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APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL








ENERO 1984

MAYO 1984

JUNIO 1984

JULIO 1984

SEPTIEMBRE 1984



MENSAJE DEL DÍA 7 DE ENERO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



A su llegada a Prado nuevo, Amparo se dirige a la multitud con estas palabras:

"Que pasen un buen año, sobre todo, aquellos que no han conocido al Señor que lo conozcan, que les dé luz la santísima Virgen para que confiesen sus culpas y se lleguen a la Eucaristía; y que sea un año feliz para todos. Y nada más. Muchas gracias.

Miles de personas de muy variadas procedencias, no obstante el frío y la lluvia, han acudido a esta pradera de El Escorial a las cinco de la tarde para rezar el santo Rosario.

En el tercer misterio de gloria Amparo pide a la santísima Virgen por la santificación de todos los sacerdotes, obispos, arzobispos, cardenales y, especialmente por nuestro arzobispo Ángel, para que el Espíritu Santo le ilumine en el gobierno del Pueblo de Dios en esta archidiócesis de Madrid. También pide por los religiosos y las religiosas para que sean buenos hijos de Dios y cumplan con sus votos. Pide especialmente por dos comunidades de religiosas de clausura, para que la santísima Virgen las ayude a perseverar y las ayude a ser unas grandes santas. También pide por las necesidades de toda la Iglesia santa de Cristo. Terminadas las peticiones del tercer misterio, un religioso lee la meditación. Al terminar la segunda Avemaría, una fuerte ráfaga de viento invade el lugar. Amparo empieza a fijar su mirada en la parte superior derecha del fresno. Su rostro refleja una alegría indescriptible y, poniéndose de pie (normalmente, dado su delicado estado de salud en la actualidad, la tienen que ayudar varias personas a sentarse y a levantarse), cae de rodillas y comienza a transmitir el mensaje de parte de la santísima Virgen:



LA VIRGEN:

"Hijos míos, os vengo a decir que tengáis paz y amor. Sin paz y sin amor entre vosotros no conseguiréis el cielo, hijos míos. También os pido el sacrificio junto con la oración.

Sí, hija mía, tú tienes que sufrir mucho para salvar almas; por eso te pido humildad; humildad, hija mía. Vale la pena tener humildad para luego conseguir esto, hija mía.

Emocionada Amparo por la visión que contempla, exclama:

Yo quiero quedarme aquí, yo quiero quedarme (solloza al decir estas palabras profundamente emocionada), déjame aquí.

Le responde la voz de los mensajes:

No, hija mía, tienes todavía que sufrir para alcanzar esta morada.

Amparo explica lo que ve:

Veo una morada completamente amarilla; hasta el césped y las rocas son amarillos con destellos como si fueran de oro. Las personas que veo en esta morada están rodeadas de una aureola de luz amarilla. Algunas de estas personas tienen el pelo muy largo, casi hasta la cintura.

Prosigue la voz de los mensajes:

Besa el suelo, hija mía, besa el suelo en acto de humildad (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo), en acto de humildad, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo. Sí, hija mía, si eres fiel a mi Hijo, conseguirás esto.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos... Hija mía, todos los objetos han sido bendecidos. Sed humildes, hijos míos, sin humildad no conseguiréis el cielo.

Adiós, hijos míos, adiós".



MENSAJE DEL DÍA 24 DE MARZO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Cuando Amparo llegó para el rezo del santo Rosario, después de varios meses de no bajar a Prado Nuevo, por hallarse enferma, dijo las siguientes palabras:

Bueno, en primer lugar, les voy a dar las gracias a todos aquellos que se han interesado por mi salud. Por esas oraciones que han llegado tan alto y que me han ayudado a poder soportar todos estos sufrimientos que el Señor nos manda a estas almas. Así que por todo eso muchas gracias a todos. Muchas gracias.

Al principio del primer misterio hizo su aparición la santísima Virgen, toda resplandeciente y muy sonriente. Iba vestida con una túnica rosada llena de estrellas doradas muy brillantes, y entre estas, los colores del arco iris en tonos muy suaves.. La Virgen estaba hermosísima.

- Mi Corazón rebosa de alegría, hija mía, al ver que todos los humanos han sido consagrados a mi Inmaculado Corazón, hija mía. El Vicario de Cristo, mi amado hijo, hija mía, este hombre me ha consagrado el globo terrestre; hija mía, ahora corresponde a los humanos coger esas gracias que mi Corazón derrama diariamente por todos mis hijos. (Amparo respira profundamente con satisfacción).

Ha sido muy importante, hija mía, esta cita, porque tengo que darte un aviso muy importante: Hija mía, CUIDADO CON TODOS ESTOS PROFETAS que están acudiendo por decenas a este lugar. No hablan en contra de Dios, pero no están cumpliendo con el octavo mandamiento de la Ley de Dios, hija mía, 'no mentirás'; y están mintiendo, hija mía. Nuestros nombres los cogen como un niño cuando coge un juguete; lo destroza. Ten cuidado, hija mía, con esos profetas.

También voy a pedir, hija mía; quiero que se haga una estatua en honor a mi nombre, con el escudo de mi amado hijo, el Vicario de Cristo; también con el color amarillo y blanco.

Te costará mucho conseguir esto, hija mía. Tu tienes que ir directamente al Cardenal. Que nadie se oponga en tu camino, hija mía; tú piensa que te humillarán, pero que a mi Hijo lo humillaron y tú no eres más que mi Hijo, hija mía.

Ya te he avisado: CUIDADO CON LOS PROFETAS FALSOS, que no hablan en contra de Mí, pero van en contra de nuestros nombres, hija mía, porque no están cumpliendo con ese mandamiento que fue instituido por la Iglesia y para la Iglesia, hija mía.

Mira, hija mía: tu sufrimiento ha sido tan grande, que vale la pena sufrir. Piensa que eras miseria y que mi Hijo te está puliendo para poder subir alto, muy alto. Hazte muy pequeña, hija mía: sé humilde; a veces tampoco cumples con este mandato de tu Madre, hija mía (Amparo rompe a llorar y dice con voz normal entre sollozos):

Quiero irme. Yo me quiero ir. No puedo con el sufrimiento. Yo me quiero ir.

(Continúa la voz de la santísima Virgen):

Hace mucho, hija mía, que no bebes del cáliz del dolor; vas a beber unas gotas; ya sabes que se está acabando este cáliz. Cógelo, hija mía.

(Amparo entre sollozos que continúan hasta la bendición de los objetos, dice con su voz normal):

¿También esto? (Bebe del cáliz y se oye como deglute y tose. La voz de la santísima Virgen:)

¿Está amargo, hija mía? Pues... ¡Cuántos preferirían sentir esta amargura antes que ir al fondo del abismo! Dije que mis avisos se acababan, hija mía; pero... Estoy con este gozo tan grande de ver que mi Corazón Inmaculado depende, (hay una pequeña pausa), depende de vosotros hijos míos!

Yo os estoy avisando. Soy como una madre y como Madre tengo el deber de avisaros, hijos míos. Cuando una madre ve que su hijo va a caer por un precipicio corre tras él y le pone con gozo en su regazo, hija mía.

Tú no sabes la semilla que ha germinado, hija mía; ha caído en tierra firme (fértil). Tú no sufras por esas pocas semillas que han caído entre abrojos. Porque han caído entre abrojos, se han ahogado; pero porque ellos han querido, hija mía, (continúan los sollozos) porque Yo estoy dando avisos hace muchos años para que se conviertan.

Penitencia, hijos míos, penitencia y sacrificio acompañados de la oración.

Haced visitas al Santísimo, hijos míos; mi Hijo esta triste y solo.

Quiero que esta estatua, hija mía, sea llevada a Roma para que el recuerdo de mi hijo sea eterno. (Se refiere al Papa Juan Pablo II).

Hija mía, te va a costar mucho esto que pido; pero con mi ayuda, lo conseguirás.

Levantad todos los objetos, hijos míos. Todos estos objetos han sido bendecidos, hija mía, (Amparo cesa de llorar y continúa tranquila), servirán para la salvación de las almas. Es lo más importante; el alma; lo que más importancia tiene. Ya te he repetido muchas veces, que el cuerpo no vale ni para estiércol, hija mía.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Humildad, hija mía, humildad te pido. Si te calumnian humíllate, hija mía; que a mi Hijo lo calumniaban, le llamaban el ''endemoniado' el ''vagabundo'; y no va a ser más el discípulo que el Maestro, hija mía. Besa el pie, hija mía, en recompensa a tus sufrimientos. (Amparo da un beso muy fuerte en el aire con grande gozo).

Adiós... Hijos míos, adiós".

Terminado el rezo del santo Rosario se leyó la consagración del mundo a la santísima Virgen, de S.S. Juan Pablo II.





MENSAJE DEL DÍA 1 DE ABRIL DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hija mía, vengo a aclararos unas cosas, hija mía.

En mi mensaje del sábado hubo varios humanos que dudaron de tres preguntas, hija mía. Te han preguntado y no has sabido qué contestar. Tú también has dudado, hija mía. (Amparo comienza a llorar con mucha pena).

No llores, hija mía. Eres muy poco humilde por dudar de mis preguntas. Tú antes me has preguntado y no te he contestado; pero quería que todos los aquí presentes supiesen que eres muy poco humilde, hija mía. Antes de aclararte estas tres preguntas, besa el suelo, hija mía, por tu humildad, hija mía, y por todos los humanos.

La primera pregunta que te voy a contestar, hija mía, es sobre el Cardenal.

Hace mucho tiempo que te dije que fueses a hablar con el Arzobispo. Hija mía, no has cumplido lo que Yo te dije. Por eso te digo ahora que vayas al Arzobispo y que vayas al Cardenal, hija mía. (1)

También la segunda duda es sobre la Iglesia: sobre los Mandamientos de la Iglesia, porque te dije, hija mía, que habían sido hechos por la Iglesia y para la Iglesia. Sí, hija mía; porque todo el ser humano es Iglesia, hija mía. Y como todos los humanos son Iglesia... (ininteligible por el llanto), por eso los Mandamientos los hizo Dios para la Iglesia y por la Iglesia, hija mía. Y todos sois Iglesia. (2)

La tercera duda, hija mía, es sobre la Consagración en el Mundo. El Mundo fué consagrado el Domingo. Y os dije que os unieseis a mi amado hijo, el Vicario de Cristo, para que la Consagración no fuese el mismo día, hija mía; pero la Consagración estaba ya en el pensamiento de mi amado Hijo, hija. mía. Por eso te digo que eres poco humilde para dudar de Mi, hija mía.(3) Esto ha sido la causa de mi presencia, hija mía, para aclararte estas preguntas.

Ahora vas a besar el suelo por los pobres pecadores. Por los pobres pecadores, hija mía; en reparación de todos los pecados del Mundo.

Nada más quería avisarte, hija mía, para que seas humilde y nunca dudes de mis palabras aunque te digan que el enemigo puede confundir todo esto; que puede ser obra del enemigo.

Sigue adelante, hija mía, que en una ocasión te dije: El enemigo nunca puede hacer buenas obras; siempre destruye, hija mía; nunca construye. Por eso pido humildad, que con humildad el enemigo no puede apoderarse de las almas; hija mía. Y no tengas dudas; tienes que ser muy humilde, muy humilde, hija mía. (Permanece llorando).

No llores, porque la humildad consiste en proponérsela uno mismo. (Entre sollozos Amparo dice):

¡Tantas cosas!... ¡Son tantas cosas!

Pero, hija mía, ¿de qué sirven estas cosas del mundo para todo el que goza de ellas si luego, en un segundo, va a perder su alma, hija mía?

¡Ayúdame!, ¡ayúdame!

Yo te ayudo, hija mía; pero piensa que eres víctima, víctima de reparación de todos los pecados del mundo. Humildad y sacrificio. Sin sacrificio y sin humildad no podréis conseguir el cielo, hijos míos,

No dudéis de los mensajes del cielo; nunca pueden confundirse con los del enemigo. Y no sigáis a profetas falsos. El mundo está invadido de profetas falsos.

Os voy a dar mi bendicion, hijos míos: Yo os bendigo, hijos míos, Como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Hijos míos: para que veáis que os quiere vuestra Madre, hoy os voy a bendecir todos vuestros objetos. Levantad todos los objetos. Todos estos objetos han sido bendecidos; servirán para la conversión de los pecadores.

Adiós, hijos míos, adiós."

-1. Seqún aclaraciones de Amparo, primero tiene que ir al Arzobispo y después al Cardenal. ¿Qué Cardenal? De momento no se revela.

-2 En el mensaje del día 24 la Virgen le comunica que hay profetas falsos que no cumplen con el octavo Mandamiento de la Ley de Dios: "no mentir": que dice, fue instituido por la la Iglesia. El significado de la preposición "por' no es agente sino causal; como se dice en el Credo Que se hizo hombre por nosotros; a causa de nosotros.

El significado de que "todo el ser humano es Iglesia", "todos sois Iglesia" es que todos los hombres están destinados por Dios a formar parte de la Iglesia.

-3 La Consagración del Mundo al Inmaculado Corazón de Maria se hizo en Prado Nuevo el día 24 de marzo; fecha en la que la Iglesia celebró la Solemnidad de la Encarnación del Hijo de Dios y en la que el santo Padre parece que pensaba hacerla en Roma. Pero, por razones que desconocemos, el Papa hizo ,la consagración el domingo día 25 de marzo. A pesar de haberse celebrado anticipadamente la fiesta dicha, coincidiendo con el Jubileo de las familias en Roma.





MENSAJE DEL DÍA 7 DE ABRIL DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Miles de personas de distintos lugares de España y del extranjero, se reúnen a las cinco de la tarde en Prado Nuevo, El Escorial, para rezar el santo Rosario. En la novena Avemaría del primer misterio, Amparo comienza a mirar hacia la parte del sol, reflejando su rostro como de ordinario una alegría indescriptible; junta Amparo las manos y con profundos suspiros se santigua, fija su mirada en un punto, Suspira profundamente y comienza a transmitir el siguiente mensaje de parte de la santísima Virgen; que comienza diciendo:



LA VIRGEN:

"Hija mía, este aviso va a ser corto, hija mía. Pedid hijos míos, por esta falsa paz que hay en el mundo. Os pido, hijos míos, que pidáis por la perversidad de los hombres para que no ofendan más a Dios, porque está muy ofendido.

Su Divina Majestad, la Divina Majestad del Padre va a mandar un castigo sobre toda la humanidad.

Hijos míos, todos aquellos que os llamáis hijos de Cristo y que cumplís con los Mandamientos entraréis en el reino de los cielos; pero ¿cuántos son ante los hombres unos grandes santos, hijos míos, pero están ofendiendo al Padre Eterno? (Amparo comienza a sollozar).

Mira, bija mía: Te he mostrado muchas veces como ponen el cuerpo de Cristo los pecados de los hombres, (Amparo aumenta sus sollozos, al ver cómo los ángeles muestran el cuerpo de Cristo, totalmente desfigurado por los pecados de la humanidad).

Con sacrificio, hijos míos, y con oración se salvarán muchas almas, porque estamos al fin de los fines, hijos míos.

Pedid, hijos míos por las almas consagradas. ¡Las ama tanto mi Corazón...,! y ¡qué mal corresponden a ese amor...!

Tú, hija mía, tienes que ser humilde, ya sabes que mi Hijo te ha cogido víctima de reparación.

Los hombres, hija mía, son ingratos, no corresponden a las gracias que mi Corazón derrama diariamente.

Voy a dar mi bendición a todos los aquí presentes. Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, hijos míos. Todos serán bendecidos. (Las personas asistentes levantan toda clase de objetos religiosos). Estos objetos, hijos míos, sirven para la conversión de los pobres pecadores.

Van a ser marcados varios de los aquí presentes, hija mía. (Amparo gira la cabeza hacia su izquierda y luego a la derecha). Varios, de los aquí presentes han sido marcados; pero tienen que corresponder a esa marca, hijos míos. Tenéis que ser firmes con la fe, hijos míos; en la caridad, hijos míos; porque, sí no hay caridad, no se puede amar al prójimo, hijos míos. Es la virtud..., la caridad y la humildad, las virtudes más grandes para entrar en el reino de los cielos, hijos míos. Pero siempre con la fe por delante.

Y tú, hija mía, ofrécete como víctima por los pobres pecadores.

Adiós, hija mía. Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 8 DE ABRIL DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

Durante el cuarto misterio del santo Rosario, entra Amparo en éxtasis y habla la santísima Virgen:

"Hija mía, voy a avisarte dónde va a ser el lugar para hacer la Capilla, hija mía... (la vidente camina en éxtasis siguiendo las indicaciones de la santísima Virgen)... Descálzate, hija mía. Desde este lugar a aquella parte del último árbol, hija mía, a lo ancho y a lo largo; a lo ancho, hija mía, hasta este lugar, hasta este lugar, hija mía. (Amparo camina hasta el árbol y continúa descalza por el barro y las piedras, siguiendo la dirección que le va indicando la santísima Virgen María. Demuestra mucho cansancio).

Ya lo he dicho todo, hijos míos. Medid, hijos míos, este lugar, hijos míos, a lo ancho y a lo largo. Resulta..., metros de ancho y de largo. Vuelve, hija mía, al lugar donde te encontrabas. (Amparo vuelve caminando en éxtasis al lugar acostumbrado).

Y ahora sólo, hija mía, sólo te quiero avisar cómo me gustaría que fuese mi Capilla, hija mía; que acudiesen a este lugar todos aquellos que viniesen de cualquier parte del mundo y pudiesen entrar en esa Capilla, hija mía. Medid donde os he indicado. No hay excusa, hija mía, porque ya te lo he dicho todo. (Amparo llora... y dice...)

No depende de mi, no, no, no.

Te he dicho que vayas a hablar con el Obispo, hija mía; hace mucho tiempo te lo he comunicado.

Ay, pero no puedo, ni puedo ir a verle.

Vete, hija mía; es el momento. Y después ya te indicaré que vayas al Cardenal. La estatua, hija mía, que he pedido hay que hacerla, pero primero hay que ir a hablar con el Obispo; por eso, hija mía, me manifiesto tan a menudo; porque quiero que se cumpla este mensaje. No puedo, ¡ay, yo no puedo!

Ve donde sea, hija mía. Decídete; pero no dejes un minuto, hija mía. Vas a sufrir, te van a llamar loca.

Pero tú no lo consientas; eso no.

Ya te he dicho, hija mía, que tu destino es ser víctima. Hija mía, obedece a mis mensajes, luego, si no conceden lo que Yo pido, no dependerá de ti, hija mía.

Besa el suelo, hija mía, (obedeciendo a la santísima Virgen besa el suelo) en reparación de todos los pecadores, hija mía.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós''.





MENSAJE DEL DÍA 14 DE ABRIL DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Durante el tercer misterio del Rosario que se reza diariamente en Prado Nuevo, Amparo entra en éxtasis y transmite el siguiente mensaje:



LA VIRGEN:

"Hija mía, en estos días, tienen mucho valor el sacriflcio y la oraclon.

Pensad en Cristo, hijos míos: Cristo en la cruz muriendo por toda la humanidad. Que vuestra caridad, hijos míos, salga de dentro de vuestro corazón, no de vuestros labios, hijos míos. Podéis ayudar a Cristo a llevar la cruz, hijos míos, la cruz es para todo aquel que la acepta con humildad, hijos míos.

Tú, hija mía, sé humilde y ofrécete, como te he repetido, como víctima para la salvación de las almas.

Besa el suelo, hija mía, en acto de penitencia. (Amparo se inclina lentamente besando el suelo; todo el que pudo hacerlo besó también el suelo, a pesar del barro que había).

Este acto de humildad sirve para la salvación de las almas. Por eso pido en estos días sacrificio, hijos míos; sacrificio acompañado de la oración.

Si en estos días, hijos míos llega algún mendigo a vuestra puerta, recibidle con amor, hijos míos que vuestra caridad salga del corazón; puede ser Cristo Jesús como un mendigo para probar vuestra caridad, hijos míos.

Mira. hija mía, (Amparo empieza a sollozar y así continúa hasta el final del mensaje), mira mi Corazón; hace mucho que no lo ves. Esta cercado de espinas por todas las almas consagradas; por aquellas que no cumplen. Quita una espina, hija mí, la que está en el centro de mi Corazón (Amparo hace ademán de quitar algo en el aire, moviendo los dedos a continuación para soltar lo que había arrancado); pero tira, ¡tira de la espina, hija mía! Mi Corazón esta dolorido de que los hombres no dejan de ofender a Dios.

Vas a beber otras gotas del cáliz del dolor, hija mía; son unos días muy importantes para la humanidad. Si hiciese sacrificio, si la humanidad...; se salvarían muchas almas. Coge el cáliz, hija mía, (Amparo coge el cáliz, bebe, oyéndosele tragar y toser, como si se atragantase); está muy amargo, hija mía; así siente mi Corazón la amargura por los pecados de los hombres.

Te dije, hija mía, que el cáliz se estaba acabando. Pero mira, hija mía, ¡qué poco queda del cáliz! y, cuando esto se acabe, será horrible el castigo que caerá sobre la humanidad.

Por eso os pido, hijos míos; REZAD EL, SANTO ROSARIO: ME GUSTARIA QUE SE REZASEN LAS TRES PARTES y ofrecerlo por la salvación de las almas.

El infierno es terrible, hijos míos. Si algunos pensáis que no existe el infierno, es mentira, hijos míos. Si alguno os ha dicho que Dios es misericordioso y no os castigará...; Dios es misericordia y amor, hijos míos; pero para todo aquel que pide perdón de sus culpas.

Por eso, hijos míos, sacrificio, hijos míos. Os lo pido con toda la fuerza de mi Corazón ¡sacrificio! Ayudad a salvar a esas almas que no quieren recibir la gracia de mi Corazón.

Vuelve otra vez a besar el suelo, hija mía, por las almas consagradas ¡las ama tanto mi Corazon.., y qué mal corresponden a este amor! (Amparo por segunda vez se inclina lentamente, con las manos juntas y sin apoyarse en nada, besa el suelo, besándolo también todo aquel que pudo hacerlo). Todo esto sirve, hija mía, para esas pobres almas. Pedid por ellas, hijos míos, son débiles y el demonio, que es muy astuto, oscurece sus inteligencias; os lo he repetido, hijos míos, les muestra el camino de los placeres para apoderarse de sus almas.

Por eso, hijos míos, ¡podéis ayudar a tantas almas!; porque muchas almas se condenan porque nadie, ¡nadie! se acuerda de rezar una oración por ellas.

Os sigo repitiendo que hagáis sacrificio y seáis humildes, hijos míos.

Os voy a dar mi bendición; por medio del Padre, del Hijo y con el Espíritu Santo.

Estos días, hijos míos, es una bendición especial.

Levantad todos los objetos. Todos estos objetos son bendecidos.

Adiós, hijos míos, adiós".

Prosigue el rezo del santo Rosario.





MENSAJE DEL DÍA 15 DE ABRIL DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Rezando el santo Rosario, al llegar a la séptima avemaría del tercer misterio, Amparo entra en éxtasis con manifestaciones de intenso gozo, y transmite el siguiente mensaje:



LA VIRGEN

"Hija mía; hoy también, hijos míos, hago mi presencia. Para ti, hija mía, es una prueba muy grande porque los humanos no pueden creer que Yo puedo manifestarme tantas veces, hija mía. ¿Quiénes son los humanos para decir cuantas veces me puedo manifestar para que todos cambien, hija mía? Para ti será duro, hija mía, todo esto último que te he comunicado. Todo no será fácil; no creas que mi, Hijo te pondrá las cosas fáciles; tendrás que luchar, hija mía; tendrás que sufrir; pero ya sabes, hija mía (aquí empezó Amparo a llorar hasta el final del mensaje), que no hay sufrimiento sin premio, hija mía. Por eso te digo que los humanos son crueles, hija. Me manifiesto tantas veces, porque quiero, hija mía, que se cumpla lo que Yo quiero. Pedí hace tiempo, que me gustaría que en este lugar se hiciese una capilla en honor a mi nombre, y ¿qué caso hacen a mis avisos, hija mía? Tienes que pedir mucho por las almas consagradas. Piensa en Cristo, hija mía; piensa en la cruz que Jesús te ha dado; y, aunque los humanos digan que no me puedo manifestar, no hagas caso, hija mía, porque estoy realmente presente. Para todos seria sencillo lo que tu pides, hija mía: que hiciese un milagro.

(Amparo, entre sollozos): HazIo; te pido que hagas algo para que crean; que no creen. ¡Haz algo!

Para ti, ¿no tiene significado la salvación de las almas, hija mía? Ese es el mayor milagro; lo que pasa es que los humanos piden por el cuerpo y tienen su alma vacía. Tú, hija mía, haz caso a mis avisos. No te dejes guiar por nadie.

Yo me manifiesto, como te dijo mi Hijo en una ocasión, cuando quiero y donde quiero. Besa el suelo, hija mía (Amparo se inclina lentamente con las manos juntas y besa el suelo, haciendo lo mismo los presentes que pudieron). Este acto de humildad, hija mía, sirve para la salvación de las almas consagradas. Hoy te doy también permiso para que saques otra espina, hija mía, se ha purificado otra alma consagrada. ¡Sácala, hija mía! (Amparo le quita la espina)

(Amparo, gimiendo y sollozando): ¡Ay! ¡ay qué dolor! ¡Qué dolor!

Sí, hija mía., sientes tal dolor en tu corazón; pues mira como está el Mío.

Estos días, hija mía, con el sacrificio se pueden salvar muchas almas. Os lo pido a todos los que estáis aquí presentes, hijos míos. Y tú sé humilde, hija mía, y no dudes de Mí, porque ya te he dicho: puedo manifestarme en cualquier momento y donde Yo quiera, hija mía. ¿Quienes son los humanos para decirme en dónde me tengo que aparecer?

¡Ay, Madre, ayúdame...! ¡Ayúdame! ¡Ayúdame! ¡ayúdame...!

Te ayudo, hija mía; pero las víctimas tienen que sufrir. Y ya sabes que te he dicho, que tu tiempo se aproxima y tienes que sufrir todo el tiempo que te queda. Se salvarán muchas almas, hija mía. Siguen viniendo profetas falsos a este lugar; ten cuidado que no te confundan. Y tú piensa que mi Hijo coge almas incultas y humildes, para confundir a los grandes y poderosos. Por eso siempre coge almas humildes. Muy pocas veces ha escogido almas sabias, hija mía. Estos días quiero, hijos míos, que hagáis mucho sacrificio y mucha oración y que los paséis en silencio, hijos míos. Y tú sé humilde; te lo he repetido muchas veces. La humildad es la base principal; y tienes la llave de tu morada; pero siempre que seas víctima de reparación. Vuelve a besar el suelo otra vez, hija mía, por la conversión de todos los pecadores (Amparo se vuelve a inclinar como anteriormente y besa el suelo). No te avergüences, hija mía, de esta humillación. Piensa. que el que se humilla será ensalzado, hija mía. Bebe otra gota del cáliz del dolor, hija mía.

Está muy amargo.

Una gota (Amparo bebe. Se le oye muy clara la deglución. Se atraganta y tose). Está amargo, lo último está más amargo, hija mía; porque mi Corazón sufre cada día más y más, al ver que los hombres no cambian. Por eso os pido sacrificio, hijos míos. (Amparo gime y llora y la Virgen le dice):

Llora hija mía, que Yo también lloré al pie de la cruz y sigo llorando por todos mis hijos, ¡por todos!; aquí no hay razas de ninguna clase, hija mía. Os voy a dar mi bendición, hijos míos. Quiero que con esta bendición os corrijáis cada día de vuestros defectos, hijos míos. Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo. Muchos van a ser marcados, hijos míos. (Amparo emite profundos y prolongados gemidos durante la marcación). No digas nombres, hija mía; pero tú ya sabes que con una mirada pueden comprender el que ha sido marcado, hija mía. Sé humilde y haz sacrificio. Hacen falta almas víctimas porque dije que quería escoger apóstoles para los últimos tiempos. A ver cual de vosotros, hijos míos, se corrige más de sus defectos para ser apóstol. (Amparo, sollozando amargamente ante la tragedia infernal que contempla, exclama:)

¡Ay, eso es, eso es horrible! ¿También hay eso? ¡Ay! Pero, ¿cómo puede ser esto? ¿Pero Dios puede hacer esto también?

Dios no hace esto, hija mía; lo hacen los hombres, porque los hombres clavan diariamente a mi Hijo, no tienen compasión de su Cuerpo, pues dicen que mi Hijo no sufre. Mi Hijo sigue sufriendo, hija mía, porque para El no hay tiempo, ni pasado, ni futuro, todo es presente, hija mía; y en este mundo presente, los hombres cada día son peor, hija mía.

No los castigues así, no los castigues así... Perdónalos. ¡Allí... no los lleves allí! ¡A esa parte no! ¡A esa parte no! ¡Llévalos a otro sitio!

Todo, hija mía, todo aquel que haga méritos, pasara al otro sitio. Pero tú nunca digas que cómo Dios puede hacer eso, hija mía. Eres soberbia, hija mía, porque no comprendes que no es Dios, que son los humanos los que se precipitan a este abismo. Besa el pie, hija mía (Amparo besa en el aire).

Adiós, hijos míos, adiós". (La multitud responde con emocionado adiós de despedida).

Terminado el acto con la bendición impartida por un Sacerdote presente,





MENSAJE DEL DÍA 21 DE ABRIL DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hija mía, mi Hijo dijo a los Apóstoles:

Me iré, hijos míos y no me volveréis a ver por ahora. Pero después vendré a por vosotros.

Sí, hija mía, se fue, se fue con el Padre, pero ¿sabes para qué? Para preparar LAS MORADAS. LAS MORADAS están preparadas para todo aquel que quiera pedir perdón de sus pecados. Pero ¿no sabéis, hijos míos, que antes de marchar mi Hijo dejó dicho:

Vendrá el Espíritu Santo para prepararos para conseguir esas MORADAS?

No hacéis caso, hijos míos; pero el tiempo apremia, y no cambiáis. Si los hombres no cambian, me veré obligada a dejar caer el brazo pesado de mi Hijo. Por eso os digo hijos míos; está a punto de que Cristo vuelva en una nube; pero rodeado de ángeles; pero todo aquel, que no esté a su derecha, no entrará en el reino del Cielo.

No creáis que es política esto, hijos míos, la derecha del Padre, quiere decir para todos los escogidos, no para todos aquellos que sean de derechas; como muchos de vosotros estáis pensando.

Las políticas no las mezcléis en este Rosario, hijos míos; las políticas sirven para condenarse. Sed humildes y cumplid con los Mandamientos, pues Cristo va a bajar con su gran poder, y su gran majestad; pero le dará a cada uno según sus obras, hijos míos; os lo he repetido muchas veces. Yo cuando mi Hijo subió a los cielos, me quedé en la tierra sola, muy sola, hijos míos; pero quedé para dar testimonio de mi Iglesia; pero ¡pobre de mi Iglesia!, ¿qué han hecho de ella? Mira, hija mía, mi Corazón está triste. (Gemidos y sollozos de Amparo).

Pero esta tristeza la siente mi Corazón porque veo que los tiempos se aproximan y los hombres no dejan de ofender a Dios. El castigo será horrible (Amparo, implorando y llorando mucho dice):

Dales tiempo, más tiempo, dales más tiempo.

Mira está muy próximo; grandes ciudades serán derrumbadas, hija mía; parecerá -como he dicho otras veces - es peor que cuarenta, terremotos juntos. Y todo, porque los hombres no dejan de ofender a Dios. No lo ofendáis más, hijos míos, que Dios Padre va a descargar su ira de un momento a otro.

Pedid por las almas consagradas, hijos míos; mi Corazón las ama tanto...; pero no corresponden a ese amor. A cuantos, hija mía, el demonio oscurece sus mentes para precipitarlos en el fondo del abismo. Sed humildes, hijos míos y haced sacrificio, sacrificio, hijos míos y oración. Besa el suelo, hija mía, (Amparo y muchos presentes besan el suelo) por las almas consagradas, hija mía. Porque esas almas, que arrastran al abismo pagarán por su pecado y por el pecado de esas almas. Pedid por ellas, hijos míos; están muy necesitadas de oración. Sed humildes; que sin humildad no podéis conseguir el cielo.

Quita otra espina de mi Corazón, hija mía, de otra alma consagrada. Mi Corazón está cercado de espinas; todo el centro de mi Corazón también está lleno, hija mía. (Amparo llora mientras parece acercar su mano y juntando los dos dedos como para coger la espina).

¡Qué dolor siente mi Corazón!; siente un gran dolor; pero al mismo tiempo siente una gran alegría; sólo con un alma que se haya purificado.

Vas a escribir un nombre en el libro de la vida, hija mía; hace mucho tiempo que no has escrito ningún nombre. Coge el bolígrafo, hija mía. (Amparo parece cogerlo y escribe de derecha a izquierda, como en otras ocasiones).

Ya hay otro nombre más en el libro de la vida, hija mía; ¿ves como vale la pena el sacrificio; aunque sólo sea un alma la que se purifique? Este nombre, hija mía, lo he dejado en recompensa a tu sufrimiento. Ya hay otro nombre más. Hoy, hija mía, voy a darte todas las pruebas, hija mía. Coge el cáliz del dolor y bebe unas gotas; ¡qué poco queda! Sí, hija mía; (se oyen dos profundos llantos)

No quiero beberlo todavía, para que haya más tiempo. Tienes que beber otra gota, porque los hombres no tienen dolor de ofender a Dios. (Coge la vidente el cáliz que la santísima Virgen le ofrece, lo acerca a su boca y se le oye la deglución).

Lo último está muy amargo, hija mía, porque es el fin de los tiempos el que se aproxima. Mira cómo quedará el mundo, como en un desierto, hija mía; no se verán más que cadáveres por todos los sitios; pero todos aquellos, que sean escogidos, quedarán como en un éxtasis, hija mía; no les afectará absolutamente nada en su cuerpo.

¿Y todos esos? ¡ Ay todos! ¡Ay! No te los lleves todos, no. ¡Ay!

Ya te he dicho, hija mía, que muchos serán los llamados y pocos los que entraran por esta puerta. Mira qué pequeña es esta puerta; (sollozos), por aquí entran pocos, hija mía; pero mira este camino, qué ancho es; cuántos van al fondo del precipicio. Por eso, hijos míos, os doy tantos avisos para que os salvéis. (Sigue Amparo llorando). Todavía estáis a tiempo, hijos míos; sacrificio, sacrificio y oración. Con penitencias, sacrificios y oraciones salvaréis vuestras almas. Vuelve a besar el suelo, hija mía, por la conversión de los pobres pecadores. (Pausa mientras besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, para la salvación de los pobres pecadores.

Levantad todos los objetos. Es un día muy señalado, hija mía. Os voy a bendecir todos los objetos, (pausa). Ya están bendecidos; con estos objetos podéis convertir a tantas almas, hijos míos...

Te voy a dar un premio, hija mía; pero no porque seas humilde, sino en recompensa a tu sufrimiento. Besa el pie. (Suspiros de gozo y satisfacción). Tienes que ser más humilde; con humildad podrás ayudar a muchas almas. Humildad os pido, hijos míos, y sacrificio. ¡Cuánto os estoy repitiendo el sacrificio!; pero qué poco hacéis, hijos míos; no sólo con rezar un rosario o dos o tres vais a estar salvados, hijos míos; con el sacrificio, con la penitencia, con eso os salvaréis, hijos míos; y cumplid con los Diez Mandamientos acercaos a la Eucaristía; pero antes, hijos míos, por el sacramento de la confesión. Tú, hija mía, sé humilde.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 22 DE ABRIL DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Estoy aquí, hija mía. Que nada te asuste. Has visto a tus tres verdugos, hija mía. Ofrece todos tus sacrificios por ellos, hija mía. Piensa en esos tres verdugos que iban azotando a mi Hijo. No los mires como enemigos; míralos como amigos.

Son crueles, hija mía. No han tenido bastante con martirizarte que han venido a asustarte, hija mía. No te asustes; pueden matar tu Cuerpo; pero tu alma, nadie podrá matarla. (Comienza a llorar) No tengas miedo, hija mía.

No tengo miedo; pero los he visto aquí. ¡Ayy! ¡Los he visto! ¡Ay! ¡Los he visto!

Pide por ellos, hija mía. El demonio está apoderado de sus almas. Se ha apoderado de sus almas. (Murmullo entre los asistentes).

No os asustéis. hija mía. No os asustéis. Tranquilos, hija mía. No corráis. Sed humildes, hija mía. Sed humildes. ¿No cumplís? ¿No perdonáis, hijos míos? Perdonad a vuestros enemigos. Si vuestros enemigos, hijos míos, os sirven para la condenación, apartaos de ellos; pero si veis que podéis ayudarlos con vuestra gracia, hijos míos, con vuestra... (Amparo llora).

Pide gracias para ellos; aunque te dije, hija mía que hay tanta maldad en los humanos que es el último grado de la perversidad... Si no tuvieron compasión de mi Hijo, si le martirizaron, si le ultrajaron, ¿cómo vas a ser tú más que El, más que Cristo Jesús?

Yo los perdono, los perdono. Yo los perdono. Estaban riéndose de mí... ¡Ayyy!

Perdona, hija mía; que si Yo no hubiese perdonado todo aquel que ha maltratado a mi Hijo, no habría humano sobre la tierra. Piensa en Cristo Jesús. Piensa lo que sufrió por toda la humanidad. ¡No tengas miedo, te repito! Podrán con tu cuerpo; pero nunca jamás podrán con tu alma. Besa el suelo, hija mía por la salvación de tus enemigos, hija mía. (Amparo besa el suelo, doblándose como siempre), en este momento piensa que el demonio se ha apoderado de sus almas.

Hoy es un día muy grande para los humanos. Pero mi Hijo sigue sufriendo, hija mía; sigue sufriendo, porque hay almas que son perversas. Pero Yo te pido que pidas por ellas; aunque no quieran recibir la luz divina.

No pienses en tus sufrimientos, hija mía. Piensa en Cristo en la cruz, que estaba muriendo por toda la humanidad y era inocente, hija mía. Ya sabes que te he repetido muchas veces que el discípulo no es más que su maestro.

Sacrificio, hijos míos; sacrificio y oración, os sigo repitiendo, no guardéis rencor a vuestros enemigos. Mira como está mi Corazón, hija mía. Sufre por todos ellos. Ahí están tus tres verdugos tuyos, también, hija mía.

Quita otra espina. Se ha purificado la espina de este alma. Se reirán de ti. hija mía; te humillarán pero piensa que el que se humilla será ensalzado. Vuelve a besar el suelo por la salvación, de las almas, (silencio mientras Amparo besa el suelo). Esta humillación, hija mía, sirve para la salvación de las almas.

No pienses más en tus enemigos. Piensa siempre que el cuerpo no vale para estiércol. Cuántas veces te lo he repetido, hija mía. Todo aquel que está aferrado a las cosas terrenas, - y entre las cosas terrenas está la carne - hija mía, piensa que la carne no sirve para nada. Si matan tu cuerpo, recibiremos tu alma. Y eso es lo que importa, hija mía. (Suspiros de tranquilidad y paz).

Mi Hijo está glorioso. ¿Lo ves hija mía? Pero para poco tiempo. Dentro de poco le verás con una cruz a cuestas. Porque ya te he repetido otras veces que no hay pasado ni futuro para mi Hijo. Que todo es presente. Y los hombres no dejan de pecar, ni de ofender a Dios. Por eso pido, hija mía, que hagas sacrificio para que se salven tantas almas que están tan necesitadas.

Levantad todos los objetos, hijos míos. Todos serán bendecidos. (Pausa). Todos los objetos han sido bendecidos, hijos míos.

Todos aquellos que no estéis en gracia de Dios, pensad que el tiempo está muy próximo; y que cada nación que haya más pecado, aquella nación será destruida, (Amparo llora), Por eso os pido -que estáis a tiempo, hijos míos- no os riáis de mis mensajes, pues mi hijo va a descargar su ira; vendrá con sus ángeles.

¡Avvv! ¡Será horrible, hija mía! Todo quedará destruido. Todo, lo que los hombres han construido, en un segundo será destruido, hija mía. Por eso os pido, hijos míos penitencia. Y visitad a mi Hijo. No sabéis la dicha que tenéis, hijos míos, cuando recibís el Cuerpo de Cristo. Pensad que cada día mi Hijo esta triste y solo. Y todo por la salvación de las almas. Quiso morir para salvar a las almas. Pero, aún con su muerte, los hombres no cambian.

Tu, hija mía, sé humilde pide por tus enemigos.

Me da miedo; he sentido miedo. ¡Ayyy! He sentido mucho miedo. ¡Ayy, ayy! (como temblando)

Mi Hijo también sintió miedo al ver toda su pasión; porque mi Hijo, antes de pasar la pasión, vio todo lo que iba a pasar; y era Hijo de Dios.

No es malo, sentir miedo, hija mía. Lo que es malo es sentir rencor.

¡Ayúdame, ayúdame! ¡ Ayyy! (llorando)

Te pido humildad y más sacrificio, hija mía. Y, a todos los aquí presentes, - aunque muchos de ellos no creen en mi existencia- , pero los voy a bendecir a todos.

Os bendigo hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós hijos míos. Adiós"





MENSAJE DEL DÍA 28 DE ABRIL DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Como de costumbre, a las 5 de la tarde, apenas comenzó el rezo del santo Rosario, se presenta la santísima Virgen a la vidente Amparo y, por medio de ella nos transmite el siguiente mensaje.



LA VIRGEN:

"Hijos míos, sólo vengo a daros mi bendición, pues todo os lo tengo dicho. Todo lo que os he dicho se cumplirá, hijos míos; desde el primer mensaje hasta el último. Por eso os pido, hijos míos, sacrificio, sacrificio y oración. Mi Corazón está muy triste; pero, hija mía, también siente alegría porque muchas almas se están convirtiendo. Mirad al sol, hijos míos. A ver... ¿que veis en ese sol? (Se produce un murmullo gozoso entre los presentes que miran al sol sin herir ni molestar a la mayor parte).

Mi presencia está en él. (Se escuchan exclamaciones de alegría y admiración ante la contemplación del fenómeno solar, que durará aproximadamente cincuenta minutos).

Venid a pedir la salvación de vuestra alma. Me estoy apareciendo en muchos lugares del mundo; pero no hacen caso de mis avisos, hija mía. Son los mismos mensajes que en este lugar. (Amparo llora). Os voy a dar mi bendición. Esta será especial para todos: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo. 'Los asistentes siguen observando y comprobando las diferentes señales en el firmamento).

Estaré presente hasta terminar el santo Rosario. Hijos míos, amaos los unos a los otros, como mi Hijo os amó. Todo aquel que no ame a su enemigo, no entrará en el reino del cielo. Por eso te pido, hija mía, que perdones a tus enemigos. (Amparo llora y se oye decir entre sollozos):

Que te vean, que te vean todos. ¡Todos!

Unos me verán, hijos míos; ¿pero es preciso ver para creer? Dichoso el que cree sin ver. Todo aquel que no vea aquí en la tierra, que esté preparado, que verá en el cielo, hija mía.

-Ay!, ¡ay!, ¡ay! (Entre suspiros de alegría).

Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos. Mirad cómo gira el sol, hijos míos. ¡Cómo gira! Dichosos los ojos que ven y los oídos que oyen.

Adiós, hijos míos, ¡adiós!

Pero estaré presente durante todo este Rosario. (Amparo sigue en éxtasis y los asistentes, atentos, continúan contemplando el fenómeno solar).

Estad alerta, hijos míos. Mi presencia es muy clara, hijos míos. Mirad bien. ¡Mirad!: en este momento mi Hijo está conmigo, hijos míos. Mirad bien. (Amparo manifiesta intensa emoción ante la presencia de Cristo y también se oye un respetuoso susurro entre los presentes que tratan de distinguir sus imágenes o figuras en el sol).

Pedid perdón de vuestras culpas, todos los que estáis aquí presentes, hijos míos. (Amparo llora). Estad alerta porque mi Hijo puede llegar como el ladrón..., Todavía seguís viendo la imagen de Cristo, hijos míos. Estad alerta. Mirad en este momento... (Amparo extasiada y todos los asistentes conmovidos; algunos llorando contemplan el sol).

Cuando el momento llegue, vendrá mi Hijo rodeado como esta luz, hijos míos.

Mirad que rosa más perfecta, hijos míos.

Sed fuertes, hijos míos, y no dejéis que lo de mi Hijo se destruya. En muchos lugares me he manifestado; pero no han hecho caso de mis avisos. No creen en mi existencia, hija mía. Vosotros no neguéis a Cristo, porque el que niegue a Cristo no entrará en el reino..., no entrará en el reino del cielo, porque los ángeles están preparados para el juicio final, por eso os pido, hijos míos, sacrificio.

Lo mismo que gira el sol, hijos míos... (Aquí Amparo habla en el lenguaje desconocido...) Esto sólo lo puedes saber tú, hija mía.

(Amparo dice llorando): Yo quiero irme ahí. ¡Ay! Yo quiero irme ahí..., yo quiero irme ahí..., yo quiero irme ahí. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

Tu hora se aproxima, hija mía. Pero piensa que se han salvado muchas almas. Estaré presente durante todo este Rosario, hija mía..

(Amparo continúa el cuarto misterio. Reza de manera afectuosa y profundamente emocionada. Dice alguna palabra ininteligible por los sollozos).

Quinto misterio: La coronación de la Stma. Virgen.

Este quinto misterio vamos a ofrecerlo entero por las almas consagradas. Todo, todo entero... ¡todo! (Durante el quinto misterio apenas si puede pronunciar embargada por una profunda emoción y llanto. Reza lentamente y con voz entrecortada. En la octava Avemaria, exclama):

¡Qué bonita estás! ¡Ay! ¡Ay! (En la novena Avermaria, al decir: ''entre las mujeres", Amparo exclama): ¡Qué azul en este momento, qué azul! (Y mientras se reza: ''María, Madre de gracia..." se escucha una conversación en lengua extraña en la que parece que la Stma. Virgen le comunica algo y termina con estas palabras:) A las tres será para ti... Todo lo que quiero. Quiero que me hagáis la Capilla en este lugar (pronuncia unas palabras ininteligibles y reza):

"Bendita sea tu pureza".

Todo el que haya visto algo que dé un testimonio, hija mía, porque quiero la capilla y no escuchan mis avisos, hija mía; por eso os pido, hijos míos, que con vuestros testimonios no sólo vengáis a pedir la salud del cuerpo, pedid la salvación de vuestra alma.

¡Qué alegría! ¡Ay, qué guapa, Dios mío! ¡Av no hay nadie como Tú en el mundo! ¡Ay!, ¡Madre mía, ay! ayúdame.

Sé humilde, hija mía.

¡Ay!, ayúdame. Yo quiero hacer lo que me pides, pero no puedo... ¡Ay! ¡Ay! (llorando).

Ya te he dicho, hija mía, que pondré almas en tu camino para que se pueda hacer la obra que Yo pido. Por eso os pido sacrificio y humildad, acompañado de la oración hijos míos.

¡Ah, hijos míos!, cual dicha tiene mi Corazón cuando veo que un alma se convierte. Acercaos al sacramento de la Eucaristía; pero antes al sacramento de la confesión, hijos míos. No os dé vergüenza de confesar vuestras culpas. Más vale humillarse en la tierra que no entrar en el cielo, hijos míos; que condenarse para toda, toda una eternidad.

Y a ti te pido, hija mía, que seas humilde. Besa el suelo, hija mía. (Amparo besa el suelo). Este acto de humildad sirve por las almas consagradas. Pedid por ellas, hijos míos. Pedid por sus almas. Son débiles muchos y el demonio quiere mostrarles el mundo de placeres, las riquezas del mundo para condenarlos, hija mía. Pedid por ellos (con mucho énfasis). Pedid para que sean buenas almas consagradas. Mirad el azul del cielo. ¡Qué azul más perfecto!, hijos míos. Esta es la segunda morada. Es ese azul tan perfecto que estáis viendo... ¡Qué maravilla, hijos míos! ¿No estáis viendo una maravilla? Seguid contemplando la maravilla de Dios, hijos míos. Seguid contemplando..., porque esto muchos no lo contemplarán; pero todo aquel, que consiga subir a las moradas, contemplará todos estos colores. No hay color en el mundo que se parezca ni tenga semejanza a este color. Cada color que veis, hijos míos, tiene... (habla en lenguaje extraño).

Dilo que lo entiendan todos, dilo... (ruega Amparo).

Qué hermosura, hijos míos. Esta hermosura sólo puede contemplarse a todo aquel que quiera seguir a Cristo, hijos míos. (Los presentes contemplan cómo gira el sol).

Todos los que estáis aquí presentes y habéis contemplado esta maravilla, tenéis que seguir a Cristo. Luego, cuando os presentéis ante mi Hijo, os va a pedir cuenta, hijos míos. Por eso quiero que seáis perfectos como el Padre Celestial es perfecto. Claro, hijos míos, que el humano nunca puede igualarse a ningún ser celestial; pero... hijos míos, ¡qué maravilla! Todos lo estáis contemplando, hijos míos. Pero hay ojos que no ven y oídos que no oyen, hijos míos. Aún viendo no querrán decirlo, hijos míos.

(Amparo llora y dice): Manifiéstate a todos, que te vean..., que te vean.

Sería muy fácil para ti, hija mía; pero piensa que eres víctima y las víctimas tienen que seguir sufriendo hasta el final. (Amparo solloza profundamente). Por eso os pido, hijos míos, que todos aquellos, que no os habéis acercado al sacramento de la confesión, hacedlo hoy mismo; pensad que puede llegar la muerte como el ladrón, sin avisar. Que estamos en el fin de los fines... Mi presencia va a desaparecer, hijos míos; pero seguid contemplando ese lugar, porque dichoso todo el que alcance ese lugar.

¡Qué maravilla es eso! (Amparo habla entre expresiones inarticuladas de gozosa fruición) ¡Ay! ¡Qué bonito es eso! ¡Ay! Las segundas moradas son azul-rosa. Las segundas moradas del Padre son azul y rosa. Esto seguirá hasta que terminemos el Rosario. Bueno. ¡Ah! ¿Por dónde llevamos el Rosario? (pregunta Amparo) ¡Ay! ¡Rosa! ¡rosa! ¡Rosa! (Los presentes algunos, ven el rosa y el centro de color amarillo. Se escuchan susurros y comentarios, oyéndose claramente: mirad cómo estamos amarillos todos). Al comenzar las invocaciones o Letanía, dice Amparo:

Vamos a pedir que nos ayude a llevar esta cruz y todas las cruces que el Señor nos mande; pero que sea con su ayuda. También le vamos a pedir por la pureza de todos; para que seamos puros e imitemos a la santísima Virgen, cuando estuvo durante toda la vida en la tierra, con esa pureza, con esa hermosura.

Sigue la Letanía y, al pronunciar "Rosa mística", en latín, se corta y se oye decir: "MADRE DE LA IGLESIA". Y Amparo repite "Madre de la Iglesia" en castellano. Repite "Rosa mística" y sigue en latín. Terminada la Letanía, Amparo dice: Eso no está puesto de "MADRE DE LA IGLESIA", no está puesto. Se distingue una voz apagada y lejana que dice: "Desagravio". Sigue: En acto de desagravio a tu Corazón por tantas blasfemias como se cometen diariamente, vamos a rezarle la Salve y el Credo, a continuacion añade:

Vamos a rezar por el Papa, por el Papa, por el Santo Padre; vamos a rezar tres avemarias por el Papa, para que sigamos todo lo que el Papa dice, que seamos fieles a su palabra. (Rezado el "Oh María, sin pecado concebida", dice):

Vamos a rezar ahora por los difuntos, para que, -(en voz baja)- te acuerdes de todos ellos, de todos. Vamos a rezar por todas las almas de todos los difuntos, que se presentan ante Ti, ante su Padre, ante Ti; y por todos los difuntos de todos los aquí presentes para que les des gracias a las almas que, en este momento están agonizando dales una luz para que se conviertan; aunque tengan que pasar por las penas del purgatorio.

(Ahora comienza un interesante y emocionante diálogo entre Amparo y la Stma. Virgen; diálogo que oyen todos los presentes con nitidez y escuchan con gran atención).

....Otra vez has dicho que el purgatorio, muchas personas la mitad del purgatorio lo pasan en la tierra; por eso hay que aceptar todas esas cruces, que nos das. Claro, porque es el purgatorio también algo de esto, ¿no?. Una parte del purgatorio... Pero que te acuerdes luego de los que sufrimos aquí. ¡Acuérdate! (en tono familiar). De todos los que estamos aquí. Y a los que no creen, dales luz... ¿Lo vas a hacer?, ¿eh? (con candor infantil. Los presentes ríen por el interés de la pregunta y la forma de hacerla). ¡Hazlo!, porque todos los que están aquí, unos vienen por primera vez, otros por curiosear; pero dales la gracia para que pidan perdón. ¿Me lo vas a decir de verdad? Yo te lo pido, pero Tú cúmplelo. (Como suplicando). Por todos los que están aquí... para que no se condenen. ¿Qué, Madre? Dilo que si me lo vas a conceder esto que te pido; ¿lo vas a conceder? (parece obtener respuesta afirmativa condicionada). Bueno; ya lo sé que todos tienen que cumplir; pero Tú tienes que ayudarles, ¿verdad? A todos, ¿eh? Con tu ayuda, pues, podremos todos salvarnos. Pero, si no nos ayudas... ¿dónde vamos a ir todos? ¡Ayúdanos! (implorando).

Los pecados de impureza son los que más condenan al hombre; y los de soberbia, como me has dicho. Pero..., es que son humanos, ¡todos somos humanos! Perdónanos todos nuestros pecados, Madre mía. Yo te pido que le implores a tu Hijo por todas estas pobres almas, que se encuentran en este lugar, (se oye algo como respuesta, que no se entiende) ¡Ah! bueno,.., pero tu Hijo se lo pide al Padre... El Padre que nos perdone a todos. Todos tenemos que hacer sacrificios y estar en gracia de Dios para poder alcanzar la morada que nos corresponde. Yo, aunque sea la "marrón"..., quiero ir; aunque sea la última. Pero que me ayudes... La "marrón" es la que menos... ¡Ay!; pero es igual, estando Dios allí. Tú tienes que ayudarnos..., que eres toda nuestra Madre; de todos. Yo te prometo que pediré..., pero Tú... ¿qué dices?... ¿Que sí lo harás? (no se entiende; pero la respuesta parece afirmativa por la expresión alegre del rostro) ¡Bueno! ¡Ay, Madre mía! ¡Qué hermosa eres, Madre! A pesar de todos los que estamos aquí, yo lo sé que todos no creen, que se ríen de tus palabras; pero dales gracia para que no se rían. (Se oye una palabra que no se entiende y Amparo dice): Yo los perdono a todos, a todos los que me han hecho daño, (llora). Yo los perdono por Ti. Pero por eso Tú tienes que perdonarnos a todos, ¿lo vas a hacer?... Aunque sea pesada. Pero... ¿lo vas a hacer? A todos..., te lo pido; a todos los que vienen a este lugar, les des una gracia para que se conviertan. Ya no te pido nada más. Nada más... Eso es lo que más interesa. ¡Bueno!, yo te lo prometo, lo que he prometido, que lo cumpliré, ¿eh? ¡Todavía sigue! Hay algo del cielo, ¿verdad? Bueno; vamos a rezar por todos los difuntos, para que, los que están en este momento agonizando; aquellos que no están en gracia de Dios, Tú les tienes que dar la gracia en este momento. ¡Bueno! Padre nuestro... ¡Bueno! Dios te salve María, también Dios te salve... (se oye ahora: no va a poder hacer la fotografía). Amparo pronuncia el "Requiescant in pace" graciosamente mal y parece que alguien le corrige y dice: Yo lo rezo como me enseñaron; pero yo no puedo hacerlo tan claro como él. Yo lo sé por eso... Con que lo diga... ¿no te enfadas?, ¿no? (parece recibir respuesta) Te lo prometo que lo haré. Tengo que estar mirando mientras esté ahí. Eso que es tan grande, ¡qué grande es eso! Todo esto es basura. ¡Todo! (dicho con enérgico desprecio). Pero lo que se ve ahí, ¡Dios mío!, ay!..., ¡qué grande es eso! Muchos están deseando de irse, pero... ¡que se aguanten aquí! (los asistentes se ríen). Mientras estás Tú ahí presente... ¡Que se aguanten! Bueno..., ahora, ¿ya te vas? ¿No? Bueno, pues adiós... ¡Adiós, Madre mía!

¡Adiós... adiós!"




APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL