidiendo venganza al Padre por ellos. No hacen caso, hija mía; se dejan engañar por la astucia del enemigo, el enemigo ha oscurecido sus inteligencias, hija mía, para meterlos en los placeres del mundo. Poco a poco, hija mía se van labrando su propia condenación, ¡que pena de almas! Hija mía, sobre este planeta tierra se avecina un castigo muy grande como jamás ha visto la humanidad. Grandes nubes de humo, hija mía, y de fuego destruirán lo que los hombres han construido. Grandes terremotos, hija mía, también habrá fuertes huracanes, grandes sequías, hija mía, será horrible.

Yo quiero que se salven todos, hija mía, pero ¡qué pena de almas! Estoy dando avisos, hija mía, para toda la humanidad; derramo gracias, pero no quieren salvarse los humanos, hija mía, tienen los corazones endurecidos, hija mía.

El Padre Eterno está ofendido, hija mía, y su ira está próxima a difundirse.

Mira, hija mía, mi Corazón Inmaculado, cómo está por todos mis hijos sin distinción de razas, hija mía. He venido a consolarte, hija mía; no podría faltar tu Madre, tu Madre celestial. Te quiero, hija mía, con todo mi Corazón, como quiero a todos mis hijos sin distinción de razas; para Mí no existe la distinción de ninguna raza. Tendrás grandes pruebas, sé humilde, hija mía, no dejes al enemigo astuto que te confunda, haz caso, hija mía, y cumple mi voluntad.

Quita una espina de mi Corazón, hija mía, sólo una (Amparo quita figuradamente una espina a la vez que llora). No toques más, hija mía, están muy clavadas, estas almas no quieren purificarse, hija mía, están entregadas al vicio y al pecado.

Reza por las almas consagradas, hija mía, para que abandonen los placeres del mundo y se entreguen a la oración y penitencia. En estos momentos el mundo está necesitado, hija mía, de oración y de sacrificio, sacrificio por toda la humanidad. Quiero que se salve por lo menos la tercera parte de la humanidad. No hacen caso de mis mensajes, se ríen, hija mía, de todo esto, ¡qué pena de almas, hija mía! Sigue, hija mía, sigue adelante, no te dejes engañar por la astucia del enemigo, haced oración y sacrificio. Están intentando destruir todo esto, hija mía.

Escribe otro nombre, hija mía, (Amparo escribe figuradamente de derecha a izquierda). Ya hay otro nombre más, hija mía, está escrito en el libro de la vida, nunca jamás se borrará este nombre, hija mía. Besa el suelo hija mía, por mis almas consagradas (Amparo con una agilidad impropia de ella, se dobla y lo besa), hija mía, por mis almas consagradas, son las que menos hacen caso de mis mensajes; no quieren escuchar mis palabras, ¡qué pena de almas, hija mía! Humíllate, hija mía, que todo el mundo vea tu humillación, ofrécete por la salvación de las almas.

Vuelve a besar el suelo, hija mía; besa mis pies (Amparo besa algo que figuradamente recogen sus manos) ¡Están fríos! (Amparo añade: ¡qué fríos!) Sí, hija mía, así de frío tienen el corazón los humanos, hija mía; así, hija mía.

Esta vez, hija mía, no vas a beber del cáliz del dolor, quiero consolarte solamente. No te abandones, hija mía, sigue adelante, hija mía; Yo estaré contigo, que no te acobarden, sé fuerte, hija mía, como mi Hijo, hasta el último momento.

Os bendigo, hijos míos, como mi Hijo os bendice, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo".

Amparo cuenta como fue la aparicíón:

En el cuarto misterio, hizo su presencia el ángel Gabriel rodeado de luz y permaneció al lado derecho del árbol visto de frente. Al comienzo de la Letanía hizo su aparición la santísima Virgen rodeada de ángeles y de fuerte resplandor; vestida de manto negro, debajo del manto y sobre la cabeza un velo de gasa blanca que deja ver parte del cabello y echado sobre el hombro derecho. El manto negro lo lleva recogido la santísima Virgen en sus manos.





MENSAJE DEL DÍA 5 DE FEBRERO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Durante el rezo del santo Rosario, comenzado el quinto misterio, Amparo entra en éxtasis y transmite este mensaje que le comunica la santísima Virgen:

"Hija mía, hija mía, mi Corazón está triste porque los hombres son ingratos y crueles. Abusan de mi misericordia y han convertido el mundo en escenario de crímenes y de placeres, hija mía. Derramo misericordia por todas las partes; pero los ingratos no quieren salvarse, hija mía.

Me he manifestado en muchos lugares del mundo; pero hay representantes de mi Iglesia que hacen desaparecer mi nombre, hija mía. ¡Qué ingratos son, hija mía! Me manifiesto para dar avisos a toda la humanidad, para que se salven. ¿Qué hacen, hija mía, con mi Iglesia? Intentan en cualquier lugar en que me he manifestado hacer desaparecer mi nombre porque ellos mismos, hija mía, no creen en mis prerrogativas.

Tampoco comprenden, hija mía, que Yo me pueda manifestar a almas pequeñas e incultas para decirles que se han dejado guiar por la astucia del enemigo que los ha adentrado en el mundo de placeres, hija mía. Han olvidado la oración y el sacrificio hija mía. Que cojan el camino del Evangelio que es el camino de la luz, de la caridad, de la humildad, de la pobreza y del celo por la gloria de Dios, hija mía.

También, hija mía, avísales que cambien sus vidas; que se dediquen a la oración y a la penitencia; que los ángeles de Dios van a hacer gran justicia y van a morir todos los enemigos de la Iglesia. Sí, hija mía, os pido que hagáis visitas; haced visitas al Santísimo, hija mía. Mi Hijo está triste y solo, esperándoos a todos, hija mía. Los ángeles están preparados, hija mía. Que mis almas consagradas vuelvan al camino de la oración y de la penitencia; que van a ser gobernados por una vara de hierro y beberán la cólera de Dios, hija mía. No piensan que me puedo manifestar a los pequeños, a los humildes, para confundir a los poderosos. Sé astuta, hija mía, se están intentando planes diabólicos para destruir esto, hija mía. Sé humilde, hija mía; humildad es lo que pido, y que seas astuta como la serpiente, y humilde y sencilla como la paloma.

Mira mi Corazón cómo está por las almas consagradas. Besa el suelo, hija mía, en acto de reparación por todos los pecados, por las almas consagradas (Amparo besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, ofrécelo por las almas consagradas. Mira mi Corazón cómo está, hija mía. Está cercado de espinas por la ingratitud de los hombres. No lo toques, hija mía, no hay ni una purificada.

Haced oración y sacrificio porque está próximo el juicio de las naciones. En cada nación se hará un pequeño juicio; y en aquellas naciones donde no hay piedad, ni amor, ni humildad, habrá grandes castigos, hija mía.

Tú, hija mía, no te dejes engañar por la astucia del enemigo. Intentan destruir esto, hija mía. Humildad es lo que pido; humildad, oración y sacrificio. Seguid rezando el santo Rosario, hijos míos, por la salvación del mundo, por las almas de los pobres pecadores. Vuelve a besar el suelo, hija mía, por la humanidad, por todos mis hijos (Amparo vuelve a besar el suelo).

Ofrécete, hija mía, como víctima por todos los pecadores. Mientras haya víctimas, hija mía, que quieran reparar, Dios Padre detendrá su justicia, hija mía. Quiero que se salve, por lo menos, la tercera parte de la humanidad. Sí, hija mía, te sigo repitiendo: no hagas caso de esos lobos, de esos lobos revestidos con piel de oveja; intentan destruir esto. Esto ha pasado en otros lugares, hija mía.

Pido que sigáis haciendo el Vía Crucis, hija mía, y que meditéis la pasión de mi Hijo, que está muy olvidada.

Bebe, hija mía, unas gotas del cáliz del dolor (se oye perfectamente como Amparo deglute algo que no se ve). Está muy amargo, hija mía; esta amargura la siente mi Corazón por todos mis hijos sin distinción de razas, hija mía.

Escribe otro nombre en el libro de la vida, hija mía (Amparo escribe de derecha a izquierda en el aire). Este nombre, hija mía, no se borrará jamás. Y tú, hija mía, sé humilde; mi Hijo quiere almas pequeñas, muy pequeñas, hija mía, para poderlas trasplantar a su jardín. Tienes que hacerte muy pequeña para subir muy alta.

Yo os bendigo, hijos míos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Hija mía, sé astuta. Intentan decir que estás neurasténica y loca, hija mía. Que todo esto lo haces porque estás enferma, hija mía. Sé humilde a las pruebas que te esperan, hija mía. Adiós, hija mía, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 24 DE FEBRERO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Al terminar el rezo del santo Rosario, cuando emprendía el camino de regreso, Amparo ha comenzado a sentir los dolores de la pasión del Señor y a sangrar por ojos, frente, manos, rodillas, costado y pies. Entre varias personas la hemos ayudado a seguir andando pero en el camino hemos tenido que dejarla ya que era imposible continuar. De rodillas, ha entrado en éxtasis y la santísima Virgen le ha comunicado el siguiente mensaje, que ella ha transmitido casi en un susurro. Yo lo he anotado como he podido y esto es lo que ha dicho:

LA VIRGEN:

"Mira, hija mía, explica lo que estás viendo:

Veo al ángel con una medida y a Elías con un libro pequeño. Lo que lleva el ángel no es romana ni báscula tiene como dos globos uno a cada lado con muchas ventanas. En un lado hay una cruz como de oro y cruces en las ventanas. En el otro lado tres cifras 666, una cabeza de serpiente aplastada con cuatro ojos. En la parte de arriba entre los ojos tiene una S y una Z. Al lado del ángel está Elías quien con un celemín echa trigo de un saco, el trigo que cae en el lado del globo de la cruz se vuelve como granos de oro, cae por los lados y según cae se vuelve rayos de luz. En el otro echa el trigo y se vuelve negro, y al caer se vuelve sangre y tinieblas y en medio de esas tinieblas veo hundirse todo.

En este momento veo derrumbarse las montañas y caer sobre las personas; quedando muchas sepultadas y muertas.

¡No, no! (Amparo se queja mucho, y exclama con pena y casi sollozando): ¡Ay, eso no, no, no, eso no! (Amparo sigue gimiendo). ¡Cuántos conventos!, hay muchos conventos, entran el ángel y Elías; ponen unos a un lado y otros a otro; entre todos hay muy pocos escogidos. ¿Dónde los llevas?, ¿dónde los llevas? No, no, (Amparo gime de nuevo) No, no, eso no, eso no. Veo que a los conventos escogidos los dejan donde los árboles, y los otros conventos (muchos más) donde se derrumban las montañas.

Hija mía, pedid a Dios misericordia; estamos en lo último. Faltan segundos para que venga el castigo.

Hija mía, cuenta lo que ves:

Ese es San Pedro; cuando llegue este momento, elegirá un nuevo Papa. Se vivirá el Evangelio. Los malos irán al fondo del abismo. Mira todos los que hay. No hacen caso de mis mensajes. Será horrible. Piensan que Dios es misericordioso; pero no piensan que es un juez muy severo y juzgará a cada uno según sus obras.

Mira lo que ves ahora:

Veo como se derrumban las montañas. En Roma habrá grandes terremotos y sera casi destruida. Veo hundirse el Vaticano. Todo esto está próximo.

Tened cuidado, hijos míos, que el enemigo está al acecho para llevarse las almas. Haced oración y sacrificio por los pobres pecadores.

Los ángeles están preparados para cuando Dios Padre mande el castigo.

Cinco árboles veo. En cada árbol hay un ángel. Uno tiene una cruz muy grande con un libro, y los otros cuatro tienen una trompeta cada uno. Los árboles son muy altos y terminan en forma de animales: uno un águila, otro un león, otro con cuerpo de persona y pezuñas de animal y otro en forma de toro o búfalo. ¿Qué son esos cinco árboles sobre esta tierra?

Esta tierra es la tierra prometida de los escogidos. Reinará Jesús como Rey de Reyes sobre la tierra. No hay más que luz por todas partes. Pero mira este otro sitio: muerte, muerte y oscuridad por todas partes; será horrible. Los humanos no hacen caso.

Las naves celestiales están preparadas para trasplantar a los escogidos a la tierra prometida. Estas naves vendrán rodeadas de luz azul como especie de una nube. No os riáis de mis avisos, hijos míos.

Mira, hija mía cómo corre la sangre por todas partes. Los propios humanos se lo buscan, no quieren ser humildes; Si amáis a vuestro prójimo, amaréis a mi Hijo. Todo el que se llame hijo de Dios tiene que amar al prójimo. Tenéis que bajar muy bajo para subir muy alto.

Tú, hija mía, déjate humillar. A todo el que le calumnien por causa de mi Hijo, le espera una recompensa, hija mía. Refúgiate, hija mía, en nuestros Corazones. Mi Corazón Inmaculado triunfará sobre toda la humanidad.

Sé humilde, hija mía, sé humilde. Besa el suelo, hija mía, por todos los pecadores. Haced sacrificios. Quiero que hagas más sacrificios por los pobres pecadores. El mundo está en un gran peligro. Vuelve a besar el suelo por mis almas consagradas. Humildad es lo que pido. Sed humildes, hijos míos.

Yo os bendigo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo".

Al terminar el éxtasis Amparo se ha ido recuperando poco a poco, con mucho frío, sed y grandes naúseas. Se quejaba mucho de los ojos. Los estigmas le han ido desapareciendo sin dejar rastro. Todo esto lo hemos presenciado unas veinte personas, que damos nuestro testimonio. Ha empezado a las seis de la tarde y ha durado aproximadamente cuarenta minutos.

Entre las personas que allí nos encontrábamos, estaban Nicasio, esposo de Amparo, su cuñada Emilia, hermana de Nicasio; Lolita; Pilar, Isabel; Isidro y su esposa; la esposa del guarda de la finca; otras personas más y yo, Rosa María González.





MENSAJE DEL DÍA 5 DE MARZO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy como vuestra Madre para daros la bendición. Vengo llena, hijos míos, de amor, de misericordia y de perdón. Pero mi Corazón inmaculado viene lleno de dolor porque los humanos, hija mía no dejan de ofender a Dios.

Comunícaselo, hija mía, que dejen de ofender a Dios. Que la ira de Dios Padre va a caer sobre la humanidad de un momento a otro, hijos míos. Levanta la voz hija mía levanta la voz para que los sacerdotes presten atención a mis mensajes y se los comuniquen a todos los humanos. Que hagan sacrificio, que cambien sus vidas, hija mía. Algunos han dejado albergar en sus corazones al demonio y éste los está introduciendo en la vida de placeres, para luego introducirlos en la ciénaga del infierno, hija mía. Que cambien sus vidas y publiquen los Evangelios por todas las partes del mundo, para la salvación de las almas. Sí, hija mía, el mundo sigue cada día peor.

Mira, hija mía, mi Corazón Inmaculado, cómo está, hija mía (gemidos y sollozos). Quita tres espinas, hija mía (amargos sollozos), se han purificado tres (sigue sollozando mientras hace ademán en el aire de arrancar algo). No toques más, hija mía, no están purificadas (sollozos).

Hija mía, seguid rezando el santo Rosario; me agrada tanto... Y también con esa devoción, hijos míos, sed constantes en recibir la Eucaristía. Haced visitas al Santísimo, hijos míos (sigue sollozando).

Besa el suelo, hija mía, por mis almas consagradas; es un acto de humildad en reparación por todos los pecados del mundo. El mundo está en un gran peligro, hija mía.

Los gobernantes de los pueblos, hija mía, no cumplen con las tablas de la Ley de Dios. Dios Padre dijo: No matarás. Pero se les ha introducido el demonio en sus mentes, hija mía, y están matando seres inocentes e indefensos.

Difundid la palabra de Dios por todas partes, hijos míos. No os acobardéis; seguid luchando. Los representantes de gobiernos, hijos míos, acabarán profanando la Eucaristía y prohibiendo la palabra de Dios.

No ocultes nada, hija mía; sigue adelante sin miedo. Estando Dios contigo, ¿a quién puedes temer?

Escribe otro nombre, hija mía, en el libro de la vida (Amparo hace ademán de escribir algo en el aire, de derecha a izquierda). Ya hay otro nombre más en el libro de la vida. Este nombre no se borrará jamás.

Pedid, hijos míos, por las almas consagradas. Hijos míos, id por el camino del Evangelio; es de la única manera que os salvaréis.

Sí, hija mía; haced sacrificio y oración, que el mundo está en un gran peligro. Los hombres, hija mía, cada día son peor. Tú, hija mía, refúgiate en mi Inmaculado Corazón, que es el que al final triunfará.

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por la conversión de todos los pecadores; por todos, que todos son hijos míos. ¿Qué madre buena, hija mía, no siente dolor por un hijo que se va metiendo en la profundidad del abismo?

Rezad, hijos míos, rezad el santo Rosario; el Rosario tiene mucho poder para salvar las almas.

Bebe unas gotas, hija mía, del cáliz del dolor. Se está acabando y cuando el cáliz se acabe, será el fin de los fines hija mía (hace ademán de beber; se le oye tragar; tose). ¡Qué amargura sientes, hija mía!, así está mi Corazón, hija mía. Esta amargura la siente mi Corazón diariamente de ver que mis hijos van por el camino del abismo y de la perdición. Pocos son los escogidos, hija mía. Seguid rezando para que se pueda salvar por lo menos la tercera parte de la humanidad. Y Yo estoy aquí, hijos míos para bendeciros a todos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Oración y sacrificio, hijos míos. Haced caso de mis mensajes. ¡Adiós!"

Esta aparición ha tenido lugar al comienzo del cuarto misterio. La santísima Virgen vestía como en otras ocasiones, de Dolorosa: manto negro que le cubría la cabeza y le bajaba hasta los pies. En la cabeza, debajo del manto, un velo de gasa blanca recogida sobre el hombro derecho. Estaba rodeada de ángeles.





MENSAJE DEL DÍA 17 DE MARZO DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Cuatro personas francesas, una de ellas sacerdote, visitan a Amparo en su casa el día 17 de Marzo de 1983. Estando hablando con esas personas, se siente estigmatizada y pronuncia este mensaje que escribe su hija Lourdes. También estaban presentes su esposo Nicasio, su hijo Pedro y su cuñada Emilia:

LA VIRGEN:

"Hija mía, hija mía, sufre; sufre por la humanidad para que se conviertan. La ira del Padre está cerca. Haced oración. Haced sacrificio por los pecadores. El mundo está en un gran peligro. Sed apóstoles de Jesucristo. Avisad a la humanidad. Mi Hijo vendrá en una nube para juzgar a todos según sus obras.

Publicad la palabra de Dios por todo el mundo. Llevad la luz por todos los rincones de la tierra. Pedid que se conviertan, que el enemigo está al acecho.

Mira, hija mía, cómo está mi Corazón por todos mis hijos. Quita una espina, hija mía; sólo una está purificada. No toques más; éstas no están purificadas.

Escribe un nombre en el libro de la vida. Este nombre, hija mía, no se borrará jamás.

Bebe del cáliz del dolor; está muy amargo. Esta amargura la siente mi Corazón por todos mis hijos, sin distinción de razas.

Pensad que el enemigo está en los cuatro puntos de la tierra. Seguid rezando el santo Rosario. Con el Rosario se salvarán muchas almas.

Y tú, sé humilde. Para conseguir el cielo hay que hacerse muy pequeño, para subir muy alto.

Mira, hija mía, otra clase de castigo; el que va ahí es por que quiere. Estoy dando muchas oportunidades.

Dios Padre dio unas reglas. El que no cumpla esas reglas, recibirá este castigo. Humildad es lo que pido y amor al prójimo; el que no ame al prójimo, no ama a Dios.

El fin de los tiempos está muy próximo. No temáis; seguid rezando. Estando Dios con vosotros, ¿qué teméis? El que niegue a mi Hijo, el Padre le negará.

El Padre Eterno está muy enojado; pedid al Padre Eterno, que está con los brazos abiertos.

En muchos lugares me he aparecido; pero no hacen caso de mis avisos. No seáis Herodes, sed apóstoles de los últimos tiempos.

Adiós, hijos míos. Oración y sacrificio. Con la oración y sacrificio podéis salvar muchas almas.

Yo os bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Adiós, hija mía".





MENSAJE DEL DÍA 27 DE MARZO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hija mía, hija mía, os sigo repitiendo: haced sacrificios y oración, rezad por los pobres pecadores, acercaos a la Eucaristía. ¡Cuántos de mis hijos, están yendo al fondo del abismo, por no cumplir los mandamientos! No seáis cobardes, cumplid con las reglas del Padre Eterno. Todos los que no hayan cumplido, no entrarán en el reino de los cielos. Acercaos al sacramento de la confesión, que en cualquier momento puede llegar el juicio de Dios. Los que lo habéis hecho acercaos a la Eucaristía. Mi Hijo está muy triste, esperando; está como víctima crucificada expiando los pecados de la humanidad.

Consolad a mi Hijo. Pensad que el enemigo está preparando la última batalla: está marcando a todos sus escogidos. Estad a la derecha del Padre, todo el que esté a la derecha del Padre no tema.

Mira cómo está mi Corazón, está cercado de espinas de los humanos; no puedes quitar ninguna. (Amparo llora). Mi Corazón está más triste por ver que la humanidad no cambia.

Sed apóstoles de los últimos tiempos, no os acobardéis.

No neguéis a mi Hijo, todo aquel que niegue a mi Hijo, el Padre celestial, le negará.

Sed astutos, que el enemigo está al acecho. Cumplid, hijos míos, que el castigo está muy cerca. (Amparo habla un idioma que no se entiende). Hija mía, estas fechas, serán el gran castigo de toda la humanidad. Varias naciones quedarán destruidas y las que queden serán purificadas. Este gran castigo está muy próximo; parecerá que el mundo está ardiendo. Sólo del aviso, muchos no lo resistirán y morirán.

Tú, hija mía, sé humilde; sin humildad no se consigue el cielo. Déjate humillar; déjate calumniar; a mi Hijo le humillaban, le llamaban el vagabundo, el endemoniado, y todo su afán era salvar la humanidad, pasó hambre, frío, para llevar la luz del Evangelio, y los humanos le pagan con desprecios, con toda clase de pecados.

Acercaos a la confesión cuantos no lo habéis hecho. Pensad hijos míos, de qué os vale tener todas las cosas del mundo, si perdéis vuestra alma; sed apóstoles imitadores de Cristo, también aquellos que están olvidados del mundo, de las riquezas que los rodean son los verdaderos imitadores de Cristo.

Sed amantes de vuestro prójimo, el que no es amante del prójimo, no ama a Dios. Y tú, hija mía, refúgiate en nuestros Corazones, para que te podamos trasplantar en el jardín de los escogidos.

El cáliz se está acabando, y cuando se acabe,caerá sobre la humanidad, el fuego que la arrasará. Sacrificios, sacrificios y oración os pido, hija mía, hoy no vas a beber del cáliz del dolor, se está acabando. La misericordia de Dios Padre se acaba, la copa de la justicia se acaba, la de la misericordia está rebosando.

El Padre Eterno os está esperando con los brazos abiertos, acercaos a la confesión, haced caso y llevad por todas partes del mundo la luz del Evangelio.

Publicad el santo Rosario, con el Rosario, se puede salvar la mayor parte de la humanidad, no mezcléis políticas, el Rosario es la mejor política, con el Rosario y el amor al prójimo, podéis ayudar a muchas almas a llegar a Dios.

Os bendigo hijos míos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Adiós, hija mía".





MENSAJE DEL DÍA 2 DE ABRIL DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Durante el rezo del santo Rosario, Amparo en el quinto misterio queda en éxtasis y transmite el mensaje que le comunica la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Ya estoy aquí, hijos míos, para seguiros dando avisos para toda la humanidad: los humanos, hija mía, no dejan de ofender a Dios; que no ofendan más a Dios que ya le han ofendido bastante. La ira de Dios Padre está próxima, hija mía; todos aquellos que no han cumplido con las tablas de Dios Padre, que lo hagan, que no lo dejen, que vayan al sacramento de la confesión. Muchos de los aquí presentes no lo han hecho todavía, hija mía; que se acerquen a la Eucaristía que mi Hijo está triste y muy solo.

Mira, hija mía, cómo han dejado a mi Hijo los pecados de los hombres (Amparo llora amargamente durante unos segundos). Dios Padre, hija mía, de un momento a otro va a hacer rasgarse el firmamento y aparecer sobre nubes millones de ejércitos de ángeles que enrojecerán la tierra con sangre y fuego. Sí, hija mía, Yo estaré allí entre ellos para tomar los escogidos; estaré como Madre de misericordia pero con mi Corazón rasgado de dolor de ver que muchos hijos están sellados con el escudo del enemigo: con el 666.

Hijos míos, todavía os queda tiempo para arrepentiros. Grita, hija mía, grita que las almas consagradas, muchas de ellas han traicionado a mi Hijo, se han introducido en el mundo de placeres y de vicios y se han ligado a las cosas terrenas. Pedid por ellas, hijos míos; muchas almas se están salvando con vuestras oraciones. Llegaos a la Eucaristía, hijos míos. Haced oración y haced sacrificios. Seguid rezando el santo Rosario, hijos míos. Ofrecedlo por todos mis hijos, por los pobres pecadores ¡qué pena me dan! Cuántos, hija mía, viven en el pecado sin querer hacer caso de mis avisos. Faltan segundos, hija mía, para que la ira de Dios Padre caiga sobre toda la humanidad. Seguid rezando, hijos míos, seguid rezando el santo Rosario.

Tú, hija mía, besa el suelo. Ofrécelo en reparación de todos los pecadores. Este acto de humildad, hija mía, sirve para la salvación de las almas. Déjate humillar, hija mía, refúgiate en nuestros Corazones. Pedid, hijos míos, pedid gracias, que vuestra Madre os las concederá. También, hijos míos, os pido que os refugiéis en mi Corazón. Mi Corazón Inmaculado triunfará.

Mira mi Corazón, hija mía, mira cómo está cercado de espinas por las almas ingratas. Quita tres, hija mía, (Amparo hace ademán de arrancar algo por tres

veces, mientras gime de dolor de ver el Corazón de la Virgen). No quites más, hija mía, no quites más, siguen sin purificar.

Bebe, hija mía, unas gotas del cáliz del dolor (se oye perfectamente como Amparo traga y gime después). Está muy amargo, hija mía, esta amargura siente mi Corazón diariamente por todos mis hijos. Creen que nuestros Corazones no sufren. Para nosotros, hija mía, no existe el pasado ni el futuro, sólo existe el presente, hija mía.

Escribe otro nombre, hija mía en el libro de la vida. Ya hay otro nombre más en el libro de la vida. Se están salvando muchas almas. Id por todas las partes del mundo, hijos míos, publicando el Evangelio. Llevad la luz del Evangelio por todas las partes, no os avergoncéis. El que se avergüence ante los hombres, los ángeles lo negarán ante el Padre. Seguid adelante no seáis cobardes. No seáis Herodes, sed Cirineos, hijos míos, y ayudad a mi Hijo a llevar la cruz. Todo el que sigue la cruz de mi Hijo tendrá una recompensa, hijos míos.

Yo os bendigo a todos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Tú, hija mía, sé humilde; la humildad es la base para llegar al cielo. Sed fuertes, hijos míos, no os acobardéis. Acercaos a la Eucaristía pero antes acudid al sacramento de la confesión. No ofendáis más a mi Hijo. No seáis ingratos, hijos míos".





MENSAJE DEL DÍA 23 DE ABRIL DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Sólo hija mía, sólo voy a pedirte que hagáis sacrificios hijos míos, que no hacéis sacrificios por los pobres pecadores.

Quiero hija mía, que escojas discípulos para los últimos tiempos. Tú, hija mía, haz sacrificios. El tiempo sé aproxima y los hombres no cambian. Quiero que os reunáis todos en este lugar, hagáis vigilias, hijos míos, ofreciéndolas por la paz del mundo, pues el mundo, hija mía, está al borde del precipicio. Hija mía, haced sacrificios, haced caso de mis avisos, no os riáis, hijos míos. Os estoy dando avisos constantemente para que os salvéis, Yo te diré, hija mía, a quienes cogerás para apóstoles de los últimos tiempos.

Sigo repitiendo, me agradaría que en este lugar se construyese una capilla en honor a mi nombre, hija mía. No me hacen caso, y que se reúnan aquí para meditar la pasión de mi Hijo. Hijos míos, tened compasión de mi Corazón Inmaculado, mi Corazón triunfará. Refugiaos en él. Yo derramaré gracias sobre la tierra para que podáis alcanzar las moradas celestiales.

Quiero, hijos míos, que sigáis rezando el santo Rosario. Me agradaría que se rezasen las tres partes del Rosario. Por el Rosario, por el sacramento de la confesión y acercándoos a la Eucaristía, salvaréis muchas almas, hijos míos. Os lo pido, hijos míos vuestra Madre Misericordiosa, pero vuestra Madre llena de dolor. No seáis ingratos.

Todos, hijos míos, todos aquellos que se refugien en mi Inmaculado Corazón, y que comulguen todos los primeros sábados de mes, les prometo recibir su recompensa en el cielo, pero, hijos míos, antes tenéis que acercaos al sacramento de la confesión. ¡Cuántos no lo habéis hecho! No pensáis en el gran peligro que está vuestra alma.

Sí, hijos míos, me gustaría que se hiciese en este lugar una capilla en honor a mi nombre. No hacen caso, hijos míos, todo aquel que no escucha mis mensajes, será castigado, hijos míos. Tú, hija mía, sé humilde, haz más sacrificios y ofrécelo por los pobres pecadores.

Besa el suelo, hija mía (Amparo se inclina y besa el suelo) por las almas consagradas. ¡Cuántas almas consagradas están arrastrando a muchas almas al abismo!, hija mía. Pedid por ellas, hijos míos, ¡las amo tanto, y qué mal me corresponden!

Mira, hija mía, mira mi Corazón Inmaculado, mira como está transido de dolor por todos mis hijos, por todos sin distinción de raza (Amparo llora desconsoladamente). Quita cuatro espinas, hija mía. Con vuestras oraciones y vuestros sacrificios, se han purificado cuatro. Quítalas sin miedo, hija mía, no tengas miedo, hija mía (Amparo sigue llorando con profundo desconsuelo), tienes que estar contenta, se han purificado cuatro con vuestras oraciones. ¡Me agradan tanto vuestras oraciones!

Escribe otro nombre, hija mía, en el libro de la vida. Hay muchos nombres hija mía, en el libro de la vida. Estos nombres no se borrarán jamás, hija mía.

Ofrécete, hija mía, ofrécete como víctima en reparación de todos los pecados del mundo. Vale la pena sufrir, para recibir una gran recompensa.

Besa el libro, hija mía, nunca jamás se borrará este nombre.

Ofrécete en reparación por las almas consagradas, ayúdame, hija mía, ayúdame a llevar la cruz con mi Hijo.

Besa los pies, hija mía.

No vas a beber del cáliz del dolor, queda muy poco. El cáliz de la misericordia de Dios, ya está hasta los topes, ya se está saliendo. El Padre, hija mía, va a mandar a sus ángeles para juzgar a toda la humanidad, y a cada uno le dará según sus obras, hijos míos.

Amad a vuestro prójimo, hijos míos, el que no ama al prójimo, no ama a mi Hijo.

Y tú, hija mía, humíllate, déjate calumniar. Piensa en mi Hijo, hija mía, que estaba haciendo milagros y le llamaban endemoniado, y no creían en El, hija mía, piensa que si no creían en mi Hijo, tú no eres más que El, hija mía. También piensa, que te ha escogido mi Hijo, no lo has escogido tú a El, por eso, hija mía, tienes que hacerte pequeña, muy pequeña, para subir alto, muy alto.

Hijos míos, os bendigo porque el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Bendecid, hijos míos, y alabad a vuestro Dios, sólo El puede salvaros por intercesión de su Madre.

Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 30 DE ABRIL DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Cuando se estaba rezando el santo Rosario hizo su aparición la santísima Virgen, vestida de Dolorosa, toda de negro, las manos las tenía extendidas como la Virgen de la medalla Milagrosa, y de las manos le salían unos rayos de luz de colores, como si fueran el arco iris. Terminando el cuarto misterio, al final de las últimas cuatro Avemarías, ya en éxtasis Amparo, se oyó la voz diciendo "María" y al finalizar el misterio comenzó a hablar:

LA VIRGEN:

"Hija mía, te voy a hablar muy franca, hija mía. (Amparo habla en el idioma celestial).

Sólo tú hija mía, sólo tú lo puedes entender. ¿Qué ves, hija mía?, cuenta lo que ves:

(Se oye la voz de Amparo de forma natural, que va describiendo lo que ve entre llanto, sollozos y lamentos).

Veo, que se derrumba la montaña (comienza a llorar), todo es fuego ¡ay! hay muy pocos de esta parte, hay muy pocos. ¡Ay! ¿dónde los llevas?, ¿dónde los llevas? ¡Ay! , cómo se derrumban, como se derrumba todo, ¡ay! (varias veces) cógelos de esta parte y llévalos a la otra, llévatelos, llévatelos. ¡Ay! no los lleves allí, no los lleves. ¡Ay! esa marca, tantos hay con esa marca, esa marca. ¡Ay! (varias veces) ¿qué es este otro sitio? ¡Ay! no salen ya de ahí, ¡ay Dios mío! ¡Ay Madre mía! ¡Ay Madre mía! si esto no puede ser. ¡Ay! (varias veces) cuántos muertos, muertos, todos, todos muertos, ¡ay! están todos muertos, ¡ay! estos otros, ¿qué les pasa? ¡Ay!

Se oye a Amparo transmitiendo lo que dice la Virgen:

Hija mía, estos están en gracia, no les afectará absolutamente nada. Esto será horrible para el que no esté en gracia de Dios.

Se vuelve a oír la voz normal de Amparo:

¡Ay! ¡Pero si es horrible! ¡Ay!

Ya continúa Amparo con la voz que se oye dando el mensaje de la santísima Virgen:

Sacrificio, hijos míos, sacrificios. Pedid por los pobres pecadores (una palabra ilegible) aquí, hijos míos, el que llega a la tierra maldita, está aquí todo, hijos míos: Amad a vuestro prójimo, pero no seáis fariseos, no seáis sepulcros blanqueados, hijos míos, que vuestro corazón se derrita, hijos míos, de amor por vuestro prójimo. No os aferréis a las cosas terrenas. De un momento a otro, hijos míos, puede llegar este momento tan horrible, hijos míos. Si no amáis a vuestro prójimo, no amáis a mi Hijo, todo aquel que se ligue a las cosas terrenas, será muy difícil, hija mía, que entre en el reino del cielo. Bienaventurados los pobres, hija mía, porque de ellos es el reino del cielo, y bienaventurado todo aquel que ha sido premiado con riquezas las ha sabido distribuir sobre los pobres. Si tienes dos túnicas, quédate con una, hija mía, da la otra a tu hermano que está más necesitado, pero amad a vuestro prójimo, que si no amáis al prójimo, no amáis a Dios. Os hablo de la CARIDAD. Es muy importante esa virtud para poder llegar al cielo. Os pido, hijos míos, que hagáis sacrificios, que los ofrezcáis por vuestros hermanos, todos sois hermanos, hijos míos. Sed amantes del prójimo y haced sacrificios, hijos, y ofrecedlo por los pobres pecadores. ¡Cuántas almas se condenan, hijos míos, porque nadie ha rezado una oración por ellos! Sí, hija mía, el sacrificio es muy importante, con la humildad y la caridad.

Besa el suelo, hija (Amparo se inclina y besa el suelo), por los pobres pecadores, hija mía.

Quiero, hija mía, te repito, que se salve la tercera parte de la humanidad. Son pocos, hija mía, los que quieren salvarse.

Pedid gracias a mi Inmaculado Corazón, que Yo las derramaré sobre todo aquel que me pida. Tú, hija mía, ofrécete como víctima en reparación de todos los pecados del mundo.

No seáis ingratos, hijos míos. Seguid rezando el santo Rosario y ofrecedlo hijos míos, por la conversión de los pobres pecadores. Tú, hija mía, sé humilde.

También os pido, hijos míos, que pidáis por el Vicario de Cristo, sigue en un gran peligro.

No vas a beber del cáliz del dolor, porque está casi acabado, hija mía, y en cuanto el cáliz se acabe, será horrible lo que vendrá sobre la humanidad. Será peor hija mía, que cuarenta terremotos juntos. Oración, con oración y sacrificios os salvaréis hijos míos.

Escribe otro nombre en el libro de la vida, hija mía (Amparo escribe de derecha a izquierda en el aire).

Hija mía, se están purificando muchas almas. Mira mi Corazón, como está cercado de espinas por las almas consagradas. Quita tres, hija mía (Amparo quita las tres espinas, llorando al hacerlo). Tira, hija mía, no lo toques, hija mía, se están purificando muchas almas.

Yo os bendigo, hijos míos en el nombre del Padre, en el nombre del Hijo y con el Espíritu Santo.

Sé humilde, hija mía, la humildad es la base principal.

Os sigo dando avisos, hijos míos, para que os salvéis, haced caso de mis avisos. Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 1 DE MAYO DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA SANTÍSIMA VIRGEN:

"Soy vuestra Madre, hija mía, vengo llena de dolor, pero también vengo llena de misericordia. Todo el que quiera, hijos míos, que pida gracias, que Yo derramaré sobre sus corazones todas las gracias necesarias, que me dio Dios, para poder alcanzar el reino de Dios. Hijos míos, sed puros vestid vuestro cuerpo con pudor, que el infierno está lleno de pecados de impureza. Sí, hijos míos, si vuestro ojo os sirve de pecado, arrancáoslo y tiradlo lejos. Si vuestro brazo os sirve para pecar, arrancáoslo y tiradlo lejos; y también vuestra lengua.

¿De qué os sirve, hijos míos, de qué os sirve que derrame gracias si luego no queréis escuchar mis mensajes? Hijos míos, mejor es que paséis a las moradas celestiales mancos, ciegos o mudos que no que vayáis a la profundidad de los infiernos con todos vuestros miembros. Sed puros y sed humildes.

Os pido que recéis las tres partes del santo Rosario. Corre mucha prisa, hijos míos, para salvar la mayor parte de la humanidad. Sí, hijos míos, no seáis ingratos. Humildad os pido, que también el infierno está lleno de pecados de soberbia.

Besa el suelo, hija mía; este acto de humildad ofrécelo por los pobres pecadores. Sí, hija mía, quiero que hagáis muchos sacrificios, que el tiempo está próximo.

Mira, hija mía, mira mi Corazón Inmaculado cómo está (Amparo llora al ver el Corazón de la santísima Virgen), cómo me lo tienen los pecadores. No lo toques que hoy no hay ninguna espina purificada (Amparo vuelve a llorar más amargamente).

Puedes escribir otro nombre en el libro de la vida (Amparo hace ademán de escribir en el aire). Nunca jamás, hija mía, se borrará este nombre; hay muchos escritos en el libro de la vida.

No vas a beber, hija mía, del cáliz del dolor. Se está acabando. Vuelve a besar el suelo, hija mía, por las almas consagradas; las amo tanto, hija mía... ¡Qué pena me dan! ¡Qué pena, hija mía!

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y del Espíritu Santo.

Sé humilde, hija mía.

Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 7 DE MAYO DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hija mía, hija mía, os sigo dando avisos, sigo dándoos avisos, hijos míos, porque no quiero que os condenéis. Me veo obligada a dejar caer el brazo de la misericordia. No hacéis caso de mis avisos. Mi Hijo, hijos míos, se manifiesta a almas humildes para que os salvéis y no hacéis caso. Nos servimos, hijos míos, de instrumentos para vuestra salvación. Si os reís de estos instrumentos os estáis riendo de mi Hijo, y si os reís de mi Hijo, os reís del Padre, porque el Padre y el Hijo, son una misma cosa, por eso el Padre dejó en manos del Hijo todas las cosas, para que el Hijo las manifestase a quien El quisiese, hijos míos. No tengas miedo, hija mía, como te he dicho otras veces, piensa que ha sido mi Hijo el que te ha escogido, no has sido tú a El. También hija mía, ¡cuántos quisieran haber visto y oído todo lo que tú has visto y oído! Bienaventurados tus ojos, porque has visto todas estas cosas, hija mía. Sé humilde, hija mía, sé humilde. También te digo, hija mía, que des avisos a toda la humanidad, porque mi Hijo, de un momento a otro, va a bajar en una nube, y va a dar a cada uno según sus obras, hijos míos.

Los ejércitos del Padre, son billones y billones, están preparados para que el Padre mueva su brazo para venir a la tierra y separar la cizaña del trigo, para mandar la cizaña a la profundidad de los infiernos, el trigo, transportarlo a los graneros de mi Hijo. Tú hija mía, comunícaselo a todos, que estén preparados, para cuando llegue este momento. Dentro de poco, el sol dejará de brillar y la luna dejará de alumbrar, hija mía.

Voy a pediros a todos, hijos míos, que habléis por todas las partes del mundo de los santos Evangelios que instituyó mi Hijo, y los dejó escritos en la tierra. No tengáis miedo, hijos míos, de aquellos que puedan matar vuestro cuerpo, tened miedo a Aquel que os puede mandar a la profundidad de los infiernos.

Sí, hijos míos, publicad la palabra de Dios por todas las partes del mundo, llevad la luz del Evangelio, no seáis cobardes. El tiempo se aproxima y los hombres no cambian.

Sí, hija mía, pide por las almas consagradas, ¡las amo tanto y qué mal me corresponden!

Besa el suelo, hija mía por las almas consagradas (Amparo se inclina y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, ofrécelo por esas almas consagradas. Mira hija mía, mira cómo está mi Corazón cercado de espinas, hija mía, por las almas consagradas, por todos mis hijos, por todos, hija mía. Quita dos, hija mía, (Amparo llora desconsoladamente al quitarlas), sólo se han purificado dos. Tira sin miedo. Arráncala, hija mía. Cada día, hija mía, mi Corazón está más cercado de espinas. No hacen caso de mis mensajes, hija mía.

Escribe otro nombre, hija mía, en el libro de la vida. Este nombre, hija mía, no se horrará jamás.

Sí, hija mía, tienes que sufrir mucho. Tu sufrimiento hija mía, servirá para la salvación de las almas. Sé,humilde hija mía, sé humilde, piensa que para seguir a mi Hijo, tiene que ser por el camino del dolor. Hijos míos, poneos a bien con Dios. ¡Cuántos de los aquí presentes, todavía no se han acercado al sacramento de la confesión! ¡Qué pena, hija mía! Estoy dando avisos, no quiero que se condenen. Haz sacrificios, hija mía, y ofrécelo por los pobres pecadores. ¡Cuántos, hija mía! ¡Cuántos hijos no han conocido a su Madre por no haber un alma que les haya hablado de Ella!

Vuelve a besar el suelo, hija mía (Amparo se vuelve a inclinar para besar el suelo), por los pobres pecadores. Por los pobres pecadores, hija mía.

Seguid rezando el santo Rosario, hijos míos, pero antes, poneos a bien con Dios, acercaos al sacramento de la confesión y al sacramento de la Eucaristía.

Pedid gracias, hijos míos, a mi Inmaculado Corazón, que este Corazón Inmaculado será el que triunfe en toda la humanidad.

Sí, hijos míos, arrepentios, hijos míos, y haced sacrificios.

Tú, hija mía, sé humilde, y publica la palabra de Dios por todas las partes del mundo.

Hijos míos, no seáis fariseos, tampoco seáis sepulcros blanqueados, que por fuera sois blancos y por dentro estáis manchados... Sed humildes, hijos míos.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y en el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 12 DE MAYO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Al terminar el rezo del santo Rosario y, estando Amparo de pie, ha caído de rodillas quejándose de agudos dolores y comenzando a sangrar por la frente, ojos, manos, rodillas, pies y costado. Casi un centenar de personas han presenciado el inicio de la estigmatización, quedando sorprendidas de la forma inesperada en que todo ha ocurrido, pues ya nos disponíamos a marchar.

Al escuchar los lamentos de Amparo, emocionados nos hemos acercado y hemos podido comprobar cómo en la frente presentaba las lesiones de la corona de espinas que sangraban espontáneamente, lo mismo que en los ojos brotaban lágrimas de sangre y en las manos las señales de los clavos con la sangre roja y fresca que manaba. También hemos comprobado después las lesiones con sangre en las rodillas. Sólo hemos podido ver las partes que no estaban cubiertas por los vestidos. Todo esto ha estado acompañado de un suave perfume como de rosas.

Mensaje de la Santísima Virgen:

"Hijos míos, hijos míos, os pido que hagáis sacrificio; sacrificio y oración. Va a ser corto el mensaje hijos míos. Os lo tengo todo dicho, hijos míos. Todos aquellos que no os hayáis acercado al sacramento de la confesión, hacedlo, hijos míos; hacedlo, que el tiempo se aproxima. No quiero que os condenéis. Sacrificio, hijos míos, sacrificio os pido. Pedid por las almas consagradas. ¡Las amo tanto..., pero qué mal me corresponden, hijos míos! Ayudad a mi Hijo a llevar la cruz, hijos míos. Lleva una cruz muy pesada por todos los pecados del mundo.

Besa el suelo, hija mía (Amparo se inclina y besa el suelo), por las almas consagradas.

También quiero, hijos míos, que se HAGA EN ESTE LUGAR UNA CAPILLA EN HONOR A MI NOMBRE, hijos míos. No hacen caso, hijos míos, no hacen caso de mis mensajes. Publicad, hijos míos, es muy importante que publiquéis los santos Evangelios por todas las partes del mundo. Quiero que os salvéis todos, hijos míos. Sed constantes en acercaos a la Eucaristía, hijos míos. Tú, hija mía, sé humilde; la humildad es la base para subir al cielo. ¡Cuantos hija mía, cuántos se ríen y se burlan de ti! Pero piensa que todo aquel de quien se rían y sea calumniado a causa de nuestro nombre recibirá una gran recompensa. Sí, hijos míos, haced sacrificios; y haced oración, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, en el nombre del Hijo y con el Espíritu Santo. Adiós".

Al terminar el mensaje, Amparo ha comenzado a sentir un frío intenso y grandes náuseas en las que expulsaba un poco de sangre. Tenía mucha sed y pedía agua. Le hemos dado un poco y seguían las naúseas, el frío intenso y los fuertes dolores en los que se quejaba principalmente de los ojos y de la cabeza. Todo este sufrimiento ha durado una hora aproximadamente. En sus lamentos decía:

- ¡Ay, Dios mío; ay, Jesús mío; ayúdame, Dios mío, Jesús mío..., ay,Jesús, ay, Jesús mío!

Poco a poco la sangre se ha ido secando y desapareciendo a la vista de todos los presentes y sin que nadie la tocara. Muchas personas de El Escorial y de San Lorenzo hemos presenciado todo esto. También había muchas personas forasteras, principalmente de Madrid. Entre los asistentes se encontraban dos sacerdotes y tres religiosas, los cuales se iban gratamente impresionados.

Cuando estaba Amparo en sus intensos dolores, terminando el éxtasis y la estigmatización, el cielo que estaba nublado por completo y lloviendo, se ha abierto en un trozo y el sol nos ha alumbrado de una forma muy especial. Dice Amparo que en esos momentos estaba viendo a la Santísima Virgen en el sol resplandeciente y que la consolaba de sus dolores sonriéndole.

La santísima Virgen iba de azul y con manto blanco. Amparo explica:

- Normalmente el Señor sufre la pasión al mismo tiempo que a mí me está pasando. Pero esta vez ha sido la primera que no le he visto sufrir al Señor mientras yo estaba estigmatizada. Veía al Señor sentado en un trono, rodeado de ángeles en medio de una aureola de luz azul. El Señor estaba sonriendo y llevaba una túnica blanca. Cuando comenzaba a desaparecer la estigmatización, desapareció el Señor y vi a la Virgen cerca del sol. Al terminar la Salve vi una luz anaranjada, sintiendo que algo inundaba mi cuerpo; y noto que algo sale de mí. En ese tiempo no sé dónde estoy. Al volver a mí lo que antes salió, comienzo a sentir un gran frío y siento una gran pena al ver que me sigo encontrando en la tierra. Esto me sucede siempre.

Damos testimonio de todo lo que hemos visto y oído: Lourdes, hija de Amparo; Emilia, cuñada; Lolita, vecina; Nieves, vecina; Luci; Isabel, la esposa del guarda de la finca; Isidro José, químico nuclear; otras muchas personas que no sabemos sus nombres; y yo que escribo este testimonio: Rosa González.





MENSAJE DEL DÍA 22 DE MAYO DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)



HABLA LA SANTÍSIMA VIRGEN:

"Hija mía, hija mía, voy a empezar diciéndoos hijos míos, y repitién- doos: sacrificios, hijos míos, sacrificio para la salvación de toda la humanidad. Pedid al Padre hijos míos, que os mande la luz con el Espíritu Santo, para poder ser apóstoles de los últimos tiempos.

Sí hijos míos, el Padre os mandará la luz que necesitáis para poder publicar por todas las partes, por todos los rincones del mundo, la luz de los Evangelios de la santa Madre, hijos míos, vuestra santa Madre, Pura e Inmaculada os pide que no seáis Judas, que pidáis gracias que Ella derramará sobre todos vosotros.

No hijos míos, no crucifiquéis más a mi Hijo, estáis ofendiendo diariamente a la Divina Majestad de Dios Padre, hijos míos. No seáis ingratos, hijos míos, pedid por la salvación de vuestra alma, sólo pedís los milagros del cuerpo, pero, ¡cuántos aquí presentes, no pensáis en el milagro del alma! Para nosotros, hijos míos, lo más importante es el alma, hijos míos, ¡cuántos estáis escuchando las palabras de vuestra Madre y no os habéis acercado al Sacramento de la Confesión, para luego poderos acercar con la luz del Espíritu Santo a recibir el Cuerpo de mi Hijo!, hijos míos, está prisionero por vosotros día y noche, hijos míos, tened compasión de nuestros Corazones.

Sí, hija mía, sigue pidiendo por las almas consagradas. Yo nombraré, cuando llegue el momento, apóstoles para los últimos tiempos. Tenéis que estar preparados, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo . (Amparo se inclina y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve para la conversión de los pobres pecadores. Sí, hija mía, tienes que sufrir, es preciso para la salvación de las almas. Mi Hijo escoge víctimas, víctimas para poder salvar a la humanidad, mientras haya víctimas, hija mía, se seguirán salvando almas.

Seguid rezando el santo Rosario, ofrecedlo por los pobres pecadores. También, hijos míos, haced sacrificios por el Vicario de Cristo, está en un gran peligro.

Mira, hija mía, cómo está mi Corazón por la ingratitud de los hombres, no tienen piedad del Corazón de su Madre.

Quita sólo una espina, hija mía, sólo se ha purificado una (Amparo llora desconsoladamente al quitársela), tira, tira sin miedo. No toques más (Sigue llorando).

Escribe un nombre, hija mía, en el libro de la vida, el que tú quieras hija mía. Ya hay otro nombre más, hija mía, en el libro de la vida, no se borrará jamás.

Hija mía, con tus sacrificios, con los sacrificios de muchas almas, ¡se puede ayudar a tantas almas! ¡Están tan necesitadas, hija mía!. Sí, hija mía, es preciso sufrir, aunque los humanos piensen que nuestros Corazones no sufren. Para nosotros, hijos míos, no hay pasado ni futuro, todo es presente. Hijos míos, seguid haciendo oración y sacrificio, hijos míos. Todos aquellos que no os hayáis acercado al Sacramento de la Confesión, hacedlo hoy mismo, hijos míos, para recibir la luz que necesitáis para entrar en el reino del Cielo. No seáis cobardes, hijos míos. Nadie, que nadie os asuste, hijos míos, puede matar vuestro cuerpo, pero nunca jamás, podrán destruir vuestra alma.

Sí, hijos míos, os bendigo como el Padre os bendice, por medio y con la luz del Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 4 DE JUNIO DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)



HABLA LA SANTÍSIMA VIRGEN:

"Hija mía, hija mía, el Reinado de mi Hijo está próximo, hija mía.

La prueba ha sido larga y dura, hija mía, pero piensa que Dios Padre te ha escogido como instrumento para la salvación de las almas. No creas, hija mía que Dios Padre es tirano, hija mía, es todo misericordia y amor, pero ha querido pulir tu cuerpo para darte la llave de la morada que te corresponde, y al mismo tiempo, hija mía, ha querido que seas víctima para la salvación de los hombres.

Sí, hija mía, te has ofrecido como crucifijo en reparación de todos los pecadores, pero piensa también, hija mía, que Dios Padre ha permitido esta prueba, para que participes de toda la Pasión de mi Hijo.

Sí, es triste, hija mía, pero pide por tus enemigos, pide por esas almas, están apagadas, hija mía y el demonio se vale de ellos para destruir las cosas de Dios. Tú, hija mía, piensa que te ha escogido mi Hijo, y que no va a pasar más que lo que El quiera, hija mía. También te digo, hija mía, que Dios Padre te recompensará ciento por uno, hija mía.

Mira, hija mía, los hombres no cambian y la misericordia de Dios se está acabando. Sí, tienes que ofrecerte y coger la cruz para la salvación de los pobres pecadores, hija mía. Mira, cada día, los humanos, me hacen sufrir más, hija mía. Mira mi Corazón, mira, está transido de dolor por todos mis hijos, por mis almas consagradas, ¡me dan tanta pena, hija mía! Tú ayuda a salvar almas. Mi Hijo te ha dado gancho para salvar almas, por eso el enemigo te quiere destruir, hija mía.

Sed fuertes. Seguid adelante con la cruz, ¿de qué le vale al hombre tener todas las riquezas del mundo, si luego va a perder su alma, hija mía?

Sé como el Cirineo, ayuda a mi Hijo a llevar esa cruz.

Mira, mira hija mía, como sangra mi Corazón (Amparo llora desconsoladamente ante lo que ve). Este dolor me lo causan los pecadores, hija mía. Sólo quita una espina (sigue llorando desconsoladamente al quitar la espina). No toques más, no toques más, hija mía, están todas sin purificar. Parte de ellas son mis almas consagradas.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo (Amparo se inclina y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve en reparación por todos los pecados de los hombres. Seguid rezando el santo Rosario, hijos míos. El Reinado de Cristo se aproxima. Ayudad a mi Hijo a llevar la cruz, hijos míos. Todos aquellos que no os hayáis acercado al Sacramento de la Confesión y después al de la Eucaristía, hacedlo hoy mismo, que puede llegar la muerte como el ladrón, sin avisar, en cualquier momento, hijos míos. Pensad en que tenéis un alma, no penséis en los milagros del cuerpo, lo más importante son los milagros del alma, hijos míos.

No os riáis ¡cuántos en este momento os estáis burlando de mis mensajes! ¡pobres almas!, ¡me dan tanta pena, hija mía!

Sacrificios, sacrificios y oración para llegar al Cielo es necesario, hijos míos. Haced sacrificios por los pecadores. ¡Tantas almas se condenan porque nadie, nadie ha pedido por ellos, hijos míos!

Sed humildes, hijos míos, la humildad es la base principal para llegar al Cielo.

También, no penséis que busca mi Hijo a todos los justos, busca a los pecadores, y se vale de ellos para convertir a las almas, hija mía, se vale de almas pequeñas e incultas para confundir a los grandes y poderosos.

Tú, hija mía, sigue con la cruz, sigue a mi Hijo, no te acobardes, piensa que si te ha escogido mi Hijo, no va a pasar más de lo que El permita, hija mía.

Escribe otro nombre en el libro de la vida, también este nombre escógelo tú, hija mía (Amparo escribe de derecha a izquierda en el aire) ¿Ves, hija mía, como Dios Padre da la recompensa al sufrimiento?

Sí, hijos míos, haced sacrificios, pedid por las almas consagradas ¡las amo tanto! y qué mal me corresponden.

Os bendigo como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 11 DE JUNIO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hija mía, (Amparo habla en el idioma celestial).

Sí, hija mía, quiero que extendáis por todas las partes del mundo, hijos míos, la devoción a mi Inmaculado Corazón, prometo darles las gracias necesarias durante toda su vida y también preservarlos de las penas del infierno. Hijos míos, extended la devoción a mi Inmaculado Corazón. Mi Inmaculado Corazón reinará sobre toda la humanidad. Sí, hijos míos, me agrada tanto cómo rezáis mi plegaria favorita...! Es el santo Rosario, hijos míos. A vosotros os cuesta mucho, pero a Mí ¡me agrada tanto...!

Sed humildes, hijos míos. También os pido: amad a vuestro prójimo. El que no ama al prójimo, no ama a mi Hijo.

Extended los mensajes por todo el mundo, hijos míos. Acercaos al sacramento de la confesión para luego recibir el Cuerpo sacratísimo de mi Hijo, hijos míos. Os sigo repitiendo, ¡cuántos de los aquí presentes todavía no os habéis acercado a este Sacramento!

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo (Amparo se inclina y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve en reparación de todos los pecadores del mundo; de todos aquellos que se ríen de mis mensajes, hija mía. ¡Pobres almas! El día que se presenten ante el Padre celestial, ¡pobres almas! Hija mía, pide por ellos; pide por todos aquellos que no han rezado durante toda su vida. ¡Cuántas almas se condenan, hija mía, porque nadie reza una oración por ellas!

Mira, hija mía, mira otra vez cómo está mi Corazón; como sangra por todos mis hijos, por todos, sin distinción de razas.

Hija mía, quita dos espinas. Sólo se han purificado dos (Amparo llora desconsoladamente al quitar las espinas). No toques más; no están purificadas. (Continúa llorando). Mira, hija mía, cómo está mi Corazón, transido de dolor por todos mis hijos (sigue llorando).

Escribe otro nombre, hija mía, en el libro de la vida (Amparo escribe en el aire de derecha a izquierda). Ya hay otro nombre más en el libro de la vida. Estos nombres no se borraran jamás.

Sí, hija mía, tienes que sufrir mucho. Es preciso para la salvación de las almas. Por eso cojo, hija mía, a muchas almas como víctimas en reparación de todos los pecados del mundo.

Ten cuidado, hija mía, van a venir muchos profetas falsos. Ten cuidado no mezcles nada de mis mensajes con esos profetas, hija mía.

Sí, hija mía, mientras haya almas para reparar los pecados de los demás, se irán salvando. ¡Pobres almas!

Vuelve a besar el suelo por las almas consagradas, hija mía (Amparo se vuelve a inclinar y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, por las almas consagradas, ¡las amo tanto, hija mía...!, ¡pero cuántas almas consagradas no me corresponden, hija mía!

Seguid rezando el santo Rosario, hijos míos. El tiempo se aproxima, y los hombres no dejan de ofender a Dios.

Pedid gracias a mi Inmaculado Corazón. Mi Inmaculado Corazón será el que triunfe sobre toda la humanidad, hijos míos.

Yo os bendigo como el Padre os bendice, en el nombre del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, hijos míos, serán bendecidos. Os bendigo todos los objetos, hijos míos.

Adiós, hijos míos, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 24 DE JUNIO DE 1983

FINCA 'SAN JOSÉ' EN NAVAZARZA (EL ESCORIAL)



LA VIRGEN:

"Hija mía, hijos míos, uníos en amor a todos, unidos, podéis emprender una buena obra de misericordia y amor hacia vuestros semejantes. En un mensaje, hija mía, te dije, que tenías que unirte a Teresa de Jesús, tienes que hacerlo, hay que sembrar para recoger, podéis hacer obras de misericordia, todo el que siembra recoge, podéis hacer obras de amor y misericordia para con los pobres y recibiréis vuestra recompensa en las moradas celestiales.

No os aferréis a las cosas de este mundo, que no sirven nada más que para condenaros.

La copa de la misericordia de Dios se acaba, por eso os pido que ayudéis a salvar muchas almas, por lo menos quiero que se salve la tercera parte de la humanidad, el mundo sigue en peligro. ¡Cuántas almas se están condenando porque no tienen a nadie que les hable de Dios!

Fundad casas de amor y misericordia para los pobres, hay muchos que necesitan que se les hable la palabra de Dios.

Sí, mi Corázón sangra de dolor por todos mis hijos, no quiero que se condenen, corre prisa para que cojáis y salvéis almas.

Besa el suelo. Este acto de humildad sirve para salvar almas.

¡Cuántos hay que no hacen caso de los mensajes de su Madre! No saben que su Madre sólo quiere salvar las pobres almas, ¡pobres almas!

Mira mi Corazón, está transido de dolor por las almas consagradas, te voy a dar una gran alegría, se han purificado cinco (Amparo hace ademán de quitar algo en el aire mientras llora). Seguid rezando el santo Rosario, haced sacrificios, haced oración. Para purificar almas es preciso hacer oración y sacrificios. No toques mi Corazón.

Besa los pies, hija mía, en recompensa de tus sacrificos (Amparo besa en el aire).

Hijos míos, ¡podéis salvar a tantas almas! ¿De qué le vale al hombre tener todas las riquezas del mundo, si pierde su alma? No os aferréis a las cosas terrenas. Repartid, repartid vuestras riquezas, dad y recibiréis.

Fundad..., y haced buenas obras para el bien de las almas, también haced sacrificios y oración por los pobres pecadores, porque recibiréis vuestra recompensa.

Os bendigo como el Padre os bendice, en el nombre del Hijo y con el Espíritu Santo.

Sed humildes, amad a vuestro prójimo, quien no ama al prójimo, no ama a mi Hijo.

Adiós, hijos míos, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 25 DE JUNIO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Durante el rezo del santo Rosario comienza a mirar Amparo hacia la parte del sol y sus ojos se llenan de lágrimas. Continúa rezando y al finalizar la salve, cae de rodillas y transmite el mensaje que le comunica la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Hijos míos, sólo os recuerdo lo que os he dicho otras veces: sacrificios, hijos míos, sacrificios y oración. Se están purificando muchas almas con vuestras oraciones. Cuántas almas, hijos míos, se están acercando a la Eucaristía por vuestras oraciones. ¡Cuántas ovejas perdidas han vuelto al rebaño de mi Hijo!

Seguid rezando el santo Rosario hijos míos, me agrada tanto esa plegaria! Con el Rosario, hijos míos, y por el Rosario, podéis salvar millares y millares de almas. Con la confesión y la comunión, hijos míos, haced actos de desagravio por tantos sacrilegios que se están cometiendo diariamente en la Eucaristia.

Sí, hijos míos, es duro decirlo, pero para salvaros, tenéis que hacer sacrificios y oración. Pensad que Dios Padre es todo misericordia y amor, pero pensad, hijos míos, que como juez es muy severo. Sacrificios, sigo repitiendo. Hace muchos años, hijos míos, que os estoy avisando y los días pasan y hay muchas almas que no han conocido todavía la gracia de Dios.

Hijos míos, publicad la santa palabra de mi Hijo: los Santos Evangelios.

Mira, hija mía, mira qué premio espera a esas almas que han querido aceptar la palabra de Dios Padre, (Amparo respira profunda y reposadamente, como si la visión que tiene fuese muy agradable). Vale la pena, hija mía, vale la pena sufrir y hacer sacrificios, para luego recibir esta recompensa. Sí, hija mía, pero también vas a ver derrumbarse naciones enteras y ser sepultadas sin quedar de ellas ni rastro. Mira, varias naciones quedarán como este lugar, hija mía.

(Amparo explica): Veo como un campo sin vegetación ni vida. (Continúa Amparo llorando desconsoladamente, y con su voz natural entrecortada por sollozos se le oye decir: ¿Dónde los llevas a todos? ¿Dónde los llevas? ¡Ay! ¡ay¡ ¡ay!)

(Amparo continúa explicando esta visión): Veo como la entrada de un túnel muy oscuro y muchas personas a la entrada. Veo a personas muy feas, con ojos de odio, que salen de dentro del túnel y se llevan arrastrando a los que están fuera. Estos no pueden escapar porque una barrera de luz muy fuerte se lo impide.

Parte de estas naciones, hija mía, serán de una parte de Europa. Naciones enteras, hija mía, serán engullidas, no quedará de ellas ni la sombra. Por eso os pido, hijos míos, sacrificios, sacrificios y oración por estas pobres naciones, para que se salven muchas almas, hijos míos. Parte de Roma, hija mía, quedará destruida.

Pedid, hijos míos, por el Vicario de Cristo. El Vicario de Cristo está en un gran peligro. Hijos míos, oración y sacrificios. Sin oración y sin sacrificios no os salvaréis, Hijos míos, ni ayudaréis a salvar almas.

Haced apostolado, hijos míos, todos podéis ser apóstoles de los últimos tiempos, hijos míos. Con vuestra oración y vuestro sacrificio, Dios os dará esa gracia, hijos míos.

Sí, hija mía, es preciso sufrir para salvar almas. ¡Cuántas almas están empeñadas en que Dios Padre no puede castigar! Dios Padre no castiga, se castigan ellas mismas, hijos míos. Dios Padre es misericordia y amor, pero es juez y tiene que dar a cada uno según sus obras, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, por la salvación de esas almas (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo). Este acto de humildad sirve para salvar muchas almas. Tienes que volver a besar el suelo por las almas consagradas, hija mía, (Amparo se vuelve a inclinar y besa el suelo). Pedid por las almas consagradas. El demonio, hija mía, se está apoderando del honor de los conventos. Las flores de los conventos están marchitas, hija mía. ¡Qué pena de almas! ¡Las amo tanto, hija mía! Pedid que el enemigo no se apodere de ellas. El enemigo está formando la batalla entre la humanidad para llevarse el mayor número posible; pero mi Corazón Inmaculado será el que triunfe, hijos míos. Triunfará sobre toda la humanidad. Pedid gracias, hijos míos, que mi Corazón las derramará sobre vosotros.

Tú, hija mía, tienes que sufrir como víctima de reparación por todos los pecadores del mundo; pero vale la pena sufrir, hija mía, si luego vas a recibir la recompensa para toda la eternidad.

EL SEÑOR:

Humildad te pido, hija mía. También tú sufres por los tuyos, hija mía, sufre como madre y como esposa, porque mi Madre sufrió como Madre al pie de la cruz, y a ti te he dado otra prueba más como esposa, hija mía. Sé humilde, hija mía, sé humilde, sin humildad no se consigue el cielo.

(Amparo explica): Veo al Señor en la cruz y a la santísima Virgen agarrada a la cruz con la cabeza en el suelo. Dos mujeres tratan de levantar y consolar a la santísima Virgen.

LA VIRGEN:

(Continúa transmitiendo el mensaje de parte de la Virgen): Os bendigo a todos, hijos míos, como el Padre os bendice, en el nombre del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, serán bendecidos por vuestra Madre celestial. Todos serán bendecidos, hijos míos.

Me manifiesto en muchos lugares, porque el tiempo apremia, hija mía, y las almas no viven muchas la gracia de su Madre, hija mía.

Extended los mensajes por todas las partes del mundo; según vuestras obras, recibiréis vuestro premio, hijos míos.

A ti, hija mía, te dije ayer; tienes que unirte a Teresa de Jesús, tienes que fundar obras de misericordia y amor para los pobres, hija mía, para que se salven muchas almas. El tiempo se aproxima. Cada día, hija mía, cada día que pasa, las almas se aproximan al abismo, por eso te pido sacrificio y humildad, hija mía.

Sí, hija mía, aunque sea duro tienes que sufrir, mientras haya víctimas para expiar los pecados de los demás, se salvaran muchas almas.

Adiós, hija mía. Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 29 DE JUNIO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hija mía, hoy es un día importante, día de los Apóstoles de Cristo. Sed imitadores de los discípulos de Cristo, pero para ser discípulos, hijos míos, tenéis que ser perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto, hijos míos.

Necesitamos apóstoles para los últimos tiempos, pero tenéis que ser humildes y sentir amor, amor hacia vuestros semejantes. También pensad hijos míos que sin humildad no se puede ser apóstol de Cristo. Sed como San Pablo, hijos míos, que decía: (una palabra ilegible) hijos míos, ¿qué importa todo el sufrimiento para el premio que espera en el cielo? Esto decía San Pablo constantemente, por eso os digo que para seguir a Cristo, tiene que ser por el camino del sacrificio.

¿Cómo, hijos míos, cómo podéis pensar que Dios es tirano? Dios es misericordia y amor, pero dará a cada uno -os he repetido muchas veces- según sus obras, hijos míos.

Hablad de Cristo por todas las partes del mundo, por todos los rincones de la tierra. Llevad la luz de los Evangelios. Estamos en los últimos tiempos, hijos míos, y es preciso que se publique la palabra de Dios por todas partes.

¡Cuántos sois como San Pedro, hijos míos! ¡Cuántos hay aquí que negáis a Cristo! Pero, hijos míos, estáis a tiempo; San Pedro se arrepintió con tiempo. Vosotros podéis hacer lo mismo.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo). Este acto de humildad, hijos míos; sirve para salvar almas. Vosotros podéis hacerlo diariamente y ofrecerlo por esas almas que no han conocido a mi Hijo.

Hijos míos, seguid rezando el santo Rosario ¡me agrada tanto esa plegaria!, y con el Rosario se pueden salvar muchas almas, hijos míos. También os pido que hagáis visitas al Santísimo, ¡mi Hijo está triste y solo esperándoos a todos, hijos míos!

Sed humildes, hijos míos, sed humildes para poder conseguir el cielo. El mundo está cada día peor y las almas se meten cada día en el infierno por sus pecados, porque no quieren, hijos míos, no quieren recibir la gracia de Dios. ¡Pobres almas, hijos míos! Pedid por las almas consagradas. Pedid hijos míos, como decía mi Hijo: Pedid y recibiréis.

Mira, hija mía, mi Corazon sangra de dolor por todos mis hijos, por todos sin distinción de razas, hijos míos. Os quiero salvar a todos, hijos míos, pero hay almas que no quieren recibir la gracia de Dios. Mira cómo está mi Corazon Inmaculado (Amparo ante la visión, llora desconsoladamente), pero, hija mía, se han purificado tres almas. Vuestras oraciones están salvando muchas almas, quita tres espinas de mi Inmaculado Corazón (Amparo llora con desconsuelo al quitar la espinas). No toques más, hija mía, no toques más, siguen sin purificar, hija mía.

Haced sacrificios, hijos míos, haced sacrificios y oración. Con el sacrificio y la oración, podéis salvar muchas almas, hijos míos.

Escribe un nombre, hija mía, en el libro de la vida, (Amparo escribe en el aire de derecha a izquierda). Hay muchos nombres, hija mía, en el libro de la vida.

Seguid rezando mi plegaria favorita, hijos míos; seguid rezando para la salvación de las almas. ¡Cuántas almas, hijos míos, se condenan porque nadie reza por ellas!

Besa los pies, hija mía, en recompensa de tu sufrimiento, hija mía.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, con el Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 2 DE JULIO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Por ser primer sábado había muchísima gente, la mayoría personas que iban por primera vez. Amparo, dado su estado de salud, reza el santo Rosario en pie, pero en el quinto misterio después de un tiempo en el que su rostro denota la presencia de la santísima Virgen, cae de bruces como si alguien la empujara. Su rostro no cambia. Las personas allí presentes gritan pensando que se ha hecho daño. Entre su esposo Nicasio y Emilio Oteo, de Zaragoza, ayudados por una hija de Amparo y otras personas, la levantan quedando de rodillas. Echa la cabeza hacia atrás y comienza a hablar, poniendo la cabeza en posición más normal:

LA VIRGEN:

"Hija mía, hija mía, los hombres siguen pecando y siguen ofendiendo a Dios, pero mi Inmaculado Corazón, sigue derramando misericordia y amor sobre toda la humanidad y la humanidad sigue pecando, sigue provocando a Dios Padre; sigue, hija mía, desafiando a Dios. Pide, hija mía a todo el mundo que cambien de vida, que la ira de Dios está próxima y va a caer de un momento a otro. Sí, hija mía, que cambien esa vida de pecado y de desorden que llevan.

Hija mía, también pido que lo publiques por todos los rincones del mundo.

Tendrás enemigos, hija mía, pero sé fuerte en la fe de Cristo. Con la fe de Cristo, triunfarás contra todos los enemigos.

Sí, hija mía, Satanás se ha apoderado de altos puestos para detener la marcha de los acontecimientos. Sí, también se ha metido en altas cumbres de la Iglesia para destruir las almas consagradas; se ha introducido en los cuerpos de hombres sabios para destruir la mayor parte de la humanidad.

Hijos míos, seguid el camino del Evangelio de Cristo. Todos aquellos que se llaman hijos de Dios y no cumplen con los Mandamientos de la Ley de Dios, no son hijos de Dios, hija mía; se llaman hijos de Dios, pero están sirviendo al enemigo y mi Hijo dijo: "Tienen que servir a un dueño sólo". Hijos míos, tenéis que tener sólo un dueño, y ese dueño que sea Jesús, que es el dueño de vuestra alma. Que el enemigo no se apodere le vuestras almas. ¡Cuántos, hija mía, de los aquí presentes, dicen servir a Dios! Pero ¿de qué manera creéis hijos míos, que se sirve a Dios? Cargando la cruz y siguiendo su camino, hijos míos. Mí Hijo, hijos míos, se inmoló por vosotros, por la salvación de vuestras almas. Quiere, hija mía, quiere almas víctimas para reparar y para la salvación de la humanidad. El tiempo se aproxima, hijos míos, los hombres no cambian; de un momento a otro va a venir el gran castigo, hijos míos.

Por todos mis hijos, hijos míos, por todos, pedid, pedid y haced sacrificios. Para ganar el cielo, hay que ser buenos y puros, y caritativos con vuestros semejantes, hijos míos. Sin caridad no os salvaréis.

Mira, hija mía, mira mi Corazón. Mira como está transido de dolor por todos mis hijos, por todos sin distinción de razas (Amparo gime al ver el Corazón de la santísima Virgen).

Quita tres espinas, hija mía; se han purificado tres, con vuestras oraciones y con vuestros sacrificios (Amparo llora desconsoladamente al arrancar las espinas). No toques más, hija mía, no toques, las demás no están purificadas. Gran parte de las espinas de este Corazón, hija mía, es de las almas consagradas. Pedid por las almas consagradas, hijos míos, pedid. ¡Que el enemigo no se apodere de esas almas que pertenecen a mi Hijo, hija mía!

Seguid rezando el santo Rosario, hijos míos; con el Rosario se salvan muchas almas; pero también os pido que os acerquéis al sacramento de la confesión y a la Eucaristía. Es muy importante recibir el Cuerpo de Cristo para daros fuerza para luchar contra el enemigo.

Escribe otro nombre, hija mía, en el libro de la vida (Amparo escribe en el aire de derecha a izquierda). Ya hay otro nombre más, hija mía, en el libro de la vida. Estos nombres no se borrarán jamás.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve para reparar los pecados de los hombres.

Sé humilde, hija mía. Tienes que sufrir mucho, mi Hijo te ha escogido como víctima, como víctima para sufrir por la salvación de los pecadores. Sí, hija mía, tendrás muchas pruebas, pruebas fuertes de dolor, pero ya te he dicho otras veces, que mi Hijo no te va a dar más de lo que puedas resistir, pero es preciso que haya almas víctimas para la salvación de las almas. No te importen las burlas, ni te importen las humillaciones, si está Dios contigo, ¿a quién puedes temer, hija mía?

No, hija mía, no se encuentran apóstoles de los últimos tiempos. Los apóstoles tienen que ser humildes, puros, mortificados y sacrificados, hija mía, para el bien de la humanidad; pero ¡qué pocas almas se encuentran para elegir almas de los últimos tiempos! Estamos en el fin de los fines, hija mía.

Seguid haciendo sacrificios. Sin sacrificios y oración, no os salvaréis, hijos míos.

Pedid por las almas consagradas, ¡las amo tanto, hijos míos.., y que mal me corresponden esas almas! Sí, hijos míos, sacrificios, sacrificios y oración pido.

Hijos míos, os bendigo como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, hijos míos. Serán bendecidos (todos los presentes levantan toda clase de objetos religiosos: medallas, rosarios, estampas, etc.).

Sed humildes, hijos míos, está llegando el tiempo para escoger apóstoles para los últimos tiempos. Sí, hijos míos, el camino para llegar al cielo es el del sufrimiento y del dolor. Pensad en Cristo cómo se inmoló por todos vosotros, por la salvación de vuestras almas, y qué mal le correspondéis, hijos míos. Seguid rezando.

(Amparo habla en un idioma extraño durante unos momentos). Hija mía, pide por el Vicario de Cristo. Lo que te he dicho, hija mía, es un secreto. Sólo puedes comunicárselo a él. Sigue pidiendo por el Vicario de Cristo, está en un gran peligro, hija mía.

Oración y sacrificio os pido, hijos míos. Eso os pide vuestra Madre. Correspondedme con la oración y con el sacrificio, que mi Inmaculado Corazón derrama gracias sobre toda la humanidad, hijos míos. El será el que triunfe. Será el que triunfe, hijos míos.

Pedid, que recibiréis, si os conviene para vuestras almas. No pidáis sólo para vuestro cuerpo; pedid el milagro del alma, que es el más importante.

Adiós, hijos míos. Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 7 DE JULIO DE 1983

EN LA BASÍLICA DE STA. MARÍA LA MAYOR DE ROMA



Éxtasis y estigmatización de Amparo en la Basílica de San María la Mayor de Roma, después de hacer la primera comunión el niño Luis Mellado Aguado, siendo oficiada la Misa por el padre Alfonso María. Amparo transmitió este mensaje que le comunicó la santísima Virgen;

LA VIRGEN:

"Si os hiciéseis como este niño entraríais en el reino de los cielos. Todos aquellos que no cumplan con los mandamientos que Cristo instituyó en la tierra no entrarán en el reino de Dios; seguid el camino del Evangelio de Cristo. Cristo lo dejó todo dicho en sus santos Evangelios, hijos míos.

Publicad la palabra de Dios por todos los rincones de la tierra. Esa es la sal del Evangelio, la que dice mi hijo que la extendáis por todas partes. Sed buenos hijos de Dios, hijos míos, para que luego podáis entrar en el reino del cielo.

Besa el suelo, hija mía, por las almas consagradas (Amparo besa el suelo). Este acto de humildad sirve para reparación de todos los pecados del mundo. Vuelve a besar el suelo, hija mía, por las almas consagradas, por todos mis hijos sin distinción de raza (lo besa por segunda vez). Sed humildes, hijos míos, y sentid amor por los demás; si no sois amantes de vuestro prójimo no entraréis en el reino del cielo.

Sacrificios, hijos míos, sacrificios y oración para poder conseguir las moradas celestiales. Sí, hija mía, el infierno está lleno de pecados de impureza; sed puros como vuestra Madre fue pura e Inmaculada, para poder entrar en el reino del cielo, hijos míos.

Seguid, hijos míos; haced apostolado por todas las partes del mundo. El mundo está muy necesitado de que se publique la palabra de Dios por todos los rincones de la tierra. Sí, hijos míos, os quiero pequeños, pequeños para que luego podáis ser grandes muy grandes y subir muy alto a las moradas que el Padre está preparando.

El fin de los fines se aproxima y los hombres no dejan de ofender a Dios. Como los hombres no cambien, hija mía, la mayor parte de la humanidad, quedará destruida.

Meditad la pasión de Cristo, está olvidada, hijos míos.

Humildad es lo que pido con sacrificios y oración.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice en el nombre del Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos".





MENSAJE DEL DÍA 8 DE JULIO DE 1983

EN SAN GIOVANI ROTONDO (ITALIA)



Éxtasis y estigmatización de Amparo el 8 de Julio de 1983 en San Giovanni Rotondo (Italia). Convento de los padres capuchinos, lugar en el que el padre Pío quedó estigmatizado por primera vez.

Amparo transmitió el siguiente mensaje de parte de la Stma. Virgen:

LA VIRGEN:

"Hija mía, sé imitadora de esta alma consagrada, vas a sufrir mucho, pero él también sufrió, hija mía, para la salvación de las almas. Es preciso, hija mía, coger almas víctimas para la salvación de las almas. Imítale, hija mía, imítale; pero sé fuerte; vas a recibir pruebas de dolor más fuertes, hija mía; imita a esta alma consagrada que por estas almas y por otras muchas se salvará la tercera parte de la humanidad, hija mía.

Sé fuerte, sé fuerte, porque los humanos, hija mía te harán mucho daño.

Besa el suelo, hija mía, besa el suelo por las almas consagradas, por estas almas para que sean imitadores de esta alma víctima que escogió mi Hijo y que está gozando de su presencia, hija mía (Amparo se inclina y besa el suelo). Tu momento todavía no ha llegado; sé fuerte, vas a sufrir, pero es preciso sufrir para conseguir la gloria, hija mía.

(Amparo exclama: ¡Ay! Permanece callada durante cuarenta segundos y añade:)

¡Padre!

(Amparo posteriormente explica:)

Al padre Pío le vi joven, sin barba, vestido con una túnica blanca sin llagas, resplandeciente, con un cáliz rodeado de luz. De este cáliz tomó una Sagrada Forma y me la dio. Yo no pensaba decir que el padre Pío me había dado la comunión, si no me hubiera dicho el arcángel San Gabriel que lo revelara.

Mira, hija mía, dónde se encuentra esta alma víctima, esta víctima de reparación.

(Amparo continúa explicando:)

Veo una morada llena de luz blanca; veo allí otras almas resplandecientes vestidas totalmente de blanco.

Para todos los que escoge mi Hijo está preparado este puesto, hija mía. Vale la pena sufrir.

(Amparo exclama:) ¡Ah!

Todavía no has cumplido la misión, hija mía, se fuerte, no tengas miedo a nadie. Mi Hijo está contigo y, estando contigo mi Hijo, ¿a quién puedes temer, hija mía? Imita a esta alma, has visto a esta alma consagrada hija mía; sufrió mucho para salvar las almas (se oyen unos lamentos de Amparo).

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Sé humilde, hija mía la humildad es la base principal para llegar al cielo.

Adiós, hija mía, adiós".

Desde el día 4 hasta el día 11 de Julio, con motivo del año jubilar de la Redención visitó Roma y otros lugares santos de Italia una peregrinación integrada por veintiséis personas, entre ellas se encontraban Amparo y su hija Amparito, el padre Alfonso María y otros. Estos éxtasis fueron presenciados por la mayor parte de la peregrinación y por otros muchos fieles ajenos a la misma y de diversas nacionalidades.

Alguien vio la Sagrada Forma dirigiéndose por el aire a la boca de Amparo en el momento en que, según ella dice, le dio el padre Pío la Sagrada Comunión.





MENSAJE DEL DÍA 23 DE JULIO DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)

HABLA LA SANTÍSIMA VIRGEN:



"Quiero, hijos míos, que sigáis frecuentando este lugar porque se están convirtiendo muchas almas (Amparo suspira profundamente). No miréis los milagros del cuerpo tened presentes los milagros del alma. Se harán milagros cuando se cumplan mis palabras. Sí, hijos míos, me agrada mucho que sigáis frecuentando este lugar; seguid rezando el santo Rosario ¡Cuántas almas hay en el infierno porque nadie ha rezado por ellas, hijos míos! Oración pido, hijos míos, oración y sacrificios para la conversión del mundo.

(Amparo ve cómo los ángeles depositan en el regazo de la santísima Virgen el Cuerpo llagado del Señor y la Virgen le dice:)

Mira, hija mía, mira cómo lo han dejado los pecados de los hombres, en qué lugar han dejado a mi Hijo, mira cómo está su Cuerpo (Amparo gime). Para que digan los humanos que mi Hijo no sufre, hija mía. Mi Hijo está con la cruz diariamente por la salvación de toda la humanidad.

Pido hijos míos, que se haga una capilla en este lugar, en honor a mi nombre; pero no me hacen caso los humanos. Quiero que se medite la pasión de Cristo; está completamente olvidada, hijos míos. Seguid rezando, hijos míos el tiempo se aproxima y los hombres no dejan de ofender a mi Hijo. El Padre Eterno está enfadado; imploradle al Padre, hijos míos, que tenga misericordia de la humanidad porque de un momento a otro va a descargar su ira, hijos míos.

Sed humildes como vuestra Madre fue humilde y sed puros como vuestra Madre fue pura también, hijos míos. No os riais de los mensajes de vuestra Madre, de un momento a otro va a llegar el castigo, hijos míos, y los hombres no dejan de ofender a Dios qué crueles son, hija mía, no hacen caso, me manifiesto en tantos lugares... pero qué poco caso hacen de mis avisos; no hacen caso de los avisos de su Madre.

Besa el suelo, hija mía (Amparo se inclina lentamente y lo besa). Esto lo haces por las almas consagradas, las amo tanto, hija mía, y ¿cuántas almas consagradas se han retirado del camino de Cristo y se han introducido en la vida de placeres, hija mía? Besa el suelo en reparación de sus pecados. (Amparo se inclina y lo besa por segunda vez).

Nunca, hija mía, te avergüences de la humillación, todo el que se humille será ensalzado ante Dios, hija mía. Este acto de humildad sirve en reparación de todos los pecados del mundo, de las almas consagradas, hija mía. ¡Pobres almas, hija mía! Se han oscurecido sus mentes y se ha metido el demonio para llevarlos por el camino de la perdición. ¡Qué oscuras están sus mentes, hija mía, pobres almas!

Tened presente que el enemigo está entre los cuatro ángulos de la tierra para apoderarse del mayor número de almas; por eso os pido, hijos míos: con el sacrificio y con la oración podéis ayudar a esas pobres almas para que no se condenen.

Pensad que el mundo pasa, que la tierra no vale para nada; pero que las moradas están preparadas para todo el que quiera seguir a mi Hijo. Hijos míos, coged la cruz de Cristo y cargáosla; pero no os quejéis cuando llevéis esa cruz; hacedlo con humildad y que vuestra cara no demuestre el sufrimiento, hijos míos. Sed humildes; humildad, hijos míos, para poder conseguir las moradas. La lucha del enemigo también está próxima, hijos míos. Estad sellados con el número de María Inmaculada, de vuestra Madre María Inmaculada.

No os dejéis sellar por el número del enemigo que es el 666. El enemigo está en la lucha, hijos míos, está entre vosotros, retiraos de aquellos que os quieren llevar por el camino de la perdición; hijos míos, sed discípulos, no seáis Herodes. Humildad es lo que pido y sacrificios, haced, hijos míos, penitencia y acercaos al camino de vuestro Padre celestial, ese camino es el de las espinas, hijos míos. Satanás os lleva al camino de la felicidad, no os vayáis por el camino de las rosas, coged las espinas porque el enemigo os quiere confundir. Sed humildes, hijos míos, y seguid rezando el santo Rosario. Pero también os pido, que muchos de los aquí presentes no os habéis acercado al sacramento de la confesión. Hijos míos, si no os habéis acercado a ese sacramento, no os salvaréis. Bienaventurados aquellos que cumplen los diez Mandamientos de la Ley de Dios.

También os pido que hagáis vigilias, hijos, en reparación de esas almas que no han conocido a mi Hijo.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Sacrificios, hijos míos, sacrificios os pide vuestra Madre; no os riais, hijos míos. Cuando os presentéis ante el Padre, que los ángeles no os rechacen. Sí, humildad es lo que pido, con el sacrificio y con la caridad.

Adiós, hijos míos."





MENSAJE DEL DÍA 24 DE JULIO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Durante el rezo del santo Rosario, en el quinto misterio, Amparo queda en éxtasis y transmite este mensaje de parte de la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Hijos míos, me manifiesto a menudo porque el mundo está al borde del precipicio, y los hombres no hacen caso; sacrificio os pido, hijos míos, sacrificios y oración, para poder salvar por lo menos, hijos míos, os sigo repitiendo, la tercera parte de la humanidad. Los hombres no dejan de ofender a Dios, pero con el sacrificio y con la oración, hijos míos, podéis ayudar a tantas almas... Hija mía, se van a presentar profetas falsos; ten cuidado, hija mía, que entre la humanidad está la raza maldita del anticristo, y el anticristo está entre los cuatro ángulos de la tierra, para confundir a las almas, pero con sacrificio y con oración, hijos míos, y con humildad, nunca el enemigo se podrá apoderar de vuestras almas.

El cáliz está lleno, hijos míos, está saliéndose, y la mano de mi Hijo va a hacer justicia sobre toda la humanidad.

Humildad pido, hijos míos, no os dejéis engañar por la astucia del enemigo; el enemigo quiere sellar con el 666 a sus almas, hijos míos, no os dejéis engañar; sacrificio, sacrificio y oración.

Confesad vuestros pecados, hijos míos; el Padre Eterno está triste y enfadado, porque muchos no os habéis acercado a ese sacramento; ¡qué pena, hijos míos! No os metáis en la profundidad de los placeres del mundo, el mundo no sirve nada más que para vuestra condenación. Sí, hija mía, tu sufrimiento y el de otras almas victimas sirven para la salvación de la humanidad.

Se reirán de ti, hija mía, se burlarán, te levantarán calumnias, pero piensa en Cristo; Cristo Jesús fue calumniado, fue calumniado, y ¿qué podían calumniar? (Amparo habla en un idioma extraño).

Sí, todo esto tenlo presente, hija mía, todo esto lo recibirás; serás martirizada, hija mía, pero recibirás la palma del martirio porque valen la pena todos los sufrimientos del cuerpo para que luego tu alma esté en una morada, en la morada de las almas escogidas. Hija mía, hazte pequeña, pequeña como mi Hijo te dice para poderte subir muy alta; pensad que todas las almas pequeñas, tienen un puesto elevado en las moradas.

No os aferréis a las cosas terrenas, hijos míos, sólo sirven para condenar vuestra alma.

Besa el suelo, hija mía, por los pobres pecadores (Amparo besa lentamente el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve en reparación de tantos pecados como se cometen y de los ultrajes a mi Inmaculado Corazón.

Refugiaos en el Corazón Inmaculado de vuestra Madre, mi Corazón triunfará, hijos míos. Sed humildes, sed humildes y sed sacrificados; las almas sacrificadas, son las que importan en el mundo de pecado, hija mía; el alma sacrificada es el alma pura e Inmaculada que Dios utilizó por Madre. Dios se sacrificó por el bien de la humanidad, pero su Madre fue también víctima de dolor al pie de la cruz.

Hija mía, Yo estuve amarrada, amargamente amarrada al pie de la cruz, hija mía, viendo agonizar a mi Hijo; por eso, tú que eres madre pide por tus hijos, que en mi Corazón hay espinas de ellos también, hija mía. Piensa que si uno de tus hijos, te lo he repetido muchas veces, lo vieses como se profundizaba en el fondo del abismo, ¡qué dolor tan inmenso, porque eres madre, hija mía! Así está mi Corazón diariamente, sufriendo por todos mis hijos, por todos, sin distinción de razas, hija mía. Sed humildes, hijos míos.

(Amparo llora desconsoladamente y posteriormente explica:) Veo como un planeta muy oscuro y muy seco con piedras y polvo, sin nada de vegetación y veo a muchas personas muy desnutridas que buscan desesperadamente agua, por lo que la Virgen me dice:

Estas almas se encuentran aquí, porque no han querido recibir la llamada de Cristo, para toda la eternidad, hija mía. Nada más piensa diariamente en que la condenación es para toda, toda una eternidad, (Amparo sigue llorando), por eso pido, hijos míos, que hagáis sacrificios y oración por las almas que no han conocido la llamada de Dios, hijos míos, esta luz divina.

Hay muchas almas que están muy necesitadas, pero que nadie, nadie reza una oración por ellas, hijos míos. Humíllate, hija mía, vuelve a besar el suelo, por estas pobres almas, hija mía (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo por segunda vez), nunca te avergüences, hija mía, de ser humillada; piensa en lo que dijo mi Hijo: "bienaventurados los que se humillen, porque ellos serán ensalzados".

Hija mía, seguid rezando el santo Rosario, se están salvando muchas almas. Me agrada, hija mía, que vengáis a este lugar a rezar el santo Rosario.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, en el nombre del Padre con el Hijo y en el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 25 DE JULIO DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)



HABLA LA SANTÍSIMA VIRGEN:

"Hijos míos, pedid por la paz del mundo entero, pero pedid por España hijos míos; sed unos buenos apóstoles como vuestro patrón fue un buen apóstol; pero no luchéis con espadas, hijos míos, luchad con la oración y con el sacrificio en reparación y para la salvación del mundo. Pedid por Rusia, hijos míos, en Rusia está el dragón de las siete cabezas, hijos míos, que quiere apoderarse de la mayor parte de la humanidad. Pedid a mi Corazón Inmaculado para que sea convertida Rusia. Rusia, hijos míos, si no hacéis oración y sacrificio, será el azote de la humanidad; pedid que se convierta, hijos míos, pero con oración y con sacrificio.

No saquéis vuestras espadas para luchar, meted vuestra espada en la vaina y coged vuestra arma que es el santo Rosario. Sin oración y sin sacrificio, hijos míos, el mundo no se salvará.

Os pido sacrificio, sacrificio, hijos míos, por esas pobres almas que están tan necesitadas de oración, que el demonio se ha metido en sus mentes y ha oscurecido sus inteligencias y las han aprovechado para construir artefactos atómicos, para destruir la mayor parte de la humanidad.

Sí, hijos míos, pedid por Rusia y China para que se conviertan; pueden ser la destrucción de la mayor parte del mundo, hijos míos; pero con el arma del Rosario podéis salvaros y también salvar a vuestros enemigos, hijos míos. Sacrificio, sacrificio, repito, hijos míos, haced caso a vuestra Madre y pedid a mi Inmaculado Corazón, porque este Corazón Inmaculado será el que triunfe al final.

Hijos míos ayudad a Cristo a descargarse esa cruz que lleva por esas pobres almas que no quieren aceptar la palabra de Dios; sed apóstoles, hijos míos y publicad por todas las partes del mundo la palabra de Dios. Todos unidos, hijos míos, llegará el momento en que vosotros tendréis que ser los que salvéis el mundo, hijos míos.

Cristo triunfará, hijos míos, aunque la bestia quiere apoderarse de muchas almas.

Oración, hijos míos, oración os pido, seguid rezando el santo Rosario, rezad al menos la tercera parte, porque con el Rosario, hijos míos se salvarán muchas almas; pero repito que os pongáis antes a bien con Dios, hijos míos; antes acercaos al sacramento de la confesión para luego recibir el sacramento de la Eucaristía; haced visitas al Santísimo, hijos míos. Mi Hijo está triste y solo, consoladle, hijos míos, consoladle porque el mundo está al borde del precipicio, y los humanos no cambian.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo. (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve para la reparación de todos los pecados del mundo; humíllate, hija mía, piensa que el que se humilla será ensalzado ante los ojos de Dios; no te avergüences, hija mía, pero sé humilde, sé humilde y ofrécete como víctima en réparación de todas las almas.

¡Cuántas almas se pierden por no haber conocido la palabra de Dios, por no haber tenido quien les hable de mi Hijo! Están tan necesitadas, hijos míos...; publicad la palabra de Dios por todos los rincones de la tierra, esa es la sal de la que habla mi Hijo en el Evangelio.

Sed apóstoles, hijos míos; todos podéis ser apóstoles y ayudar a vuestros hermanos; el que no ama a su hermano, no ama a mi Hijo, hija mía, y el que no ama a Cristo no entrará en el reino del cielo.

Vuelve a besar el suelo, hija mía. (Amparo besa el suelo por segunda vez). Este acto de humildad, aunque se rían, hija mía, aunque se rían, tiene mucho valor. Mi Hijo cuando estaba en la tierra se humillaba constantemente ante el Padre con la cabeza en el suelo, hija mía, tiene mucho valor el acto de humildad de besar el suelo. Hija mía, te pido que seas humilde, que seas muy humilde; sin humildad no se consigue el cielo.

Me agrada tanto, hijos míos, que vengáis a rezar el santo Rosario de todas las partes del mundo... Todo el que venga a rezar el santo Rosario será bendecido, hija mía, y, como dije al principio, muchos de ellos serán marcados con la cruz de los escogidos.

Pero, hijos míos, tenéis que ser humildes y tenéis que hacer sacrificios. Hace muchísimos años de las apariciones que hice en la tierra, hijos míos; avisaba el sacrificio, el sacrificio y la oración, haced caso para que el mundo se salve. Sin sacrificio y sin oración no se puede salvar el mundo.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, hijos míos, todos serán bendecidos, (los presentes levantan toda clase de objetos religiosos, como medallas, rosarios, etc).

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!".





MENSAJE DEL DÍA 30 DE JULIO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Durante el rezo del santo Rosario, Amparo queda en éxtasis en el quinto misterio y transmite el siguiente mensaje de parte de la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Hija mía, el mensaje va a ser corto, hija mía, porque todo lo tengo dicho desde el principio hasta el fin. Di a los humanos, hija mía, que no ofendan, la divina Majestad de Dios Padre; está muy ofendido y su cólera va a caer sobre la humanidad de un momento a otro, hija mía. Os pido sacrificios, hija mía, sacrificos y oración. Este es mi mensaje Hija mía, que os améis los unos a los otros como mi Hijo os amó.

Sí, hija mía, los humanos han convertido el mundo en escenario de crímenes y de placeres y de envidias, hija mía. No seáis caínes, hijos míos, sed como Abel que ofrecía a Dios los mejores frutos de su cosecha. Haced vosotros lo mismo, hijos míos. No os riáis de los mensajes de vuestra Madre, ¿cuántos hija mía, cuántos se ríen de mis mensajes? ¡Pobres almas, me dan tanta pena...! Tú, hija mía, te sigo repitiendo: hazte pequeña, humíllate, hija mía, sé humilde, porque sin la humildad no se puede conseguir el cielo.

Besa el suelo, hija mía, en acto de humildad, en reparación de todos los pecados (Amparo se inclina, lentamente y besa el suelo). Bienaventurados, hija mía, bienaventurados los que se humillan, ya te lo he repetido muchas veces, porque ellos serán altos muy altos; subirán a las moradas más altas del Padre Eterno. Por eso, hijos míos, sin humildad, sin caridad y sin fe no se puede conseguir el cielo. Sed humildes, hijos míos; mi Hijo quiere apóstoles pero no los encuentra, hija mía; quiere apóstoles para los últimos tiempos, pero la humanidad no corresponde, hija mía: no corresponde con sus sacrificos y con sus oraciones.

Sí, hija mía, las almas consagradas están muy necesitadas de oración, hija mía, y los pecados de las almas consagradas están clamando al cielo venganza, hijos míos pedid por esas pobres almas, ¡me dan tanta pena, hijos míos!, ¡las amo tanto...! Los ángeles del cielo harán justicia, hija mía, sobre esa venganza. Por eso os pido como Madre de amor y de misericordia que soy, que pidáis por todas las almas no quiero que se condenen, todos son mis hijos, hija mía, todos sin distinción de razas; por eso os aviso, hija mía, para que pongáis orden en vuestras vidas y para que hagáis oración y sacrificio, pues el tiempo está próximo, muy próximo, hijos míos, muy próximo; faltan segundos, hijos míos, os lo vengo advirtiendo hace mucho tiempo, hijos míos. Quiero que hagáis sacrificio, que os acerquéis al sacrameno de la confesión y que hagáis visitas al Santísimo; mi Hijo está triste y solo con los brazos abiertos esperándoos a todos hijos míos; dedicadle media hora, hijos míos, está tan triste y tan solo...

Pedid gracias a mi Inmaculado Corazón, quiere este Corazon Inmaculado derramar las gracias sobre todos vosotros, hijos míos. Pedid como decía mi Hijo: Pedid y se os dará, hijos míos; pero pedid para vuestra alma, no pidáis solo para vuestro cuerpo; el cuerpo no vale para nada, hijos míos; tened presente que es el alma lo más importante; depende de vosotros vuestra salvación o vuestra condenación hijos míos; pero aquello que escojáis, será para toda, toda una eternidad, hijos míos.

El mundo se acaba, pero quiero que los hombres cambien, quiero que ordenéis vuestras vidas, hijos míos; se os dará un aviso y os veréis reflejada vuestra alma como en un espejo de lo que habéis sido durante toda vuestra existencia, hijos míos, toda vuestra existencia. Ese es el misterio de Dios que el hombre nunca ha llegado a descubrir, hijos míos; muchos en ese momento se horrorizarán y no querrán creer ni en la palabra de Dios. Por eso os pido, hijos míos, que pidáis luz al Espíritu Santo para que, cuando llegue ese momento, estéis iluminados para poder comprender los designios de Dios como son misteriosos y ocultos.

Sí, hija mía, todavía te queda que sufrir, pero piensa que es para bien de la humanidad, las almas víctimas las escoge mi Hijo para la salvación de los hombres.

Vuelve a besar el suelo por las ALMAS CONSAGRADAS, hija mía, por esas almas que ofenden la divina Majestad de Dios (Amparo besa el suelo). Es preciso, hija mía, que esta humillación la recibas diariamente, hija mía; durante todo el día. Es un acto de humildad para ti también, hija mía, en reparación de tus pecados. Piensa que mi Hijo te ha escogido por miserable y pequeña, hija mía, no te ha escogido por mística, hija mía, sino porque eras una miserable. Por eso te pido que te humilles y te dejes humillar. También esta humillación sirve para todas las almas. Durante el día este acto de humildad sirve para salvar la humanidad hija mía; en reparación de todos los pecados del mundo. Sed humildes, hijos míos, y con vuestra oración y vuestro sacrificio podéis salvar muchas almas, hijos míos; por eso me manifiesto tan a menudo, porque el tiempo se aproxima y los hombres no cambian. El fin de los fines está cerca, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice en el nombre del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad los objetos, hijos míos, todos los objetos serán bendecidos y muchos objetos recibirán gracias especiales para la curación de algún enfermo. Recibid mi bendición, hijos míos.

Adiós, hijos míos. Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 6 DE AGOSTO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



A la llegada de Amparo hay aplausos que ella los hace callar inmediatamente diciendo que quien merece los aplausos es la santísima Virgen que tanto cariño maternal nos tiene. A continuación dirige a la concurrencia una alocución en la que expresa los deseos del Señor y de la santísima Virgen de que se reciban los sacramentos de la confesión y de la comunión. Que algunos se resisten a confesarse con el sacerdote diciendo que ya se confiesan con Dios; y dice que eso no vale, que hay que confesarse con el confesor. También exhorta al cumplimiento de los Mandamientos como medio para conseguir la salvación.

Al comenzar el segundo misterio hace la siguiente advertencia:

-Algunas personas se preguntarán que por qué rezamos:

"Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra". Si la Iglesia lo prohibe, yo acepto lo que la Iglesia me prohiba; pero lo pidió la santísima Virgen. Pidió que se rezara con esta Avemaría: Dios te salve, María... y luego Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra. Entonces, preguntando yo a la Virgen, me respondió el Señor y me dijo: Que, si verdaderamente cuando El en la cruz dejó de existir, ¿no ofreció a su Madre por Madre nuestra? O sea, que verdaderamente la Virgen era Madre de El y Madre nuestra. Así nos la ofreció. Porque hay personas que dudan sobre esta Santa María. Yo, sí me lo prohibe la Iglesia, rotundamente lo retiro, porque en una ocasión me dijo la santísima Virgen que, si Ella me decía una cosa y el director o un sacerdote de la Iglesia me decía otra, que inmediatamente obedeciese a lo que la Iglesia me dijese, o a lo que el director espiritual me dijese. Por eso seguimos la Santa María Madre de Dios y Madre nuestra.

"Hija mía, Dios Padre todavía tiene misericordia de los humanos. Todavía sigue dándoles oportunidad para salvar su alma, hija mía.

Pide, hija mía, pide por las almas consagradas. Pide, hija mía, y haz sacrificio. Dios Padre hace mucho tiempo que está dando avisos por medio, primero, de sus ángeles, hija mía. Los manda a Sodoma y Gomorra para avisarles de tanto pecado de impureza, de toda clase de vicios. Pero, como no hicieron caso a sus mensajes, las destruyó con nubes de fuego. Destruyó dos ciudades, hija mía. Pues aquí va a pasar igual, hija mía. Toda la raza humana se rebela contra Dios.

En algunos conventos, hija mía, hay abominaciones, y en las iglesias, en muchas iglesias, ha llegado la abominación con el pecado. Hija mía, pide por esas almas. ¿Dónde están esas flores puras y lozanas que estaban en los conventos, hija mía? No se encuentran esas almas. Sacrificio pido, sacrificio y oración.

El enemigo astuto, hija mía, se apodera de esas almas para escoger el mayor número para cuando llegue el momento. Claro, hija mía, tú tienes que ser víctima en reparación de los pecados del mundo.

Sí, hija mía, vas a sufrir mucho. Pide por las almas consagradas. El demonio se apodera de muchas almas y las introduce dentro de esos conventos. Hija mía, los conventos que todavía quedan, que siguen la vida de Cristo con la vida de sacrificio, de amor, de caridad, de fe, de piedad, de pureza.., el demonio quiere destruir esa obra, que estén alerta, hija mía, para ver a quien meten en esos conventos, porque el demonio se quiere hacer el rey de todos esos corazones para destruir la obra de mi Hijo. ¡Pobres almas, hija mía! Las almas que quiere mi Hijo tienen que ser pobres, humildes, puras y sacrificadas, hija mía. ¿Dónde se encuentra esto?

El enemigo con su astucia se está apoderando de todas esas almas; por eso pido, hija mía, hace muchos años que estoy pidiendo sacrificios y oración.

Mi Hijo primero puso a sus ángeles por mensajeros para la raza humana; y luego ha puesto a su Madre por mensajera para coger instrumentos pequeños y humildes, para comunicárselo a la raza humana, que tenga cuidado, hija mía, que el mundo está a punto de ser destruido.

A Dios le da pena de destruir esta raza; pero los hombres le pagan con crímenes, hija mía, con pecados de impureza y con todas las clases de vicios. Por eso os pido, hijos míos:

El tiempo se aproxima y los hombres no cambian y Dios Padre va a descargar su ira de un momento a otro, hija mía. Que pidan luz al Espíritu Santo, que El los iluminará para estar en gracia de Dios.

Hija mía, besa el suelo en sacrificio por las almas consagradas (Amparo se inclina y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve para la salvación de los pobres pecadores; por las almas consagradas ¡las amo tanto, hija mía... y que mal me corresponden! Por eso os pido, hijos míos, que hagáis sacrificios por los que no los hacen y que hagáis oración por los que no rezan, hijos míos.

La ira del Padre se aproxima y mi Corazón está transido de dolor. Las profecías que Yo he dado hace mucho tiempo, hija mía a Melania y a Bernardita se van a cumplir. Estamos en el fin de los fines; en el fin de los tiempos, hija mía, y no encontramos almas para ser apóstoles de los últimos tiempos. Sólo, hija mía, con que hubiese diez almas, diez almas puras, mi Hijo imploraría a su Padre que no descargara su ira sobre esta humanidad. Pero no encontramos almas víctimas, hija mía; no encontramos almas que quieran reparar los pecados de los demás. ¿Qué han hecho con la Iglesia de mi Hijo, qué han hecho, hija mía? Qué pena de almas! Pedid por ellas, hijos míos, porque Dios Padre les va a dar por su pecado y por los demás, por los demás que han arrastrado al abismo.

Vas a ver un momento, hija mía, la Transfiguración de Cristo. No podrás tocar, hija mía. (Aquí se queja con prolongadas y muy fuertes lamentaciones):

¡Ay, qué luz! ¡Ay, qué luz!... ¿Quiénes son esos que hay ahí, quiénes son?

-Moisés, es Moisés y Henoc (Amparo estaba viendo a un lado Henoc, Moisés y Elias; y al otro Pedro, Santiago y Juan).

¡Ay! Pero, ¿qué le pasa al Señor? ¡Ay, qué cara! ¡Qué luz, ay, ay...! (extiende la mano para tocar y Moisés le dice):

- ¡Ay, que no toques, ay...! (Se sigue quejando fuertemente:)

- ¡Ay, Dios mío, ay qué luz ...! (en suspiros profundos)

- Esta luz, hija mía, es la Transfiguración de Cristo. Has visto, hija mía, su cara, como el sol de brillante, como el sol. Nadie, nadie puede alcanzar esa energía divina. ¡Nadie, hija mía! No intentes tocarla, ¡no intentes!

- ¡Ay, lo que sale, ay lo que sale, de la luz del cuerpo, ay del cuerpo ese tan grande...! ¡Ay lo que sale! ¡Ay, se forma un brazo! Se está formando otro brazo. ¡Ay, se forma el cuerpo! Ay, se forma la cara! ¡Un pie! ¡El otro pie; con rayos que salen del cuerpo, de ese cuerpo tan grande...! Del centro del pecho salen los rayos; y se ha formado un hombre. Ay, es el Señor ese hombre, ay es el Señor, con pelo y todo lo ha formado!

Ahora siguen saliendo rayos de dentro de ese cuerpo. ¡Ay, que se forma un ala; otra ala! ¡Ay, una cabeza de un..., ay, una paloma, una paloma; se ha formado también una paloma! ¡Ay, de esos rayos de ese cuerpo tan grande! ¡Qué hombre! Si no puedo verle la cara...; el pelo muy largo y la barba; pero la cara no puedo verla. ¡Qué pies tan grandes, ay qué brazos tiene, Dios mío...! ¿Quién es ese tan grande? ¡Ay, por eso no lo puedo ver!

Ese hija mía, es Dios Padre. Nadie, nadie lo podrá ver ni tocarlo, hija mía. Es la luz divina, la luz para toda la humanidad. Ahora, hija mía vas a ver como esos cuerpos se destruyen lo mismo que se han construido y se meten dentro de ese cuerpo.

- ¿Qué van a hacer ahora? Ay! Pero ¿cómo lo hacen...? Se está quitando otra vez. Los rayos se meten dentro de ese cuerpo otra vez. ¡Ay! todo se está destruyendo otra vez. Se han metido dentro de ese cuerpo tan grande. La paloma también se ha metido dentro de ese cuerpo.

- Pero, ¿qué es esto, Dios mío, qué es eso?

- Esto, hija mía, son las Tres Divinas Personas: el Padre, que nadie lo ha podido ver; el Hijo y el Espíritu Santo. Todo viene del Padre, hija mía, de la energía divina del Padre se forma el Hijo y se forma el Espíritu Santo.

- ¿Y esos brazos tan grandes?

- Significan que quieren abarcar todo el universo, hija mía; así es de grande Dios Padre. Pero, a veces, hija mía, la raza humana lo hace tan pequeño, tan pequeño, y está tan ofendido, que va a descargar su cólera de un momento a otro, hija mía.

- ¡Ay, Dios mío, ay, Dios mío, perdónalos! Dios mío ten misericordia de todos. Dios mío, ¡Ay! Si es que no hacen caso, Dios mío (sollozando) ¡Ay...!

- Por eso te digo, hija mía, y te he repetido muchas veces, que la raza más "rebeladora" es la raza humana; la que más se ha rebelado contra Dios. Y, sin embargo, hija mía, Dios Padre tiene misericordia de ellos.

Pedid que se convierta, hija mía, quiero que se salve (Aquí habla en idioma desconocido). ¡Ay, Dios mío! ¿Tan poco falta, Señor, tan poco falta? Pido que se conviertan todos, Dios mío.

- Vas a ver otra clase de castigo, hija mía, (llora mucho).

- Por eso mi Corazón de Madre sufre tanto; por eso no quiero que se condenen; por eso mi Hijo me ha puesto por mensajera para la salvación de la humanidad.

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por los pobres pecadores (de nuevo despacio besa el suelo). Por todos los pecadores, por todos mis hijos, hija mía, sin distinción de razas pido, hija mía, sacrificio y oración. Haz sacrificio y penitencia con la oración, hija mía. Vale la pena seguir para recibir una recompensa en las moradas celestiales.

Mira cómo está mi Corazón transido de dolor por todos mis hijos, hija mía, por todos. Por mis almas consagradas no puedes quitar ninguna espina, hija mía, no están purificadas. Pero te voy a dar una oportunidad de que escribas otro nombre en el libro de la vida, hija mía (Amparo escribe en el aire de derecha a izquierda). Ya hay otro nombre más, hija mía, en el libro de la vida. Estos nombres no se borrarán jamás, hija mía.

Todavía queda un alma que ama nuestros corazones, hija mía. Que pidan gracias a mi Inmaculado Corazón, que él derramará gracias sobre toda la humanidad. Pedid que se conviertan los pobres pecadores. Me dan tanta pena, hija mía...

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad los objetos, hijos míos. Todos los objetos serán bendecidos, hijos míos. Muchos de ellos recibirán gracias especiales que servirán para la conversión de muchas almas, hija mía.

Os pido sacrificios, hija mía, sacrificio y humildad

Adiós, hijos míos, adiós"





MENSAJE DEL DÍA 15 DE AGOSTO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hija mía, hija mía, en un día tan importante como hoy no podía faltar, hija mía. Lo mismo que participas de los dolores de la pasión de Cristo, vas a participar también de mi gloria, hija mía.

Vengo, hija mía, como Madre vuestra de misericordia y amor velo constantemente, hija mía, por todos mis hijos, por todos, porque todos sois hijos míos; es la herencia humana, hijos míos, es la herencia que me corresponde.

Yo viví, hija mía, setenta y tres años en la tierra entre la raza humana, viví igual a mi Hijo, seguí el camino del Evangelio, pude pecar, hija mía, pero nunca lo hice. Di ejemplo, ejemplo de humildad, di ejemplo de pobreza, y di ejemplo de pureza. También di ejemplo entre toda la raza humana de fe para que tengan fe a Cristo. Dejé esa herencia entre la raza humana. Ese es el ejemplo que di, hija mía, durante toda mi vida.

También José, mi esposo. Dios Padre le otorgó el privilegio de ser padre adoptivo del Verbo Divino que se engendró en mis entrañas. Le educó en el santo temor de Dios, hija mía, y le dio todo su amor. Por eso pido a todas las familias cristianas, que eduquen a sus hijos en el santo temor de Dios, para que luego puedan participar después de la muerte que participé Cristo mi Hijo, también puedan participar de la herencia de su Resurrección, hijos míos. Por eso os pido sacrificios, hijos míos, sacrificios acompañados de oración.

¡Me gusta esta plegaria tanto, hijos míos! Os he dejado terminar esta plegaria hasta el último misterio, porque me agrada tanto, hijos míos! Es mi plegaria favorita. Con el Rosario hijos míos, pero siempre pensando estar en gracia de Dios, antes el sacramento de la confesión y de la Eucaristía, después mi plegaria favorita es ésta, hijos míos. Con esta plegaria se puede salvar toda la humanidad, os pido, hijos míos, os pido sacrificios y oración.

Pedid por esas pobres almas que no han conocido la gracia de Dios. Vivid como Yo viví, escondida en la oración y en el sacrificio, y esperando que llegase este día, hija mía, este día.

Vas a ver, en estos momentos, cómo dos ejércitos de ángeles me transportaron a las moradas del Padre y para mi ¡fue un gozo tan grande presentarme ante Dios mi Creador en cuerpo y alma gloriosa, hija mía. Mira, hija mía, vas a participar de esta visión tan importante:

Amparo respira profundamente y con su voz natural y llorosa dice:

Estás muerta, estás muerta. ¡Ay cuántos ángeles! ¡ay! pero la Virgen está muerta, está muerta.

Amparo con la voz con que dice los mensajes:

No hija mía, fui dormida y transportada en manos de mis ángeles.

Amparo con su voz normal:

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

Amparo con la voz de los mensajes:

Me transportó Dios mi Creador como Reina y Señora de todo el género humano y también como Reina de todos los ejércitos celestiales. Son billones y billones de ejércitos de ángeles, billones y billones.

Amparo con su voz normal:

¡Ay...¡ Yo quiero quedarme aquí. Yo quiero quedarme aquí. Yo quiero quedarme aquí.

Amparo con la voz de los mensajes:

No, hija mía, todavía no has cumplido tu misión. Tienes una misión que cumplir. Cuando cumplas esa misión (Amparo habla en el idioma celestial).

Amparo con su voz normal:

¡Ay! ¡Pero todavía ese tiempo! (llora con pena).

Amparo con la voz de los mensajes:

Tienes que ofrecerte, hija mía, piensa que mi Hijo te ha escogido víctima para el bien de la humanidad. Sí, hija mía, y también piensa que mientras haya víctimas para reparar los pecados de los demás, las almas se irán salvando.

Pide por las almas consagradas, hija mía, ¡las amo tanto! y algunas de esas almas ¡cómo me corresponden, hija mía!

Besa el suelo en acto de humildad por la salvación de las almas (Amparo se inclina y besa el suelo). Hija mía, este acto de humildad vale mucho para la salvación de las almas. Con este acto de humildad, te ves que no vales nada, hija mía, nada. Eres una miseria y que todavía tienes que purificarte y purificar con tus sufrimientos a tantas almas, hija mía, que tanto lo necesitan.

Muchos creen, hija mía que Dios no puede manifestarse a los humanos. Dios se manifiesta a los humildes para confundir a los poderosos. Sí, hija mía, si Dios quisiese, sólo con mover un dedo podría hacer arder el mundo entero, hija mía, pero está dando avisos por medio de almas humildes como tú y como otros instrumentos que coge para salvar a la humanidad, hija mía; pero hay que ser muy humilde y pensar que eres muy poca cosa, que no eres nada, que mi Hijo te ha escogido por miserable y pecadora, no por mística ni santa, hija mía, por eso tienes que decir muy alto a los humanos, que cambien sus vidas, que sean humildes y que ordenen su vida, hija mía, que están viviendo en un mundo de desorden y de vicio, y que la juventud, hija mía, está cometiendo muchos pecados de impureza, muchas ofensas se están cometiendo a Dios Padre, y Dios Padre va a descargar su cólera de un momento a otro, hijos míos. Por eso os pido que vistáis con pudor vuestros cuerpos, para no ocasionar escándalo al ser humano.

Sí, hija mía, con sacrificio y con oración, se pueden salvar muchas almas.

Vuelve a besar el suelo por todos los pecadores del mundo, por todos sin distinción de razas (Amparo se inclina y besa el suelo). Te sigo repitiendo, hija mía, que durante todo el día puedes hacer este sacrificio. Sirve, hija mía, como humillación ante el Padre para la salvación de las almas. Mi Hijo, hija mía, se pasaba días enteros humillándose con la cabeza en el suelo para la salvación de los pobres pecadores.

Seguid rezando, hijos míos, mi plegaria favorita.. También os pido que sigáis haciendo vigilias ¡me agradan tanto, hijos míos! ¡Me agrada tanto la oración!

También os digo, hijos míos, que améis a vuestro prójimo, que todo aquel que no ama al prójimo, no ama a mi Hijo.

También a ti, hija mía, te digo: no tengas miedo, te lo he repetido muchas veces, estando Dios contigo ¿a quién puedes temer, hija mía?

También, hija mía, hay muchas personas de la raza humana, que son como cuando Cristo estaba en la tierra, sepulcros blanqueados, que ante los ojos de los hombres parecen justos, hija mía, pero ante los ojos de Dios están condenados. No seáis fariseos, hijos míos.

Con el corazón, con el corazón implorad a Cristo, que vuestra oración no salga de vuestro corazón. Haced visitas al Santísimo, hijos míos. Mi Hijo os está esperando. Está triste y solo, consoladle, hijos míos, consoladle, que para Mí, hija mía, es el mayor orgullo el que consoléis a mi Hijo, como cualquier madre buena hija mía, que le hacen una caricia a su hijo ¡qué gozo siente hija mía!, pues el mismo siento Yo cuando veo que todos amáis a mi Hijo.

Sí, hijos míos, sacrificios y oración pido.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, hijos míos, serán bendecidos, hijos míos, recibirán gracias especiales.

Besa el pie, hija mía, te voy a conceder este privilegio de que beses el pie.

Adiós, hijos míos, adiós".

En este día de la Asunción, la santísima Virgen hizo su aparición toda vestida de azul y blanco, con una gasa blanca sobre la cabeza y cruzándole por debajo de la barbilla echada sobre el hombro izquierdo.

Hacía un día muy bonito, habiendo en el Prado mucha gente, entre ellos, varios sacerdotes y religiosas, la impresión por el público que había, era como de un primer sábado de mes.

Antes de que llegase Amparo e incluso al iniciarse el santo Rosario, hubo personas que vieron fenómenos en el sol.

El éxtasis se inició cuando estaba rezando seis Avemarías por el Papa, y al llegar a la tercera, fue cuando comenzó a hablar.





MENSAJE DEL DÍA 2 DE SEPTIEMBRE DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Estábamos Vicente y yo en casa terminando de comer cuando vino mi madre a vernos. Como ella no había comido, se quedó a comer con nosotros. Al terminar de comer Vicente y mi madre siguieron en el comedor mientras yo recogía los platos de la comida. Vicente le enseñó unas fotografías de la familia y, de repente, desde la cocina, empecé a oír los gemidos de mi madre; salí corriendo hacia el comedor y efectivamente, le estaban dando los estigmas. Entre Vicente y yo la llevamos a la cama y la acostamos. Nosotros la vimos sangrar por la frente, manos y pies. Al rato de estar acostada, la santísima Virgen dio el siguiente mensaje:

LA VIRGEN:

"Sí, hija mía, aquí estoy para consolarte y para ayudarte a soportar este sufrimiento. Mi Hijo también sufre diariamente para la salvación de las almas, por eso mi Hijo coge víctimas como tú y otras para reparar los pecados de los hombres.

Sufre, hija mía, que mi Corazón también sufre. Porque estoy dando avisos para toda la humanidad. La humanidad no hace caso, está vacía, por eso sufro, hija mía. Mi Corazón está transido de dolor por todos mis hijos, no hacen caso a mis avisos y el mundo sigue peor.

Esta raza humana se rebela contra Dios; todos los días se precipitan en el abismo millones de almas para toda la eternidad. ¡Qué pena de almas! Haced sacrificio y oración. Al pie de la cruz mi Hijo os dejó una herencia, y esa herencia es ser Yo Madre de toda la humanidad; por eso soy corredentora del género humano.

Quiero avisar que el tiempo se aproxima y los hombres no dejan de ofender a Dios. Os pido sacrificio y oración para la salvación de las almas.

Vale la pena sufrir y no condenarse para toda la eternidad. Es para toda una eternidad vuestra condenación o vuestra salvación. Por eso os pido que no os abandonéis en la oración. Acercaos al sacramento de la confesión y la Eucaristía.

Mira, hija mía, cómo está mi Corazón transido de dolor por todos mis hijos sin distinción de razas (aquí mi madre llora con amargura); sí, hija mía, mi Corazón no deja de sufrir, como cualquier madre que sea buena sufre al ver que millones de hijos se precipitan al abismo, se condenan por su propia voluntad. Por eso os pido oración y sacrificio.

¿De que os vale tener todas las cosas del mundo si en un segundo podéis perder vuestra alma?

Los humanos tienen el corazón endurecido, no tienen compasión de este Corazón Inmaculado que será el que triunfe sobre toda la humanidad.

No puedes tocar el Corazón de tu Madre, hija mía, no se ha purificado ningún alma. Qué ingratos son los humanos, hija mía:

Escribe un nombre en el libro de la vida, en recompensa escribe el nombre que tú quieras, hija mía (escribe de derecha a izquierda en el aire). Ya hay otro nombre más en el libro de la vida, otro nombre que no se borrará jamás.

Vale la pena sufrir para recibir la recompensa (la cara de mi madre refleja felicidad). Mira qué recompensa espera a estas almas víctimas por la salvación de la humanidad (mi madre gime de alegría mientras ve algo). ¡Qué felicidad se siente aquí, hija mía! Aquí no hay envidias ni guerras, aquí no hay más que paz, amor y felicidad. Vale la pena hacer sacrificios y oración para conseguir las moradas que están preparadas. Es duro este camino, pero luego, ¡qué recompensa tan grande, qué recompensa!

Pedid a mi Inmaculado Corazón gracias, que él os las concede para la salvación de las almas.

Sed humildes y amaos como mi Hijo os ama. Vale la pena este amor para luego gozar de su presencia.

Yo os bendigo, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo. Adiós, hijos míos. Adiós''.

Nada más terminar el mensaje, mi madre empezó a sentir un frío terrible. Le temblaba todo el cuerpo; empezaron a crujirle los huesos mientras pedía agua y le daban muchas arcadas. Media hora más tarde, aproximadamente, todo se le había pasado, la sangre había desaparecido, excepto la que había quedado en las sábanas. Mi madre había vuelto a la normalidad, aunque un poco más cansada que antes.





MENSAJE DEL DÍA 3 DE SEPTIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Amparo antes de comenzar el tercer misterio, ha dicho: Por todas las personas que tienen dudas, por qué se reza: "Santa María Madre de Dios y Madre nuestra" digo que lo ha pedido la santísima Virgen. Hace ya casi un año que lo pidió aquí, en un tercer misterio me parece que fue, lo pidió como lo ha pedido en otros lugares del mundo también. Yo entonces pregunté; -porque a mí me han hecho varias preguntas-. Pregunté a la Virgen y me dijo: que verdaderamente ¿si no era Madre nuestra?, ¿si al pie de la cruz su Hijo no le dejó la herencia de ser nuestra Madre? O sea, que por eso le agradaba que dijésemos Madre de Dios y Madre nuestra. Para todas esas personas que tienen esas dudas digo que lo ha pedido la santísima Virgen.

Si a mi la Iglesia me lo prohibiese, pues, claro, obedecería a la Iglesia, como es natural. Pero mientras la Iglesia no me lo pida yo seguiré rezando como lo ha pedido la santísima Virgen. Y verdaderamente yo creo que es nuestra Madre, y como es nuestra Madre no es ninguna cosa mala decir: Madre de Dios y Madre nuestra.

Miles de personas se juntan alrededor del fresno donde se aparece la santísima Virgen para rezar el santo Rosario y recibir la bendición de la Madre de Dios y Madre nuestra. Acabado de rezar el quinto misterio glorioso; Amparo dice: en estas tres Avemarías le vamos a pedir a la santísima Virgen, que nuestro corazón se inflame de Su amor, y ese amor que recibimos de la santísima Virgen lo compartamos con nuestro prójimo; con nuestro amor y nuestra caridad hacia él. Vamos a pedir por los que no rezan nunca ni tienen quien rece por ellos. También vamos a pedir a la santísima Virgen por los dueños de este prado, para que los colme de gracias y bendiciones (en este momento Amparo comienza a mirar hacia la parte del sol; su cara se transforma, y, con una expresión de gran alegría, con palabras entrecortadas por suaves suspiros continúa: Dios te salve María, Hija de Dios Padre... Dios te salve María, Madre de Dios Hijo... Dios te salve María, Esposa de Dios Espíritu Santo. Llena eres de gracia, el Señor está contigo, bendita eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Mientras las personas asistentes contestan: Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén. Amparo con la mirada fija, sin pestañear desde que comienza a mirar hacia la parte del sol, lanza un profundo suspiro, queda en éxtasis y transmite este mensaje de parte de la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Hija mía, empiezo con el sacrificio y con la oración y os termino diciendo: "SACRIFICIO Y ORACIÓN", hijos míos.

La sociedad, hijos míos, está a punto de ser castigada con un castigo terrible, hijos míos. La tierra temblará para todos aquellos que no han querido cumplir con los Mandamientos de la Ley de Dios; serán castigados, hija mía. También para aquellas almas consagradas que dicen servir a Dios y se han abandonado en la oración y en el sacrificio para adorarse ellos mismos. Sí, hija mía, será terrible, porque Dios Padre los va a abandonar en manos de sus enemigos. Sí, hija mía, el golpe fulminante de la cólera de Dios, está próximo; está próximo, hija mía, porque los hombres con sus desórdenes y con sus crímenes han traspasado las bóvedas de los cielos, hija mía; por eso os pido, hijos míos, sacrificio y oración.

Sí, hijos míos, en aquellos lugares que haya más pecado habrá mayor castigo. París, hija mía, será envuelto en llamas y grandes naciones serán engullidas bajo la tierra, hija mía. Por eso os pido, hijos míos, que pidáis perdón a Dios

Padre, que todavía tenéis tiempo para arrepentiros, hijos míos. Por eso os pido que améis a vuestro prójimo, porque si no amáis a vuestro prójimo, no podéis amar a Dios; porque el amor viene de Dios, y todo aquel que no ama no es nacido de Dios, hijos míos. Por eso os pido: "AMAD A VUESTROS SEMEJANTES", porque si no amáis a vuestros semejantes, no podéis amar a Dios, hijos míos, porque el amor viene de Dios. También si alguno os dice, hijos míos, que ama a Dios y no ama a su prójimo, no lo creáis, hijos míos, porque está mintiendo, está mintiendo; no puede amar a Dios que no lo ve, si no ama a su hermano que está viéndole diariamente, hijos míos. Por eso os pido que hagáis sacrificios, sacrificios y oración, y que pidáis por aquellos que no rezan y que améis a vuestro prójimo; porque los carros de fuego de Dios Padre están preparados, hijos míos, para transportaros a la tierra prometida. Pero estad atentos, hijos míos, que muchos sois los llamados hijos de Dios, pero pocos seréis los escogidos, hijos míos.

No os aferréis a las cosas terrenas, hijos míos; no podéis servir a dos amos: al dinero, a los placeres y al mundo; y a Dios; tenéis que dejar uno de los dos, hijos míos; o los placeres y el dinero o a Dios Padre, hijos míos. Pensad, hijos míos, que las riquezas no os van a servir nada más que para condenaros, hijos míos. Pensad lo que mi Hijo dejó escrito, hijos míos: 'BIENAVENTURADOS LOS POBRES, PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS'. Es más difícil, hijos míos, que un rico entre en el reino del cielo que un camello por el ojo de una aguja, hijos míos. Por eso os pido que no os apeguéis a las cosas terrenas. Que si tenéis dos túnicas, dad una a vuestro hermano, hijos míos; dad una a vuestro hermano. Llevad la vida de Cristo que iba por los caminos con una alforja y una túnica y unas sandalias sin tener de repuesto nada, hijos míos.

Hija mía, es duro el camino de Cristo, porque para seguir a Cristo hay que seguir por el camino del dolor. Todos aquellos que estáis disfrutando de todas vuestras riquezas y de vuestros lujos, hijos míos, tendréis que dar cuenta a Dios Padre.

Tú, hija mía, esparce la simiente por todas las partes, déjala caer en todos los corazones, pero el que quiera, que la coja, hijos míos, y que dé fruto de ella, y el que no, dará cuenta a Dios.

Sí, hija mía, es muy fácil vivir como el rico avariento sin acordarse de dar las migajas a los pobres. La vida de Cristo es el sacrificio y la oración, hijos míos, y el amor a vuestro prójimo.

Mira, hija mía, cómo tienen mi Corazón los pecados de los hombres (Amparo llora con amargura al ver el Corazón de la santísima Virgen). Quita dos espinas (Amparo continúa sollozando) sólo se han purificado dos (al arrancar las espinas del Corazón de la Virgen, Amparo aumenta sus sollozos y expresiones de dolor). No toques más, hija mía, sólo se han purificado dos.

Seguid con vuestras oraciones. Haced vigilias, hijos míos. Ofrecedlo por la salvación de las almas.

Sí, hija mía: (Amparo habla en un idioma extraño). Este tiempo falta para destruir la mayor parte de la humanidad; por eso, hija mía, os pido oración y sacrificio, por esos pobres corazones que rechazan la gracia de Dios, que están tan duros, hija mía.

Besa el suelo, hija mía, por la salvación de las almas (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo, volviendo a incorporarse con la misma lentitud). No te importe, hija mía, esta humillación. Piensa que el que se humilla será ensalzado ante Dios, hija mía; no te importen las burlas ni que te calumnien. Piensa en Cristo Jesús, a El también le calumniaron siendo inocente, hija mía. Tu misión es la de salvar almas; por eso te pido que seas humilde, hija mía; con humildad, con oración y sacrificio puedes ayudar a muchas almas para la salvación del mundo, hija mía. Piensa en Cristo Jesús y hazte pequeña, pequeña, para que luego subas alta muy alta.

Las moradas están preparadas, hijos míos, haced sacrificios para poder alcanzar las moradas, ya sabéis que el camino de Cristo es muy estrecho, hijos míos, y el camino del enemigo es ancho, muy ancho y lleno de felicidad y de placeres, hijos míos.

Hijos míos, os pido oración y sacrificios para poder salvar por lo menos la tercera parte de la humanidad.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo, hijos míos.

Levantad los objetos, hijos míos, serán bendecidos, todos los objetos recibirán gracias especiales para la curación de los enfermos y para la conversión de los pecadores, hijos míos.

Adiós, hijos míos. Adiós".

Amparo explica cómo se le apareció la Virgen: veo un rayo de luz que viene desde la parte del sol, se va abriendo como especie de un camino de luz donde veo a la santísima Virgen rodeada de ángeles. Comienzo a sentir dentro de mi algo que no sé explicar, siento que algo sale de mí cuerpo entonces no veo nada de lo que me rodea hasta que vuelvo a notar que algo vuelve a mí. Entonces siento una gran tristeza al ver queme encuentro otra vez en el mismo sitio.

La Virgen venía vestida de azul y blanco. La túnica era blanca y el velo azul, parecen formar la túnica y el velo una misma pieza. Los pies los tenía descalzos. Los ángeles que acompañan a la santísima Virgen brillan como si tuvieran un cuerpo de oro.





MENSAJE DEL DÍA 9 DE SEPTIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Durante la vigilia que se celebra todos los viernes a las diez de la noche, y cuando estábamos terminando de rezar el santo Vía Crucis, al disponernos a meditar la decimocuarta estación, Amparo cae de rodillas lamentándose de fuertes dolores, frente al fresno donde se le aparece la Stma. Virgen, y comienza a sangrar por la frente y las manos, presentando los estigmas de la pasión de nuestro Señor. Todos los allí presentes, hemos podido ver, como en su frente se formaban, con sangre fresca y roja que manaba, las señales de la corona de espinas; así mismo en sus manos podía apreciarse igualmente sangrantes las marcas de los clavos que atravesaban en la crucifixión a nuestro Señor.

Amparo durante un rato ha sentido los agudos dolores de la pasión y lamentándose exclamaba:

¡Ay Jesús, ay Jesús mío, ayúdame Jesús!

Sintiendo fuertes náuseas; después se ha ido calmando el dolor y entrando en éxtasis ha transmitido en un susurro el siguiente mensaje que le comunicaba la santísma Virgen:

LA VIRGEN:

"Hija mía, mi hijo te ha escogido víctima, hija mía, tienes que ser fuerte, te escogió como víctima para bien de toda la humanidad, hija mía, para la salvación de las almas, por eso hija mía, las pruebas son terribles; pero tienes que ser fuerte, tienes que ser fuerte, no te abandones hija mía; tendrás que sufrir mucho, la mayor parte del sufrimiento, hija mía, te la producirán los humanos; pero tú ofrécete, como víctima reparadora para la salvación de las almas; mi Hijo se vale de almas víctimas, para poder salvar por lo menos la tercera parte de la humanidad; por eso hija mía, mientras haya víctimas que reparen los pecados de los hombres, se irán salvando muchas almas.

Te pido sacrificio, hija mía, sacrificio y oración; ofrécete y hazte pequeña ante los hombres para que mi Hijo pueda subirte alto, alto, muy alto, hija mía. El camino de Cristo es duro, pero vale la pena, porque luego recibirás tu recompensa. Piensa que no eres nada, hija mía, piensa que eres miseria, y que por eso te escogió mi Hijo, por pequeña, y por miserable, hija mía, por eso tienes que ser muy humilde, muy humilde para poder conseguir que se salven muchas almas hija mía. Mi Hijo te escogió a ti como ha escogido a otras almas víctimas, pero vale la pena el sufrimiento, hija mía, vale la pena, porque el sufrimiento y la oración valen para la salvación del mundo, pero vale la pena sufrir para recibir la recompensa; hazte pequeña, pequeña, para que mi Hijo pueda ponerte en un sitio, donde estás alta, muy alta, hija mía.

Besa el suelo, hija mía, por los pecadores (lentamente se inclina, besa el suelo y se alza); este acto de humildad, hija mía, sirve para la salvación de las almas; piensa, como te he dicho otras veces, que todo aquel que se humille, será ensalzado ante los ojos de Dios Padre, hija mía; por eso te pido oración, y sacrificio, oración, hija mía; recibe con humildad todas las pruebas; que en este mundo, hija mía, los humanos, los humanos son... (aquí Amparo habla en un idioma ininteligible); eso son hija mía, pero vale la pena el sufrimiento, para conseguir las moradas, hija mía; piensa, que para seguir a Cristo, hay que coger la cruz, cargársela, e ir detrás de El, hija mía.

Mira, hija mía, qué premio espera a las almas víctimas, a esas almas víctimas que Jesús coge para la salvación del mundo, (aquí Amparo ve una morada celestial, y hace exclamaciones de gozo y dice):

¡Ay, quiero quedarme aquí, quiero quedarme aquí, ay, yo quiero quedarme aquí, ay, ay, yo quiero quedarme, ay!

(La santísima Virgen continúa diciéndole):

Ya llegará el día, hija mía, en que recibirás tu recompensa, por tus sufrimientos, pero hazte pequeña, hija mía, y humíllate ante los ojos de los hombres.

Os pido, hijos míos, sacrificios y oración, para poder conseguir el cielo; sin sacrificio y oración, no se puede conseguir; por eso me agrada tanto, la plegaria favorita, hija mía, mi plegaria, que es el santo Rosario con el santo Rosario, hijos míos, podéis ayudar a muchas almas. Sacrificio, hijos míos, sacrificios y oración.

En recompensa a tu dolor, hija mía, besa el pie, (se ve como Amparo besa algo en el aire y se oye el beso).

Os bendigo hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós".

Al terminar de transmitir el mensaje que le comunicaba la santísima Virgen, Amparo ha ido saliendo del éxtasis y de nuevo ha sentido fuertes náuseas y dolores; sintiendo una gran sed, ha pedido agua. Ha sufrido el frío intenso de la muerte.

Poco a poco ha ido recuperándose y los estigmas han ido desapareciendo a la vista de todos, sin dejar rastro y sin que nadie la tocara. Un suave perfume como de rosas la acompaña siempre.

Hemos intentado ayudarla a levantarse, pero era imposible, ya que su cuerpo queda como un bloque de mármol, y tarda bastante en recuperarse.

Algunas personas han tomado sangre en sus pañuelos, en la que se apreciaba el perfume a rosas.

Todo esto lo hemos presenciado unas trescientas personas que damos nuestro testimonio.

Un sacerdote que se encontraba entre nosotros y que ha presenciado todo, ha terminado de rezar la última estación del Vía Crucis, mientras Amparo se recuperaba y todos con gran temor hemos ido acompañando con nuestras oraciones.

También un religioso franciscano, se ha ido gratamente impresionado de todo lo que ha presenciado.

La estigmatización ha comenzado alrededor de las once y media y ha durado aproximadamente cuarenta y cinco minutos.

Entre los que allí nos encontrábamos, estaban: las hijas de Amparo, Lourdes y Amparito, con su esposo Vicente, su hijo Pedro. También estábamos: Marcos, Félix y Esperanza, Maribel y Carlos, Miguel Martínez, Isidro y su esposa, Isabel Garza, Paloma y Alicia, Julián y Rosa María, y muchas personas de fuera, especialmente de Madrid, también muchas personas que no recordamos sus nombres.





MENSAJE DEL 15 DE SEPTIEMBRE DE 1.983 (NTRA. SRA. DE LOS DOLORES) EN PRADO NUEVO (EL ESCORIAL.



Al comenzar el rezo del segundo misterio doloroso, hizo su aparición la Santísima Virgen, transmitiendo un mensaje y acompañando al rezo del Santo Rosario, hasta que finalizó éste en que se despidió. La Santísima Virgen, a través de Amparo, fue dirigiendo la oración y meditando en cada misterio, pudiéndose oír en algunos momentos cómo a la vez que rezaba Amparo también rezaba la Santísima Virgen, escuchándose dos voces casi al unísono.

La Santísima Virgen, a través de Amparo, comunicó el siguiente mensaje:

"Hija mía, junta las manos para implorar al Padre por todos los pecadores. Hija mía, quiero estar presente todo el Rosario para que juntos imploremos para la salvación del mundo; mira cómo está mi Corazón de dolorido, hija mía, ¿sabes por qué está así mi Corazón?, por todos los pecadores, hija mía, por todos, si supieran las almas cuánto las amamos mi Hijo y Yo, hija mía, no nos rechazarían, ni nos despreciarían con esa frialdad, hija mía.

Cuántos, cuántos dicen amar a mi Hijo y a Mí, pero cuando mi Hijo les da una prueba y les deja un poco la cruz, la rechazan, la tiran y gritan:

- Fuera la cruz, fuera, no quiero la cruz.

La rechazan, la pisotean, y ultrajan el Divino Cuerpo de Cristo. Hija mía, en esos momentos Satanás se introduce dentro de sus almas y les pone el camino ancho, lleno de placeres y de vicios, y lleno de rosas, hija mía, pero en cada rosa hay un sello marcado, y ese sello es el sello del anticristo, el 666. Hija mía, se introduce dentro de ellos y cogen los placeres con alegría rechazando la cruz, pero esos placeres, después los introducen dentro del abismo, hija mía; por eso mi Corazón, mi Corazón está triste porque los hombres cada día son peor. Por eso coge mi Hijo almas para que sufran, víctimas para dar fuerza a otras almas, fuerza para que no caigan en el pecado, hija mía.

Sí, hija mía, mi Corazón sangra por todos los pecadores, por todos, sin distinción de razas, hija mía. Que pidan misericordia, que pidan gracias, hija mía, que mi Corazón derramará gracias sobre todo aquel que las pida, y mi Corazón Inmaculado los llevará a Jesús, y Jesús los llevará al Padre, y el Padre, los está esperando con los brazos abiertos a todos aquellos que quieran pedir perdón de sus pecados, hija mía.

Es preciso sufrir, hijos míos, es preciso llevar la cruz, como mi Hijo llevó la cruz, para salvar a toda la humanidad. También Yo, hija mía, sufrí mucho, sufrí mucho amarrada a esa cruz, desgarrándose mi Corazón de dolor por toda la humanidad, y mi Hijo, hija mía, me dejó como Madre de todos los pecadores, por eso tengo que luchar, tengo que implorar a mi Hijo para que mi Hijo implore al Padre, que tenga piedad de todos los pecadores; pero muchos pecadores, no quieren recibir, no quieren, rechazan la gracia Divina, hija mía, ¡pobres almas, pobres almas, hija mía!, ¡el castigo que se les avecina, hija mía! Por eso está mi Corazón triste, hija mía, porque veo millares y millares de hijos que se precipitan en el fondo del abismo. Por eso con sacrificio, hijos míos, con sacrificio y con oración, podéis ganar las moradas, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecadores del mundo, (Amparo lentamente, pero con una flexibilidad no usual en ella, se inclina y besa el suelo). Hija mía, este acto de humildad sirve para la salvación de las almas. Mira, hija mía, no te importe humillarte, piensa que el que se humilla será ensalzado, hija mía. Mira cómo está mi Corazón, hija mía, (Amparo gime y llora de dolor al ver el Corazón sangrante y lleno de espinas de la Santísima Virgen), por todos mis hijos. Quiero que se salven todos, pero rechazan la gracia de su Madre, hija mía.

Yo también lloro, hija mía, toca las lágrimas; (Amparo hace ademán de tocar algo y en sus dedos puede apreciarse el brillo y la humedad producida por las lágrimas de la Santísima Virgen); enséñalas, mirad, las lágrimas de vuestra Madre, hijos míos, (muchos de los allí presentes, hemos podido apreciar las lágrimas en los dedos de Amparo). Estas lágrimas, hija mía, estás lágrimas, las derrama diariamente vuestra Madre, por todos los pecadores, hija mía; por todos, sin distinción de razas, hijos míos, no habría envase en la tierra, que pudiera recoger mis lágrimas, hijos míos; por eso os pido, hijos míos, oración y sacrificios, oración por los pobres pecadores; no quiero que se condenen, hijos míos, no quiero que se condenen las almas; vosotros con oración y con sacrificios, podéis ayudar a esas pobres almas.

Junta las manos, hija mía, para pedir al Padre por todos los pecadores, por todos, hija mía; únete a Mí:

PADRE CELESTIAL TEN COMPASION DE LA HUMANIDAD, TEN COMPASION DE TODAS LAS ALMAS.

Si las almas supiesen, cómo están nuestros Corazones, llenos de amor y de misericordia, esperando que ellos pidan, para que mi Hijo les dé esas gracias hijos míos...

Besa el pie, hija mía, (Amparo hace ademán de besar algo).

Sí, hija mía, es preciso sufrir para salvar almas; mi Hijo coge almas víctimas para reparar los pecados de los hombres, pero los hombres son tan ingratos, hija mía, ¡qué mal corresponden a ese sufrimiento!; aunque te humillen, hija mía, ofrécelo a Cristo Jesús, a El también le humillaban, hija mía, le llamaban endemoniado, el vagabundo, hija mía, porque iba de pueblo en pueblo, publicando la palabra de Dios, para la salvación de las pobres almas, hija mía, pobres almas... También, hijos míos, os pido sacrificios por las almas consagradas, ¡las aman tanto nuestros Corazones, y qué mal corresponden a ese amor, hija mía...!

Sí, hija mía, Yo también lloro contigo, hija mía, porque veo que cada día hay más almas en el infierno, hija mía; Satanás con su astucia quiere apoderarse del mayor número de almas, los sella con el 666, para que no se escapen, hija mía. Mira este infierno como está, todos llevan el sello del enemigo.

(Amparo al ver el infierno que la Virgen le muestra, gime y llora diciendo):

- ¡Sácalos, sácalos, ay, sacálos, ay...!

- No, hija mía, se han condenado por su propia voluntad, han rechazado las gracias que mi Corazón les daba, hija mía; por eso este Corazón está triste, están condenados para toda la eternidad, hija mía.

De las almas depende su condenación o su salvación, hija mía; Yo estoy pidiendo a mi Hijo constantemente por todos ellos, hija mía, (Amparo sigue llorando al ver a los condenados en el infierno), por eso os pido, hijos míos: con la cruz, con la cruz llegaréis a conseguir las moradas celestiales, no la rechacéis, hijos míos, podéis ayudar a tantas almas con todas las cruces que mi Hijo os manda, hijos míos... El mundo está muy necesitado de almas víctimas, hijos míos. No sólo hay que ser cristiano de nombre, hijos míos, sino practicantes, practicantes; muchos rezáis con los labios, hijos míos, pero la oración no sale del corazón; quiero que la oración salga del corazón, para que lleguen a las moradas vuestras oraciones.

Te pido, hija mía, que hagas sacrificio, sacrificio y oración por esas pobres almas que rechazan la gracia de Dios. Yo también sufro, hija mía, aúnque los humanos dicen que mi Corazón no sufre, mi Corazón no ha dejado de sufrir, hija mía, Yo también estuve entre los humanos, y viví igual a un humano, pues me parecí a los humanos menos en el pecado, hija mía; viví escondida después de la muerte de mi Hijo, escondida, pero sola y sufrí mucho, hija mía, tenía que dar testimonio de la Iglesia, porque por eso soy la Reina de la Iglesia, hija mía, pero esas almas, esas almas consagradas, muchos de ellos, han confundido el camino, hijos míos, pobres almas, pagarán por su pecado; y más por todas las almas que arrastran hacia el abismo.

Hijos míos, seguid haciendo vigilias, me agradan tanto, hijos míos, me agradan tanto... y esta plegaria favorita que es el Rosario, hijos míos, es mi plegaria, con mi plegaria ayudaréis a salvar muchas almas.

Levantad todos los objetos, hijos míos, serán bendecidos, hijos míos, recibirán gracias especiales, para la salvación de las almas, y para la curación de los enfermos.

Hijos míos, os voy a dar mi bendición, pero quiero estar presente durante todo el Rosario, para implorar al Padre por la salvación de las almas, hijos míos. Os bendigo, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo".

Amparo tarda en volver a una recuperación solamente parcial, ya que el resto del Rosario lo pasó enajenada por la presencia de la Santísima Virgen; por eso suspira profundamente y con satisfacción. No acordándose de rezar el Gloria al Padre, la Stma. Virgen se lo advierte en un susurro:

- Gloria.

En el tercer misterio, Amparo por indicación de la Stma. Virgen pidió por las almas consagradas de la forma siguiente:

- Este misterio lo vamos a ofrecer por las almas consagradas, para que pidan gracias a la Santísima Virgen, para ser buenos hijos de Dios y que correspondan a esa gracia y a su vocación.

(Aquí Amparo pregunta a la Virgen): - ¿Pido también por el Obispo?

(La Santísima Virgen le contesta en un susurro): - Sí, hija mía.

(Amparo continúa) :

- Y por el Obispo Ángel, para que el Espíritu Santo le ilumine para gobernar el pueblo de Dios.

(La Santísima Virgen por medio de Amparo dice): - Se llama el pueblo de Dios, hija mía; muchos se llaman hijos de Dios, pero pocos son los escogidos.

(Amparo continúa su petición): También vamos a pedir por los religiosos y religiosas, para que pidan a la Santísima Virgen, a su Inmaculado Corazón, gracias, que lo tiene lleno de gracias para derramarlas sobre toda la humanidad.

Se meditaron los misterios dolorosos, ya que los gozosos, que correspondían por ser jueves, ya se habían rezado en un Rosario anterior a las seis y media en el Santuario de la Virgen de Gracia de San Lorenzo.

En el cuarto misterio de dolor, Amparo meditó de la siguiente forma:

El Señor con la cruz a cuestas por la calle de la amargura; vamos a pedir en este misterio, por todas estas personas que el Señor les manda cruces, y que no las saben aceptar con humildad, para que acepten con humildad esas cruces que Dios les manda, porque esas cruces les sirven para la salvación de sus almas, y para la salvación del mundo entero; que sepan aceptar con humildad todas esas cruces, (ahora habla la Virgen): - Que me pidan gracias, que Yo les ayudaré a llevar esa cruz...

- Padre nuestro...

Al comenzar a rezar la tercera Avemaría, de la decena del cuarto misterio, de nuevo habló la Virgen diciendo:

- Soy vuestra Madre, hijos míos, soy Madre de la Iglesia porque vosotros sois los templos, los templos. No los quiero los templos muertos, quiero templos vivos, hijos míos, por eso soy Madre de la Iglesia, porque vosotros formáis mi Iglesia, hijos míos.

Quinto misterio: Jesús muere en la cruz. De nuevo por medio de Amparo la Santísima Virgen habla:

- Sí, hijos míos, Jesús murió en la cruz para salvar a la humanidad; pero vosotros sois cobardes, no sois capaces de dar la vida por Cristo. Mi Hijo quiere cirineos para que le ayuden a llevar la cruz, pero la desprecian, la pisotean, ultrajan su Divino Cuerpo; Jesús muere por redimir el mundo, y las almas le corresponden con pecados y crímenes, no sois capaces, hijos míos, de dar la vida por Jesús; El dio la vida por sus ovejas, pero vosotros no sois capaces de dar la vida por El. Todo el que niegue a Cristo en la tierra, los ángeles le negarán ante el Padre. No seáis fariseos, hijos míos, no neguéis a Cristo, no os avergoncéis de hablar de Cristo, El no se avergonzó muriendo en una cruz por salvaros a todos, hijos míos; por eso os pido que le ayudéis a mi Hijo a llevar la cruz, y si es preciso, dad la vida por El, hijos míos. Padre nuestro...

Tras rezar las diez Avemarías, la Virgen, que va dirigiendo el Rosario le recuerda a Amparo el Gloria... Después de rezar la oración acostumbrada al Padre Eterno, dada por la Virgen en otra ocasión a Amparo, se despide de todos diciendo:

- Gracias, hijos míos, os sigo repitiendo, oración y sacrificios, hijos míos, para ayudar a salvar a la humanidad. Adiós, hijos míos, adiós".

A este santo Rosario asistieron aproximadamente unas quinientas personas; muchas del pueblo y otras muchas de fuera especialmente de Madrid, también de Alcalá de Henares y de Zaragoza.

Terminando Amparo el rezo del Rosario, notó como alguien la empujaba y dijo a su hija que estaba a su lado:

- No me empujéis.

A lo que Lourdes la contestó que no había nadie que pudiera empujarla. Amparo insistió en que la estaban empujando y al comprobar todos los que estábamos alrededor que efectivamente nadie la podía empujar, comprendimos y ella, así nos lo dio a entender que era el propio Satanás, quien la arremetía con golpes para hacerla caer, como en otras ocasiones ya lo había logrado. Los hombres que había alrededor se pusieron para protegerla junto a ella; Félix y Miguel se colocaron delante para que si la tiraba, no se diera contra la piedra, y Julián y su yerno Vicente y otros, a su alrededor, pero el maligno siguió haciéndola daño, pues ella se quejaba. Terminado el Rosario, entre los hombres se la llevaron bien agarrada, y por el camino, el enemigo logró darla un empellón y hacerla casi caer con los que la llevaban cogida, aunque no logró hacerles caer del todo. Así da a entender el enemigo cuánto odia a Dios y a su Santísima Madre y cómo desea e intenta destruir las cosas de Dios y asustar, aunque no lo consigue, pues la ayuda de Dios es más fuerte y el amor de su Purísima Madre nos protege de todo mal.





MENSAJE DEL DÍA 24 DE SEPTIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hija mía, no podía faltar este día, vengo hendida y llena de dolor, hija mía. Mi Corazón sigue sufriendo porque los hombres no dejan de pecar, hija mía, no dejan de pecar, y el tiempo se aproxima. El día del Señor está próximo, hija mía, próximo. Vendrá Jesús en una nube, hija mía, rodeado de ángeles como os he dicho otras veces, hijos míos, y a cada uno retribuirá según sus obras; por eso os pido, hijos míos, sacrificios, sacrificios y oración, hijos míos; el tiempo está próximo y los hombres no cambian, hijos míos.

Está muy próximo el fin de los fines. Prestad atención, hijos míos. Habrá señales en la luna, en el sol y en las estrellas. Esto es muy importante, hijos míos, que prestéis atención, porque es el fin de los fines, y está mi Hijo dando avisos para toda la humanidad; pero los hombres no hacen caso, no hacen caso de mis avisos ¡pobres almas! ¡pobres almas! hija mía, ¡qué pena me dan!

Pedid por las almas consagradas, ¡las amo tanto, hijos míos! y ¡qué mal me corresponden a ese amor!

Mira, hija mía, vas a ver una escena de Cristo, hija mía, cuenta lo que ves:

Amparo con su voz normal:

Veo a Cristo en un altar, lleva un libro en la mano, lleva un libro. Hay siete ángeles, cada uno tiene una trompeta en la mano. Uno va a tocar la trompeta. Ha tocado la trompeta ¡Ay! ¿Qué pasa! ¡Ay! (Amparo llora desconsoladamente) ¿Qué está cayendo? ¡ay! ¿Qué cae? ¡Ay!

La voz de los mensajes:

Hija mía, ha sonado la primera trompeta. El tiempo está próximo (Amparo sigue llorando), por eso pido sacrificio y oración, que se conviertan, hija mía, que estamos en el fin de los fines.

No os riáis, hijos míos, no os riáis, os estoy dando avisos constantemente porque no quiero que os condenéis.

Amparo con su voz normal:

Hay, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24 hombres, veinticuatro hombres ¡qué mayores son esos hombres! ¡Ay! ¿Quiénes son esos hombres que hay ahí?

La voz de los mensajes:

Esos veinticuatro hombres, hija mía, tienen una misión muy importante que cumplir.

Amparo con su voz normal:

¡Ay! pero ¿cómo pueden estar aquí así? ¡Ay! ¡ay! Pero la cara no la tienen de mayor, son jóvenes ¡ay! ¡ay! ¿Qué es eso que hay ahí?

La voz de los mensajes:

Hija mía, en esta parte vas a ver muerte y destrucción, por toda la parte... (Habla en el idioma celestial).

Amparo con su voz normal y llorando con gran desconsuelo:

¡Ay, ay, ay! Pero, ¿qué pasa ahí, Dios mío? ¡Ay,ay..¡

La voz de los mensajes:

Esto pasará, hija mía, si los hombres no cambian y si no dejan de ofender a Dios.

Pero mira esta otra parte, hija mía (se oye respirar a Amparo profundamente como de descanso) aquí estarán los escogidos, hija mía, vale la pena, hijos míos, haced oración y sacrificios para recibir la tierra prometida, hijos míos, vale la pena.

Amparo con su voz normal:

¡Qué bien se está aquí! ¡Ay! qué bien! ¡ay...!

La voz de los mensajes:

Sí, hija mía, pero hay que sufrir mucho, hay que sufrir mucho para conseguir esta tierra, y hay que ir por el camino del dolor y del sufrimiento. Con el sacrificio y con la oración, podréis conseguirlo, hijos míos.

Amparo con su voz normal:

¡Ay Madre mía! ¡Ay! ¡llévame, llévame!

La voz de los mensajes:

Ya te dije en otra ocasión, hija mía, que no seas soberbia, hija mía, cuando llegue el momento, mi Hijo será el que (unas palabras en el idioma celestial).

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve para la salvación de las almas.

Seguid rezando, hijos míos, seguid rezando el santo Rosario. Con el Rosario se salvan muchas almas, hijos míos. Acercaos al sacramento de la confesión y al sacramento de la Eucaristía, hijos míos; haced visitas al Santísimo, mi Hijo está triste y solo esperándoos a todos.

Vas a beber unas gotas del cáliz del dolor, hace mucho que no lo has probado. (Amparo bebe, se la oye tragar y toser como si se atragantase). Está muy amargo, hija mía; esta amargura siente mi Corazón por toda la humanidad, por toda, hijos míos, sin distinción de razas.

Escribe otro nombre, hija mía, en el libro de la vida (Amparo escribe en el aire de derecha a izquierda), ya hay otro nombre más en el libro de la vida, este nombre no se borrará jamás, hija mía.

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por las almas consagradas (Amparo se vuelve a inclinar y besa el suelo, por las almas consagradas, hijos míos ¡qué pena me dan!

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos, servirán para curaciones de almas y de cuerpos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, en el nombre del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós...!"





MENSAJE DEL DÍA 29 DE SEPTIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Al comenzar el cuarto misterio del santo Rosario, el semblante de Amparo cambia, comienza a mirar al cielo con alegría y sus ojos se mueven de un lado a otro queriendo abarcarlo todo. A los pocos momentos, cae en éxtasis, y a través de ella, la santísima Virgen nos comunica el siguiente mensaje:

LA VIRGEN:

"Hija mía, vengo muy acompañada, vengo con mis tres arcángeles, y con mis veinticuatro patriarcas, hijos míos.

Cuenta lo que ves hija mía, cuenta lo que ves.

Amparo con su voz normal, va describiendo la visión que tiene:

Veo veinticuatro hombres, veo veinticuatro hombres, ¿qué es eso, qué es eso?

La santísima Virgen le responde:

Estos veinticuatro hombres, hija mía, tienen una misión muy importante, también con los arcángeles, hija mía, el día de la venida de Cristo, vendré rodeada de todos mis ángeles, de los veinticuatro patriarcas, de Henoc y Elías.

Sí, cuenta lo que tiene cada arcángel en la mano, hija mía.

Amparo con su voz normal continua:

San Miguel tiene un peso en la mano, arriba tiene una cruz muy grande en una parte, en otra tiene un globo, ¡uy! como un globo del que sale una luz, ¡ay, ay¡ con ventanas; en cada ventana hay una cruz, en el fondo del peso hay otra cruz. En la otra parte hay..., hay una cabeza de una serpiente con tres ojos, en el centro de la frente tiene tres seises, en el peso tiene tres seises, hay también ventanas que tienen tres seises puestos en la ventana.

Amparo mientras explica lo que ve, gime y se lamenta ante tan impresionante visión.

El otro ángel tiene como si fuese un... ¿qué es eso? ¡ay! ¿Cómo se llama eso?, un celemín, ¡ay!... coge trigo de un saco, lo echa en el peso, ¡ay qué negro!, ay se vuelve negro en el peso de los tres seises; se cae al suelo, ay, ¡cuanta sangre!, ¡ay!... las montañas se derrumban, ¡ayyy!... Cómo cogen a las personas de esa parte, ¡ayyy...! Va un ángel a los conventos, hay muchos conventos, muchos, ¡ay, ay...! ¡Cómo las sacan de ahí... ay, ay!, ¿dónde las llevan? ¡Ay! ¿Dónde las llevan, dónde las llevan? a esa parte negra, el ángel las lleva allí, pero, ¿cómo puede hacer eso el ángel? ¡Ayy..., ayyy...! otras las pone en la otra parte. Cogen trigo del saco, lo echan en la parte de la cruz del peso, ¡cómo sale!, ¿eso, qué es?, luz, eso parece oro, ¡ay! los granos son de oro, ¡ay!, se vuelven oro en esta parte, se caen por todo el suelo, se vuelven luz, quita todas las piedras, ¡ay!, la hierba se quita también, ¡ay!, esas personas las traen a esta parte, ¡ay.... qué bien se está ahí en ese lado!, ¡ay, el Señor está en el centro de esa parte. ¡Ay, qué. bien, ay... lleva a todas esas, ay!... Llévate más a esa parte, llévate más, ¡ay del otro lado, cógelas!

La santísima Virgen le dice:

No, hija mía, todas las que están en esa parte, no pueden pasar a este otro lado, hijos míos.

Amparo sigue explicando con su voz normal lo que ve:

¡Ay, ay...!, el Señor tiene un libro en la mano, ¡ay, qué luz, ay qué luz, ay qué luz hay ahí... ay qué luz, ay... qué bonito es esto! ¿Pero qué es esta parte tan bonita?

La santísima Virgen le responde:

Todos los de esta parte, hija mía, son los escogidos, los marcados con la cruz en la frente, hija mía; todos los de la izquierda, están sellados con el seiscientos sesenta y seis.

Amparo entre sollozos exclama:

¡Ayyy, ya no pueden pasar a esta parte, ya no pueden pasar, ay ay!

La Virgen continúa diciéndole:

Todos los que están ahí, hija mía, se han condenado por su propia voluntad, hija mía; sacrificio os pido, sacrificio y oración, hijos míos ¿Ves este libro hija mía?, lo va a abrir el arcángel San Rafael.

Amparo exclama:

¿Qué tiene ahí, qué es eso que tiene?, está sellado por siete sellos, ¡ay!, ¿qué tiene ahí, caballos?, ¡ay!, otro tiene otro caballo de otro color, ¡ay..¡ ¿qué es eso?

La Virgen sigue:

¡Este es muerte y destrucción, hija mía, los humanos no quieren salvarse, no dejan de ofender a Dios.

Amparo exclama:

¡Ay...! ese ángel ¿qué tiene?, ¡otra trompeta!

Responde la Virgen:

Esta es la última trompeta, hija mía, la trompeta que tiene este ángel; cuando suene esta trompeta, será el final, hija mía. Todavía estáis a tiempo, hijos míos, os pido sacrificios y oración, confesad vuestras culpas, hijos míos.

Amparo sigue exclamando:

¡Ay, ay! ¿De dónde viene esa luz, de dónde viene...? ¡Ay, ay!

Posteriormente Amparo explica que esta luz viene de una morada.

De nuevo, la santísima Virgen le responde:

Sí hija mía, para conseguir las moradas, hay que hacer sacrificio y oración, sin sacrificio, no se gana el cielo, hijos míos.

Amparo sigue hablando con su voz normal:

Ese ¿qué tiene?, una flecha.

El arcángel tiene como una ballesta en las manos con la flecha.

La Virgen sigue:

La lucha está preparada, hijos míos, los ángeles del cielo, están esperando el aviso para destruir la mayor parte de la humanidad. Estad preparados, hijos míos, que el enemigo quiere apoderarse, quiere apoderarse de vuestras almas, hijos míos. Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo, en reparación de todos los pecados del mundo, hijos míos; sí, hijos míos, los hombres no cambian, y la ira de Dios Padre está próxima.

Mira, hija mía, mira cómo está mi Corazón, hija mía, transido de dolor, por todos mis hijos.

Amparo llora al ver el Corazón de la santísima Virgen.

No puedes quitar ninguna espina, hija mía, no se han purificado. Yo también lloro, hija mía, enjuga mis lágrimas.

Amparo hace lo que la santísima Virgen le pide y hace ademán de tocar algo en el aire con sus manos.

Añade la Virgen:

Enseña las manos, hija mía.

Amparo llora amargamente al ver y tocar las lágrimas de la santísima Virgen. La santísima Virgen insiste:

Enséñalas, hija mía, que toquen mis lágrimas, que toquen mis lágrimas.

Algunas personas de las presentes que estaban más cerca de Amparo, vieron y tocaron las lágrimas en las manos de Amparo. De esto hay varios testimonios.

Yo os bendigo, hijos míos, os bendigo como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 30 DE SETIEMBRE DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Mensaje recogido por María Elena en la escena de la pasión sufrida por Amparo y descrita por la misma María Elena, en la casa de Julia y Miguel.

LA VIRGEN:

"Gracias, hija mía. Coge la cruz. Coge la cruz sobre tus hombros, hija mía. Levántate, cárgate la cruz (se oye el lamento prolongado de Amparo y su llanto). Amparo con su voz normal dice:

¡Ay, cómo pesa, ay!

La voz de los mensajes:

Sujétala, hija mía, que mi Hijo la llevó horas enteras por todos los pecadores.

Amparo con su voz normal:

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay, la cruz! (siguen las lamentaciones y ruido como si se cayera y se levantase). ¡Ay! ¡Ay! Ay, la cruz (se vuelve a oír el ruido del golpe). ¡Ay, Madre mía! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay, la cruz! (Amparo tose y se oye como si devolviese con arcadas). ¡Ay, Dios mío...!

La voz de los mensajes:

Refúgiate en nuestros Corazones, hija mía, Mi Hijo se va a descargar un poco de la cruz y te la va a cargar a ti. Sujétala, hija mía; tienes que pasar esto (Amparo sigue sollozando). Mira qué luz más potente, hija mía. Mira qué luz (Amparo sigue llorando). Esa luz te ayudará a llevar la cruz. Refúgiate en nuestros Corazones.

Amparo con su voz normal:

¡Ay, qué dolor! ¡Ay, qué dolor! (sigue llorando).

La voz de los mensajes:

Bebe del cáliz del dolor, hija mía. El cáliz del dolor está a punto de acabarse. Bebe unas gotas, hija mía. Comparte con mi Hijo la pasión (se la oye beber y tragar).

Amparo con su voz normal:

¡Ay! ¡Ay! (suspirando como de descanso).

La voz de los mensajes:

Sufre, hija mía, que, después del sufrimiento vas a compartir la felicidad (continúa llorando), en recompensa de tus sufrimientos, hija mía.

Besa el suelo, hija mía, (Amparo se inclina y besa el suelo) este acto de humildad sirve para la salvación de las almas, hija mía, especialmente las de los sacerdotes. Oración acompañada de sacrificio (sigue llorando con desconsuelo). Por todos mis hijos, por todos, hija mía. Cada día son peor los humanos. No se quieren arrepentir de sus pecados. Sin humildad y sin sacrificio, hija mía, no se consigue el cielo.

Amparo con su voz normal:

¡Ay! ¡Ay, mi espalda! ¡Ay mi espalda! (llora desconsoladamente).

La voz de los mensajes:

Estos golpes siente mi Hijo diariamente por los pecados de los hombres, hija mía. Sed humildes, hijas mías, sed humildes. Os bendigo en el nombre del Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Adiós, hijas mías, adiós.''

Amparo con su voz normal, a pesar de seguir llorando ¡Ay, agua! ¡Ay, agua! ¡Ay, agua! ¡Ayyy! Ángel mío, Ángel mío, Ángel mío, ¡ay, qué feliz! ¡Ay, límpiame otro poquito! (Respira de una forma profunda, como de descanso). ¡Ángel mío! (aquí parece hablar en idioma extraño unas palabras). Otro poco, ¡ay, Ángel mío, qué dolor! ¡Ay, Ángel mío, límpiame por aquí! ¡Ay, qué dolor! ¡Ay, qué dolor! ¡Ay, por las rodillas! ¡Ay, por ahí! ¡Ay, que dolor! ¡Ay, toma! (Amparo le debe entregar algo al Ángel) ¡Ay, qué dolor! (se oyen unas palabras ininteligibles). Está amargo. ¡Ay, qué amargo! (Amparo tose como si se atragantase). ¡Ay! ¿Qué me has hecho aquí? El hombro me duele mucho ¡Ay, qué dolor! ¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío! ¡Ay! No me la pongas (el Ángel intenta ponerle la corona de espinas, y Amparo le dice:) No me la pongas ahora.

Pero el Ángel se la pone y al ratito se la quita. Entonces Amparo le dice que se la ponga otra vez.

No me la pongas ¡Ay! (palabras que no se entienden). ¡No me la quites! Pónmela otra vez. ¡Sujétame! ¡Ay, sujétame! (palabras extrañas indescifrables). Mis hombros, ¡Ay, mis hombros! ¡Ay...!





MENSAJE DEL DÍA 1 DE OCTUBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



En el cuarto Avemaría, Amparo comienza a mirar a la derecha del fresno y su cara refleja emoción y alegría ante la aparición de la santísima Virgen. Continúa rezando entrecortadamente hasta que con un suspiro queda en éxtasis y transmite el mensaje siguiente de parte de la Virgen:

LA VIRGEN:

Hijos míos, hijos míos, no cerréis vuestros oídos; el fin de los tiempos se aproxima, el globo terrestre, hijos míos, está cambiando de estaciones, los astros perderán, hijos míos, perderán sus movimientos; la luna dará una tenue luz roja. Hijos míos, cuando esto suceda estad preparados, porque está próximo el fin de los tiempos.

Sí, hijos míos, recibid vuestra (Amparo comienza a hablar en un idioma extraño) comunícaselo, hija mía:

Recibid vuestra cruz con humildad, para luego recibir la recompensa eterna.

Estas palabras las aclaró posteriormente Amparo. Entre sollozos Amparo continúa hablando en castellano:

Recibid, las gracias, hijos míos que mi Inmaculado Corazón derrama, porque se aproxima el fin de los tiempos.

La tierra, la tierra dará malas cosechas, malos frutos hijos míos.

El agua y la luz, darán al globo terrestre grandes convulsiones, hijos míos, será espantoso, será horrible, hijos míos, grandes ciudades serán derrumbadas.

Hijos míos, enmendad vuestra vida; no ofendáis más a Dios, que está muy ofendido. Pedid al Padre Eterno. Todo este movimiento, hija mía, está a punto de suceder. (Amparo solloza ante la visión de lo que puede suceder).

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo (Amparo se inclina y lo besa, siendo acompañada en este acto de humildad por muchas de las personas presentes). Este acto de humildad, hija mía, sirve para la conversión de los pobres pecadores.

Hijos míos, os doy avisos, no os riais de mis avisos, el fin de los fines está próximo, hijos míos. Yo me manifiesto a las almas pequeñas e incultas, para confundir a los poderosos, hijos míos.

Mira mi Corazón, hija mía, cómo sangra de dolor, por todos mis hijos, por todos, sin distinción de razas (aquí Amparo llora ante la visión del Corazón de la Virgen). No lo toques, hija mía, no están purificadas.

¡Cuántos se ríen de mis mensajes, hija mía, pobres almas! Vuelve a besar el suelo, hija mía. Humíllate (Amparo besa el suelo por segunda vez, siendo acompañada por muchos de los presentes), no te importe humillarte, hija mía. piensa que el que se humilla, será muy alto ante los ojos de Dios, ¡pobres almas, todas aquellas que se ríen de mis mensajes!

Y tú, hija mía, vas a recibir un pequeño mensaje (Amparo nuevamente habla en un idioma extraño). Esto te lo pido, hija mía, te lo pido y que seas humilde, hija mía, sin humildad no se consigue el cielo.

Escribe un nombre en el libro de la vida, hija mía (Amparo hace ademán de escribir en el aire de derecha a izquierda). Este nombre, hija mía, no se borrará jamás, está escrito en el libro de la vida.

Vas a beber unas gotas del cáliz del dolor, hija mía, se está acabando, se está acabando, y cuando el cáliz se acabe será espantoso, hija mía (ahora Amparo hace como que coge algo frente a ella y se lo lleva a los labios, haciendo como si bebiese algo, lo que se oye perfectamente, tosiendo y teniendo como arcadas al beberlo). Está muy amargo, hija mía, está muy amargo; esta amargura siente mi Corazón diariamente, de ver que millares y millares de hijos se precipitan en el fondo del abismo.

Estad alerta, hijos míos, que el enemigo está al acecho de las almas, y los diez reyes del enemigo también están al acecho, hija mía, están repartidos entre los cuatro ángulos de la tierra, para apoderarse del mayor número de almas.

Sed humildes, hijos míos sin humildad no se consigue el cielo, amaos los unos a los otros, como mi Hijo os amó en la tierra, hijos míos. Os he repetido muchas veces que no podéis amar a Dos, si no amáis a vuestro prójimo que lo estáis viendo todos los días, ¿cómo vais a amar a Dios, que no le veis, hijos míos?

Haced apostolado por todas las partes del mundo, hijos míos, extended los mensajes, hijos míos. ¡Cuántos se ríen de mis mensajes! Llevadlos por todos los rincones de la tierra.

Levantad todos los objetos. Todos los objetos serán bendecidos, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos.





MENSAJE DEL DÍA 12 DE OCTUBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Tercer misterio glorioso. En la primera Avemaría Amparo comienza a mirar hacia la parte superior derecha del fresno y su rostro comienza a reflejar gran alegría ante lo que ve. En la tercera Avemaría Amparo dirige su mirada hacia el lado izquierdo del fresno y con profundo suspiro cae en éxtasis y comienza el siguiente mensaje de parte de la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

Hijos míos, hijos míos, os sigo trayendo la paz, hijos míos, pero vosotros seguís buscando la guerra. Haced la paz, hijos míos, que si vosotros no hacéis la paz, no tendréis paz, hijos míos, no busquéis la guerra, tampoco saquéis las armas de fuego para luchar, hijos míos, la mejor arma, es la oración y el sacrificio, el arma más potente, hijos míos, es el santo Rosario, el santo Rosario es el ancla para vuestra salvación, hijos míos. Por eso os pido, hijos míos, que busquéis la paz, que el mundo está en un gran peligro, hijos. Pedid a mi Inmaculado Corazón que mi Inmaculado Corazón, derramara gracias para toda la humanidad, hijos míos.

También os pido, hijos míos, que hagáis con devoción todos los primeros sábados de mes. El que haga los primeros sábados de mes, confesando sus culpas y acercándose a la Eucaristía, y rezando diariamente el santo Rosario, promete mi Corazón Inmaculado, derramar gracias sobre toda la humanidad, hijos míos, sobre todos aquellos que hayan cumplido con lo que Yo les pido, hijos míos, también les prometo asistirlos en la hora de su muerte y preservarlos del fuego del infierno.

Sed humildes, hijos míos, y haced sacrificios y oración.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo (Amparo y muchos de los presentes, besan el suelo), este acto de humildad, hija mía, sirve para la conversión de los pobres pecadores.

Humildad pido, hijos míos, sin humildad no se consigue el cielo.

Y tú, hija mía, hazte pequeña, muy pequeña para que puedas subir luego alta, muy alta, hija mía.

Vas a sufrir mucho, hija mía, tendrás muchas pruebas de toda la humanidad, hija mía. Los hombres son crueles hija mía, no corresponden al sacrificio y a la oración.

Mira, hija mía, cómo está mi Corazón (Amparo, ante la visión del Corazón de la Virgen, lleno de espinas por nuestros pecados, llora y gime desconsoladamente)..., no lo toques hija mía, no están purificadas estas almas.

Os sigo repitiendo, hijos míos, pedid por las almas consagradas, las ama tanto mi Corazón, hijos míos..., y ¡qué mal me corresponden a ese amor!

Escribe un nombre, hija mía, en el libro de la vida, (aquí Amparo levanta los brazos, hace como si tomara algo en su mano derecha, luego hace como si escribiese en el aire, de derecha a izquierda, marcando como letras grandes o signos, y una vez terminado, hace como si dejara algo que tuviera en su mano derecha, como el útil de haber escrito), este nombre, hija mía, no se borrará jamás, está escrito en el libro de la vida.

Besa el suelo, hija mía, por las almas consagradas, (Amparo y muchos de los presentes, besan el suelo por segunda vez), este acto de humildad, hija mía, es por las almas consagradas, no te importe humillarte, hija mía, piensa que el que se humilla será ensalzado ante el Padre, hija mía.

Besa el pie, hija mía, (Amparo levantando ligeramente la cabeza y avalanzándose ligeramente, besa en el aire); en recompensa a tus sufrimientos, hija mía.

Sigue ofreciéndote como víctima, en reparación de todos los pecadores del mundo, hija mía.

El tiempo se aproxima, hijos míos, y los hombres no dejan de ofender a Dios. Que no ofendan a Dios, hijos míos, que la ira del Padre, va a caer sobre toda la humanidad. Por eso os pido ¡sacrificios, sacrificios y oración, hijos míos! Seguid rezando el santo Rosario, con el santo Rosario, se están salvando muchas almas, hijos míos.

Y tú, hija mía, sé humilde, sé humilde y no defraudes a mi Hijo, te dará muchas pruebas, acéptalas con humildad, hija mía, y ofrécete en reparación de los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 16 DE OCTUBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Al finalizar el tercer misterio glorioso, Amparo queda en éxtasis y comunica el siguiente mensaje:

"Sacrificios, hijos míos, sacrificio y oración. No ofendáis más al Padre, hijos míos, está muy ofendido y la cólera de Dios está próxima. Por eso os pido, hijos míos, seguid rezando el santo Rosario; con oración y con sacrificios, podéis ayudar a salvar muchas almas, hijos míos.

Este es mi mensaje, hijos míos, el sacrificio y el amor al prójimo.

Tú, hija mía, besa el suelo en acto de humildad (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve para la salvación de las almas.

Te pido, hija mía, que sigas siendo víctima, hija mía, por los pobres pecadores.

Mi mensaje es muy corto, hijos míos, hoy sólo os pido sacrificios y oración. Acercaos al sacramento de la confesión, hijos míos, confesad vuestras culpas, hijos míos, el tiempo se aproxima y los hombres no dejan de ofender a Dios. Por eso os pido, hijos míos, sed humildes, con vuestra humildad podéis dar ejemplo a muchas almas. Sacrificio hijos míos. Hace cientos de años que os lo vengo repitiendo, sacrificio y oración, sin oración y sin sacrificio no podréis salvar vuestra alma, hijos míos.

Vuelve a besar el suelo, hija mía. humíllate, ofrécelo en reparación de los pobres pecadores (Amparo se vuelve a inclinar lentamente y besa el suelo). No te importe, hija mía, que se rían de ti, piensa que el que se humilla, será ensalzado ante los ojos de Dios.

¡Cuántos, hija mía, cuántos se ríen de mis mensajes! ¡pobres almas, hija mía! Pedid por ellos, hijos míos, ¡están tan necesitados, hijos míos!

Levantad todos los objetos, hijos míos, serán bendecidos todos estos objetos, hijos míos. Sirven para la curación de los enfermos de cuerpo y alma, hijos míos. Para mí lo más importante es el alma, os lo he repetido muchas veces; el cuerpo no sirve ni para estiércol en la tierra, hijos míos, mirad vuestra alma y poneos a bien con Dios, hijos míos.

Escribe un nombre, hija mía, en el libro de la vida (Amparo alza la mano y escribe despacio de derecha a izquierda en el aire), ya hay otro nombre más en el libro de la vida. Todos estos nombres están salvadas esas almas. Hijos míos, procurad cuando llegue el momento de que Dios Padre mande su ira sobre toda la humanidad, estar a la derecha del Padre, hijos míos; por eso me manifiesto en tantos lugares, hijos míos, porque no quiero que se condenen las almas, por eso me manifiesto como Madre llena de amor y de misericordia, derramando mis gracias para todos aquellos que las quieran recibir, hijos míos, no quiero que os condenéis hijos míos, confesad vuestras culpas, hijos míos, poneos a bien con Dios, el fin de los fines se aproxima y los hombres son cada día peor.

Hija mía, mira cómo está mi Corazón, hija mía, transido de dolor. Quita dos espinas, hija mía, se han purificado dos, pero mi Corazón está lleno de espinas por todos mis hijos, hija mía, quita dos (Amparo quita algo y se sacude los dedos mientras llora desconsoladamente) ¡tira, hija mía! (continúa llorando). No toques más, hija mía, sólo se han purificado dos hijos míos.

Seguid rezando el santo Rosario, hijos míos; con vuestras oraciones podéis salvar muchas almas, hijos míos.

Y tú, hija mía, humildad te pido. Con humildad y con sacrificios, puedes ayudar a muchas almas, hija mía, humíllate.

Hija mía, serás humillada y serás calumniada, hija mía, ofrécelo a Cristo Jesús.

Será horrible, hijos míos, el fin de los fines será horrible.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del hijo y con el Espíritu Santo.

Besa el pie, hija mía, en recompensa a tus sufrimientos.

Adiós, hijos míos, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 22 DE OCTUBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Rezando el santo Rosario, Amparo entra en éxtasis al aparecérsele la santísima Virgen y transmite el siguiente mensaje:

"Sólo, hija mía, voy a pedir sacrificio y oración; hijos míos, sólo os quiero recordar que sigáis rezando el santo Rosario. Con el santo Rosario se pueden salvar muchas almas, hijos míos.

Sigo repitiendo, que me agradaría que hiciesen en este lugar una capilla, hijos míos, en honor a mi nombre; y también os sigo repitiendo, para que se venga a meditar la pasión de Cristo, hijos míos. Está muy olvidada, hijos míos.

Venid de todos los lugares del mundo a rezar el santo Rosario, hijos míos, el tiempo se aproxima, hijos míos, y los hombres no dejan de ofender a Dios.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo).

Hijos míos, me sigo manifestando en muchos lugares porque el tiempo se aproxima y los hombres no cambian, hijos míos. Acercaos al sacramento de la confesión, hijos míos, confesad vuestras culpas, el cáliz está lleno, hijos míos, y el fin de los fines se aproxima. Haced sacrificios, hijos míos, acompañados de la oración.

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por las almas consagradas ¡las amo tanto! y ¡que mal corresponden a este amor, hija mía! (Amparo se vuelve a inclinar lentamente y besa el suelo).

No te importe humillarte, hija mía, que se rían de tu humillación, piensa que el que se humille será ensalzado ante Dios, hija mía.

¡Cuántos se ríen de mis mensajes! ¡En tantos lugares me he aparecido! Intentan hacer desaparecer mi nombre, hija mía ¡pobres almas!, ¡pobres almas, hija mía!

Seguid rezando, hijos míos, por los pobres pecadores. Mi Corazón está transido de dolor por todos ellos, hija mía.

Mira, mira mi Corazón, hija mía (Amparo llora desconsoladamente al ver el Corazón de la santísima Virgen rodeado de espinas y sangrando), no se ha purificado ningún alma, hija mía, no puedes quitar ninguna espina (Amparo sigue llorando).

Hijos míos, con sacrificio y con oración, podéis salvar vuestra alma y salvar muchas almas, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Tú, hija mía, sé humilde, vas a sufrir mucho, hija mía.

Levantad todos los objetos, hijos míos (los presentes levantan, diversos objetos). Todos estos objetos, hijos míos, han sido bendecidos; servirán para la

conversión de sus almas. Muchos de los aquí presentes, hijos míos, no creen en mi existencia. Para la curación de los enfermos también sirve esta bendición.

¡Adiós, hijos míos, adiós...!".





MENSAJE DEL DÍA 23 DE OCTUBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Os pido, hijos míos, la salvación de las almas. Hijos míos, si no hacéis sacrificio y oración, no podréis salvar vuestra alma, hijos míos. Con sacrificio y con oración, se puede salvar a toda la humanidad, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y del Espíritu Santo.

Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 29 DE OCTUBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hija mía, hija mía, me manifiesto en este lugar para que hagan una capilla en honor a mi nombre, hija mía. No hacen caso de mis avisos, hija mía, y los avisos se están acabando. Me he manifestado en muchos lugares, hija mía, pero en ningún lugar he dado tantos avisos como en éste, hija mía, no hacen caso y la misericordia se está acabando.

Con sacrificio y con oración, hijos míos, podéis salvar muchas almas.

Mira lo que ves, es horrible, hija mía (Amparo llora con gran desconsuelo). La misericordia de Dios Padre se está acabando, hija mía, y su ira será horrible.

Mira qué premio espera, hija mía, para todo aquel que se haya puesto a bien con Dios (Amparo respira profundamente como con agrado).

Con su voz normal dice mientras llora:

Yo quiero quedarme, yo quiero quedarme, yo me quiero quedar aquí; yo quiero quedarme.

La voz de los mensajes continua:

Sé humilde, hija mía, tu tiempo también se aproxima.

Besa el suelo, hija mía, en acto de humildad (Amparo se inclina lentamente, besa el suelo y sigue sollozando). Humíllate, hija mía, que el que se humilla será ensalzado.

Mira mi Corazón, hija mía, mi Corazón está sangrando de dolor por todos mis hijos, por todos sin distinción de razas. No lo toques, hija mía, no se ha purificado ningún alma.

Hija mía, este pueblo es cómo el pueblo de Israel, hija mía, como el pueblo de Israel; pero si Dios no perdonó al pueblo de Israel, ¿cómo no va a castigar a este pueblo también, hija mía? (continúa llorando).

Piensa en Cristo Jesús; humíllate, humíllate y hazte pequeña, muy pequeña para la salvación de las almas, hija mía.

Di conmigo, hija mía:

PADRE ETERNO. TE PIDO PERDON POR TODOS AQUELLOS QUE NO LO HACEN, ME SACRIFICARE POR TODOS AQUELLOS QUE NO SE SACRIFICAN, Y TE AMARE POR TODOS AQUELLOS QUE NO TE AMAN, NO PERMITAS PADRE ETERNO, QUE SE CONDENEN LAS ALMAS, TEN MISERICORDIA DE TODAS ELLAS.

Esta oración la pido como Madre, como Madre de toda la humanidad, hijos míos. Mi corazón sufre de ver que mis hijos se precipitan en el fondo del abismo, y las almas consagradas, hija mía, ¡pobres almas! van a pagar por su pecado y por el pecado de las almas que han arrastrado, hijos míos, ¡qué mal corresponden a nuestro amor esas almas! ¡Cómo precipitan a las almas en el fondo del abismo!

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por las almas consagradas (Amparo se vuelve a inclinar lentamente y besa el suelo). Las almas consagradas, hija mía, ¡las ama tanto mi Corazón! y ¡qué mal corresponden a este amor!

Pedid gracias a mi inmaculado Corazón, hijos míos, mi Inmaculado Corazón será el que triunfe sobre toda la humanidad.

Hijos míos, os bendigo como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Bendecid, hijos míos, bendecid (Amparo habla en el idioma celestial). Este aviso es tuyo, hija mía, privado.

Levantad todos los objetos, hijos míos, todos, todos los objetos, hijos míos..., todos han sido bendecidos. Servirán para la curación de los enfermos y la conversión de los pobres pecadores, hijos míos.

Adiós, hijos míos, ¡adiós!"





MENSAJE DEL DÍA 1 DE NOVIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

En este día tan importante, hijos míos, no podía faltar vuestra Madre para bendeciros. Me seguiré manifestando, hijos míos, aunque muchos humanos piensan que no es posible que me pueda manifestar tantas veces en este lugar, me manifiesto tantas veces, hijos míos, porque el tiempo se aproxima y los hombres no dejan de ofender a Dios, por eso, hijos míos, me he manifestado tantas veces.

Hace muchos años, os he dado estos mismos avisos, pero habéis cerrado vuestros oídos, hijos míos; por eso, hijos míos, mi mensaje es de sacrificio y oración, hijos míos, para que podáis salvar vuestras almas.

Besa el suelo, hija mía, por las almas consagradas (Amparo se inclina lentamente, y muchos de los allí presentes lo mismo, besando el suelo). Por las almas consagradas, hijos míos, ¡cuánto los ama mi Corazón! y ¡qué mal correspondido es este amor!

Sí, hija mía, seguirás sufriendo pruebas físicas, pero ofrécelas para la salvación de la humanidad. Piensa que hemos escogido muchas almas víctimas para reparar los pecados de los hombres, hijos míos.

Sacrificio, hijos míos, sacrificio y oración.

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por la salvación de toda la humanidad, (Amparo y los presentes se vuelven a inclinar besando el suelo), por todos los pecadores, hija mía, por todos sin distinción de razas, hija mía.

Pedid gracias a mi Inmaculado Corazón, que mi Inmaculado Corazón las derramará sobre todos vosotros, hijos míos, porque este Corazón será el que triunfe sobre toda la humanidad, hijos míos, por eso os pido que hagáis oración acompañados de sacrificios, hijos míos.

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos los objetos serán bendecidos, hijos míos, y servirán para la curación de los enfermos y la conversión de los pobres pecadores.

Sacrificio, hijos míos, os repito, hijos míos, no defraudéis a vuestra Madre.

Me agradaría, hijos míos, que en este lugar se levantase una capilla en honor a mi nombre, hijos míos, para que vengan a meditar la pasión de mi hijo, que está olvidada, hijos míos, que vengan de todas las partes del mundo.

Tu, hija mía, sé humilde y hazte pequeña, muy pequeña, que a mi hijo le gustas pequeña.

Adiós, hijos míos, adiós!"





MENSAJE DEL DÍA 5 DE NOVIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



En el comienzo del cuarto misterio, Amparo dirige su mirada hacia la parte derecha; su rostro expresa una alegría indescriptible ante la visión de la santísima Virgen. Transcurridos unos segundos, queda en éxtasis. Después de profundos suspiros comienza a transmitir el mensaje de parte de la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

Aquí me tienes, hija mía, ya sé que sufres. Piensa que mi Hijo te ha escogido víctima de su amor, métete en su Corazón, hija mía, que su Corazón te consolará.

Mira, hija mía, mi Hijo está lleno de amor por todos los hombres, pero los hombres no quieren recibir ese amor, hija mía, ¡qué ingratos son, hija mía!

Los avisos se van a acabar, hija mía, serán muy cortos mis avisos, sólo de sacrificio y de oración. Me seguiré manifestando, hija mía, para dar la bendición a todos mis hijos, a todos, hija mía, sin distinción de razas.

Sí, hija mía, el primer sello está abierto, hija mía ¿Sabéis cuál es el primer sello, hijos míos? Vendrán muchos pastores falsos, muchos, hijos míos, ya están entre la humanidad. Irán de puerta en puerta, de dos en dos, con la Biblia en la mano para engañaros. Hijos míos no os dejéis engañar. El enemigo se ha metido en esos cuerpos; esa doctrina, hijos míos no es la de Cristo.

¿Cómo mi Hijo puede estar contento si desprecian a su Madre, hijos míos?

El segundo sello, está a punto de ser abierto. Guerra, hijos míos, detrás de la guerra vendrá el hambre, las pestes, las enfermedades, se levantarán nación contra nación y reino contra reino, hijos míos, y grandes terremotos destruirán la mayor parte de la humanidad. Por eso os pido, hijos míos, sacrificio, hijos míos, sacrificio y oración por los pobres pecadores.

Besa el suelo, hija mía, por la conversión de los pobres pecadores (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo, haciéndolo también la mayoría de las personas allí presentes), por todos los pecadores, hijos míos, por todos, sin distincidn de razas. Mi Corazón los ama a todos, mi Corazón derrama las gracias para todos aquellos que las quieran recibir, hijos míos.

El mundo está en un gran peligro, el tiempo se aproxima, los hombres no cambian y cada día ofenden más a Dios Padre. ¡Pobres almas hijos míos!, ¡qué pena me dan, qué pena, hijos míos!

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por las almas consagradas (Amparo y los allí presentes vuelven a besar el suelo). Las almas consagradas, ¡las ama tanto mi Corazón! pero, ¡qué mal corresponden a este amor, hijos míos! ¡Cuántas almas están arrastrando al fuego del abismo, hijos míos!

¡Qué pena de almas! Han olvidado la oración y se introducen dentro del mundo, en los placeres y el amor al dinero, hijos míos. Mi Corazón ¡las ama tanto! ¡pobres almas, hijos míos!

Vuelve a besar el suelo, por las almas consagradas (Amparo y la gente, por tercera vez se inclinan y besan el suelo), por las almas consagradas, para que olviden los vicios, los placeres y se entreguen a extender el Evangelio de Cristo por todas las partes del mundo.

Todos, hijos míos, todos tenéis la obligación de extender la palabra de Dios por todo el mundo.

Sí, hija mía, vas a seguir sufriendo mucho, ofrécelo por los pobres pecadores, hija mía. Mi Hijo te escogió, hija mía, no por santa ni por buena, sino por miserable y por poca cosa, hija mía, por eso te pido: no nos defraudes ni a mí Hijo ni a Mí, hija mía. Si te calumnian, hija mía, ofrécelo por Cristo Jesús; si se ríen de ti, hija mía, ofrécelo por Cristo Jesús. De Cristo se burlaban, se reían, le llamaban el "endemoniado", y tú no vas a ser más que Cristo, hija mía.

Sí, hijos míos, os pido sacrificio acompañado de oración.

Rezad el santo Rosario: con el Rosario, hijos míos, podéis ayudar a salvar muchas almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, hijos míos, todos los objetos han sido bendecidos, hijos míos.

Si algún moribundo no está en gracia de Dios y está en la agonía, hijos míos, ponedle uno de estos objetos para que se convierta y muera en gracia de Dios.

También servirán para la conversión de los pobres pecadores, hijos míos.

Hijos míos, os repito como os he repetido hace muchos años; sacrificio, sacrificio y oración.

Adiós, hijos míos, adiós"





MENSAJE DEL DÍA 6 DE NOVIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



En el rezo del santo Rosario, Amparo queda en éxtasis, durante el cual ve salir a las almas del Purgatorio, la santísima Virgen se lo explica y se lo muestra de la forma siguiente:

LA VIRGEN:

"Mira, hija mía, cuántas almas salen por vuestras oraciones, en bandadas luminosas y blancas".





MENSAJE DEL DÍA 12 DE NOVIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Al comenzar el rezo del segundo misterio, del santo Rosario, Amparo comienza a mirar con alegría hacia el cielo y cae en éxtasis al hacer su presencia

la santísima Virgen, transmitiendo el siguiente mensaje:

LA VIRGEN:

"Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo. Sólo os pido hijos míos, oración y sacrificio, para poder salvar vuestras almas.

Tú hija mía, ofrécete, por Cristo Jesús, en reparación de todos los pecados del mundo.

Oración y sacrificio, hijos míos.

EN EL CUARTO MISTERIO HA MARCADO LA VIRGEN A TODOS.

Al ir a comenzar el cuarto misterio del santo Rosario, Amparo de nuevo comienza a mirar al cielo con alegría y asombro. Después de un rato, con expresión de felicidad en la cara, va siguiendo con la mirada a todos los presentes, primero hacia un lado luego mira hacia el otro lado. Por fin, con voz emocionada dice:

Ha marcado la santísima Virgen, a todos aquellos que no estaban marcados, con una cruz en la frente. Muchos de los aquí presentes, no son creyentes, pero han sido marcados, con una cruz en la frente.





MENSAJE DEL DÍA 19 DE NOVIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Al comenzar a meditar el cuarto misterio del santo Rosario, Amparo mirando al cielo con una expresión de felicidad indescriptible, cae en éxtasis y transmite el siguiente mensaje que le comunica la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Hija mía, pide a mi Inmaculado Corazón, que será el que te ayude y el que triunfe sobre toda la humanidad, hija mía. Pide a Dios, hija mía, por la conversión de todos los pecadores.

Os bendigo hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 3 DE DICIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Al ir a comenzar el cuarto misterio glorioso, y cuando Amparo hacía las peticiones, ha comenzado a mirar al cielo con un gozo indescriptible, y, no pudiendo continuar al hacer su aparición la santísima Virgen, ha quedado en éxtasis y ha transmitido el siguiente mensaje:

LA VIRGEN:

"Hijos míos, os sigo repitiendo: Oración y penitencia. Os prometí que todos aquellos que hagan todos los días una visita al Santísimo y que confiesen los primeros sábados de mes sus culpas y comulguen, y recen el santo Rosario, os prometí, hijos míos, que os preservaría del fuego del infierno. Pues ahora, hijos míos, os voy a prometer otra cosa:

TODOS AQUELLOS QUE CUMPLAN CON TODAS ESTAS COSAS PASARAN TAMBIÉN POR EL PURGATORIO; PERO NO IRÁN A PASAR LAS PENAS DEL PURGATORIO. SINO SÓLO A VER LAS PENAS DE LAS QUE SE HAN LIBRADO CUMPLIENDO ESTAS COSAS; POR ESO SIN SUFRIR LAS PENAS, ENTRARÁN EN LAS MORADAS CELESTIALES.

Por eso también, hijos míos, os pido sacrificio y penitencia.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos. Todos estos objetos son bendecidos, hijos míos.

Todos los aquí presentes han sido bendecidos hijos míos. Acabo diciéndoos hijos míos, sacrificio, que hacéis muy poco sacrificio, hijos míos, acompañado de oración.

Sin el sacrificio y sin la oración, no conseguiréis llegar a las moradas, hijos míos.

Adiós, hijos míos, adiós."





MENSAJE DEL DÍA 8 DE DICIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



En el quinto misterio del Santo Rosario Amparo pide que el Espíritu Santo ilumine a todos los gobernantes del mundo para que gobiernen con una justicia santa y haya paz en todo el mundo. Especialmente pide por la paz de España y por el Líbano y por todos los países que están en guerra y por las almas de las personas que mueren en esas guerras; para que la santísima Virgen interceda por todas ellas. En este momento el rostro de Amparo refleja una gran alegría ante la aparición de la santísima Virgen. Pasados unos momentos queda en éxtasis y transmite el siguiente mensaje de parte de la misma celestial Señora:

LA VIRGEN:

"HIJA MÍA SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Amparo con su voz normal exclama:

¡Ay, qué guapa vienes. Ay, que guapa vienes. Ay, qué guapa vienes. Ay, qué hermosa, ay...!

La santísima Virgen a través de Amparo continúa diciendo:

Así quiero que vuestras almas estén de hermosas, hijos míos, como Yo vengo. Yo derramo mi luz por todas las partes; pero no hacen caso, hija mía.

Mira mi Corazón cómo está. Ves que vengo por fuera muy hermosa; pero mi Corazón está triste y lleno de dolor, hija mía. Mira cómo está mi Corazón. (Amparo llora amargamente al ver el Corazón de la Virgen con tantas espinas).

No puedes quitar ni una espina, hija mía; no se ha purificado ninguna. Mira mi Corazón. Este Corazón será el que triunfe sobre toda la humanidad.

Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos (los presentes levantan diversos objetos: Rosarios, medallas, etc.)

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Sacrificio, hijos míos, sacrificio y oración.

Adiós, hijos míos. Adiós".

Posteriormente Amparo ha explicado que la santísima Virgen vestía una túnica blanca larga hasta los pies, con las mangas muy anchas. La túnica suelta sin cinturón. Desde la cabeza hasta los pies llevaba un manto azul con un ribete dorado en forma de aspas.





MENSAJE DEL DÍA 24 DE DICIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Al comenzar el segundo misterio glorioso del santo Rosario, Amparo comienza a mirar al cielo con gran alegría, y enseguida se pone en pie, (ella estaba sentada, dado su mal estado de salud), y a los pocos momentos cae de rodillas y queda en éxtasis, al hacer su presencia la santísima Virgen.

Amparo comienza en éxtasis a hacer la señal de la cruz santiguándose en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Seguidamente la santísima Virgen le comunica el siguiente mensaje que ella transmite:

LA VIRGEN:

"Hijos míos, en este día no podía dejar de daros la bendición. Yo os bendigo hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

Hija mía, vas a ver un momento, donde nació Cristo Jesús. Tenéis que imitarle en la pobreza, hijos míos, El buscó la pobreza.

Amparo ante la visión que la santísima Virgen le muestra pregunta:

¿Quiénes son, esos que hay ahí, quienes son?

La santísima Virgen le responde:

Los pastores.

Amparo, impresionada solloza al ver al Niño Jesús y exclama:

¡Ay, está desnudito el Señor, ay..., ay..., ay!

La santísima Virgen continúa:

Hijos míos, tenéis que imitar a Cristo Jesús, tenéis que imitarle en la pobreza, y en la humildad, hijos míos; sin esas dos cosas, no os salvaréis.

Ahora voy a señalar en la frente a todos los aquí presentes, con una cruz, hijos míos; pero con esa cruz, que mi Hijo lleva constantemente en los hombros; no la rechacéis, hijos míos, es un privilegio.

Amparo va recorriendo con la mirada a todos los asistentes al Rosario, contemplando cómo la santísima Virgen va marcando a todos.

La santísima Virgen continúa hablando:

Todos, habéis sido marcados, con una cruz en la frente, esa marca, hijos míos, no es la marca del enemigo, es la marca de los escogidos; pero que ellos quieran seguir esa cruz, porque todo el que lleve la cruz, y no cumpla con los Mandamientos de la Ley de Dios, no se salvará, hija mía.

También, hija mía, vas a tener el privilegio de besar mis pies.

Amparo hace ademán de besar algo en el aire.

Sufre, hija mía, sufre que Yo también sufro por todos los pecadores. No digas nunca, hija mía, no puedo más; mi Hijo coge víctimas como tú y otras tantas, para la salvación del mundo, no le defraudes hija mía, sé fuerte, sé fuerte hasta el último instante.

Oración y penitencia, hijos míos, hace muchos años que os lo sigo repitiendo.

Adiós, hijos míos, adiós."




APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL