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APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL





MENSAJE DEL DÍA 3 DE ENERO DE 1987

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Luz Amparo acude a la cita que todos los primeros sábados de mes, tiene con la Santísima Virgen en Prado Nuevo. A tempranas horas de la mañana, y acompañada de pocas personas de su confianza, bajo un intenso frío, rezan el santo Rosario. En el segundo misterio gozoso, Luz Amparo cae de rodillas y queda en éxtasis al hacer su presencia la Santísima Virgen, que por su boca transmite el siguiente mensaje:

LA VIRGEN:

«Hija mía, mi Corazón sigue triste porque los hombres siguen olvidados de las obligaciones que tienen con Dios. No cumplen con las Leyes que Dios instituyó, hija mía, para los hombres. No santifican las fiestas. La mayoría de los hombres no pisan los templos de Dios, se olvidan de sus Leyes. Los domingos, hija mía, muchas iglesias están vacías; no se preocupan nada más que de divertirse, y mi Corazón sigue derramando gracias sobre todos los corazones. ¡Qué tristeza siente mi Corazón, porque veo que muchos de mis hijos se introducen en la profundidad de los infiernos! Se olvidan de Dios y se meten en el placer. Sí, hija mía, lloro porque soy Madre, Madre de gracia, de amor y de misericordia. Se olvidan de Dios, hija mía; aman el placer, el mundo, pero Dios es siempre el último. Juran falsamente y no les importa que en su juramento vaya la muerte del ser humano. Matan, hija mía, por el placer de matar; las fieras son mejor que el ser humano, porque la fiera no mata, si no es para defenderse o para alimentarse, pero el hombre mata por el placer de matar, hija mía. Las madres se han convertido en asesinas de sus propios hijos; ¿cómo no va a estar mi Corazón triste, hija mía? En las familias ha desaparecido el amor y la unión. Los crímenes siguen, las envidias, hija mía, y la muerte. Todo esto es el producto del pecado. Y mi Corazón sigue sufriendo y derramando gracias, para que el ser humano vuelva sus ojos a Dios. Grita, hija mía, que se pongan en nuestras manos y cesarán las envidias, los crímenes y habrá paz en sus hogares.

¡Qué pena siente mi Corazón, porque los cristianos se llaman cristianos de nombre, pero no cumplen con sus obligaciones de cristianos! Han olvidado las Leyes, las Leyes que Dios instituyó, hija mía; porque si los hombres cumpliesen con esas Leyes, no caería ninguna plaga sobre la tierra.

En la Iglesia de mi Hijo hay muchos enemigos, hija mía, sigue entrando la cizaña en el trigo, y mi Hijo va a retirar la cizaña de su reino y la va a arrojar al horno de fuego.

Sigo orando por vosotros, hijos míos, para que mi Hijo tenga misericordia de vosotros. Sí, grita y di que oro día y noche por la humanidad. Nunca, hijos míos, pagaréis este dolor, nunca; el dolor de vuestra Madre amantísima.

Muchos de vosotros, hijos míos, andáis inquietos y nerviosos, ¿sabéis por qué, hijos míos?, porque os preocupan más las cosas del mundo que vuestra propia alma; ocupaos, hijos míos, de vuestra propia alma, y mi Hijo se ocupará de vuestras cosas; pero os ocupáis de lo que tenéis que comer y de lo que tenéis que vestir, y olvidáis el reino de Dios, hijos míos. ¿No os dáis cuenta que lo más importante es el alma? Os pido que no os abandonéis en la oración, hijos míos; y aquellos que no queráis estar dentro, hijos míos, dejad el puesto libre a otros para que entren; hacéis lo que los fariseos: ni entráis ni dejáis entrar.

Tú, hija mía, me pides muchas veces que cure tus dolores, y también pides y gritas que estás enferma; ningún doctor podrá aliviar tu mal, hija mía, porque piensa que eres victima y las víctimas tienen que sufrir. (Amparo llora y exclama):

¡Ay!, pero yo muchas veces me encuentro muy mal. ¡Ay, ay, ayúdame! ¡Ayúdame! (Continúa sollozando al mismo tiempo que sigue hablando la Santísima Virgen):

Tienes que sufrir por los pecadores, hija mía. La víctima tiene que seguir siendo víctima hasta el final.

También pido a todos aquellos que hayan recibido gracias especiales en el alma y en el cuerpo, que lo comuniquen a su Pastor, para que éstos abran los oídos a mi mensaje. ¡Están sordos, hijos míos, y ciegos!

Ya te habrás dado cuenta, hija mía, que están disminuyendo los mensajes, pues todo está dicho, hija mía. Todo está repetido una, dos y mil veces, hija mía, pero los hombres cierran los oídos y todo lo que está dicho se cumplirá.

Entregaos a la oración, hijos míos, no os abandonéis. Ya te he dicho muchas veces, hija mía, que la oración es el alimento del alma. Si el alma no está alimentada, enfermará, hija mía. Pide mucho por los pobres pecadores, y ofrécete víctima de reparación por esas pobres almas; sufre, hija mía, en silencio. Ya te he dicho, hija mía, que tu enfermedad no curará, sólo podrán aliviarte (Amparo solloza); pero con tu dolor, hija mía, ¡puedes ayudar a tantas almas que día a día se salen del camino del Evangelio! Yo veo, hija mía, cómo se precipitan en el infierno; pero no puedo hacer nada, su libertad los condena, hija mía. Amaos los unos a los otros, hijos míos.

Y tú, hija mía, sé muy humilde, muy humilde; con humildad podrás con todo, hija mía. Y ama mucho a la Iglesia. Y pedid mucho por mi Vicario, porque mi corazón le ama tanto...

Besa el suelo, hija mía, en reparación de los pecados de las almas consagradas. (Amparo se inclina y besa el suelo.) No le dan importancia, hija mía, al besar el suelo; pero es un acto de humildad besar donde todos pisan, hija mia.

Y vosotros, almas que todavía amáis a Dios, vuestro Creador, encomendaos en sus manos y venid a Mí, que Yo os protegeré debajo de mi manto, para que Satán no pueda arrebataros, hijos míos. ¡Mi Corazón ama tanto a las almas, hijos míos, tanto... que el último día del fin de los tiempos mi Corazón Inmaculado vendrá para salvar a la humanidad, hija mía!

Amad mucho al Corazón de mi Hijo, amad el Corazón de vuestra Madre, porque mi Corazón sangra por la humanidad.

Voy a dar una bendición especial para todas las almas, especialmente para aquellas almas débiles que se dejan arrastrar por su debilidad.

Sed mansos y humildes de corazón, hijos míos.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos.

Y tú, hija mía, no te separes de nosotros, ni tengas nne- rio, nadie podrá hundir lo que es de Dios, hija mía, porque Dios sacará adelante mi obra, hija mía. El me pone por Mensajera para salvar a la humanidad, y derrama gracias sobre los corazones.

También sonrío, hija mía, porque me agradan mucho las oraciones de vuestros labios, y de todas las almas que acuden a este lugar. Una sonrisa para todos, hija mía. (Amparo, gozosa, exclama):

AMPARO:

¡Ay, qué guapa eres! Pero, ¿hasta cuándo me vas a tener aquí, hasta cuándo? Yo no se si voy a poderlo resistir. ¡Ay..., ay! ...

LA VIRGEN:

Sé humilde, hija mía, sé muy humilde, y amanos mucho a mi Hijo y a Mi, hija mía.

AMPARO:

Claro que te amo a ti y al Señor ¡ay! yo no se a cuál más, pero... a los dos. Un poquito más… Yo no sé si se va a enfadar. ¡Ay! Pero a El también le quiero mucho.

LA VIRGEN:

Todo el que me ama a Mi, ama a mi Hijo, hija mía, porque mi Hijo amó mucho a su Madre y sigue amando a la humanidad como a su propia madre.

AMPARO:

¡ay Madre..., ay... ay, que mano mas bonita! ¡Ay, qué hermosura!

LA VIRGEN:

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

¡Adiós, hijos míos, adiooosss...!





MENSAJE DEL DÍA 7 DE FEBRERO DE 1987 (PRIMER SÁBADO DE MES)



Como es habitual, Luz-Amparo, fiel a la cita que con la Stma. Virgen tiene todos los primeros sábados de mes, acude a Prado Nuevo, en El Escorial, a tempranas horas de la mañana, acompañada de unas pocas personas de su confianza.

Se pone a rezar el santo Rosario, meditando en tercer lugar los dolorosos, en cuyo quinto misterio Luz - Amparo cae de rodillas y queda en éxtasis al hacer su aparición la Stma. Virgen, quien a través de su vidente, nos comunica el siguiente mensaje que es recibido en cinta magnetofónica, y a las 17 horas es retransmitida a la multitud de peregrinos reunidos en el mismo Prado Nuevo.

HABLA LA SANTÍSIMA VIRGEN:

Hijos míos, os sigo repitiendo, escuchad mi voz por medio de esta portavoz: no perdáis la Fe ni la Esperanza; si perdéis estas dos cosas, lo habéis perdido todo, hijos míos.

Amad mucho a la Iglesia. No hagáis caso de doctrinas falsas, que están invadiendo el mundo esas sectas fasas, que van en contra de la Iglesia de Cristo. Venid a Mí, que Yo os enseñaré a amar a la Iglesia, hijos míos.

Yo fui el primer miembro de la Iglesia; en Mí se obró de una manera santa la redención del mundo. Yo fui, hijos míos, el testigo fiel y obré en todo según la palabra de Dios, hice en todo su santa voluntad; por eso os pido, hijos míos, venid a Mí, que Yo soy Madre de la Iglesia, vuestra Madre. Mi Hijo en la Cruz, hijos míos, quiso que siguiera ejercitando la maternidad con todos los hijos que quisiesen seguir su mismo camino, el camino del Evangelio, el camino de la oración, de la penitencia y del sacrificio.

Sed, hijos míos, hostias gratas y santas a Dios, conservad vuestros cuerpos como hostias vivas para la gloria de Dios, hijos míos. Yo derramaré gracias para que lo consigáis.

También pedí, hijos míos, que se entronizaran en las casas los Corazones de Jesús y de María. Quiero que se entronicen para que Satanás no reine en los hogares y los destruya, para que nuestros Corazones reinen en todos los hogares del mundo. No separéis, hijos míos, mi Corazón del de mi Hijo. Mi Corazón está junto al de mi Hijo. La unidad de mi sangre purísima los tiene sellados, hijos míos.

Cuando mi Hijo subió al cielo, su Corazón se quedó junto al mío. Juntos pasamos las alegrías, las tristezas, y juntos reparamos los pecados de los hombres, hijos míos. Mi hijo estuvo siempre junto a Mí hasta el día de mi tránsito. La Madre siempre tiene que estar con el Hijo.

Os pido, hijos míos, unidad; acogeos unos a otros como mi Hijo os acogió a todos vosotros.

Mi Hijo quiere, hijos míos, quitaros de la esclavitud del pecado; quiere redimiros de esa opresión que tenéis, hijos míos; estáis oprimidos por el pecado y mi Hijo dice: "VENID A MI LOS QUE ESTAIS CARGADOS y FATIGADOS, QUE YO OS ALIVIARE". Id a mi Hijo, hijos míos.

Y no escuchéis doctrinas falsas, no recreéis vuestros oídos a aquellos que van en contra de Cristo, cuidado, hijos míos, que hay muchas sectas falsas.

Y tú, hija mía, no acudas a ningún lugar si Yo no te aviso, hija mía. Quieren introducir aquí a Satanás para destruir mi obra, ¡cuidado, hija mía! El sacrificio y la oración harán huir de este lugar a todos esos profetas falsos.

Amaos unos a otros, hijos míos. A ti, hija mía, te lo he repetido siempre: el mayor testimonio es el del amor (pausa).

Sé humilde, hija mía, muy humilde. Con humildad podrás conseguirlo todo.

Y oración y sacrificio pido. Venid, hijos míos, que mi Inmaculado Corazón os espera, pero no se puede ser del mundo y de Dios; si se sirve a uno, se abandona a otro, hijos míos. Seguid el camino del Evangelio. Id por todos los rincones de la tierra hablando de la doctrina de Cristo. Que nadie confunda mi doctrina.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de los pecados de los hombres. (Amparo se inclina y besa el suelo).

Unidad pido, hijos míos, mucha unidad; me agrada tanto las oraciones en comunidad, hijos míos... Pero ¡cuidado! que nadie se salga de la doctrina de mi Iglesia; de mi Iglesia Santa, Católica y Apostólica.

Amad mucho al Vicario de Cristo, hijos míos. Id en constante... (la Virgen sigue hablando en una lengua desconocida). Tú puedes decirlo, hija mía.

(Amparo dice):

- ¡Ah!, bueno. (Y añade unas palabras en idioma extraño).

SIGUE HABLANDO LA SANTÍSIMA VIRGEN:

Todos recibiréis mi gracia, hijos míos. Os repito: conservaos como hostias vivas, santas y puras para la gloria de Dios.

Pide mucho por él, hija mía, sigue en un gran peligro (Se refiere al Papa).

Seguiré derramando gracias sobre este lugar, de alma y cuerpo, hijos míos. Os sigo repitiendo que todos aquellos que recibáis gracias especiales, las comuniquéis a vuestro pastor, hijos míos.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos. (Pausa larga).

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales, hijos míos.

Siguen llegando muchas almas al rebaño de Cristo; seguid adelante, hijos míos, que Yo estaré con vosotros. Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!





MENSAJE DEL DlA 7 DE MARZO DE 1987 (PRIMER SÁBADO DE MES)



Luz-Amparo, fiel a su cita con la Stma. Virgen, como todos los primeros sábados de mes, acude a Prado Nuevo -El Escorial-, acompañada de varias personas de su confianza. Rezan el santo Rosario y en el tercer misterio del tercer Rosario, Amparo queda en éxtasis de rodillas, al hacer su presencia el Señor y la Stma. Virgen, que por su boca transmiten el siguiente mensaje, que es retransmitido a las 17'00 horas a la multitud de fieles en Prado Nuevo.

HABLA EL SEÑOR:

No tengas miedo, hija mía, a nada ni a nadie; Yo soy tu fortaleza y tu debilidad, hija mía. Tu fortaleza para poder con todo; y tu debilidad para amar a todos, hija mía. Húndete en mi Corazón, que mi Corazón será tu refugio. Me agrada, hija mía, que en medio de tu sufrimiento y de tu dolor, tengas esa alegría, hija mía. También me agrada que enseñes a las almas a amar a la Iglesia, hija mía. Enséñalas y diles que soy el Camino, la Verdad y la Vida; y que me quedé escondido en el Sagrario para darles alimento y para saciar su sed. Pero muchos, hija mía, ¿qué hacen con mi Cuerpo?; profanan mi Cuerpo. Enséñales a amar, hija mía. Amando tú, ellos amarán, hija mía; el amor es contagioso. Mira, hija mía, mira el Amor crucificado.

HABLA AMPARO:

- Veo... ¡Ay!, del Costado de Jesús salen muchos rayos. ¡Ay! ¡Ay, cuántos rayos! ¡Ay!, ¿qué es eso? de colores se forma un camino, como los colores del arco iris. ¡Ay!, las gracias que derrama Jesús sobre las almas consagradas. ¡Huy! Hay obispos, hay cardenales, hay sacerdotes, religiosos, religiosas. ¡Ay, cuántos hay! Y salen esas... ¡Ay, ay!, esos colores salen para ellos. ¡Huy! También de su Cabeza, de los agujeros de las espinas salen rayos, para todos los hombres. ¡Bueno, cuántos! También se forma un camino blanco, ¡Ay, qué blanco! ¡Huy, de un corazón!, de ese Corazón de Jesús. ¡Ay!, ahí está María. Pues se van los rayos hacia el Corazón de María. ¡Cómo se abre su Corazón!, y salen también muchos rayos. ¡Ay, cuántas iglesias! Van de su Corazón. ¡Uh!, de ese Corazón van hacia las iglesias esos rayos... Pero qué manto tiene la Virgen. ¡Huy, parece de oro! ¿y qué va a hacer con ese manto? ¡Qué grande! ¡Ay, cubre muchas iglesias! ¡Cuántas, cuántas iglesias!; las tapa con ese manto. ¿Pues cómo será tan grande eso? ¡Bueno! Salen de un lado a otro, rayos por todos los sitios, ¡bueno!, ¡huy, qué cosas! Se queda esa otra parte, como hay como muchos muertos ahí, con esos rayos del Corazón de María, ¡huy!, de María la Virgen. Pero hay otra ahí que no es Ella. ¡Ay, cómo se levantan todos esos! ¡Bueno, cómo suben para arriba! ¡Ay,. cuántos!, de la otra,.¿quién es esa...? Todos esos rayos los levantan para arriba. ¡Huy cómo suben! ¿Quién son todos esos? Pues estaban como si estuvieran ahí muertos todos. ¡Ay, María!, ¡pero qué grande eres!, ¿cómo puedes hacer eso? ¡Huy, lo que sale de su Corazón! ¡Huy!, yo no sé como puedo decir eso que se ve ahí, en ese lado. ¡Ay!, eso escama una bola de fuego. ¡Huy, lo que van a hacer! Todos esa parte... ¡No, todavía no! ¡Ay, todavía no! ¡Ay, que no salga eso! ¡Ay, que vamos a pedir mucho! ¡Ay! ¡Ay, cómo se abre eso! ¡Ay! ¡Ay, qué no se abra! ¡Ay, ay, Madre mía, sujétalo! ¡Ay!, que vamos a pedir todos mucho, ¡no lo abras! ¡Ay, que no lo abras! Pero de ahí puede ser una cosa tan... ¡Ay, pero si puede desaparecer todo eso! ¡Ay, sujétalo! ¡Ay, llámalos que vengan a sujetarlo, que se va a caer! ¡Ay, pero echa esos rayos hacia esta parte, anda! ¡Ay!, vuélvete un poquito y los pones ahí en esa parte. ¡Que no mueran, que no mueran! ¡Ay, que no mueran que son muchos! ¡Ay, que vamos a rezar mucho! ¡Ay, ciérralo, ciérralo!, ¡ay, sujetarlo que va a caer! ¡Ay, qué susto!, ¡ay!, menos mal que lo habéis cogido. ¡Ay, ay! ¡Ay, ay!

HABLA LA VIRGEN:

Mira, hija mía, todos esos rayos son gracias que mi Hijo manda a la Iglesia, para que los hombres puedan recibirlas; pero los hombres, ni aún ante el espectáculo lastimoso de Cristo en la Cruz, vuelven sus ojos hacia Dios, hija mía; siguen obstinados en pecar gravemente, en cometer sacrilegios. Por eso te pido, hija mía, LA ORACION EN ESTOS MOMENTOS, ACOMPAÑADA DEL SACRIFICIO, es lo que podrá salvar la mayor parte de la humanidad. Ya has visto, hija mía, el mundo está a punto de desaparecer de la faz de la tierra, la mayor parte del mundo. No les conmueve el espectáculo de Cristo en la Cruz; sus corazones están fríos. Vosotros, hijos míos, podéis sacar esta obra adelante; no con espíritu de discordia y de orgullo, sino con espíritu de humildad y de sacrificio. Los que se llaman hijos de Dios, tienen que ser mansos y humildes de corazón. Pero entre muchos de vosotros reina la discordia, hijos míos. Muchos están ciegos y no ven su soberbia, hijos míos. Los que has visto en esta parte, hija mía, son los que reciben las gracias, y Yo con mi manto los protejo, para que nada ni nadie los dañe. Por eso te digo y te repito otra vez: mi Corazón Inmaculado reinará. Amad a mi Hijo, hijos míos; alimentaos de la Eucaristía, porque TODO EL QUE COMA EL CUERPO DE CRISTO Y BEBA SU SANGRE, PARTICIPARA EN LA VIDA ETERNA. Pero, ¡ay de aquéllos que rechazan la gracia! que son muchos, hija mía; ya has visto la cantidad de hombres que están a punto de morir.

HABLA AMPARO:

- ¡Ay, Madre mía!, yo te pido que los perdones; y te prometo que iremos por todos los sitios, para que las almas se conviertan; yo te lo prometo, Madre mía. Yo sé que a veces me quejo, ¡ay, pero perdóname!, yo también quiero irme allá arriba, pero si Tú quieres que esté aquí para salvar a más almas, aunque sufra, me dejas. ¡Ay, pero que se salven, pobrecitas, que se salven! Y te pido también por las almas consagradas. Yo sé que también te ofenden mucho muchas de ellas, pero ¡perdónalas!, que yo también lo digo que es que son humanos; ¡perdónalos! Yo quisiera que fueran santos todos; pero Tú los vas a ayudar. Y te pido también por todos los que sufren, ¡pobrecitos! ¡ay!, te doy las gracias por todos los favores que me concedes también. Yo quiero amarte cada día más y amar a tu Hijo mucho, pero soy a veces cobarde. ¡Ay!, Madre mía, Tú no sabes lo que yo puedo amaros. Y sé que también os he ofendido muchas veces; pero ahora no quiero ofenderos nunca, ¡ayudadme a poder soportar todo!, y ayúdame a ser humilde, que soy muy soberbia. Yo quiero ser humilde. ¡Ay, Madre mía, qué hermosura, qué cosa más grande eres, ay! Yo quisiera estar contigo siempre; pero es que soy muy soberbia, y por eso te lo digo. Déjame abajo, para que purifique todos los pecados. Y todos los pecados con que ofenden a tu Hijo y a Ti. Yo quiero ser humilde, ¡ayúdame!... Te pido por todos, por todos los que acuden a ese lugar y por todos los que Tú sabes, también. Derrama muchas gracias, que yo te prometo que las vamos a recibir todas; y las vamos a recibir por quellos que no quieren recibirlas. ¡Ay, qué grande eres, Madre mía!, déjame que te bese el pie... ¡Ay, qué grande eres! ¡Ay, tu Hijo, cómo estaba de hermoso, qué belleza!

HABLA LA VIRGEN:

Os repito, hijos míos: Amaos los unos a los otros, tenéis que ser todos uno solo. No hacéis caso, hijos míos. A ti te enseñó mi Hijo que los hijos de la luz tienen que amarse unos a otros; los hijos de las tinieblas no aman, tienen el corazón endurecido; rechazan la gracia; comulgan, rezan, pero sienten odio dentro de su corazón; esos son los hijos del mal, hija mía. Los hijos de la luz aman, y comparten y perdonan. Amaos, hijos míos, como mi Hijo os ama a todos, y como mi Hijo amó y perdonó a sus enemigos. Y tú, hija mía, sigue con tu alegría dentro de tu dolor; ya sabes que a mi Hijo le agrada mucho que tu cara no refleje el sufrimiento.

AMPARO:

- ¡Ay, qué grande eres, Madre mía!, ¡ay!, ¿vas a bendecir los objetos?, pero da una gracia muy grande, para que las almas se conviertan, y los pobrecitos que están en los hospitales, que sufren tanto, para que sientan alivio en ese dolor, Madre mía. Haz que esta bendición sea con gracias especiales para los enfermos. ¡Ay, Madre mía!

HABLA LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos. (Pausa). Todos han sido bendecidos con gracias especiales para los pobres pecadores y para las almas que sufren.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, ¡adiós!





MENSAJE DEL DÍA 4 DE ABRIL DE 1987

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Como es habitual, Luz-Amparo, acompañada de unas cuantas personas de su confianza, acude fiel a su cita con la Santísima Virgen todos los primeros sábados de mes, a Prado Nuevo, El Escorial, a tempranas horas de la mañana. En esta ocasión la acompañan también su hija Amparo y su yerno Vicente.

Rezan el santo Rosario, bajo un intenso frío y temporal de nieve que cubre la pradera, teniendo que cubrirse con mantas por la ventisca y las bajas temperaturas.

En el cuarto misterio del tercer Rosario, que se ofrecía por S.S. el Papa, Juan Pablo II (al estar de viaje por tierras de Chile), Amparo cae de rodillas y queda en éxtasis, al hacer su presencia la Santísima Virgen, que por su boca transmite el siguiente mensaje:

LA VIRGEN:

«Hija mía, hoy mi mensaje va a ser muy corto, hija mía. Mira quién viene conmigo: son siete ángeles que combatirán contra los siete pecados capitales del mundo; los siete pecados capitales del mundo, hija mía, que están destruyendo a las almas. Reina en el mundo la soberbia, hija mía, la avaricia, la lujuria, la ira, la envidia, la pereza. (Habla en idioma extraño.)

Mira cómo combatirán estos siete ángeles, contra estos siete demonios: Hoy derramarán gracias especiales con todas las almas que acudan a este lugar; serán muy protegidas contra estos siete vicios.

Mi Hijo me ha dado poder, hija mía, para sacar a las almas de las tinieblas y llevarlas a la luz. Mi Hijo canaliza todas las gracias a mi Corazón, para Yo derramarlas sobre todos los hombres, hija mía, en estos tiempos.

Yo soy el canal para ir a Jesús. Venid a Mí todos; dejad los pecados, hijos míos.

Mira como está el mundo con los siete pecados capitales, hija mía. Muchos, hijos míos, pecáis en estos siete vicios, pero os olvidáis de las virtudes que combaten a estos siete vicios. Mira cómo pecan, hija mía, cómo los pecados capitales están reinando en las almas. (Amparo llora ante la horrible visión que le presentan del pecado.)

Amparo: ¡Ay, ay! ¡Manda gracias sobre ellos! ¡Uy, uy, uy...! ¡Ay, cómo está el mundo! ¡Uy, uy, uy, cuántos demonios se ocupan de esto! ¡Uy, uy, uy, cómo...! ¡Ay...! ¡No les hagáis caso!, ¡Ay, que están todos ahí, muchos, muchos...! ¡Ay, cómo las arrastran! ¡Ay, ay, ay! ¡Ay, cuántos hay! ¡Ay! ¿No se puede hacer nada contra todo eso? ¡Ay!

La Virgen: Sí, hija mía, se puede orar, amar y reparar. Estas tres cosas.

Amparo: ¡Ay!, para sacarlos a todos de ese lugar. ¡Ay!

La Virgen: Por eso me ha puesto mi Hijo como último recurso, para la salvación de las almas, hija mía. Mi Hijo está agotando todos los medios para salvarlas.

Mira estas otras, cómo se dedican a adulterar la Biblia, la Palabra Divina de Dios. Quitan y ponen lo que les agrada y van de puerta en puerta confundiendo a las almas. No os dejéis arrastrar por ellos, hijos míos. El que no honra a Cristo...

Amparo: ¡Uy, uy, lo que hacen! ¡Ay!, pero es otra nueva...

La Virgen: La hacen a su gusto y a su medida. Sí, ponen muchas palabras del Evangelio, pero las quitan, y ellos a su modo las ponen para atraer a las almas. Estos demonios, mira cómo se apoderan de ellos, para destruir la Palabra de Dios; para destruir a María, que por María vino la salvación al mundo, y con María, en la segunda venida, vendrá también la salvación.

Sí, hijos míos, por María vino la Redención y por María vendrá la salvación. El Salvador nació de esa Virgen Pura e Inmaculada y los hombres blasfeman contra Ella, quitando ese don que Dios le dio de ser Pura e lnmaculada. El que no ama a María no ama a Jesús.

Amparo: Yo te amo mucho, Madre mía, aunque no soy digna y tengo muchos defectos. Yo pienso muchas veces, como tengo tantos defectos, si Jesús se retirará de mi. ¡Ay, muchas veces lo pienso!

La Virgen: No, hija mía, ya te lo he dicho muchas veces, que tus defectos no serán causa de que Jesús se retire de ti; procura corregírtelos. Pero Jesús ama a las almas, aún con defectos, hijos míos. Lo que quiere de ellos es su limpieza de corazón, porque ya lo dice: «BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN, PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS». Sed mansos y humildes de corazón.

Amparo. ¡Ay, qué grandeza tienen esos ángeles! ¡Uy, tienen también poder! ¡Ay, Madre mía! ¡Uy, pero cuántos demonios hay también!, ¿no? ¡Hay muchos, muchos, muchos ahí...! Hay miles y miles, ¡cómo van de allí para acá! ¡Uy qué malos son! ¡Uy, por qué no desaparecen todos ellos! ¡Ay, qué grandeza la de aquí, y qué basura la de allí! ¡Ay, Madre mía!, no nos abandones a ninguno; derrama muchas gracias sobre todos ellos. ¡Ay!

La Virgen: Hija mía, quiero que sean agradecidos y den testimonio de tantas, tantas gracias como reciben. Prometí derramar muchas gracias sobre este lugar; las estoy derramando, pero las almas se quedan mudas y sordas. DAD TESTIMONIO, HIJOS MÍOS, VUESTRA MADRE OS LO PIDE. Y no os preocupéis tanto del cuerpo; es más importante el alma. Acercaos al Sacramento de la Penitencia, al Sacramento de la Eucaristía, por que TODO EL QUE COME EL CUERPO DE CRISTO Y BEBE SU SANGRE NO MORIRÁ, PORQUE TENDRÁ VIDA ETERNA.

¿Cambias? Cambiad, para que recibáis todo esto.

Amparo: ¡Ay, qué grandezas Madre mía, pero si sois tan grande! ¡Ay!, ¿qué queréis que haga yo, para poder reparar, Madre mía? ¡Ay, yo quiero hacer lo que sea! Lo que me digáis Vos, Madre mía. ¡Ay, Señora mía, qué guapa sois! ¡Ay, qué Hermosa eres, Madre! ¡Ay, quiérelos a todos mucho!, porque todos los que vienen a este lugar, todos hacen un sacrificio para venir; derrama gracias sobre ellos, Madre mía, que ellos te aman mucho también. ¡Ay!

La Virgen: Sí, hija mía, muchos acuden a este lugar sin fe, pero sus corazones se derriten por el amor que mando sobre ellos. Soy Madre y amo a todos mis hijos, ¡a todos, hija mía!, te repito que no distingo razas, porque los amo a todos con todo mi Corazón.

Amparo: ¡Ay!

La Virgen: Y vosotros, hijos míos, aprended bien el Evangelio y gritad por todos los rincones del mundo que Cristo va a venir y hará un juicio pequeño a todas las naciones de la tierra. Que cambien sus vidas, que el tiempo se aproxima. Amaos mucho unos a otros, hijos míos, porque mi Corazón os ama a todos, Y TODOS LOS QUE TRABAJÉIS POR LA GLORIA DE MI DIOS, SERÉIS BIEN PAGADOS, hijos míos, en la tierra y en el cielo. Pero, ¡ay de aquellos que desprecian mis palabras, y aquellos...! (Amparo habla en un idioma extraño), porque no quieren arrepentirse. Porque mi Corazón derrama gracias sobre todos, y aquellos que más necesitan, más gracias derramo sobre sus corazones. Pero se hacen sordos y mudos, hija mía.

Ve de rodillas y ofrécelo por la salvación de las almas. Besa el suelo, hija mía, por la conversión de los pecadores. TODO SACRIFICIO QUEDARA RECOMPENSADO hija mía.

(La Santísima Virgen invita a Amparo a caminar de rodillas por la pradera; ella lo hace con las manos juntas sobre el pecho, y con el rosario entre ellas.

Amparo cae al suelo y queda inerte durante unos segundos, en los cuales ve al Señor con la Cruz a cuestas, y ella se la pide, con el deseo de descargarle de ese peso.

Lentamente se va incorporando de rodillas, y levantando la mano derecha hace ademán de sujetar la Cruz -que nosotros no vemos-, pero que se aprecia cómo la vence ese peso sobre el lado derecho, y trabajosamente empieza a caminar de nuevo de rodillas, percibiéndose un sonido como de un madero arrastrado sobre piedras. Luz-Amparo cae de bruces sobre la nieve varias veces, levantándose ella sola cada vez que cae. Sigue su recorrido fatigosamente y sin dejar de repetir: «En reparación por los pecadores», con una capacidad de sufrimiento que desborda toda resistencia humana, y llegando así hasta el punto de partida, donde, dirigiéndose al Señor le ofrece la Cruz que ella carga hasta ese momento y le repite entrecortadamente: «Cógela, cógela». En ese momento Amparo, al sentirse descargada del peso de la Cruz, cae de nuevo sobre la nieve, de bruces. El viento y la nieve la azotan. Pasados unos segundos, Amparo vuelve a incorporarse lentamente hasta quedar de rodillas de nuevo.)

Amparo: ¡Ay, ay, Madre mía! ¡Ay, Madre mía! ¡No puedo más! ¿Qué quieres que haga por los pecadores...?, por los pecadores, por los pecadores. ¡Ay, ay, lo ofrezco, Señor! ¡Madre mía, ayúdame!, porque estoy casi muerta. ¡Ay, ay, Madre mía, qué grandeza la tuya! ¡Ay, si yo lo que quiero es irme ya contigo! ¡Ay, ay, ay, otra vez a beber el Cáliz, ¿también...?, y a besar otra vez el suelo. ¡Bueno!, pues lo beso, ¡venga! Y me das el Cáliz también, ¿o no? Si quieres bebo también. ¡Bueno, venga! Dame que beba también. (Se oye como traga un líquido que le produce náuseas.) ¡Ay..., ay, ay, ya te ayudo a Ti también a sufrir por los pecadores, Madre mía! Pero si esto tiene mucho valor. Pero, ¿y si no tiene valor, Madre mía? ¿Qué vamos a hacer más? ¡Ay, Madre, yo te amo mucho! Si yo sé que el cuerpo no sirve para nada, pero... Hay veces que no puedo más, ¡cómo no me des tu fortaleza...! A tu Hijo, que me dé mucha fortaleza para poder soportarlo.

¡Ay! ¡Ay! ¿Vas a mandar una bendición muy especial para todos? Pobrecitos, todos te quieren mucho, todos los que vienen aquí. ¡Ay!, y Madre mía, el otro día, que me decías que a ese lugar que no acudiesen, o los de aquí, ¿cuál lugar era? ¡Ah, ah!, eran bendecidos todos los de este lugar, y que no acudiesen a ese otro lugar, pero..., ¿por qué? ¡Ah, ah! Acláralo Tú, Madre mía. ¡Ah!, ¿a aquél lugar que dijeron que un mensaje no lo habíamos dado? ¡Ay!, a ese lugar. ¡Ay, es Talavera! ¡Ah! Ahí están jugando con tu Nombre ¡Madre mía, perdónalos! ¡Ay! Perdónalos y dales gracias también. ¡Ay!

La Virgen: Están jugando con mi Nombre, hija mía. ¡Cuántos falsos profetas!, y las almas, ¡cómo se dejan arrastrar por ellos, hija mía! Hay muchos falsos profetas. Es el tiempo de confundir a la gente, hija mía. No hagas caso a ninguno de ellos si Yo no te lo ordeno.

Amparo: ¡Ay, Madre mía! Pero, ¿todos esos también...? Y esa mujer también, ¿verdad? ¡Ay, Madre mía!, yo no voy a decir nada a nadie, pero ya sé todos los que son, Madre mía ¡gracias! Gracias, y quiero que me des mucha humildad, porque a veces soy también soberbia, ¿sabes? ¡Ay, pero yo quiero amaros mucho; amar a la Iglesia, amar al Papa y a los sacerdotes. Enséñame cómo los tengo que amar, porque yo quiero amarlos con todo mi corazón. Y a todos los hombres también, ¡a todos! Haré sacrificio por ellos, pero ayúdame, Madre mía, porque estoy como un guiñapo a veces, ¿eh? Pero no me importa, Madre, ¡ay, no me importa dejar esto! ¿Vas a tardar mucho en subirme? ¡Ay!, porque no estoy en ningún sitio. Ahora, ni aquí ni allí, ni arriba. Pues, ¿cómo puede ser esto, Madre mía?, en este momento tampoco estoy abajo y tampoco estoy arriba. ¡Ay!, pero bueno, Tú eres la que lo tienes que hacer todo, con tu Hijo, Madre mía.

Manda una bendición para todos los que sufren, pobrecitos. ¡Ay, me da tanta pena de ellos! ¡Ay! Y bendice los objetos, Madre mía.

La Virgen: Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos. (Pausa larga.)

Amparo: ¡Ay...!

La Virgen: Todos han sido bendecidos, con una bendición especial para enfermos de alma y cuerpo.

Amparo: ¡Ay, qué grande eres! ¡Ah!

La Virgen: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adióoosss!»





MENSAJE DEL DÍA 2 DE MAYO DE 1987

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Amanecía el día 2 de mayo en Prado Nuevo, El Escorial, cuando Luz Amparo, avisada por la Santísima Virgen, acude a la cita de todos los primeros sábados. Acompañada de sus hijos y unas cuantas personas de su confianza, rezan el santo Rosario. La pradera, cuajada de flores en su verdor, ofrecía el perfume de la primavera con los cantos de los pájaros, que parecía daban la bienvenida a la Santísima Virgen.

En el segundo misterio del tercer Rosario, que se ofrecía por S.S. el Papa, Luz-Amparo, con una expresión de gozo y mirando al cielo, cae de rodillas y queda en éxtasis al hacer su presencia la Santísima Virgen, que por su boca transmite el siguiente mensaje:

LA VIRGEN:

«Hijos míos: convertíos y arrepentíos; no seáis duros de corazón a tantas gracias como mi Hijo derrama sobre vosotros. No seáis traidores a sus Leyes. (Pausa.) Vuestro pensamiento no tiene que estar en el mundo, porque mientras estáis en el mundo no podréis servir a Dios, hijos míos. Revestíos del hombre nuevo que fue creado a imagen de Dios, en justicia y santidad de la verdad.

Mi Hijo tiene un fin sobre todos vosotros, pero os tenéis que dejar, hijos míos. Mi Hijo quiere que vuestro pensamiento y vuestro corazón sean purificados. Olvidaos del mundo para que mi Hijo pueda trabajar en vosotros. (Pausa.) Vosotros no pertenecéis a vosotros mismos, pertenecéis a Cristo, y si os dejáis que mi Hijo trabaje en vosotros, no tardaréis mucho en ver su gloria, hijos mios.

No pongáis toda vuestra esperanza en el ser humano, porque el hombre, hijos míos, está en tinieblas, porque se ha retirado de Dios. Y, si ponéis vuestra esperanza en el hombre, estaréis siempre en tinieblas; buscad la luz que es Cristo. Y estando en la luz, veréis lo que Dios tiene destinado para vosotros; pero si os refugiáis en el hombre, que está en tinieblas, y la tiniebla es muerte, estaréis muertos a la gracia, hijos míos.

Para que mi Hijo trabaje sobre todos vosotros, no tenéis que ser esclavos de los hombres. Amaos unos a otros, como mi Hijo enseña. Compartid vuestro amor puro y santo con el triste, con el desvalido y con el necesitado, hijos míos.

AMPARO:

¡Ay, ay, Madre mía! ¿Qué quieres de nosotros, Madre mía? ¡Ay!, y de mí, ¿qué quieres?, ¡ay, Madre!

LA VIRGEN:

Quiero, hija mía que enseñes a todos a amar a la Iglesia, quiero que los hombres se vuelvan locos de amor por la Iglesia, hijos míos; Yo enloquecí de amor por Ella; y mira, hija mía, si amé a la Iglesia, que le entregué a mi Hijo para que derramara su Sangre, pura e inmaculada y santa, para el perdón de los hombres y para que pudiera divinizarlos.

AMPARO:

¡Ay, Madre mía, qué grandeza! ¡Qué grandeza amar a la Iglesia, Madre mía! ¡Ay, ay, ay...!

LA VIRGEN:

Y quiero que todos os reunáis a orar juntos. Me gusta mucho la oración en comunidad, hijos míos. Orad, que orando el maligno no podrá con vosotros.

Vuestro pensamiento tiene que estar en Dios, hijos míos; olvidaos de la tierra, para que mi Hijo pueda llegar a lograr el fin que tiene con todos vosotros, hijos míos. Tenéis que purificar el pensamiento y el corazón, y vuestros cuerpos tienen que ser hostias vivas y santas para la obra que quiere mi Hijo, hijos míos.

Os pido humildad y caridad, amor, silencio, castidad, ayuno para poder ayudar a las almas, hijos míos. Alimentad vuestra alma con la oración y con el sacrificio. El sacrificio fortalece el alma; por eso vosotros la tenéis endeble, hijos míos, porque hacéis poco sacrificio.

Quiero unión entre todos vosotros. Sed ejemplo de santidad. Dejad que mi Hijo trabaje en vuestros corazones.

No dejéis, hijos míos, ni un solo día de rezar el Santo Rosario. Acercaos a la Eucaristía, hijos míos, todos los días; recibiréis fuerzas. Y al Sacramento de la Penitencia.

Tú, hija mía, con humildad podrás adelantar mucho. Ya sabes que mi Hijo te ama, y no te ha preparado un camino de rosas, hija mía. Antes hay que pasar por las espinas y desgarrar la carne, hija mía, y el corazón, hasta hacerlo pedazos, para pasar luego por las rosas, hija mía. Todo acaba aquí; aquí no existe la eternidad. Pero, ¿y la eternidad, hija mía...? Toda será sembrada de flores. Sufre con humildad, hija mía; haz sacrificio y penitencia por las almas; ama a la Iglesia, ama al Santo Padre, hija mía, él es el representante de mi Hijo en la tierra; pedid mucho por él, y amaos unos a otros.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo. (Amparo se inclina y besa el suelo.)

Hoy vas a escribir ocho nombres en el Libro de la Vida, hija mía. ¿Ves cómo tiene valor el sufrimiento? Con el sufrimiento purificas a las almas. (Amparo hace ademán de tomar una pluma entre sus dedos y escribe de derecha a izquierda, en un libro que nosotros no vemos.)

No se borrará jamás, hija mía, estos nombres.

AMPARO: ¡Ay, qué alegría! ¡Ay, Señor! ¡Ay! ¡Ay, Madre mía!

LA VIRGEN:

Seguid de pueblo en pueblo, hijos míos, hablad del Evangelio. ¡Cuántas almas llegan al redil de Cristo, hijos míos! Y seguid hablando de vuestra Madre. Os prometo que mi Corazón Inmaculado no os abandonará, hijos míos, porque El será el que reine sobre toda la humanidad. Trabajad por la gloria de Cristo, que recibiréis muchas gracias, hijos míos, aquí en la tierra, y mi Hijo os tendrá preparado un buen puesto allá arriba en el cielo, hijos míos.

Ya sabes tú, hija mía, que mi Hijo te da ciento por uno.

Amad mucho a mi Hijo; visitadle en el Sagrario, hijos míos; no le abandonéis. Imitad a vuestra Madre del cielo, que no le ha dejado ni un solo momento solo. Amad a nuestros Corazones, y nuestros Corazones os protegerán. Pero no pongáis vuestra esperanza en los hombres, que sólo ponéis vuestra esperanza en los hombres, hijos míos. Ya sabéis lo que os he dicho: que casi todos los hombres andan en tinieblas y no veréis con claridad.

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por mis almas consagradas. (Amparo de nuevo se inclina y besa el suelo.)

Pedid por ellos, hijos míos; necesita la Iglesia pastores santos. LA IGLESIA LLORA POR SUS ALMAS CONSAGRADAS, hijos mios.

SACRIFICIO Y PENITENCIA PIDO.

Y os digo, hijos míos, que trabajéis; ESTAIS AHORA MAS CERCA QUE NUNCA DE VUESTRA SALVACION.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos para las curaciones del alma y del cuerpo.

Adiós, hijos míos. ¡Adióoosss!»





6 DE JUNIO DE 1987

MENSAJE DEL PRIMER SÁBADO DE MES



Al amanecer del día 6 de junio, Luz-Amparo acude como de costumbre a la cita que tiene con la Santísima Virgen en Prado Nuevo, El Escorial, todos los primeros sábados de mes, acompañada de algunos de sus hijos y personas de su confianza. Rezan las tres partes del Rosario, y en la tercera parte, que se ofrecía por S.S. el Papa, Luz-Amparo cae de rodillas y entra en éxtasis al hacer su presencia la Santísima Virgen; esto ocurre en el quinto misterio. La pradera lucía su verdor y su perfume fresco de la mañana. El cántico de los pájaros alegraba la oración matutina. Amparo transmite lo que la Santísima Virgen le dice:

«Hija mía, aquí estoy, pidiéndote humildad, para que con tu humildad puedas llevar muchas almas al rebaño de mi Hijo. Con tu humildad, con tu renuncia a muchas cosas del mundo y tu sacrificio han llegado muchas almas que estaban perdidas, a este rebaño. Sigue, hija mía, renunciando a muchas cosas del mundo, porque mi Hijo quiere formar una gran Familia y quiere que esta gran Familia también sea capaz de renunciar a tantas cosas del mundo, como el demonio muestra a los seres humanos.

Quiero, hijos míos, que todos aquéllos que queráis pertenecer a esta gran Familia, seáis fuertes en el amor; pongáis una voluntad firme para amar; ya sabéis que el amor no tiene que tener un límite. También para pertenecer a esta Familia tendréis que doblegaros a los hombres, hijos míos, y sed humildes. En esta Familia no quiero el orgullo, porque no puede haber lugar para ese orgullo; es un pecado capital y, para llegar a esta Familia, hay que renunciar a todo pecado: al mundo..., a sus vanidades... ¡Ay de aquel que le gustan los halagos!, no podrá participar de nuestra alegría y de nuestra paz, porque ya está recibiendo en el mundo lo que a él le agrada. Para pertenecer a esta Familia, hay que ser mansos y humildes de corazón. Ya sabéis que mi Hijo ha separado un poco de cizaña del trigo para que esta Familia no sea contagiada.

Quiero, hijos míos, como os he repetido otras veces que seáis todos una sola persona para amar. Pensad que sois a imagen y semejanza de mi Hijo, y tenéis un corazón a imagen y semejanza de El para amar.

Mi Hijo os ama; corresponded a ese amor, hijos míos.

Todavía estáis muy apegados a las cosas del mundo; hay que despegarse, hijos míos, porque os repito:

NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y AL HOMBRE, PORQUE OS FORMÁIS MUCHOS DE VOSOTROS UNOS DIOSES A IMAGEN Y SEMEJANZA VUESTRA, NO A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS.

Hay que amar al hombre, pero no formar un dios de él, y no se puede servir a Dios y al dinero, hijos míos.

Todavía hay un poco de cizaña entre vosotros, que a mi Hijo le da pena de arrancar, porque puede ir alguna mata de trigo entre vosotros. Entre la cizaña, hijos míos existe el trigo, y a mi Hijo le da pena de cortarlo, porque puede dañar esas matas que hay de trigo entre vosotros.

Quiero formar un gran rebaño que sea imposible de poder contar, hijos míos, de lo grande que sea este rebaño.

Amad mucho a mi Hijo, hijos míos. Nuestros Corazones os aman, ¡tanto...! (La Santísima Virgen acentúa mucho esta palabra), que no vale nada de la tierra, con tal de conseguir el Cielo, hijos míos. Yo pido a mi Hijo que os conserve unidos, humildes, pobres, desprendidos, sacrificados y caritativos, hijos míos. ¡Cuántas veces te he dicho, hija mía, que la caridad no se acabará nunca! Te lo he enseñado, hija mía, que será la lámpara que relucirá en la eternidad más que ninguna otra virtud, después de la fe, hija mía.

Amaos, hijos míos, amaos y perdonaos, y seguid de pueblo en pueblo, hablando del Evangelio, porque mi Hijo no dice nada, que vaya en contra del Evangelio, hijos míos.

Sed fieles fervientes de la Iglesia, hijos míos. Amadla con todo vuestro corazón. Para llegar al Cielo, hay que pasar por la Iglesia, hijos míos. ¡Cuántas almas han vuelto al buen camino, hijos míos! Seguid y orad para no caer en tentación, hijos míos. Orad mucho; haced sacrificios. Y tú, hija mía, con humildad puedes llevar muchas almas a Cristo. Mi Corazón siente una gran alegría, porque miles de almas han vuelto a este rebaño de la Iglesia de Cristo. Seguid, hijos míos, de pueblo en pueblo. No dejéis ni un solo día de rezar el santo Rosario, hijos míos. Muchos de vosotros no lo hacéis, hijos míos.

ORAD Y AMAD, QUE JESÚS ESTA CON VOSOTROS

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo. (Luz-Amparo besa el suelo.) Lo que más cuenta, hija mía, es el amor a las almas; aunque os he pedido que no pongáis vuestra confianza en los hombres solamente.

LUZ-AMPARO:

¡Ay, Madre mía, qué grande eres! ¡Ay!, dame tu Mano para besarla, Madre mía. ¡Ay, Madre mía.¡ ¡ay! ¿Cuánto tiempo me falta? Ay, (varias veces). ¡Ay, qué alegría, Madre mía! Os amo, Madre mía. (Aquí hay un silencio y continúa Luz-Amparo): ¡Ay!, ¡ay, Madre!

LA VIRGEN:

A mi Hijo le gusta mucho, hijos míos, os repito, la oración en comunidad; tiene más fuerza. No os abandonéis, hijos míos, y sed humildes, muy humildes. Y tú, hija mía, sufrirás física y moralmente mucho; recibirás muchas pruebas.

A este lugar, hija mía, están acudiendo muchos falsos profetas, hija mía. ¡Cómo juegan con nuestros nombres! Pedid por ellos. Nuestros Corazones están tristes por estos falsos profetas, hijos míos. ¡Cuánto ultrajan nuestros Corazones!, y, ¡cuántas espinas clavan en Ellos! Qué pena me dan, hija mía, pide mucho por ellos. Mira cómo tengo el Corazón por ellos. (Luz-Amparo llora al ver el Corazón de la Santísima Virgen.) Y cuántas almas arrastran, hijos míos. Estad alerta y vigilad, hijos míos; están invadiendo este lugar.

Hoy voy a mandar una bendición muy especial, con muchas gracias para los moribundos y enfermos, para la conversión de sus almas y para la curación de sus cuerpos para muchos de ellos, hijos míos.

Levantad todos los objetos. (Pausa mientras bendice.) Todos han sido bendecidos con unas gracias especiales, hijos míos.

También derramo gracias sobre este lugar; para todas esas almas que acudan a él.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. Adióoosss!»





MENSAJE DEL DÍA 4 DE JULIO DE 1987

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



En la madrugada de este día, Luz-Amparo, avisada por la Santísima Virgen y acompañada de algunas personas allegadas, baja a Prado Nuevo, cuyo pacífico silencio sólo interrumpen el mugido de las reses bravas que allí pacen y el canto de las avecillas madrugadoras. Unas y otras nos invitan a su modo a bendecir al Creador. Rezan las tres partes del Rosario y, al finalizar el cuarto misterio de los gloriosos ofrecidos por S.S. Juan Pablo II y por los sacerdotes, Luz-Amparo cae de rodillas extasiada ante la presencia de la Santísima Virgen y del Señor, teniendo lugar conmovedoras escenas.

LA VIRGEN:

«Hijos míos, os sigo pidiendo que tengáis fe, que tengáis esperanza, que améis a mi Hijo y os améis unos a otros. Ya sabéis lo que dice mi Hijo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. El que venga a Mi vivirá eternamente.»

Mi Hijo es la Resurrección, hijos míos. Todas las cosas que hay hechas fueron hechas por El. Si El no hubiera existido, no hubiera sido hecha ninguna cosa. Por eso os pido, hijos míos: Amad a mi Hijo; acercaos a la Eucaristía; venid a mi Corazón, que Yo os protegeré del mal que corrompe al mundo. Yo soy la puerta de la salvación, hijos míos. Mirad, vuestra Madre os avisa porque os ama. Los tiempos son graves, muy graves, hijos míos, y los hombres siguen obstinados en el pecado. Refugiaos en mi Corazón, porque todo el que venga a mi Corazón estará en el Corazón de Jesús. Mira, hija mía, dónde está Jesús. Explícaselo a los seres humanos.

AMPARO:

¡Ay!, se abre una puerta en el Corazón de María. Hay una Hostia grande, muy grande. ¡Ay!, muy llena de luz, como si fuese el sol, con muchos rayos; parecen rayos de cristales. ¡Ay!, a esa parte está María, de esa Hostia blanca y reluciente. Tú y Jesús y esa luz tan enorme.

EL SEÑOR:

Yo soy el fruto de la Inmaculada Concepción. Bienaventuradas las entrañas que me alimentaron con su sangre. Yo fui humanizado en María y María es divinizada por Jesús. La divinidad se junta con la humanidad.

AMPARO: ¡Huy! ¡Ay, qué lío!

EL SEÑOR:

Sí, grita a los hombres, hija mía, que María está con Jesús hasta el fin de los siglos. Somos dos personas con un solo Corazón. Di a los hombres que no se «atengan» en separarnos.

AMPARO:

¡Huy, la Divinidad: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo! ¡Huy...!

EL SEÑOR:

Por eso os digo, hijos míos, amad a María; dadle culto, porque María es la Madre de la divinidad de Jesús.

AMPARO: ¡Huy, qué grandeza!

EL SEÑOR:

Los hombres quieren separarnos; pero nunca podrán separar al Hijo de la Madre. Porque mi Padre permitió que me... (idioma extraño). Sí, hija mía, sí; fui encarnado en María. Así me humanicé en Ella.

AMPARO: ¡Ay, qué luz entra...!

EL SEÑOR: Y así la diviniza mi Padre.

AMPARO:

¡Ay! ¡Cómo la corona! (Está viendo cómo la Virgen es coronada entre ángeles y santos.)

EL SEÑOR:

Y por eso te digo que grites: «¡bienaventurada!», con todas las generaciones.

AMPARO:

¡Ay, ay, ay, Madre; Tú serás la que vendrás! ¡Ay, qué grandeza lo que llevas, Reina de la humanidad...!

EL SEÑOR:

Y Ella reinará sobre todos los hombres. Y aplastará la cabeza del enemigo. Id a María, hijos míos, que María es la puerta de la eternidad.

AMPARO

¡Ay, qué grandeza, llena de estrellas! ¡Ay, qué luz llevas, Madre mía! Eres la mujer más hermosa! ¡Qué Reina! ¡Ay, Madre, qué hermosura! ¡Ay, Tú reinarás con Jesús! ¡Ay, con esa vara y, a la parte de arriba, esa vara está llena de estrellas! ¡Ay!, sí... (Luego ha explicado Amparo que, de la parte superior de la vara que es un cetro de oro, ha visto salir muchas estrellas.)

EL SEÑOR:

Amad a mi Madre, os repito. El que no ama a mi Madre, no me ama a Mi. Y cuidado, hijos míos, con esos profetas falsos que están invadiendo este lugar. Por María y con María vendrá la salvación del mundo. Amadla mucho. No os abandonéis en la oración. La tibieza está reinando en los corazones. ¡Cuidado con la tibieza, hijos míos! Amaos y perdonaos.

LA VIRGEN:

Hijos míos, el brazo de mi Hijo sigue ultrajado por los hombres. Es blasfemado. Por los pecados de impureza, por los pecados de negligencia en la oración, por la falta de humildad, por la falta de caridad, Dios es olvidado en los corazones, y Yo ya no puedo sujetarlo más, hijos míos. Yo pido a mi Hijo que tenga compasión de todos vosotros. ¡Ay de aquellos que os llamáis míos y no sois capaces de entregaros! ¡Ay de aquellos que habláis de penitencia y os olvidáis de la penitencia! Por falta de penitencia el mundo está en pecado. Los vicios los ven virtudes y las virtudes las ven vicios. A los justos los veis tibios y a los tibios los veis justos. ¡Ay (de todos vosotros aquéllos que permanecéis en tibieza! Mi Hijo aborrece al tibio. Que en vuestros corazones exista el amor y dejad el rencor y el odio. Con odio no entraréis en el Reino del Cielo. ¡Ay de aquéllos que os tragáis el camello y dejáis el mosquito! ¿Cuántas veces voy a repetir que saquéis la viga de vuestro ojo para poder sacar la paja del ojo ajeno? No os digo nada nuevo, hijos míos. Son palabras de Cristo. Imitad a Cristo; que sólo de palabra lo imitáis, pero de hechos... Abandonáis la Cruz y buscáis el placer. Amaos, hijos míos. Si no sentís amor dentro de vuestro corazón, albergáis a Satanás dentro. Derramaré muchas gracias sobre todas las almas que acudan a este lugar. Mi Corazón está triste viendo que muchos de aquéllos que se llaman míos, ¡qué mal corresponden a la gracia! ¡Qué tristeza siente mi Corazón!

AMPARO:

¡Ay, Madre mía, no llores! ¡Ay, no llores! (Gime Amparo y al mismo tiempo parece oírse el llanto de la Virgen). ¡No llores! ¡Ay, Madre mía, no llores! ¡Ay, yo repararé por ellos todo! ¡Ay, no llores, Madre! ¡Ay, ay, ay, Madre mía! ¡Y mándame a mi hacer lo que sea! ¡Ay, Madre mía, no llores! ¡Ay, ay, ay, Madre mía...!

LA VIRGEN:

Hija mía, los corazones siguen como bloques de hielo.

AMPARO: (Sollozando) ¡Ay, Madre mía, mándame lo que quieras! ¡Algún sacrificio más...!

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados (Pausa). Hija mía, si supieran los hombres, como te he dicho otras veces, que sin humildad, sin sacrificio, sin penitencia, no se puede llegar al cielo... Y si supieran el encuentro del justo ante la divinidad de Jesús y el encuentro del pecador... Por eso os pido, hijos míos, no os abandonéis en la oración. Haced penitencia, hijos míos, sacrificio y penitencia. Vais a ver un juicio en la agonía de un justo y en la agonía de un pecador, hijos míos. La agonía del pecador es terrible. Vas a experimentarlo tú, hija mía, en tu propio cuerpo: (Ampáro, lanzada con violencia hacia atrás, cae bruscamente, y se puede apreciar cómo en su propio cuerpo padece entre convulsiones una agonía. Durante esta agonía del pecador que ella está experimentando, puede verse como ella, con expresión de odio y desesperación, va desprendiéndose de los rosarios y medallas que llevaba puestos o que tenía en la mano. Es como si las cosas santas le produjeran gran malestar, y rechaza todo lo sagrado. Hasta la alianza de matrimonio se la quita de la mano con odio -pues se trata de Sacramento- y la arroja lejos de sí. En esa agonía del pecador ella va rechazando con violencia todo lo que es de Dios; y, al ver al Señor, le dice: «¡No quiero verte!» Y, en cambio, llama a Satán con insistencia y le ruega que la lleve con él. También, mientras está padeciendo esta agonía el pecador, se oye una voz que dice: «A ver si alguno de los presentes puede separar estas manos.» Y su yerno Vicente, que es joven y fuerte, no es capaz de separarlas, pues ella tiene las manos fuertemente apretadas y rígidas contra sí, en expresión de la fuerza que tiene el pecado que está unido a la persona que muere en pecado mortal. Sigue la transcripción literal de la grabación en cassette):

AMPARO:

¡Ay, ay, ay! A ver si sois capaces algunos de los aquí presentes de separar estas manos. ¡Basta! Es el pecado que está unido (Amparo se queja). ¡No quiero verte! (Se lo dice al Señor). ¡Ay, ay, ay..! ¡Satán, Satán, llévame contigo...!

LA VIRGEN:

La agonía del justo. Mirad, hijos míos, cómo es la agonía del justo: (Amparo en este momento recobra la calma y suavemente queda padeciendo una agonía en la que desea ardientemente las cosas santas, pues intenta recobrar los rosarios que antes había rechazado y tirado, buscándolos y atrayéndolos hacia sí con gran amor. Busca la alianza de matrimonio y las medallas, y con gran paz se las pone y llama al Señor con insistencia consolándose con El. Llama a Jesús y dice a Satán que se aleje de ella, diciéndole que ella es de Jesús. Sigue la transcripción literal de la grabacion del cassette):

AMPARO:

¡Jesús, Jesús, ay, Jesús! Jesús! ¡Ay, Jesús, ay, Jesús,Jesús, Jesús, ay, Jesús! ¡Qué felicidad, ay, Jesús! ¡Retírate, Satanás, retírate, soy de Jesús, soy de Jesús, retírate, retírate, Satanás, soy de Jesús, retírate, soy de Jesús, ay, de Jesús... Jesús, Jesús..., ay, Jesús; ay, Jesús; ay Jesús; ay, Jesús; ay, Jesús; ay, Jesús... (Con gran paz y sosiego, esa alma que muere en gracia de Dios se despide de este mundo llamando a Jesús y rechazando a Satanás).

LA VIRGEN:

¡Qué dos juicios más distintos, hijos míos! Así serán el juicio y la agonía del pecador y del justo. Sí, hija mía, has tenido que experimentarlo en tu cuerpo; pero aún seguirán los hombres sordos a esta llamada. Amad mucho a mi Corazón, hijos míos. Vuelve a besar el suelo, hija mía. Uno por uno id besando el crucifijo, hijos míos. Reinarán Jesús y María, hijos míos. Hoy hay gracias especiales para todos los que acudan a este lugar. Tú, hija mía, no tengas miedo a nada ni a nadie. Estamos nosotros contigo; nadie podrá contigo.

AMPARO:

¡Ay, Madre! ¡Te amo, Madre mía, ay! Aunque muchas veces te diga que no puedo más. Pero mándame lo que quieras. ¡Ay, Madre mía, cuánto te amo, Madre...!

LA VIRGEN:

Este crucifijo tiene gracias especiales para ahuyentar a... (Habla idioma extraño).

AMPARO: ¡Ay, Madre...!

LA VIRGEN:

Os sigo pidiendo, hijos míos, penitencia. ¡Penitencia! Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos con gracias especiales para el cuerpo y para el alma, hijos míos.

AMPARO:

Yo te pido especialmente, Madre mía, por una persona que está enferma.

LA VIRGEN:

¡Ay, hija mía! Ya le he dado el ciento por uno. No puedo decir en el cuerpo pero, ¡en el alma...!

AMPARO: ¡Ay, qué alegría!

LA VIRGEN:

Ya le he pagado con un denario muy alto, hija mía, aquella obra de caridad... Ya te he dicho que Yo le pido a mi Hijo por las almas y mi Hijo les da al ciento por uno. El te dio uno, hija mía; y mi Hijo le ha devuelto ciento.

AMPARO:

¡Ay, ay, qué alegría que pueda participar arriba con Vosotros!

LA VIRGEN:

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo. Adiós, hijos míos, ¡adiós...!





MENSAJE DEL DÍA 1 DE AGOSTO DE 1987

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Despierta la naturaleza bañada en un sol que lentamente se alza sobre el horizonte. Luz-Amparo, acompañada por personas allegadas, se pone a orar en Prado Nuevo. Rezan los misterios gloriosos del santo Rosario. Siguen con los gozosos y, a continuación, los dolorosos. Y es en la quinta Avemaría del segundo misterio doloroso cuando Amparo entra en éxtasis. Contempla a Nuestro Señor Jesucristo de pie con la Cruz apoyada en su hombro derecho. A su lado está la Madre Dolorosa que habla en todo el mensaje menos en unos instantes en que habla Amparo. El mensaje recogido por la grabadora es el siguiente:

LA VIRGEN:

"Hija mía, voy a seguir pidiendo amor. El mundo está enfermo por falta de amor, hijos míos. Los hombres no creen en el amor; lo han desnaturalizado con el pecado. El amor, hijos míos, es muy importante en las almas. Si hubiese amor, habría paz, pues el amor es la herencia de la caridad, hijos míos. Pero los hombres no creen en el amor puro y limpio. Sólo los limpios de corazón creen en las riquezas del amor, hijos míos. Un corazón sin amor es ruin, hijos míos, está tibio.

Mira el fruto de la Cruz, hija mía; mira a todo un Dios hecho hombre que muere de amor por sus criaturas y se deja traspasar de parte a parte su Cuerpo por el amor. Y mira si ama sus Llagas, hija mía, que hasta en el cielo sigue con ellas.

ASI ES EL AMOR DE TODO UN DIOS.

Haced mucha oración, hijos míos. Entregad vuestro corazón a Dios vuestro Padre. Satán se está apoderando de muchas almas. En los hogares arma la discordia y los destruye. En la juventud los vicios de la carne y los placeres, y arrastra con ellos. Es muy importante, hijos míos, que en estos tiempos críticos en que Satán quiere hacerse el dueño de las almas, no os abandonéis en la oración.

Llevad objetos piadosos con vosotros. Que todos esos objetos sean bendecidos en este lugar y por las almas consagradas. No os desprendáis de esos objetos, para que Satán no reine en vuestros corazones.

Invocad mucho al rey de los ejércitos, que es San Miguel, en vuestros hogares. Llevad sobre vuestro cuello una medalla de este gran Angel, para combatir contra el enemigo. El enemigo quiere destruir el mundo. Orad, orad, hijos míos, para que vuestra alma esté fuerte y el enemigo no pueda. Estos momentos son muy críticos, hijos míos, para las almas.»

AMPARO:

¡Ay, Señor, ay! Yo muchas veces me quejo del sufrimiento, Señor. Pero dame fuerzas para poder soportar el sufrimiento, la calumnia... ¡Dame muchas fuerzas! A veces yo también, Señor, desfallezco. A veces no puedo con el dolor.

LA VIRGEN:

No te quejes, hija mía; mi divino Hijo quiere que sufras hasta el fin de tus días. No te quejes en el dolor. Refúgiate en nuestro Corazón. Los humanos siembran tu camino. Pisa las espinas, hija mía, y aprieta con tus pies sobre ellas hasta que sangren de dolor, por las almas. Sólo la penitencia, el dolor, la oración, el sacrificio pueden arreglar algo de lo que está torcido en el mundo, para poder conquistar a tantas y tantas almas que se han desviado del Evangelio. El enemigo forma discordia en la Iglesia, en la Iglesia de Cristo. Enfría los corazones de sus almas consagradas, porque quiere apoderarse de lo que más ama mi Hijo. Haced oración, hijos míos, pedid mucho por ellas.

Y vosotros, hijos míos, todos los que venís a este lugar, refugiaos en mi Inmaculado Corazón y quedaréis sellados hasta el fin de vuestros días, para que Satán no pueda apoderarse de vuestras almas, hijos mios.

El pecado de las almas está tan invadido en el mundo, hija mía, que la misericordia de Dios se está acabando, y no tardará en derramar su justicia. Por eso pido oración, penitencia, sacrificio. Amad a la Iglesia, hijos míos, y venid a vuestra Madre para que Yo ponga mi manto sobre todos vosotros.

Y tú, hija mía, sé fuerte. Ya sabes los designios de mi Hijo contigo. El sufrimiento para la salvación de las almas. Como te he dicho otras veces, hija mía, el dolor purifica; el placer mancha. Ora mucho y humillate, hija mía; «el que se humilla, será ensalzado». Besa el suelo, hija mía, por todos los pecadores del mundo. (Pausa.)

Todo lo ha dicho mi Corazón. Y vuestra Madre, hijos míos, os está dando avisos de salvación; no cerreis vuestros oídos, hijos míos. A los humanos... (Idioma extraño).

Sí, hija mía, les parece raro que vuestra Madre se manifieste tantas veces en este lugar. En otros puntos del mundo también me estoy manifestando a las almas; haciendo una llamada a la paz, al amor, porque veo el peligro que hay en el mundo, y quiero recordar a los hombres que sus corazones están endurecidos por el pecado. Que reciban el Espíritu Santo en sus corazones, y todo esto está olvidado en el mundo. ¿Cómo no voy a manifestarme, hijos míos, para avisar el gran peligro que acecha a las almas?

Satán está destapándose, y muchos secuaces de Satán están engañando y arrastrando a miles y miles de almas fuera de la Iglesia. (Idioma extraño.) Mira si está cerca, hija mía. (Idioma extraño.) Por eso hago un llamamiento apremiante a la oración, a la penitencia. Es necesario, hijos míos, que todos oréis, que todos os améis. Me gusta la oración comunitaria: tiene mucho valor. Amad a vuestra Madre, y amad a Jesús, hijos míos.

Voy a dar una bendición muy especial sobre estos objetos para la conversión de las almas. QUIERE MI HIJO TEMPLOS VIVOS. Es necesario, hijos míos. Oración, oración pido. Estas bendiciones servirán para convertir a muchos pecadores; para que Satán no se acerque a las almas. Y todo el que venga a este lugar será sellado, hijos míos.

Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos. (Pausa.)

Y estas bendiciones, hijos míos, caerán sobre vuestra alma como gracias del Cielo para ablandar vuestros corazones.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Amor, hijos míos, os pido. He empezado con amor y termino con amor. Un corazón sin amor es ruin, frío y desagradable ante los ojos de Dios.

Amaos, hijos míos, como Cristo os amó. Y tú, hija mía, refúgiate en nuestros Corazones y serás fortalecida.

Adiós, hijos míos, adiós."





MENSAJE DEL DÍA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1987

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Muchos miles de peregrinos españoles y extranjeros ocupan el Prado Nuevo de El Escorial y sus proximidades. Los altavoces transmiten la curación de Yolanda, en espera de las 18 horas. Explica el caso su madre que asiste acompañada de su esposo, de su hermana y de la hija curada, con la que también está presente el novio.

A las 18 horas se reza con impresionante piedad el santo Rosario y con devoto silencio se escucha el siguiente mensaje que ha sido grabado muy de mañana, en el mismo Prado Nuevo, durante el éxtasis de Luz Amparo cuando rezaba las tres avemarías, terminado el décimo quinto misterio del santo Rosario, acompañada de personas allegadas. Las intenciones fueron: Primera parte: Nuestro Emmo. Cardenal Arzobispo. La segunda: Enfermos en los hospitales. La tercera: Intenciones encomendadas que llevaba escritas.

LA VIRGEN:

"Hijos míos, aquí está vuestra Madre. Quiero que seáis la sal de la tierra, hijos míos. Que vayáis de pueblo en pueblo para restablecer el bien perdido y el amor a la Iglesia. Hijos míos, dejaos conducir por el Espíritu Santo para que podáis ser verdaderos discípulos de mi Inmaculado Corazón.

Quiero que todos aquellos que quieran pertenecer a esta Obra, guarden estas reglas, hijos míos:

SILENCIO, OBEDIENCIA, HUMILDAD, CARIDAD, PUREZA DE CORAZON, ESPIRITU DE POBREZA ENTRE VOSOTROS.

LA CASTIDAD ES IMPORTANTE PARA ESTA OBRA.

TAMBIEN QUIERO QUE ENTRE VOSOTROS REINE LA ALEGRIA.

QUIERO, HIJOS MIOS, QUE NINGUNO OS CREAIS SUPERIOR AL OTRO. QUE EL QUE SE CREA MAYOR, QUE SE HAGA EL MAS PEQUEÑO.

QUIERO MANSEDUMBRE EN ESTA OBRA. FUERA EL ORGULLO Y LA SOBERBIA.

EN ESTA OBRA TIENE QUE SER ESPIRITU DE HUMILDAD. EL ORGULLOSO, EL SOBERBIO ESTA INCAPACITADO PARA RECIBIR LA GRACIA.

QUIERO ORACION PROFUNDA.

TAMBIEN QUIERO QUE VUESTRO PENSAMIENTO ESTE OCUPADO LA MAYOR PARTE DEL DÍA EN LA ORACION, EN EL TRABAJO. EL OCIO ES UN PELIGRO PARA EL ALMA.

Tú, hija mía, haz que cumplan mi voluntad: QUE NADIE INFRINJA ESTAS REGLAS. Habla con firmeza, sin miedo. Yo te he enseñado que la firmeza no daña a la caridad, la fortalece. Hija mía, te he enseñado a ser firme y fuerte como el hierro. ¡Ay de aquéllos que persiguen mi Obra!

QUIERO HACER UN GRAN REBAÑO DE TODAS ESTAS ALMAS QUE QUIEREN PARTICIPAR A MI OBRA.

Tened esperanza y confianza en mi Hijo, hijos míos. La fortaleza y la esperanza es un Don del Cielo.

Y ahora, hija mía, vas a explicar palabra por palabra este gran misterio. Sólo un alma impregnada de sabiduría por el Espíritu Santo puede explicar estas palabras. ¡Para que los hombres digan que es una herejía decir que soy Madre de la Divinidad de Jesús...! Mira, hija mía, vas a... (Idioma extraño). Sólo por la Palabra divina del Padre que hace agrandar tu entendimiento y tu sabiduría, porque en este momento, en el centro de tu alma está el Espíritu Santo, puedes deletrear este Misterio, hija mía.

Yo fui creada por el Padre y concebida sin pecado original. El Padre tenía complacencia en Mí; y, cuando El quiso y vio conveniente, era necesario que el Verbo se humanizase; El derramó en Mí... (Pausa) y me dio todo, sin perder nada. El me poseyó, me besó, me fertilizó y me hizo Madre, de una Maternidad divina. Y, por este Don, quiso que llamase a SU

Hijo: «HIJO MIO, DE MIS ENTRAÑAS PURAS E INMACULADAS». Fui toda del Padre porque él me creó para sus fines. Con su amor infinito me concede todas estas gracias. Me concede que sea Madre y Virgen.

Soy Madre de Cristo, de la Cabeza del Cuerpo Místico. Y, si soy Madre de la Cabeza del Cuerpo Místico, soy Madre de cada uno de sus miembros. Ahí está mi grandeza, hija mía. Sólo una mente llena del Espíritu Santo puede comprender este Misterio. Los hombres, te repito, me ven Madre del Ser... (Idioma extraño.) Humanado; pero tú has visto cómo soy Madre de lo divino. (Pausa larga.) Y por Mí, hija mía se formó la Iglesia en la tierra. Y por Mí vendrá el Paraíso.

Sólo -repito- un corazón impregnado de sabiduría con el Don del Espíritu Santo puede alcanzar a ver este Misterio. Toda la acción viene del Espíritu Santo. (Pausa.)

AMPARO: ¡Ay, qué grandeza! ¡Ay, qué grandeza! ¡Ay...!

LA VIRGEN:

Te digo, hija mía, que Yo fui la criatura creada para Dios sólo. Hace falta que los corazones estén impregnados del Espíritu Santo para que tengan luz y puedan ver. Hijos míos, dejaos guiar por este gran... (Idioma extraño.) iluminador de las almas.

Y reparad mucho, hijos míos, que hay almas que cometen muchos sacrilegios; profanan el Cuerpo de Cristo, hija mía, y aparentan una santidad falsa. ¡Cuánto sufre mi Corazón por ellos, hija mía! Tú sé fuerte, y no tengas miedo. Defended mi Obra, hijos míos. Sólo por obra de Satanás hay almas que obran sacrílegamente. Hijos míos, rezad por ellos; pero sacudíos el polvo de ellos. (Pausa.) Por eso repito que la humildad es muy importante. Cuando el hombre (dice algo en idioma extraño y muy bajito) se cree un dios, es cuando el enemigo se apodera de su alma. Por eso Yo rechazo al soberbio y acojo al humilde.

Quiero que se abra el camino en esta Obra a la juventud, para que se entreguen en cuerpo y alma a esta gran Obra -que será hasta el fin de los tiempos- APOSTOLES DE LOS ULTIMOS TIEMPOS, con oración profunda; con espíritu de sacrificio y penitencia. El mundo pasa, hija mía, como te he enseñado a ti, y la eternidad no acaba. Haz comprender a las almas el valor de la eternidad; que muchas almas se quedan en el tiempo. También quiero que, para combatir contra el pecado, sólo el ayuno y la oración pueden contra él. Hijos míos, orad profundamente y pedid a Dios, vuestro Creador, que El os concederá todo lo que pidáis para bien de vuestra alma.

Y tú, hija mía, que nada te entristezca ni te quite la paz. NOSOTROS SOMOS TU CAMINO Y TU FORTALEZA.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos sacrilegios como estas almas están cometiendo contra la divina Persona de Cristo.

REPARACION DE LOS PECADOS PIDO. Y AMAOS UNOS A OTROS Y TENED CONFIANZA UNOS CON OTROS.

Tú, hija mía, refúgiate en mi Inmaculado Corazón. El te protegerá, porque El es el que protegerá al mundo de las garras de Satanás.

Levantad todos los objetos, hijos míos. Todos serán bendecidos con una bendición muy especial.

HUMILDAD PIDO, HIJA MIA.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adióoos...!

Es emocionante el «adiós» con que la multitud clama despidiendo a la Santísima Virgen: ¡Adiós, Madre...!»



MENSAJE DEL DÍA 3 DE OCTUBRE DE 1987

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

«Aquí estoy, hijos míos. Hoy os vengo a hablar de la Iglesia. En estos tiempos, hijos míos, es necesario que los hombres conozcan la Iglesia tal como es. La Iglesia tiene una gran belleza, pero los hombres la han afeado con su pecado. Muchos predicadores y pastores de la Iglesia se han separado de ella, porque no saben la hermosura de ésta y la infinita alegría que hay en ella; no han comprendido el misterio de la donación de Dios al hombre. La Iglesia está llena de divinidad. La Iglesia es santa, hijos míos, porque es regida por el Espíritu Santo, en unidad del Padre y del Hijo, en los hombres con Dios. La Iglesia no se equivoca nunca, como Iglesia cuando habla, porque es el Verbo el que habla por ella. Orad mucho, hijos míos, y pedid por estos pastores que se han separado de la Iglesia. En la Iglesia, hijos míos, hay belleza, tragedia y una gran riqueza que es Cristo. Dios pone a su misma Madre para traeros el mensaje de salvación eterna. (Pausa.)

Todos estos pastores y predicadores que se han salido de la Iglesia, por su soberbia han perdido lo sobrenatural, y al perder lo sobrenatural, que es lo que les hace amar y obedecer al Papa y a los obispos, se han quedado en tinieblas. Pedid mucho por ellos, hijos míos.

Luego hay otro gran grupo de pastores que les falta: fe, esperanza y caridad, y presentan a los hombres una Iglesia raquítica y un Cristo desfigurado.

Luego hay otro reducido número de pastores que hablan de la Iglesia con todo su esplendor. Así es como hay que presentar a la Iglesia.

El enemigo quiere retirar de las almas dos caminos que son importantes para la salvación: la Eucaristía y María, que son los dos caminos de salvación. Sí, hijos míos. Yo soy el canal para llevaros a mi Hijo, porque mi Hijo se comunicó conmigo en su vida, en su mision, en su tragedia, y los dos presentamos al seno de la Iglesia la vida, la misión y la tragedia de Jesús y María, y ésta tiene estos misterios para comunicárselo a los hombres. Somos una sola fuente casi, hijos míos, porque todo esto se hizo por el gran Misterio del Nacimiento divino de Cristo.

Por eso os pido, amad mucho a la Iglesia; la Iglesia es el camino de salvacion.

Frecuentad los Sacramentos, hijos míos, y venid a María, que María os conducirá por el camino del Evangelio. Sed humildes, hijos míos; sin humildad se pierde la gracia sobrenatural.

Y tú, hija mía, ama a la Iglesia con todo tu corazón y enseña a amarla. A Jesús por María. Enseña que Yo soy la fuente de gracias que Dios mi Creador ha puesto para la salvación del mundo. Por eso el enemigo quiere borrar mi Nombre de la Iglesia, y quiere quitar toda la devoción a mi Inmaculado Corazón. Mi Corazón Inmaculado triunfará. Extended la devoción de este Inmaculado Corazón y amad a la Iglesia, hijos míos.

Es necesario en estos tiempos que los hombres se reúnan en la Iglesia a orar. Las iglesias se encuentran vacías. El hombre no tiene tiempo nada más que para divertirse. La juventud está corrompida por el pecado. Sólo la oración, el sacrificio, la penitencia, podrá ayudar a salvar a muchas almas.

Dios prueba a los hombres con castigos y con gracias que derrama, y los hombres no vuelven su mirada hacia El. ¡Son duros de corazón! Orad, hijos míos, orad. Os digo como mi Hijo decía a sus Apóstoles: «ORAD MUCHO PARA NO CAER EN TENTACION.»

Y tú, hija mía, sé humilde, muy humilde, para poder conquistar a las almas. Con dulzura, con alegría, con humildad se conquistan las almas, hija mía.

No os abandonéis en la oración. Y extended la devoción a mi Inmaculado Corazón.

Besa el suelo hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo. (Pausa mientras besa el suelo.) Y orad por estas pobres almas.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la conversión de las almas. (Pausa.)

Todos los objetos han sido bendecidos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!".





MENSAJE DEL DÍA 5 DE DICIEMBRE DE 1987

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



El primer sábado de noviembre Luz Amparo estaba en la cama enferma y no hubo mensaje. En este primer sábado, día 5 de diciembre, avisada por la Santísima Virgen, ha bajado muy de mañana al Prado Nuevo, acompañada de algunas personas allegadas llamadas por ella. Como de costumbre, se han puesto a rezar el santo Rosario y, al fin de la tercera parte, a eso de las siete y media, ha entrado en éxtasis. Rostro muy gozoso; ojos al principio muy abiertos y luego entornados. Ha transmitido el siguiente mensaje recibido de la Santísima Virgen:

LA VIRGEN:

Hijos míos, sed justos unos con otros. No huyáis de la Justicia divina, que aquéllos que huyen de la Justicia divina, caen en maldad y mueren en la maldad en que han caído, hijos mios.

Quiero que renovéis vuestros corazones en espíritu de sacrificio, de oración, de penitencia, de humildad, de castidad, de obediencia. No quiero que vuestros corazones sean... (en voz muy baja, idioma extraño). Quiero que sean fértiles; no quiero corazones estériles. Los corazones estériles mi Hijo los maldice. Quiere que vuestros corazones den frutos en todas las estaciones del año, para cuando venga el dueño de vuestra alma que haya una buena cosecha en vuestro corazón. Recordad la higuera maldita, ¿por qué fue maldecida?, por falta de fruto.

Amad a la Iglesia, hijos míos, y enseñad a amarla. Id por todos los lugares del mundo enseñando a los hombres la riqueza de la Iglesia. La Iglesia está llena de divinidad, porque es el mismo Verbo el que quiso quedarse en ella para que los hombres viviesen en unidad y en una comunidad santa.

Es el mismo Verbo humanado el que nace de una Virgen y se humaniza por esa Virgen, y en esa Virgen, y se entrega a la Iglesia, y con la Iglesia en alimento celestial para redimir a los hombres y para que los hombres pudiesen alcanzar la vida eterna. Así quiso Dios mi Creador que se obrase este Misterio, hijos míos, y así se obró por obra del Espíritu Santo.

El Verbo existía antes de todos los siglos; pero bajó a la tierra y se introduce dentro de las entrañas de María, y a María la diviniza y María lo humaniza. Grita a los hombres que dejen a María en el lugar que le corresponde como Madre de Dios. Repito: que los hombres la han dejado como Madre de la naturaleza humana y se han olvidado que María es Madre también de la naturaleza divina.

Enseñad a amar a la Iglesia, tal como es, en esta gran riqueza que encierra ella. Por eso, Jesús quiere que a su Madre se la ponga en un lugar más alto que la tienen los hombres. A medida, hijos míos, que améis a la Iglesia, amáis a Cristo, porque Cristo dio su Vida por la Iglesia y se la entregó a la Iglesia. La Iglesia es rica, hija mía, por ese banquete en que el mismo Verbo se da a los hombres. Da su Cuerpo y su Sangre para la salvación del mundo, y día a día se lo recuerda a los hombres en el Santo Sacrificio de la Misa: que dio su Vida por todos ellos y la sigue dando para la salvación de la humanidad. En ese Santo Sacrificio, como te he enseñado, hija mía, se renueva el Sacrificio del Calvario. Yo, hija mía, como Madre de la Iglesia, te he enseñado a amarla tal como es. Te he enseñado que mi Hijo me dejó en la tierra para dar testimonio de ella. Que los hombres no me escondan, que me saquen a la luz, que por Mí vino la Luz al mundo y con Jesús vendré para la salvación del mundo. Hablad el Evangelio, hijos míos, tal y como está escrito, esa es la palabra de Dios. Que no desfiguren el Evangelio ni la Iglesia.

Y el que tenga oídos que oiga y que se aplique estas palabras tan importantes.

Tú, hija mía, vas a ser muy perseguida, pero no tengas miedo, estás con Nosotros. Teniendo estos Guardianes, ¿a quién puedes temer, hija mía? Seguirás siendo calumniada. Bienaventurados los que son calumniados a causa del Nombre de Cristo, hijos míos. ¿Qué son los hombres para quitarnos ni ponernos los dones, si es Dios, mi Creador, el que los ha otorgado? ¿Y qué son los hombres para decir las veces que tengo que manifestarme a los seres humanos? No se dan cuenta del peligro que hay en el mundo para sus almas, y una Madre cuando ve ese peligro, que no cesa, y que los corazones endurecidos no quieren escuchar la Palabra de Dios, sigue insistiendo porque los ama como hijos que se los entregó su propio Hijo al pie de la Cruz.

Los hombres no hacen caso de los avisos y el mundo cada día sigue más metido en el pecado. Retiraos del pecado, hijos míos, y de todo aquello que haya sido ocasión de pecar. Volved vuestra mirada a Dios, todavía estáis a tiempo, hijos míos. Los hombres ingratos rehúsan mis palabras porque no están llenos de Dios y sus corazones están vacíos y llenos de mundanos placeres.

Quiero, hijos míos, que no dejéis de ir de pueblo en pueblo a hablar del Evangelio, y en aquellos lugares donde os cierran la puerta, marchaos e id a otros donde os las abran.

Tú, hija mía, sé obediente a la Iglesia y sé humilde. Con humildad se conseguirá todo, hija mía.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo y tantos ultrajes a Jesús Sacramentado, hija mía. Hace muchos años avisé a la humanidad del gran peligro. También avisé que mi Iglesia sería perseguida; que mis pastores, muchos de ellos, su alma estaría tibia. No os dejéis engañar, hijos míos, por el rey de la mentira, de la soberbia, de la lujuria. Obedeced al Representante de Cristo en la tierra y no os salgáis del camino del Evangelio. Vivid el Evangelio y renovad vuestro espíritu de sacrificio y de oración, para que el rey de la tiniebla no pueda con vuestras almas, hijos míos. Mi Corazón os ama, sed pastores de almas y no os desviéis del evangelio.

Los hogares se destruyen por la falta de amor a Dios. La humanidad está corrompida, hijos míos, sólo Dios puede arreglarla. Pedid, hijos míos, que nuestro Inmaculado Corazon, triunfará sobre la humanidad. Pedid a nuestros Corazones que Ellos derramarán gracias sobre vosotros.

Levantad todos los objetos, hijos míos, todos serán bendecidos.

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de las almas.

Mi corazón está triste, viendo que hay tantas y tantas almas que se precipitan en el infierno. Gritad que el infierno existe, hija mía; que los hombres son engañados con falsas palabras de que no existe el infierno, ¡ay, del que ponga y quite nada de lo que está escrito, más le valiera no haber nacido! Sé muy humilde, hija mía.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adióoos!

(En la transmisión de la tarde se oye el clamor de la multitud:

¡Adiós, Madre!»).




APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL