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APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL





MENSAJE DEL DÍA 7 DE ENERO 1989

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



A tempranas horas de la mañana, Luz Amparo, como otras veces, es avisada por la Santma. Virgen. Acompañada de personas allegadas, baja a Prado Nuevo donde reza los quince misterios del Santo Rosario y durante los mismos, Luz Amparo entra en éxtasis contemplando a la Stma. Virgen María que le dicta el mensaje que ella transmite como sigue:

LA VIRGEN:

"Hoy mi corazón viene lleno de pena y de dolor; pues la situación del mundo es grave, hija mía.

Los hombres se introducen cada día más y más en la iniquidad y se dejan conquistar por el rey de la mentira, hija mía.

Empieza besando el suelo, en reparación de tantos pecados (Amparo besa el suelo).

Hoy el mensaje va a ser muy corto, hija mía. Lo tengo todo dicho: Todo aquel que no cumpla con Los Mandamientos, no habrá salvación para él.

Así quedará el mundo hija mía; como en un desierto, (Luz Amparo continúa con profunda respiración y ¡Ayes! de dolor) pues los buenos hija mía, que se llaman buenos y fervorosos están tibios. Los atribulados hija mía, en vez de tener esperanza, se desesperan.

Todos los pecadores empedernidos en vez de corregirse de sus vicios y pedir perdón, se enorgullecen y se engríen de sus pecados, hija mía.

Vendrán grandes calamidades sobre la tierra, sobre el mar, y sobre el aire. Habrá muchos de los que se llaman buenos que morirán junto a los malos. Mira que gran número, hija mía, (Luz Amparo al contemplar la escena dice ¡Ay! repetidas veces con mucha angustia) y todo esto hija mía por falta de amor. Los hombres no se aman, sus corazones fingen amarse.

Tu sufrimiento hija mía, llevará un gran número de almas a la eternidad; pero tu corazón se está agotando poco a poco; pero no te importe el dolor hija mía. Vale la pena el dolor para recibir esta recompensa.

¡Ay, también hija mía de aquellos pastores, que se les ha dado potestad para gobernar La Iglesia y cambian las leyes que Cristo ha instituido en ella!. ¡Ay de aquellos pastores que no obedecen al Vicario de Cristo! ¡Ay, de aquellos pastores que han arrastrado y siguen arrastrando un gran número de almas al abismo! ¡Ay, de aquellos pecadores empedernidos que no quieren amar, ni dejan!

Tú, hija mía, sé humilde y que nada te turbe. Ama con todo tu corazón aunque no seas amada hija mía. Piensa hija mía, que Cristo fuá vendido por el más cercano.

Y te vuelvo a repetir: Hija mía, no te entristezcas. Tu sigue reparando por su pobre alma, y no te entristezca nada hija mía. Ama con todas tus fuerzas, con todo tu corazón, hasta que no te quede aliento para poder respirar, hija mía. Piensa que ese amor te lo ha enseñado Mi Hijo y viene de su costado. Sigue adelante, hija mía, y repara los pecados de la humanidad; esta humanidad empedernida, hija mía, que ni ama, ni quiere ser amada.

Yo derramaré gracias sobre este lugar, hija mía; sobre todos los corazones que acudan a él; gracias muy especiales.

AMPARO:

Madre mía: Te pido que derrames gracias sobre todos los hogares de la tierra, y sobre todas las almas... dales oportunidad para que se arrepientan, Madre mía. Tú que eres Madre de Misericordia.

LA VIRGEN:

Ya te he dicho hija mía, que también soy Madre de La Divina Justicia, y tengo que coperar con Mi hijo en esa justicia, hija mía. Soy Corredentora con Cristo; y en estos tiempos tan graves, me ha puesto como ancla de salvacion para las almas.

Pero ¡Ay, de aquellas almas que dando tantos avisos y tantas gracias no se arrepientan de sus pecados y sigan viviendo en la hipocresía; en el fango del abismo, hija mía, no habrá lamentos.

Mi corazón está dolorido hija mía, porque esos corazones son duros, como bloques de hielo.

Yo soy María Auxiliadora, pero para aquel que quiere y pide auxilio de Mí, hija mía.

Vuelve a besar el suelo por mis almas consagradas, hija mía (Silencio mientras Luz Amparo besa el suelo).

Sigue reparando, muchos pastores han vuelto a su Iglesia, hija mía, y muchas almas han vuelto al rebaño de Cristo.

Amad a la Iglesia hijos míos; respetad y amad al Vicario de Cristo.

Tu, hija mía, refúgiate en mi corazón, que Yo te daré fuerza hasta tu última hora para tan grandes pruebas como tienes que pasar, hija mía.

Que tu corazón no deje de amar como ese niño que ama a su madre; como ese corazón inocente del niño, hija mía.

Búscame cuando estés triste y angustiada que yo estaré contigo. Pero que nada te turbe hija mía, y ama con todo tu corazón, para que cuando llegues allá arriba, hija mía, salgas al encuentro de tantas almas como por tu reparación y por tu amor han llegado a la Patria Celestial, hija mía. Saldrá El Amor al encuentro del amor, hija mía. Mira hija mía como es la puerta estrecha; pero que belleza encierra, hija mía. Y como saldrás al encuentro: El Amor con El amor. Cuando se presente el amor ante El Amor, hija mía. ¡Que grandeza! pero Ay, de aquellas almas que no aman y se encuentren ante el amor tan omnipotente de Dios; sin Su amor. Será terrible, hija mía.

Cumplid con los Diez Mandamientos, hijos míos. El que no cumpla con las leyes que Dios ha instituido no entrará en El Reino del Cielo.

Hay muchos Caínes en la tierra, hija mía, hay muchas samaritanas en la tierra, hija mía, y hay muchos Judas en la tierra hija mía; pero para tu consuelo, hija mía, también hay muchos Abeles, muchos Abrahanes hija mía, y muchas Magdalenas arrepentidas.

Voy a bendecir todos los objetos que hay en este lugar. Levantad todos los objetos, hijos míos. Todos serán bendecidos.

Y acudid a este lugar y rezad el Santo Rosario todos los días. Con el rezo del Santo Rosario se salvarán muchas almas, hija mía.

Amad mucho a Mi Corazón, amad a la Eucaristía. Yo también soy Madre de la Eucaristía.

Os bendigo, hijos míos, como El Padre os bendice, por medio del Hijo y con El Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, ¡adiós!





MENSAJE DEL DÍA 4 DE FEBRERO DE 1989

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Luz-Amparo, avisada por la Stma. Virgen y acompañada de algunas personas allegadas, baja a Prado Nuevo a tempranas horas de la mañana. Puestos a rezar el santo Rosario y terminado el quinto misterio doloroso, Luz-Amparo entra en éxtasis y transmite el siguiente mensaje dictado por la celestial Señora:

LA VIRGEN:

"Hija mía, hoy mi Corazón viene lleno de dolor como tantas y tantas veces, de ver la corrupción de la humanidad. El mundo está corrompido por el pecado, hija mía. La mayor parte de los hogares está en guerra porque la pareja se ha unido sin amor, hija mía, y su espíritu se ha degenerado en el pecado y la gracia no puede entrar en su corazón.

Aflige mucho mi Corazón el castigo que va a caer sobre la humanidad, hija mía; grandes lluvias de fuego reducirán la tierra en cenizas, y todos aquellos grandes trabajos que los hombres han hecho y que admiran tanto sus corazones van a ser destruidos, hija mía.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en la humanidad.

No tardándose mucho, hija mía, una noche de frío vendrá una gran catástrofe sobre los hombres, como jamás se ha visto sobre la tierra.

Por eso pido, hijos míos, que forméis un gran rebaño y os unáis todos a orar. Todos aquéllos que no dejéis de orar y de hacer sacrificio y penitencia, hijos míos, seréis protegidos por mi Inmaculado Corazón. Pero, ¡ay de aquéllos que se llaman justos y han abolido todas mis Leyes!

Este tiempo, hijos míos, es de oración y sacrificio.

Grandes partículas se desprenderán del horizonte a la tierra, y la tercera parte de la humanidad quedará carbonizada por el fuego, hija mía. Grandes y pequeños morirán juntos.

¡Ay, de las almas consagradas que han vuelto la espalda al Dios Creador! La venganza justa de Dios caerá sobre ellos y en esos momentos no habrá lamentos ni tiempo para arrepentirse.

Amad mucho a mi Inmaculado Corazón, hijos míos. Yo seré el ancla de salvación que Dios ha puesto para salvar a los hombres.

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por tantos y tantos pecados que cometen las almas consagradas.

Es necesario que los hombres se consagren a mi Inmaculado Corazón; todo aquél que esté consagrado será protegido. Cuando esta noche oscura y fría suceda esta gran catástrofe, hijos míos, cerrad las puertas y las ventanas, no seáis curiosos con las miradas y arrodillaos y poneos a orar. Seréis protegidos por vuestra Madre Inmaculada.

Mi Hijo está harto, hijos míos, de las almas hipócritas, del desamor que hay en el mundo; y de un momento a otro va a descargar su brazo sobre toda la humanidad. ¡Convertíos, hijos míos, y arrepentíos de vuestros pecados!

Yo hago un llamamiento a toda la humanidad. Es corto el tiempo, hijos míos. Cuando llegue el momento no habrá oídos para escucharos ni corazón para protegeros. Hacedlo pronto, hijos míos.

Y tú, hija mía, sigue siendo víctima de reparación por la humanidad.

Es necesario que los hombres cambien y que pueda coger un gran número en el rebaño de Cristo. Multiplicaos, hijos míos, en este rebaño. Y ablandad vuestro corazón a la gracia; porque muchos de vosotros vuestro corazón está endurecido por la falta de amor, por la soberbia, por el apego a lo material. ¡Os olvidáis de vuestro espíritu, hijos míos!

Derramaré muchas gracias sobre este lugar para que las almas se conviertan.

Tú, hija mía, humildad te pido. Humíllate: "El que se humilla será ensalzado." Tu misión es reparar, hija mía, y participar de la cruz de Cristo.

La tierra temblará (Luz-Amparo hace una exclamacíón ante la escena catastrófica que está presenciando) y naciones enteras quedarán engullidas bajo los escombros.

Por eso mi Corazón viene tan afligido, hija mía, porque veo el castigo que acecha a la humanidad y los hombres no cambian.

Amad mucha a la Iglesia, hijos míos, y no dejéis de orar. Amad al Vicario de Cristo.

Levantad todos los objetos, hijos míos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día de las tinieblas, hijos míos. Traed velas a bendecir, para cuando llegue ese momento. Sólo con una vela tendréis para los tres días, hijos míos.

No dejéis de rezar el santo Rosario con mucha devoción. Y refugiaos en mi Inmaculado Corazón; El os protegerá, hijos míos. Desprendeos del mundo. No seáis hipócritas ni fariseos; a mi Hijo no le gusta la hipocresía ni la mentira.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos."





MENSAJE DEL DÍA 4 DE MARZO DE 1989

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Al igual que otros primeros sábados de mes, Luz-Amparo avisada por la santísima Virgen de madrugada, acude a Prado Nuevo acompañada de algunos de sus hijos y unas cuantas personas de su confianza.

Rezan las tres partes del Rosario, y cuando se estaba rezando la letanía, en la invocación Mater Christi, Luz-Amparo cae de rodillas y queda en éxtasis al hacer su presencia la santísima Virgen, que por su boca nos transmite el siguiente mensaje.

LA VIRGEN:

"Hija mía, hoy vengo a haceros un nuevo llamamiento para que cooperéis conmigo. La humanidad, hija mía, está agonizando. Caminan sus corazones hacia el desamor, hacia el odio, hacia la lujuria, hacia la envidia, hacia la destrucción.

Dios me ha nombrado mediadora de todas las gracias, hijos míos. Yo os pido, que mayores y pequeños os consagréis a mi Inmaculado Corazón. Yo haré maravillas en todos aquellos corazones que acudan a Mí, y haré a todos los mortales que conozcan a mi Hijo. Los hombres no conocen a mi Hijo porque no me conocen a Mí, hija mía. El perdón del Padre vendrá por el Hijo, y la misericordia del Hijo vendrá por la Madre, hijos míos.

Cuando los hombres crean en mi amor, cuando los hombres crean en la Madre de Dios Creador, del Dios Redentor, cuando los hombres me vean Inmaculada y Pura, cuando los hombres me vean Madre de la Divinidad de Jesús, habrá paz en la tierra; cuando los hombres crean que soy Esposa eterna del Espíritu Santo y soy la Madre del Dios vivo, y tengo la misión de señalar todas las frentes con la señal del Dios vivo, para que estas frentes con esta señal prevalezca sobre el infierno.

Tened confianza en Mí, hijos míos, Yo seré la que atraeré el amor de Dios a los hombres, y el perdón para todos aquellos que quieran venir a mi Inmaculado Corazón.

Mientras los hombres no me reconozcan como la Madre del Dios vivo, habrá grandes calamidades y grandes catástrofes, hijos míos.

Quiero que todos los mortales se consagren a mi Inmaculado Corazón y Yo los protegeré de todos los males.

También os pido, hijas míos, que crezca en vosotros un gran número de almas; pero no os quiero escondidos os quiero a la luz para que podáis hablar del Evangelio, y para que podáis conquistar a todas las almas para que lleven la señal en su frente del Dios vivo.

Quiero que salgáis de vuestros escondrijos, hijos míos, os quiero consagrados, pero quiero que estéis a la luz no en la sombra, y quiero que pidáis, aquellos que estáis en la luz, por los que están escondidos, por aquellas pocas almas consagradas que todavía se conservan lozanas y frescas, para que mi Corazón y el Corazón de Cristo puedan refugiarse en ellas; pero quiero que este número de almas crezca como un gran rebaño sin esconderos en ninguna parte, hijos míos.

Yo os ayudaré y derramaré gracias sobre todos aquellos que quieran pertenecer a este gran número, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

Os pido que no ocultéis las gracias, hijos míos; que las pongáis a la luz y convirtáis el mayor numero de almas.

Pedid por los sacerdotes, hijos míos, por las almas consagradas, pero no os quiero escondidos, os quiero a la luz todos unidos; quiero formar un gran rebaño de vosotros para enseñar a vuestros corazones el amor, la humildad, la obediencia, el despego a todo lo terreno.

Y tú, hija mía, sigue siendo alma de reparación y víctima por la humanidad. No será muy largo el tiempo en la tierra para ti, hija mía, prepara un buen rebaño para que recorran toda la tierra llevando el amor, el Evangelio.

Cumplid con mis palabras, hijos míos, todos aquellos que cumpláis con mis palabras derramaré gracias sobre vosotros. Y todas aquellos que acudan a este lugar, quedará la señal viva de Dios en su frente.

Humildad pido, hijos míos, os quiero muy humildes.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales, hijos míos.

Pero cuidado, tened mucho cuidado que hay muchos profetas falsos bajo la apariencia de apóstoles de los últimos tiempos.

Hijos míos, orad, sacrificaos, haced penitencia, hijos míos.

Os bendigo, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos".





MENSAJE DEL DÍA 1 DE ABRIL DE 1989

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Como es habitual todos los primeros sábados de mes, Luz-Amparo, avisada por la santísima Virgen acude a Prado Nuevo a tempranas horas de la mañana, acompañada de algunos de sus hijos y unas cuantas personas de su confianza. Rezan las tres partes del Rosario y, terminada la tercera parte, Luz-Amparo cae de rodillas y queda en éxtasis al hacer su presencia el Señor y la santísima Virgen que le dictan el siguiente mensaje:

LA VIRGEN:

"Hija mía, orad, haced sacrificios. La tierra está gravemente, cada día más herida por el pecado. Esta herida es incurable, hija mía. Han llegado los hombres hasta tal punto de iniquidad, que parte de la tierra será arrasada. Dos partes serán arrasadas por el fuego. Lo mismo que un día el mundo fue destruido por el diluvio, otro día, no muy lejano, hija mía, será destruido por el fuego.

Sólo el sacrificio y la oración salvarán una parte de la humanidad.

Orad, orad, hijos míos, que orando no caeréis en tentación.

Los hombres se olvidan de Dios, hija mía, y han profanado la tierra por el pecado, y parte de la tierra está maldecida, hija mía. Han violado las Leyes de Dios y los Mandamientos, y el pecado ha traspasado la bóveda del cielo y el cielo se ha enrojecido por el pecado. El hombre, hija mía, es como una fiera salvaje.

Yo quiero que se forme un gran rebaño; pero para ser buenos apóstoles, hijos míos, hay que cumplir con las Leyes; mi Hijo lo dejó escrito: "El que está contra Mí no será de mi rebaño, sólo será de mi rebaño aquél que está conmigo." Ya lo dijo, hijos míos: "Yo soy el Maestro y vosotros sois los discípulos." Si os apartáis del Maestro no podréis dar buen fruto. Si estáis cerca del Maestro, cuanto más cerca estéis mejor fruto daréis, hijos míos.

Cumplid con el Evangelio, amad a la Iglesia y frecuentad los Sacramentos. El Sacramento de la Penitencia es muy importante para vuestra salvación, hijos míos. Que nadie os engañe. Guiaos por el Evangelio.

Besa el Suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

EL SEÑOR:

Y vosotros que sois mis sarmientos no os retiréis de mi viña. Yo soy la viña y vosotros los sarmientos. Si os retiráis del tronco, hijos míos, pereceréis. Acercaos con sacrificio y penitencia. Retiraos del mundo, de sus vanidades y de sus placeres. Haced una renuncia a todos vuestros bienes. Sólo uno es vuestro Pastor y sólo uno es vuestro Señor. No busquéis tesoros en la tierra, hijos míos, que esos tesoros no sirven al hombre nada más que para condenarse. Buscad los tesoros que hay en el cielo. Y... ¡ay de aquéllos que sean arrasados por el fuego...! La justa ira de Dios va a caer de un momento a otro sobre la humanidad. Convertíos, hijos míos, y arrepentíos.

De estas dos partes de la humanidad que serán arrasadas: ¡Ay de los impíos, de los hipócritas fariseos!, ¡ay de los impuros!, ¡ay de aquellos falsos profetas; de aquéllos que quieren convertirse en dioses! Todos arderán como la leña seca, hija mía, arde en el fuego. ¡Ay de aquéllos que se llaman justos ante los ojos de los hombres y ante los ojos de Dios son fariseos hipócritas!, ¡ay de aquellos malvados...!

LA VIRGEN:

Mi Corazón Inmaculado quisiera salvar, hija mía, a toda la humanidad. Mi Corazón sigue pidiendo misericordia aún por los impíos, por los hipócritas, por los fariseos; pero la Justicia de Dios es santa y la tierra está preparada para arder como la leña seca.

Os quiero sarmientos verdes para que podáis dar mucho fruto, hijos míos.

Reuníos todos a orar, pero no de palabra, hijos míos, sino que vuestra oración salga de lo más profundo de vuestro corazón. Y cumplid con las Leyes del Evangelio.

Amad mucho al Vicario de Cristo. Es muy perseguido, hija mía. ¡Ay de aquéllos que persiguen al Vicario y que quitan del Evangelio y ponen a su antojo lo que les parece! ¡Ay de aquellos pastores desviados por la concupiscencia de la carne! Todos aquéllos serán arrasados y aniquilados. Los ejércitos de la justicia de los ángeles están preparados, para que Dios dé la señal de su Divina Justicia y con la punta de sus espadas toquen parte de la tierra y sea reducida a cenizas.

Os pido, hijos míos, oración y sacrificio. Quiero que ayunéis los viernes a pan y agua, hijos míos. Y aquéllos que por vuestra salud o por vuestro trabajo no podáis hacerlo, ofreced sacrificios de vuestros gustos.

Amaos unos a otros, hijos míos.

El mundo va a ser destruido por falta de amor. Los hombres se han degenerado, hija mía, por los vicios, por las pasiones... Pido que todos juntos, hijos míos, os sacrifiquéis y oréis y forméis grandes grupos.

También hago una llamada a toda la humanidad para que acuda a este lugar, para que sus frentes sean selladas, para que cuando llegue el día de la Divina Justicia, por esa señal sean respetados.

Orad, hijos míos, y encomendaos a mi Inmaculado Corazón. El os protegerá.

Tú, hija mía, sé humilde, muy humilde, y refúgiate en nuestro Corazón.

Os pido sacrificio y penitencia para poder estar en el lado de los escogidos.

Levantad todos los objetos, hijos míos, todos serán bendecidos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 6 DE MAYO DE 1989

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Como en otros meses, la Santísima Virgen avisa a Luz Amparo, que baja acompañada de algunas personas familiares y allegadas. Se ponen a rezar el Rosario completo. Al fin del cual se aparece la Santísima Virgen a Luz Amparo y le comunica el siguiente mensaje.

LA VIRGEN:

"Hija mía, los hombres no quieren reconocer al Creador, y el Creador quiere ser reconocido por los hombres. El Creador quiere que por medio de la esposa eterna del Espíritu Santo, de la Madre Pura e Inmaculada de Jesucristo, de la Reina de todas las gracias sea conocido, bendecido, alabado y glorificado. Pero los hombres rechazan a esta Mensajera divina. Y, mientras esta Mensajera divina no sea reconocida como Madre de Dios, como Madre de la divinidad de Cristo, como Pura e Inmaculada, no habrá paz en el mundo.

La Iglesia es pisoteada, hijos míos, es despreciada por sus mismos componentes.

Y hago un llamamiento a todos los mundos para que Dios sea reconocido y para que los pastores de la Iglesia vuelvan a su ministerio y se ocupen sólo del ministerio que les corresponde: de predicar el Evangelio tal como está escrito.

Hago un llamamiento a las almas, para que todos aquellos que quieran pertenecer a mi rebaño, vivan en pobreza, en humildad, en castidad, en obediencia. Pero, ¡ay de aquéllos que dicen vivir en la pobreza y viven en la abundancia! ¡Ay de aquéllos que dicen vivir en la castidad y viven en el adulterio y en la lujuria! ¡Ay de aquéllos que dicen vivir en la obediencia y hacen su voluntad! Todos aquellos que no renuncien a los bienes materiales y corporales no pueden pertenecer a este rebaño.

Hago un nuevo llamamiento a estas almas, para que vivan según el Evangelio.

¡Ay de aquéllos que desprecian a la Iglesia y pisotean la Sangre de Cristo! ¡Ay de aquéllos que hacen sufrir a la cabeza visible de la Iglesia!

Refugíaos, hijos míos, en mi Inmaculado Corazón. Yo seré la puerta del cielo. Yo seré el sostén de toda la humanidad. Dios lo quiere así, hijos míos. Sed humildes y recapacitad, y no busquéis razones en mis palabras.

Quiero almas libres para que puedan predicar el Evangelio tal como está escrito, sin quitar ni añadir ninguna palabra, hijos míos.

Quiero que vengáis a Mi que soy el camino para conduciros a Cristo. Quiero que me conozcáis en inmensidad y en profundidad, hijos míos; pero, ¡ay de aquéllos falsos pastores que están invadiendo la mayor parte de la humanidad, confundiendo a las almas! Y vuelvo a repetir, hijos míos: cuidado con aquéllos falsos apóstoles que se nombran apóstoles de los últimos tiempos y viven en la abundancia sin cohibirse de los placeres y los gozos.

Quiero almas humildes, hija mía, como te he dicho en otras ocasiones, pobres y sacrificadas. Quiero que renuncien a todos los bienes materiales y se ocupen sólo de los bienes espirituales, hijos míos. El mayor tesoro está en el cielo. No os apeguéis a los tesoros terrenos.

Quiero formar este grande rebaño. Yo seré la que lo dirigiré, hija mía.

Amad a la Iglesia, amad al Vicario, hijos míos.

La obediencia es muy importante para la salvación.

El tiempo se aproxima y los hombres no vuelven su mirada al Todopoderoso. Hablan de caridad y se odian unos a otros. Hablan, hija mía, de pureza y están en la oscuridad de la lujuria y del adulterio. Hablan de humildad y quieren gobernarse ellos mismos sin que nadie los dirija.

Humillaos, hijos míos, "el que se humille será ensalzado". No penséis tanto en la concupiscencia de la carne. Amaos como Cristo os amó. Renovad vuestro corazón, hijos míos, en el amor, en el sacrificio.

Es necesario en estos tiempos tan graves, hijos míos, la penitencia, el sacrificio y la oración.

Besa el suelo, hija mía, por tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

Yo tengo la misión, hija mía, de sellar las frentes y quiero que acudan a este lugar para que todas sus frentes sean selladas; para que, cuando llegue este día cercano, no sean tocados por el enemigo y reluzca la señal en sus frentes; la señal de los escogidos, hija mía.

Amaos unos a otros sin discordias ni discusiones. No queráis ser los primeros, hijos míos. Ocupad los últimos puestos. Amaos, como mi Hijo os ha enseñado a amar. El lo dejó escrito, hijos míos.

Acudid todos a este lugar, de todos los lugares de la tierra, que Yo, como Mediadora de todas las gracias, derramaré gracias sobre todos vosotros.

Quieren formar apóstoles de los últimos tiempos amándose ellos mismos, sin ocuparse de los demás. El primer Mandamiento de la Ley de Dios está escrito: "Amarás al Señor, tu Dios, con todas tus fuerzas, con toda tu mente y con todo tu corazón. Y al prójimo como a ti mismo".

Olvidan al prójimo, hija mía, y se aman ellos mismos. Su soberbia y su orgullo los deja ciegos, sordos...

Presentad buenas obras, hijos míos, ante Dios, vuestro Creador.

La caridad es muy importante y los hombres se han olvidado de esa virtud, y aplican la caridad para ellos mismos, hija mía.

¿Qué recompensa van a recibir en el cielo, si no se han ocupado de la virtud más importante y eterna que es la del amor, hijos míos?

Seguid yendo por todos los pueblos llevando el Evangelio, amando a la Iglesia y a la cabeza visible de la Iglesia que es el Papa. Y amaos unos a otros como mi Hijo os enseña, hijos míos.

Tú, hija mía, sé humilde, y sigue siendo victima de reparación de los pecados de la humanidad, hija mía.

Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos.

Tened cuidado, hijos míos, con todos estos que se llaman apóstoles de los últimos tiempos. Que se nombran ellos mismos profetas falsos para que sean escogidos sus nombres. Esos nombres no están escritos en el Libro de la Vida. Para estar escrito en el Libro de la Vida hay que imitar, hijos míos, al mismo Jesucristo en la pobreza, la humildad y la obediencia.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Quiero que construyáis una gran obra, hijos míos, que sea tan inmensa, para que todo mi rebaño quepa en ella.

Adiós, hijos míos".





MENSAJE DEL DÍA 3 DE JUNIO DE 1989 (PRIMER SÁBADO DE MES)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

Como en otros meses, la Santísima Virgen avisa a Luz Amparo, que baja acompañada de algunas personas familiares y allegadas. Rezan el Santo Rosario y en el quinto misterio glorioso Luz Amparo entra en éxtasis al aparecer el Señor y la Santísima Virgen que le comunican el siguiente mensaje:

EL SEÑOR:

"Hija mía, aquí estoy para consolarte. No quiero que nada ni nadie te entristezca. Yo te he enseñado, hija mía, a decir la verdad. Yo soy la Verdad y la Verdad siempre es la Verdad, y lo falso es falso. Di mi mensaje, hija mía, con gran claridad. Por eso, algunas de las almas han sido dañadas en su orgullo, hija mía.

Tú no te ocupes nada más que, hija mía, de enseñar a los hombres mi amor. Tú sigue siendo esa nada que te he enseñado.

El hombre no busca nada más que discordia, hija mía, y la discordia divide, y el amor une. ¡Que nada te entristezca! Quiero ver tu sonrisa en tus labios. Tú enseña a los hombres a amarme, hija mía, es tu misión. Pero no quiero que nada te turbe.

Para ser un buen apóstol, hija mía, de los últimos tiempos, el hombre tiene que vivir el espíritu de mi agonía física, moral y espiritual. Tiene que ser como San Pedro, que renunció a sí mismo y no le importó ni los ultrajes ni las calumnias y se retiraba de los halagos del mundo, hija mía.

Para vivir como buen apóstol hay que vivir la agonía de Getsemaní; hay que vivir, hija mía, el Gólgota; hay que dejarse coronar de espinas. Y no hay que buscar estandartes del mundo, sino el estandarte de mi cruz.

El apóstol de los últimos tiempos tiene que vivir en la pobreza, en la humildad, en la obediencia.

Los hombres se han adelantado a hacer juicios, hija mía, contra mi Obra, y todo el que daña mi Obra lo pagará.

Yo te he dicho, hija mía, como Hijo de Dios vivo, que te ayudaré a esta gran Obra, y pondré personas buenas en tu camino para que todo salga adelante, hija mía.

No quiero que te entristezcan ni la calumnia ni los ultrajes. Ama mucho a nuestros Corazones, hija mía; es la misión que te encomiendo. Pero lo que sí aflige el Corazón de mi Madre, es que aquellas almas que ha derramado tantas gracias sobre ellas, que se dejen arrastrar por el enemigo y por el engaño, hasta tal punto de destruir mi Obra.

Los hombres no podrán destruir lo que Yo he construido, hija mía. Los hombres se precipitan a dar juicios y por su orgullo y su vanidad se creen que sus juicios son infalibles. Su orgullo les hace ver que son poderosos y fuertes y que todo lo pueden. Y se saltan la obediencia de la Jerarquía, hija mía. Su soberbia les deja ciegos. Es lo que más aflige a mi Corazón. Por eso te pido, hija mía: Retírate de los halagos del mundo; los halagos pierden a las almas, los convierten en dioses y se ven poderosos y fuertes y creen que son los únicos para dar el mensaje divino, hija mía. Y no hablan de lo divino, sino de lo humano. Su "yo", hija mía, no les deja ver y cada día más caminan hasta las tinieblas, hija mía.

Un buen apóstol tiene que ser imitador de Cristo en su pobreza, en su humildad, en su obediencia. Cristo se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Por eso, hija mía, retírate y no escuches a aquellos que no obedecen a la iglesia, porque están fuera del rebaño de Cristo.

La Iglesia es santa; y no se puede atacar a las cosas santas, hija mía.

Tú, obedece a la Iglesia, como te he dicho, con todas sus consecuencias. Amala, respétala. Y sobre todo, hija mía, la oracion y el sacrificio es lo que te conducirá a la obediencia y a la humildad. No dejes de orar y de pedir por los pobres pecadores. ¡Cuántas almas, hija mía, se introducen en el infierno por falta de humildad! Quieren estar los primeros y ser halagados y glorificados como dioses en la tierra. Retírate de los halagos y de las vanas glorias que existen en la tierra, hija mía.

Y vosotros, almas que estáis en el rebaño, renunciad a vuestros bienes, a vuestros apegos materiales y buscad lo espiritual.

Yo cortaré, hija mía, la leña seca que no sirva, y la echaré a la lumbre para que arda.

Un buen apóstol tiene que imitar al Maestro.

Os sigo encomendando: amaos los unos a los otros como Cristo os ama. Paz y amor quiero entre vosotros, hijos míos. Y quiero que este número crezca cada día más.

Mira, hija mía, para todos los que cumplan mis Leyes y para todos los que trabajen en mi Obra, mira la gloria, hija mía, que les espera. (Amparo ve unas moradas gloriosas en el cielo).

Pero, ¡ay de aquéllos que trabajan a son de trompeta! ¡Ay de aquéllos que quieren ser remunerados en la tierra! no recibirán el suelo que les tengo preparado eternamente.

El que quiera seguir el camino de esta Obra, hija mía, tiene que practicar la obediencia, la caridad, la humildad, la castidad.

Hay muchas almas que cometen adulterio, hija mía, porque no se aman. El amor es el primer Mandamiento que fue instituido para los hombres, hija mía. Amaos los unos a los otros como Cristo os amó; y si no os amáis, vivid en castidad, obediencia, humildad y pobreza. (Se refiere a los que viven en matrimonio).

Id de pueblo en pueblo hablando del Evangelio, hija mía. Y sigue hablando a los hombres de mi mensaje divino.

Que nada te turbe y nada te angustie. Te repito, hija mía, no quiero que derrames lágrimas por calumnias ni por incomprensiones de los hombres. Quiero ver la sonrisa en tus labios. Haz que los hombres me amen, hija mía, y tú, ámame con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y con todo tu entendimiento.

Si los hombres en vez de pensar en los placeres y en los lucros del mundo, pensasen, hija mía, en el amor, formarían un paraíso en la tierra; pero, ¡ay de las almas que se dejan arrastrar por el enemigo y se quieren convertir en centros para que los halaguen y los glorifiquen en la tierra! Sólo un Señor tiene que ser alabado, bendecido y glorificado. Y ese Señor de señores, tiene que ser alabado, bendecido y glorificado por el cielo, la tierra y los infiernos. Esta es la misión de los hombres, hija mía; pero los hombres se rebelan contra Dios y se ocupan de ellos mismos y no quieren renunciar al mundo ni al dinero, ni a la carne, hija mía.

¡Ay de aquéllos que habéis recibido tantas y tantas gracias y no las habéis aprovechado, hijos míos! No tendré oídos ni habrá lamentos el día de vuestro juicio, hijos míos. Humildad os pido y oración y sacrificio.

El mundo está en esta situación por falta de oración, hija mía.

Besa el suelo, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

Y no quiero, hija mía, que sufras por cosas vanas de la tierra; quiero que tu sufrimiento, hija mía, sirva para la redención del mundo. Refúgiate en nuestros Corazones. Y ¡ay de aquéllos que intentan dañar mi Obra!

Piensa, hija mía, que el orgullo destruye, y el amor construye. Sigue construyendo, hija mía. Amanos con todo tu corazón.

LA VIRGEN:

Hoy voy a dar una bendición especial para todas las almas que acudan a este lugar y seguiré derramando gracias para todos; gracias muy especiales, hijos míos. Los tiempos son graves y los hombres no hacen nada más que sembrar discordias y guerras para destruir el mundo.

Os pido oración y sacrificio. No perdáis el tiempo, hijos míos, en cosas vanas de la tierra.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día de las tinieblas, hijos míos.

EL SEÑOR:

Guardad estos objetos bien escondidos. Ese día alumbraran como si fuese de día, hija mía. Yo soy la Luz que alumbra la tiniebla; y Yo alumbraré esa noche a la tiniebla, para que todos los que habéis recibido esta gracia estéis en luz, hijos míos.

Adiós, hijos míos, adiós."

(En la transmision al público en la tarde, se oyen voces que claman: ¡Adiós, Madre! ¡Adiós! ¡Ay, que gracias nos das!).







MENSAJE DEL DÍA 3 DE JULIO DE 1989 (PRIMER SÁBADO DE MES)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



En la madrugada de este día Luz-Amparo baja al Prado acompañada de parientes y allegados. Rezan los quince misterios del santo Rosario. Hacia el fin de la segunda parte, contempla al Señor y a la Santísima Virgen de quienes recibe el siguiente mensaje:

LA VIRGEN:

Hoy, hijos míos, vengo con un gran manto, tan ancho como todo el mundo para proteger a todas las almas que acudan a este lugar. Las almas que acudan a este lugar recibirán gracias especiales, hijos míos. Luchad contra el enemigo; el enemigo quiere matar vuestra alma, hijos míos, para retiraros del camino de Jesús.

EL SEÑOR:

Yo soy la Palabra, hijos míos, os he dicho muchas veces que me gustan más las obras que las palabras.

Los verdaderos cristianos, hijos míos, se conocen por el amor al prójimo. Mi Palabra es: "Estuve hambriento y me disteis de comer, sediento y me disteis de beber, desnudo y me vestisteis, peregrino y me recibisteis en vuestra casa, en la cárcel y me visitasteis, triste y me consolasteis". Todo lo que hagáis por cualquier ser humano, de estas obras, hijos míos, recibiréis gracias especiales para vuestra alma.

El amor es vida, hijos míos, el que no ama está muerto.

A Mí me gusta, hijos míos, el amor de acción, no el amor de omisión; y aborrezco todos aquellos que está apegado su corazón a las riquezas del mundo. No aborrezco a las riquezas ni a los ricos, sino los que ponen su corazón en ellas. Y amo, hijos míos, y recompenso a todas aquellas almas que ponen su corazón en la caridad y en el amor.

Hijos míos, practicad la caridad con todos los seres humanos. Muchos de vosotros decís que no hacéis el mal a los hombres; pero tampoco hacéis el bien, y ¡ay de aquéllos que no hacen el bien a las almas!, los pondré a mi izquierda y los mandaré al fuego eterno.

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía, por tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

Amad a la Iglesia, hijos míos, amad al Papa; él intercede todos los días por la humanidad. La Iglesia, hijos míos, parte de ella está caída; sólo con el sacrificio y la oración puede levantarse.

Regocijaos aquellos que amáis, hijos míos, que practicáis la caridad; porque el Espíritu Santo hará morada en vuestra alma y os convidará a que practiquéis la renuncia, a que hagáis el bien en el mundo y se multiplique la caridad en vuestro corazón.

Desprendeos de las cosas materiales, hijos míos. Muchas almas que están en el mundo y escondidas del mundo, dicen que buscan el Reino de Dios, hijos míos, y dedican la mayor parte de su vida buscando los bienes materiales, y sólo les importa el lucro y se olvidan más de Cristo que del mundo. Ocupaos, hijos míos, del único bien, que es Cristo.

EL SEÑOR:

Yo soy la fortaleza, hijos míos, venid a Mí, todos aquéllos que estáis cargados y agobiados, que Yo os guiaré y os fortaleceré.

Amaos los unos a los otros; ése es el Mandamiento nuevo, hijos míos.

LA VIRGEN:

Mirad, hijos míos, hoy os prometo protegeros a todos con mi manto.

EL SEÑOR:

Y Yo os prometo que el rayo que sale de mi Corazón infiltrará vuestro corazón, hijos míos. Os lo prometo como Hijo de Dios vivo.

LA VIRGEN: No dejéis de orar, hijos míos, el enemigo está al acecho de vuestras almas. Rezad el santo Rosario con mucha devoción, hijos míos. El demonio odia esta oración.

EL SEÑOR:

Prometo a todos los que hayan acudido a este lugar, en el momento de su agonía manifestarme con todos los ángeles del cielo, santos y bienaventurados.

Os repito, practicad el Mandamiento del amor. Todo el que no ama está muerto, o el que ama con un amor deformado. El amor tiene que venir del Costado de Cristo, para que sea un verdadero amor limpio y puro.

Hija mía, sólo desde la crucifixión se puede ir a Cristo; sólo, hija mía, desde el Huerto de Getsemaní, desde el Gólgota, puede ser el camino recto y seguro. Sin sufrimiento, hija mía, no hay amor. Por eso los hombres no aman, porque rechazan tan grande gracia como es la del sufrimiento.

Mira, hija mía, los bienaventurados que han sufrido: ¡qué gloria han alcanzado! (Luz-Amparo expresa profunda alegría al contemplar la gloria de los santos). Vale la pena el sufrimiento, la calumnia, la persecución, el odio, el desprendimiento, hija mía, para alcanzar tan grande tesoro.

Os quiero, hijos míos, pobres, humildes y sacrificados. No estéis apegados a los bienes materiales.

Y tú, hija mía, sé humilde, muy humilde. Ama mucho nuestros Corazones. Sólo el amor purifica, hija mía.

LA VIRGEN:

Vuelve a besar el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen a mi Inmaculado Corazón.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. Adiós.





MENSAJE DEL DÍA 5 DE AGOSTO DE 1989

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Como de costumbre todos los primeros sábados Luz Amparo Cuevas acude a su cita con la Santísima Virgen en Prado Nuevo a tempranas horas de la mañana.

Acompañada de algunos de sus hijos y unas cuantas personas de su confianza, rezan las tres partes del santo Rosario. En el cuarto misterio glorioso, en la cuarta Avemaría, de la tercera parte del Rosario, Luz-Amparo de rodillas queda en éxtasis al hacer su presencia el Señor y la Santísima Virgen, que por su boca transmiten el siguiente mensaje:

EL SEÑOR:

"Hija mía, hoy vengo con el consejo del amor, mira mi Cuerpo llagado, mira mis miembros atrofiados por el dolor. Todo esto hija mía por la salvación de los hombres.

Yo me comunico a los hombres, hija mía, por medio de la Palabra, que es el Verbo; y les enseño que imiten mi Pasión, que cambien sus vidas, que sean buenos. Los hombres me desprecian y Yo sigo comunicándoles mis palabras. Yo, hija mía, dejé a mi Madre; renuncié a mi nombre de Rey, me entregué en manos de los verdugos, me dejé azotar, me dejé calumniar, hija mía. Fui despreciado, odiado, me despojé de mis vestiduras, renuncié a la vida por la salvación de los hombres, hija mía, y los hombres siguen endurecidos en el pecado.

Por eso, hija mía, mi pequeña porta-voz, no quiero que nada te angustie, ni las calumnias, ni los desprecios, ni los ultrajes.

Perdona, hija mía, a los que te desprecian, ten piedad con todos aquellos que quieren dañar mi obra, no podrán, hija mía, dañar mi obra. Yo tu Dios te prometo, ayuda, en todas las necesidades, a esta obra, y me valdré de las criaturas para ese fin, hija mía. Tu acerca tu alma al altar del sacrificio, hija mía. Tu dolor es un don para la salvación de los pecadores. Yo te exprimiré para mis fines, hija mía, así te ama tu Jesus, exprimiéndote para la salvación de las almas.

Piensa, hija mía, que donde hay maestros hay discípulos y donde hay discípulos hay Judas, pero no quiero que nada te angustie, tu ten constancia en mi amor y ten confianza en Mí, hija mía.

Los hombres se han olvidado del nombre de Dios, y se introducen en los placeres del mundo, hija mía, sus vanidades, su falta de amor, de caridad, hija mía, los introduce en el mal.

Ama nuestros Corazones, y nuestros Corazones te protegerán.

Y vosotros, hijos míos, todos, renunciad a vuestras cosas. Renunciad a las cosas mas pequeñas que tengáis. Despojaos del mundo, hijos míos, y acercaos a mi Corazón. Quiero formar un gran rebaño de vosotros, pero os quiero renunciando a todos vuestros bienes, hijos míos, materiales.

Mira, hija mía, aquí recibirán el ciento por uno. Vale la pena la renuncia, el sacrificio, el sufrimiento, hija mía.

Quiero que seáis imitadores de Cristo, hijos míos, sed humildes. No hagáis lo que Satanás quiere de vosotros: la soberbia, la desobediencia, la falta de amor. Que haya caridad entre vosotros, hijos míos, y sed humildes y obedientes.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

Y tú, hija mía, acepta el sufrimiento y glorifica mi nombre.

LA VIRGEN:

Hijos míos, escuchad la palabra de mi Hijo, para que un día, hijos míos, podáis escuchar los himnos de gloria que hay en el cielo, hijos míos.

Ni el ojo vio, ni el oído oyó, hija mía, la grandeza que hay en el cielo. Muchas almas, por no humillarse, hija mía, no participan de esta grandeza; y les pasa, hija mía, lo que a Satanás que por su rebeldía y su desobediencia perdió este gozo eternamente.

Refugiaos en mi Inmaculado Corazón, hijos míos, mí Corazón Inmaculado triunfará sobre la tierra. Sed hijos fieles de la Iglesia y amad a su Vicario.

Yo prometo, hija mía, derramar gracias especiales sobre todas las almas que acudan a este lugar, contritos y arrepentidos.

Y tú, hija mía, que nada te angustie, no vale la pena angustiarse por cosas pequeñas, piensa, hija mía, que cuanto más cerca estés de la meta, más obstáculos te va a poner Satanás, hija mía, para tropezar. Yo seré tu guía y tu ayuda, Yo te protegeré con mi manto. Tú ama a nuestros Corazones, sé fiel y constante, hija mía, y Nosotros no te abandonaremos.

Os quiero a todos pobres, hijos míos, imitad la pobreza de Cristo, la humildad y la obediencia. No se le da importancia a la obediencia y es muy importante, hijos míos. Sed constantes en la oración, en el sacrificio y en el amor. Rezad todos los días las tres partes del Santo Rosario. El Santo Rosario, hijos míos, os he repetido muchas veces, será el ancla de salvación.

Permaneced firmes en la Fe, en la Esperanza y en la Caridad.

Y tú, hija mía, perdona a todos aquellos que quieran dañar tu cuerpo, pero que nunca podrán dañar tu alma, hija mía.

Hoy voy a dar una bendición especial a todos los objetos, para aquellos corazones endurecidos, para que se inflamen de mi amor.

Levantad todos los objetos, hijos míos, todos serán bendecidos.

Cumplid con mis palabras y con las palabras de mi Hijo, hijos míos, y derramaremos muchas gracias sobre vuestras almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!".





MENSAJE DEL DÍA 2 DE SEPTIEMBRE DE 1989, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Luz-Amparo baja a Prado Nuevo acompañada y protegida por personas allegadas. Rezan los quince misterios del Santo Rosario comenzando por los gloriosos. En el quinto doloroso entra en éxtasis contemplando a Jesús crucificado, a su Santísima Madre apenada y también afligidos ve a San Juan y a Santa María Magdalena. El Señor le expresa el siguiente mensaje.

EL SEÑOR:

"Hija mía, hoy vengo a derramar mi amor y mi misericordia sobre los hombres; pero los hombres se hacen los sordos y se introducen en el odio, en la avaricia y en los placeres, hija mía. Yo quiero formar un gran número para mi Reino; y mi Reino llegará pronto, como el relámpago. Mi Reino está presto, hija mía, y los hombres no escuchan mi palabra.

Yo pido reparación por los pobres pecadores y los hombres se introducen en los placeres, en el ocio y olvidan la oración y el sacrificio. Yo estoy sellando frentes y Satanás persigue esta señal. Pero esta señal prevalecerá en las frentes y las puertas del infierno permanecerán cerradas ante esta señal.

Mira, hija mía, el desamor de los hombres, cómo está mi rostro. Levántate, hija mía, y cura mis heridas. Limpia mi rostro, hija mía. (Amparo se pone en pie, hace ademán de coger algo -ella dice que un paño- y de limpiar las llagas del Señor). Cura el odio, el desamor, la ira, la envidia y los placeres de los hombres. (Pausa y llanto de Amparo). Los hombres confunden el desamor con la caridad; la caridad es dolor, hija mía, es sacrificio porque es amor, aunque a veces el amor es gozo también. Pero cuántas veces te he dicho, hija mía, que no hay amor sin dolor ni gozo sin sacrificio. Bebe de mi costado, hija mía, y enseña a los hombres el verdadero amor que mana de El. (Se la ve alzar la cabeza aupándose y aproximar los labios en actitud de beber; se le oye muy clara la deglución). Transmíteselo, hija mía, di que el amor no es discordia, no es odio, no es placer, no es envidia.

Hija mía, consúmete de amor, únete a mi Cruz y los dos repararemos los pecados de los hombres. Enseña el amor desinteresado, limpio, entregado; mira el ejemplo en mi Madre, en Juan y en María; contémplalos ante el dolor, participan de él. Mira todo un Dios ultrajado. Mira la Majestad divina cómo ha quedado. (Amparo gime con mucho dolor largamente). Arrodíllate, hija mía, y humíllate por los pecados de los hombres. Inclina tu cabeza ante Dios, tu Creador. (Se arrodilla e inclina la cabeza). Ama a Dios, tu Creador. Repara las ofensas que hacen a Dios, tu Creador, hija mía. Los hombres se odian a muerte. Mira mis manos, mira mi costado, hija mía... Mira todo mi cuerpo. Todo esto es producido por el desamor de los hombres. (Mirando lo que el Señor le dice, intensifica los sollozos) . ¡Ama y enseña a amar, hija mía! Los hombres confunden el amor con el desamor. Yo estoy agotando mi misericordia y dentro de breves momentos vendré a aplicar la justicia sobre la tierra. No oiré lamentos ni me compadeceré de las angustias de los hombres. Estoy dando avisos por todo el globo terrestre para que los hombres se conviertan y los hombres siguen en la pasión, en el desorden; materializados, hija mía. No hacen caso, y mi venida les pillará desprevenidos y, ¡ay de aquéllos que no estén preparados!

Amaos los unos a los otros, hijos míos.

Y vosotros, almas consagradas, desde vuestros retiros ocupaos menos del mundo y del dinero, y orad y sacrificaos por los pobres pecadores. No juzguéis; sólo Yo sé la profundidad de los corazones; y no arméis discordias entre vosotros.

Las esposas de Cristo tienen que ser fieles y no disgustar al Esposo. Ocupaos de elevar vuestro espíritu y olvidaos de las cosas materiales.

No sólo se escribe y se lee el mensaje, hijas mías, sino hay que dar testimonio del mensaje con vuestro ejemplo. Yo quiero esposas fieles y capaces de renunciar a todo por mi amor. En vosotras no entre la crítica, sí el lamento, pero no la crítica, hijas mías. Vivid, imitad a esa gran Doctora que vivió por la Iglesia y murió por la Iglesia. Sed fieles a vuestra vocación. Fuera el orgullo y practicad la caridad divina.

¡No me defraudéis ese pequeño número que aún queda para poderme refugiar en él!

Y vosotros, renunciad a vuestras riquezas y a vuestras vanidades. Y os quiero cada día más unidos, más humildes y más sacrificados.

El Reino de Dios está cerca, hijos míos, velad y tened siempre la lámpara encendida para que el enemigo no pueda acechar y robar vuestra alma. Puedo venir en la oscuridad de la noche, no seáis necios y tened la lámpara preparada. Orad, hijos míos, y que acudan a este lugar para sellar todas las frentes, para que Satanás no pueda apoderarse de las almas.

Tú, hija mía, sé humilde, muy humilde; únete a mi Corazón y consuélale. Estoy sediento de amor, de amor limpio, puro y verdadero. No me gusta el amor desordenado de los hombres; ¡cuántos de los que se parecen grandes y se creen grandes en la tierra no entrarán en el Reino del Cielo! Y, ¡ay, de aquéllos pequeños que son despreciados e incomprendidos!, mi Reino está preparado para ellos.

Amaos, hijos míos, los unos a los otros. Uníos en oración, en sacrificio, en el desprendimiento.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

No dejéis de rezar el santo Rosario. Imitad a mi Madre, hijos míos. Acudid a su Inmaculado Corazón, El os protegera.

No os angustiéis ni de la calumnia ni del desprecio. Yo fui calumniado y despreciado, ultrajado; todo fue a causa de mi amor por los hombres.

Los ángeles de la justicia están preparados para dar el aviso y segar lo malo que hay en la tierra.

Levantad todos los objetos, hijos míos, todos serán bendecidos con gracias especiales para las conversiones de las almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

La paz os dejo, hijos míos.





MENSAJE DEL DÍA 7 DE OCTUBRE DE 1989 (PRIMER SÁBADO DE MES)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hijos míos, vengo triste porque los hombres me desprecian; desprecian mi Corazón en mi propia Casa, en mi Iglesia hacen desaparecer mi imagen. Por eso quiero formar un gran rebaño que ame mi Corazón y me venere. Así lo quiere el Todopoderoso. El Todopoderoso quiso que Yo fuese el medio de la Redención por el Misterio de la Encarnación y los hombres desprecian a la Madre de Dios, la dejan como mujer que tuvo al hombre. En Cristo estaba la plenitud de la Divinidad y la Divinidad entró dentro de mi vientre y se hizo carne y salió la Divinidad de dentro de mi vientre con Cuerpo, Alma y Divinidad. ¿Cómo los hombres dicen que es una herejía ser Madre de la Divinidad de Cristo? Dice Cristo: "Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin; el que cree en mi palabra tendrá vida eterna y el que no cree en mi palabra tendrá condenación eterna". Así dice Cristo; y Dios Creador quiso obrar en su Esclava grandes misterios. Desde antes de mi nacimiento obró en mi santa madre el gran misterio de mi nacimiento. Quedando estéril después de mi hermana, Dios creador quiso por su gracia hacer el misterio de mi nacimiento. Mis padres estaban tristes cuando al nacer mi hermana María, mi madre estaba pensando en que nacería su hija predilecta y su hija privilegiada del Señor; así le profetizó una profetisa, pero cuando nació y se quedó estéril vio que no era la privilegiada del Señor, su corazón se entristeció mucho, creyendo que había ofendido a Dios, porque una criada de la casa de mi madre había ofendido gravemente a Dios con un primo de mi padre. Mi madre la reprendió hasta tal punto, que la criada tanto dolor sintió en su corazón que el niño nació muerto. Por ese tiempo mi hermana María nació también antes de los nueve meses, y mi madre creyó que había ofendido a Dios regañando a esa pobre mujer, y desde ese momento empezó la penitencia, el sacrificio y la oración más profunda. Mi padre y mi madre oraban juntos y prometieron a Dios la castidad y el sacrificio. Viendo mi padre que su vientre se quedó cerrado por la esterilidad, sufrió en su corazón mucho y eran repudiados por muchos judíos porque era estéril, hasta tal punto, que mi santo padre presentaba los mejores presentes de su rebaño en el Templo y los sacerdotes lo despreciaban. Hasta que un ángel, estando mi madre en oración, vino a anunciarle mi nacimiento y le dijo: "Ave, coge a los criados y vete a Jerusalén a la Puerta Dorada; tendrás fertilidad y nacerá de ti una Hija". Mi madre sintió tal regocijo en su corazón que quedó extasiada y arrebatada por el amor de Dios. Se acostó y en sueños volvió a manifestársele el ángel y sobre la pared de su alcoba escribió un nombre: "Miriam". Así se llamará la Niña que nazca de tu vientre. Será la Madre del Mesías. A Joaquín, también le ha sido revelado este misterio. Pues mi padre, triste y disgustado porque creía haber ofendido a Dios y por el desprecio de los sacerdotes y el rechazo de sus presentes, se había marchado a una casa de oración y hacia varios meses que no estaba en compañía de mi madre. Cuando el ángel le anunció el mismo mensaje que le había anunciado a mi madre y que se pusiese en camino, de su rebaño cogió los mejores presentes y los partió. Los mejores fueron para el Señor, los otros mejores fueron para los pobres y los peores se quedó él con ellos. Acudió al Templo, y le dijo que en la Puerta Dorada estaría María Ana esperándole. Allí se obró el gran misterio de mi nacimiento. Dios Creador, llenó a mi padre de gracias y me evitó a Mi del pecado original. Le dijo el ángel: "Joaquín: de tu obra nacerá una Niña y se llamará María y en Ella se obrarán grandes misterios y Dios le dará poder para aplastar al enemigo y la llamaran todas las generaciones Bienaventurada". Mi padre fue a Jerusalén y allí se juntó con mi madre; pasaron por la Puerta Estrecha, y el sacerdote que antes le había repudiado y despreciado le recibió con grandes honores dándole la enhorabuena, y recogiendo sus presentes, al besar a mi madre se obró el misterio de mi nacimiento, de mi encarnación.

AMPARO:

Veo una luz como una espiga reluciente, que cuando besa Joaquín a Ana se desgrana y le entra dentro de ella. Están los dos en éxtasis, en un éxtasis de amor. Su tristeza ha desaparecido. ¡Ay, qué alegría tienen los dos, ay! Los dos cogidos de la mano salen del templo y a la salida gritan: "El Poderoso ha obrado en mí un gran misterio. De mi vientre nacerá la Madre del Mesías, y se le pondrá el nombre de Mirian, que quiere decir María, Madre de la humanidad. Será la Torre de Marfil, la Casa de Oro, el Arca de la Alianza, donde serán guardados todos los misterios. El medio que Dios pone a la humanidad para que se encarne la Redención del mundo".

LA VIRGEN:

¡Cómo los hombres desprecian mi Corazón, hija mía, cómo me rechazan hasta mis mismos hijos predilectos! Por eso quiero formar un gran rebaño, porque Dios no permite que en estos tiempos tan graves por el pecado, Yo que soy el medio para conquistar a las almas y llevarlas a Cristo, Dios no permite que me oculten y quiere que esté a la luz.

¡Pobre humanidad, hijos míos! La humanidad está corrompida por el pecado. El mayor castigo que puede caer sobre la humanidad, es que el hombre no acepta la gracia de Dios. Y ellos solos se gobernarán por sí mismos y se matarán unos a otros. Se envidiarán, se despreciarán, se destruirán. Ese es el mayor castigo que va a caer sobre la humanidad. Por eso quiero formar un gran rebaño, donde todos glorifiquen a Dios y donde mi Corazón sea venerado. Por eso quiero que viváis, hijos míos, el Evangelio tal como está escrito, que viváis en pobreza, que renunciéis a vuestros bienes y que os alimentéis de la savia del Evangelio.

Y todo el que acuda a este lugar recibirá grandes gracias para que pueda evangelizar a la tierra. Los hombres han olvidado la palabra de Dios. Quiero almas reparadoras, sacrificadas, pobres y humilladas. Humillaos, que todo el que se humilla será ensalzado ante los ojos de Dios y todo el que sea pobre en la tierra será rico en la eternidad. Porque con todos los dones que haya dejado en la tierra, los recibirá eternamente en el cielo.

Amaos unos a otros y buscad la gloria de Dios. No busquéis vuestros honores ni vuestra gloria en la tierra.

Tú, hija mía, humíllate, y bienaventurado el que te desprecie y te calumnie, porque él será el que te siembre el camino de la eternidad. No le desprecies, llámale bienaventurado, porque por él gozarás eternamente.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

Refugiaos en mi Inmaculado Corazón, pues él triunfará y aplastará la cabeza de Satanás. Sobre toda la humanidad triunfará mi Corazón.

Sed humildes, hijos míos, desprendeos de todos vuestros bienes y ponedlos todos en comunidad, como los primeros cristianos. Y que no sea nada vuestro; que lo vuestro sea de todos.

Pero no hagáis lo que aquel joven del Evangelio cuando se presenta ante Cristo y le dice: "Señor bueno, yo ya cumplo con todo lo que Tú has dicho". Y le pide que renuncie a sus bienes y eso no le agradó y su corazón se entristeció y se llenó de soberbia y no quiso aceptar la palabra de Cristo.

Los que quieran ser discípulos de Cristo tienen que ser desprendidos, humildes y humillados.

Levantad todos los objetos, hijos míos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales. Y todos los que acudan a este lugar, hoy prometo que serán selladas sus frentes con una protección especial para cambiar sus vidas.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos por los Angeles Custodios.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. Adiós."





MENSAJE DEL DÍA 4 DE NOVIEMBRE DE 1989 (PRIMER SÁBADO DE MES)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hijos míos, aqui está vuestra Madre para protegeros con su manto a todos aquellos que acudáis a este lugar. No os dejéis engañar ni seducir por Satanás; Satanás quiere destruir mi Obra, y muchos falsos videntes están acudiendo a este lugar para arrastrar a grandes masas de almas. Orad, hijos míos, para que sepáis distinguir la mano de Dios y la del enemigo. Satán está seduciendo a la humanidad para apoderarse de gran parte de ella; a la juventud la conquista con modas inmorales y escandalosas para provocar a los hombres; caen en la lujuria, hijos míos, y después que han caído en la lujuria caen en las drogas, en el alcohol, en el robo y en el crimen.

Levantad vuestras, hijos míos, y reparad tantos y tantos pecados como se cometen en la humanidad. No hay medio humano para salvar a la humanidad que no sea la oración, el amor y el sacrificio.

Quiero, hijos míos, que viváis en una gran casa y renunciéis a vuestros bienes y compartáis con los demás los bienes que Dios os ha dado. Quiero que no estéis apegados a nada; que viváis como peregrinos en la tierra, predicando el Evangelio y amando nuestros Corazones. Los hombres no quieren acatar las Leyes de Cristo. El mundo se ha sometido sólo al pecado y grandes calamidades caerán sobre la tierra: y lo mismo que cuando el diluvio los hombres estarán ciegos y sordos. Por eso quiero, hijos míos, tener un gran número de almas y renovar vuestro espíritu en la pobreza, en la humildad, en la obediencia. Quiero que seáis todos uno y que lo de todos sea de uno y lo de uno sea de todos, hijos míos. Eso es cumplir el Evangelio.

Venid a Mí, hijos míos, y refugiaos en mi Inmaculado Corazón; en él está el Arca de la Alianza donde hay una fuente inagotable de gracias que la derramaré sobre todos vosotros. Dios ha permitido que todas las gracias las recoja mi Corazón para derramarlas sobre los hombres. Yo haré, hijos míos, que con todas estas gracias seáis pobres en la materia y en el espíritu, seáis mansos, seáis pacíficos, seáis misericordiosos, sepais llorar vuestros pecados, sepáis tener hambre y sed de justicia y sobre todo, hijos míos, seáis limpios de corazón.

Todo el que venga a este Corazón será encaminado en el camino de la salvación, hijos míos. Pero, ¡ay de aquéllos que no quieren acatar las Leyes de Cristo!, serán quemados como la paja seca. Y ¡ay, dichosos de aquéllos que acaten estas Leyes!, verán el Sol, y en el Sol, de sus rayos encontrarán la salvación eterna.

Sembrad buena cosecha, hijos míos. Lo que sembréis recogeréis.

No quiero, hijos míos, que tengáis nada vuestro, quiero que viváis como los primeros cristianos; y quiero que reparéis tantas y tantas ofensas como ofenden nuestros Corazones. Sólo hay un camino, hijos míos, ese camino es Cristo; El os lo dejó escrito: "Yo soy el camino, la verdad y la vida".

No entrará en el Reino de los Cielos: ni el mentiroso, ni el lujurioso, ni el hipócrita.

Caminad hacia Cristo, hijos míos, El es la mansedumbre y os enseñará a ser mansos y humildes de corazón.

Yo prometo a todo el que acuda a este lugar no abandonarle, y en el momento de la muerte llevarle al cielo de mi Mano.

Acercaos a los Sacramentos, hijos míos. Todos aquellos que recibáis esta gracia confesad vuestras culpas, convertidos y arrepentidos.

El tiempo se acerca, hijos míos, y la salvación está en vuestras manos. Orad mucho, que orando no caeréis en tentación, hijos míos.

Amaos los unos a los otros.

Yo os iré indicando el camino. Vosotros no tenéis que hacer nada más que la voluntad de Dios.

Tú, hija mía, te pido humildad y sacrificio por los pobres pecadores. Que no te angustie nada, ni la calumnia, ni el desprecio.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en la humanidad.

Nuestro Corazón está afligido, hijos míos, porque los hombres no se paran de ofender a Dios y cada día se introducen más almas en el abismo. Se dejan seducir y engañar por la astucia del enemigo y rechazan la cruz, hijos míos.

No dejéis de acudir a este lugar, que mi Corazón derramará gracias sobre todos vosotros.

Esta bendición será especial para los moribundos. Todos aquéllos objetos que sean bendecidos aplicadlos sobre los moribundos y recibirán gracias de salvación eterna.

Quiero que todos los días, hijos míos, os reunáis y me saludéis con el Angelus, ¡me agrada tanto este saludo, hijos míos!

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con gracias especiales para los moribundos.

Todos han sido bendecidos, hijos míos.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. Adiós.





MENSAJE DEL DÍA 2 DE DICIEMBRE DE 1989 (1º SÁBADO DE MES)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN

Aquí estoy, hija mía, una vez más comunicándome a los hombres aunque los hombres rechazan mis comunicaciones. Veo, hija mía, que los hombres hacen más caso al desolador y al rey de la mentira, que a mis llamadas y a mis mensajes. Los hombres dicen que no es necesario manifestarme tantas veces a la humanidad; ¡están ciegos, sordos! El mundo está lleno de crímenes, de secuestros, de envidias, de lujurias, de desamor y de tibieza, hija mía. Los corazones están tibios, y en esa tibieza no puede llegar la gracia. Y el rey de la mentira está haciendo estragos en la humanidad. Atrae a las almas con la mentira y con el placer y las almas se dejan seducir por él.

Mis almas consagradas, la mayor parte de ellas se ocupan de las cosas del mundo y de la materia más que del espíritu. Su egoísmo y sus apegos al mundo apagan la luz de su corazón. Por eso quiere mi Hijo formar un gran reino donde reine la justicia, el amor y la paz.

EL SEÑOR

Yo, como Hijo de María, pido que a mi Madre se la tenga en el lugar que le corresponde. Mi Padre quiso participar de todos sus dones con mi Madre. Cuando los hombres acepten que María es Madre de la Divinidad de Cristo, porque mi Padre le dio a participar de todos sus dones, por eso quiso que la Divinidad de Cristo entrase dentro y se engendrase con la carne y la sangre de María, para hacerla participe de todas sus gracias; pero los hombres han confundido estas palabras; y cuando los hombres entiendan estas palabras, tendrán esa paz que piden y que tanto desean y que tan poco merecen.

No es que mi Madre hiciese la Divinidad, hijos míos, -la Divinidad estaba ya hecha; era increada-, pero participó con su humanidad en la Divinidad de Cristo.

No quiero que dejen a mi Madre como la mujer del hombre, sino que la vean como Madre de la Divinidad de Cristo; también fue Madre de lo divino, no sólo de lo humano.

Por eso en estos tiempos tan graves, he otorgado a mi Madre que sea la Pastora de mi rebaño porque dentro de este rebaño aumentan los lobos. Sí hija mía, las almas que están en el rebaño de Cristo son perseguidas por grandes lobos. Por eso la Pastora no puede dormirse y cuidar el rebaño.

Acudid, hijos míos, al Corazón dolorido y lleno de ternura de María y refugiaos en El y comunicarle todas vuestras penas y vuestras alegrías y Ella me las presentará a Mí.

He puesto en mi rebaño la mejor Pastora: la llena de gracia, el refugio de los pecadores y la puerta del cielo.

LA VIRGEN

Por eso os pido, hijos míos: Antes que tiemble el firmamento y grandes terremotos caigan sobre la humanidad y pequeños y grandes sean engullidos bajo los escombros por no haber querido aceptar la palabra de Dios, venid a Mí, hijos míos, que soy vuestra Madre y mi Corazón maternal os espera con cariño y con dulzura, hijos míos. Yo os conduciré a mi Hijo. Así lo quiso Dios y se vio en la humillación de su Esclava, y me otorgó venir la Luz al mundo por ese SI que di a Dios, mi Creador. Y por eso Dios quiere que todas las naciones me llamen la Bienaventurada.

Hijos míos, el peligro que acecha a la humanidad es grande. Orad; hijos míos, haced penitencia y oración. Sólo con la oración y penitencia podréis salvar vuestras almas, hijos míos.

Despegaos, hijos míos, de las cosas materiales. Vuestro pensamiento cada día lo tenéis más apegado al mundo. Orad, hijos míos, para no caer en tentación. Volved vuestra mirada a Dios, vuestro Creador, sólo El podrá parar la justa ira que tiene preparada. Cuando llegue el día del Creador, será terrible, hijos míos. Cuando los ángeles piensan en este día echan a temblar.

Por eso Dios quiere lo mejor para vuestras almas, hijos míos. No os ocupéis tanto del mundo y elevad vuestro espíritu a Dios, vuestro Creador.

Venid a Mí, arrepentidos y contritos de corazón para que pueda sellar vuestras frentes y el desconsolador mentiroso no pueda aprovecharse de vuestras almas, hijos míos. Rezad todos los días el santo Rosario, confesad vuestras culpas y íd al santo Sacrificio de la santa Misa. Ahí veréis la renovación del Calvario. Amaos unos a otros, hijos míos, como mi Hijo os amó y como mi Corazón maternal os ama.

Acudid a este lugar. Todos los que acudáis a este lugar seréis bendecidos y protegidos, si cumplís con lo que os pido, de la señal del enemigo, hijos míos.

Tú, hija mía, te quiero humilde y sacrificada por los pobres pecadores.

AMPARO

También te pido, Madre mía, por un alma que está agonizando; ten compasión de ella y cumple lo que prometiste, que no pasaría por las penas ni los tormentos del Purgatorio. Prométemelo, Madre mía.

LA VIRGEN

Te prometo, hija mía, que ese alma, saldré a su encuentro con los Ángeles y los Santos y los Bienaventurados; y estará con nosotros por los siglos de los siglos.

AMPARO

¡Gracias, Madre mía! También dale las gracias a tu Hijo.

LA VIRGEN

Quiero formar un gran rebaño, hijos míos, pero para formar este gran rebaño os quiero pobres, humildes y sacrificados. Los hombres no entienden este camino, ni entenderán; ni aquéllos mismos que se llaman hijos predilectos míos, mis consagrados, porque ellos están apegados a lo material y no saben despojarse ni cumplen el Evangelio como está escrito. ¿Quiénes son para juzgar si esto es del agrado de Dios o no es del agrado de Dios? Sólo mi Hijo ve la profundidad de los corazones.

Yo lo he pedido, hijos míos, y vosotros me lo dais. Lo demás dejadlo en mis manos.

Ni seglares ni consagrados lo comprenderán, porque viven en la materia y se olvidan del espíritu. No se vive de palabras ni de golpes de pecho exteriores, sino de renuncia y de obras, del amor y de unidad. ¡Y en qué pocos lugares existe la unidad santa que Cristo quiere! Se odian unos a otros; se desprecian. Y los hijos de Dios tienen que amarse tal como está escrito.

El mundo está lleno de vanidad y en muchos conventos no existe la unidad, ni la paz, hijos míos.

Por eso os quiero frescos y lozanos y os pido una renuncia al mundo y una entrega de vosotros mismos a Nosotros, hijos míos.

No os hagáis los sordos, hijos míos, la muerte puede llegar como el ladrón, ¿y de qué os va a servir amontonar riquezas si vais a perder la eternidad, hijos míos?

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales de todos los Ángeles Custodios.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. Adiós.




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