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APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL





MENSAJE DEL DÍA 1 DE ENERO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Hija mía, Yo soy la Madre de Dios, Yo soy la Madre de los hombres; la Divina Majestad de Dios así lo quiso: que la Divinidad increada entrase dentro de mis entrañas y se juntase con la humanidad creada. Cuando el Arcángel San Gabriel me dijo: "María, darás a luz un Hijo al que pondrás el nombre de Jesús, que quiere decir Salvador". Yo no comprendí esas palabras, pero la humanidad se juntó con la Divinidad y la Divinidad me empujaba. Sentí un gozo en mi corazón y una alegría (Amparo expresa alegría, y me empujaba esa Divinidad a decir sí sin comprender esas palabras. Yo di mi sí y el Verbo encarnado salió de mis entrañas, para que los hombres entendiesen el misterio de la creación, pues los hombres estaban deshumanizados. Los hombres actuaban como animales y Dios quiso que su propio Hijo se encarnase de una Virgen pura e inmaculada para enseñar al mundo las verdades de la creación. Los hombres no tenían corazón (Amparo musita: "¡Ay... qué cosas!"); estaban tan enfrascados en el pecado, que habían perdido la razón y actuaban como animales. Los padres no respetaban a los hijos y se convirtió la creación en pasión, en placer. Dios creó al hombre para amarle y glorificarle, y el hombre en su desobediencia se metía en los planes de Dios. El Verbo se engendró dentro de mis entrañas y, cuando nació, los hombres habían perdido el amor y la caridad. Con mi esposo José busqué refugio para que mi Hijo naciese. Todos los corazones de los hombres estaban endurecidos, y encontré un establo sucio y pobre donde mi Hijo se pudo reclinar (Amparo muy bajito: "¡Ay, Madre mía...!") para enseñar a los hombres la humildad y la pobreza, pues sólo vivían para sí mismos y cada día deseaban más y más meterse en la profundidad del abismo. Por eso vino un Redentor para redimir sus almas. Treinta años enseñando a los hombres (Amparo dice con dolor: "¡Ay, Dios mío!") cómo tenían que humanizarse y aprender a divinizarse. Puso unas leyes para que los hombres se arrepintiesen y caminasen con pasos firmes el camino de la verdad. El Redentor de las almas quiso que fuese Corredentora con Él. Así enseñamos a los hombres a vivir ocultos para resplandecer en la gracia. Mi Hijo murió en la Cruz para que los hombres alcanzasen una morada eterna; dejó un Evangelio y unas Leyes, unos profetas para explicar a los hombres esa verdad de la creación. Pero los hombres siguen sin ver ni oír; los hombres están como en aquel tiempo que vino Cristo a engendrarse para que los hombres se salvasen.

¿Hasta cuándo, hijos míos, os van a estar enseñando la verdad y los misterios de Dios? Escuchad, hijos míos, y abrid vuestros oídos: el tiempo se aproxima y vuestros corazones cada día están más endurecidos. No habéis sabido aprovechar el misterio de la Encarnación ni el misterio de la Redención. Acudid a este lugar, que Yo, la Madre de Dios, os prometo que os conduciré a Él por el camino de la verdad. Yo soy la Madre de la Iglesia y Yo os conduciré a ella, y ahí lavaréis vuestras almas por esos canales de vida y de gracia que hay en ella, Yo soy vuestra Madre, así lo dijo mi Hijo al pie de la Cruz, y como Madre de la humanidad me preocupo de los males que hay en ella: de la corrupción de la juventud y de la maldad que hay en los corazones.

EL SEÑOR:

Venid, hijos míos, que Yo os prometo derramar gracias sobre vuestras almas. Por eso quieren los hombres hacer desaparecer mi Nombre, porque los secuaces del anticristo están extendidos por todo el mundo, para hacer desaparecer el Nombre de María, pues María es odiada por Satanás, porque en María vino y por María, por el sí de su palabra, vino la salvación al mundo.

Ella trajo la luz en sus entrañas. Ella trajo la salvación de los hombres. ¿Cómo los hombres son capaces de despreciarla y ultrajarla? Quiero que en todos los hogares reine el Corazón Inmaculado de María. La Madre tiene que estar junto al Hijo y el Hijo junto a la Madre. Yo estoy siempre junto a mi Madre porque la amo.

Sed buenos hijos, hijos míos, y respetad a vuestros padres.

También os digo que luchéis por este lugar; todos juntos podéis formar un gran rebaño. Los hombres intentan hacer desaparecer este lugar; pero mi Madre puso sus plantas virginales en él y, aunque los hombres se jacten y se burlen, aquí dejó sus plantas y aquí seguirá posándolas. No hay lugar ni distancia, puede ser más largo o más cerca, pero este lugar lo he escogido Yo y no se moverá de aquí. Si no estáis dentro estáis fuera, pero ya sabéis que para Dios no hay distancia. Acudid, hijos míos, no sólo a pedir, sino a dar gracias por tantos favores recibidos.

Pedid hoy a la Madre de Dios que no os desampare, hijos míos, porque ninguno de los que acuden a mi Corazón es desamparado. Acudid, hijos míos, a impregnaros de mis gracias. Amad a la Iglesia, amad al Papa y amad a los componentes de ella. Los hombres la quieren hacer desaparecer, y la Iglesia no puede desaparecer, porqué es la Piedra Angular la que la sostiene; es Cristo, y contra Cristo los hombres no tienen poder.

Hijos míos, defended este lugar sagrado donde las plantas virginales de María han posado sus pies.

LA VIRGEN: Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como se cometen en el mundo.

Tenéis que ser fuertes, hijos míos, Yo estaré con vosotros. Si Yo estoy con vosotros, ¿a quién podéis temer? Hoy derramaré gracias como Madre de Dios y Madre de los hombres sobre vuestras almas; hoy es un día especial, hijos míos, hoy está la Madre de Dios entre vosotros, y serán vuestras frentes selladas y os protegeré de las asechanzas de Satanás. Llevad mi Escapulario, hijos míos, pues el Escapulario es una protección para vuestra alma. Sed humildes y caritativos y amaos los unos a los otros; que se os distinga por el amor y la unidad.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de vuestra alma.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 5 DE FEBRERO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



EL SEÑOR: Hija mía, mira mi imagen, hija mía, mira la crueldad de los hombres cómo ponen a Jesús.

AMPARO: Veo a Jesús suspendido en el aire con los brazos en forma de Y griega. De sus cinco llagas vienen grandes rayos de luz... ¡Ay, ay qué potencia! ¡Ay!

LA VIRGEN: Esos cinco rayos caen sobre los hombres de buena voluntad; -Amparo muestra admiración- son gracias que el Señor derrama en este lugar.

AMPARO: ¡Ay, Señor, qué ejército de ángeles! ¡Ay, ay tu Madre! ¡Ay, qué belleza, Madre mía, ay!

EL SEÑOR: Hija mía, mira, ni, hija mía, ni el tormento de la cruz, ni las espinas en mi frente, ni la lanzada en mi costado, ni los clavos en mis manos, ni el camino del Calvario, hija mía, me dolió tanto como la burla y la mofa que los hombres hacían y siguen haciendo hacia mi Divina Pasión, hija mía. Los hombres se mofan de mi Pasión. El dolor más inmenso que sentí en mi alma fue que los hombres de mala voluntad se iban a mofar de la Divina Sangre del Cordero Divino. Ni la negación de los sacerdotes, ni el desprecio de los impíos, ni la burla de Pilatos ni de Caifás, ni la negación de Pedro, ni la traición de Judas, hija mía, iban a hacer tanta mella y tanto dolor (doloroso "¡Ay!" de Amparo) dentro de mis entrañas, como ni la perversión y la corrupción que vi antes y después, sino la burla a la Divina Majestad de Dios. Ése es el dolor que sintió mi alma, la irreverencia de la Divina Majestad de Dios de los hombres y la Sangre pisoteada del Verbo humanado y, ni por esa Sangre, hija mía, los hombres iban a querer salvarse. ¡Qué crueldad la de los hombres! ése fue el mayor dolor que sintió el alma del Hijo de Dios, que se humanizó para redimir al hombre, y el hombre se burlaba y se mofaba de la Redención. Ni aún mi Padre tuvo compasión de Mí, para que (interrumpe Amparo con un "¡Ay, Dios mío!, ¡Ay, qué ingratitud!") para que se cumpliese la obra de la Redención. La Divina Majestad de Dios cerró los cielos y no tuvo compasión de su propio Hijo. Dios quiso que el Verbo encarnado bajase a la tierra y se engendrase en las entrañas de una doncella humilde y virgen, para el bien de la humanidad. Ni ante todas esas cosas, hija mía, los hombres tuvieron compasión del Hijo de Dios, sólo la humildad de María y la virginidad de María hizo que Dios mandase a su Hijo y se engendrase dentro de sus entrañas por obra y gracia del Espíritu Santo. Dios ya tenía en su mente el pensamiento de María para Madre del Redentor; ¿cómo los hombres ingratos y crueles quieren hacer desaparecer el nombre de mi Santa y Pura Madre? Quiero que mi Madre sea venerada y quiero que la imagen de mi Madre salga en procesión y todos los hombres canten himnos de alabanza para María. Ella fue Corredentora del género humano, y los seres humanos ¡qué ingratitud hacia Ella! Quiero que se la venere en todos los lugares y que se la lleve por todos los pueblos creyentes y no creyentes, mahometanos, budistas, jóvenes, niños, mayores, que veneren la imagen de mi Madre. Quiero que todos vean su rostro doloroso y las lágrimas que derrama por toda la humanidad; quiero que mi Madre sea honrada como se merece. Cuántas veces te he dicho, hija mía, que en los tiempos de mi Nacimiento y mi vida oculta mi Madre se ocultó por su humildad; ahora es el tiempo de María y quiero que en todas las iglesias haya un trono y en todos los hogares un trono del Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de María. ¡Hombres ingratos que con vuestras astucias queréis hacer desaparecer el nombre de María tan amado por la Divina Majestad de Dios! ¿Cómo podéis creer que vosotros, criaturas desagradecidas, corruptas, vais a poder hacer desaparecer el nombre de la Reina de cielos y tierra?

Son profecías que se están cumpliendo, hija mía.

Os lo dije, que intentarían hacer desaparecer de este lugar el nombre de María. No harán desaparecer el nombre de María; intentarán, pero los cristianos tenéis que ser fuertes y los hijos buenos defienden a su madre; defendedla con dignidad y con justicia. Que no pongan excusas, hijos míos, de que se deterioran los prados y de que se deteriora (fuerte exclamación de Amparo) la naturaleza, cuando ellos mismos están haciendo desaparecer de la creación la belleza de los campos y la hermosura de la obra de Dios. No hagáis caso, hijos míos, os dije que Yo no permitiría que mi Madre dejase de plantar sus plantas virginales en este lugar, la distancia es igual, hijos míos. La voz de los cristianos llega al cielo y para Dios esta distancia es muy corta. Cantad alabanzas a María y rezad el Rosario y no me defraudéis, hijos míos.

El mundo está corrompido y a veces, hija mía, no merecería la pena salvarlo; pero por ese reducido grupo que hay de almas orantes, almas consagradas en los conventos, aquéllas pocas que todavía quedan frescas y lozanas, por ese número de almas estigmatizadas que la Divina Majestad de Dios escoge para los bienes espirituales, gracias a esas almas la humanidad, (exclamación contenida de Amparo) la humanidad sigue viviendo en la tierra, hija mía, si no ya se hubiera destruido el mundo. Pero Dios coge a sus almas. En cuanto hay un reducido número de almas que oren con profundidad y con amor, Dios sigue derramando gracias sobre la humanidad. Aunque los hombres son crueles, hija mía, y no tienen compasión y pisotean mi Sangre, Yo derramo misericordia sobre ellos; pero también aplicaré mi justicia, porque mi justicia será Santa.

AMPARO: Veo que la Iglesia va decayendo. Veo a muchos clérigos que no obedecen al Santo Padre. ¡Ay, Dios mío!

EL SEÑOR: Por eso, hija mía, es necesaria una purificación en el mundo y aquellos que aman a Dios y rezan con lo más profundo de su corazón, gustosos participarán de esa purificación.

¡Cómo los hombres pierden el tiempo en buscar discordias, hijos míos, mientras sus hermanos están muriendo de hambre y de frío por otros lugares! Quiero que pidáis por esas guerras, hijos míos, porque los hombres hablan de la paz y les gustan las guerras.

Quiero que se saque la imagen de mi Madre en procesión y que se pida por esas guerras para que acabe la violencia entre los hombres. Y no quiero que os abandonéis, hijos míos, en la oración y en el sacrificio. Orad, hijos míos, orad; el mundo está necesitado de oración y penitencia. La sociedad está pasando por el huerto de Getsemaní. Mi Iglesia agoniza y quiero que haya una renovación en ella y que florezca mi Iglesia con sacerdotes santos que prediquen el Evangelio. Pedid por aquel número de sacerdotes santos que llevan el Evangelio con santidad y justicia; se mofan de ellos, hijos míos, pero hay que ser valientes; los vasallos de Cristo tienen que coger la cruz y crucificarse con Él. Hay muchas formas de crucificarse, hijos míos: aceptando el desprecio, la persecución, la calumnia; sed valientes que Yo quiero un rebaño valiente, limpio y con la verdad. La verdad es Cristo; Él es la vida; Él es la resurrección; Él es el camino.

LA VIRGEN: Por eso, hijos míos, os pido que vengáis a mi Inmaculado Corazón y Yo os llevaré al Divino Corazón de Jesús. Yo soy Madre de amor, Madre de misericordia.

La Divina Majestad de Dios es tan buena y tan santa, hija mía, que, ¡cuántas veces, te lo he dicho! que los hombres están hechos de amor, ¿cómo los hombres ("¡Ay!", de Amparo) son tan crueles que han olvidado ese Mandamiento importante: Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo? Ese Mandamiento lo han olvidado los hombres; y ven ficticiamente y viven las comodidades del mundo, ¡qué pena de humanidad! Mira mi manto, hija mía, Yo soy la que protejo a mi Iglesia, soy Madre de la Iglesia y la amo con todo mi Corazón, como os pido que la améis vosotros, hijos míos. ¿Ves, hija mía? en algunos templos sólo queda en pie el Sagrario. Los hombres se olvidan de ser templos vivos, hija mía, porque acuden a los templos con las almas muertas, hija mía; porque están llenos de pecados, llenos de soberbia y de lujuria y, donde está el pecado y la mentira, no está Dios, sus almas están muertas. ¡Qué tristeza siente mi Corazón por esas almas, hija mía! Yo seré con mi luz...

AMPARO: ¡Ay, llena de luz toda! ¡Ay, si parece el sol! ¡Ay, ay! ¡Cómo pisa a todos los enemigos, montones y montones de secuaces del anticristo! ¡Ay, cómo los aprieta y caen! ¡La luz que trae la Virgen! ¡Ay, y con las Llagas de Jesús, parece un sol todo lo que se envuelve en ese lugar! ¡Ay, ay, Dios mío! ¡Ay, ay, ay qué cosa, ay, que traspasa el alma! ¡Ay, que traspasa todo el ser! ¡Ay, Dios mío cómo penetra la luz! ¡Ay, qué grandeza, una luz abrasadora, para todas las almas que quieran abrasarse en esa luz! ¡Ay, cómo protege con ese manto lleno de luz a muchos sacerdotes que hay santos, que llevan el Evangelio. Otros muchos se han quedado fuera del manto de la Santísima Virgen porque se mofan de Ella y se ríen de la Pasión de Cristo.

LA VIRGEN: ¡Ay, hasta cuándo, almas ingratas, os va a estar avisando mi Corazón Inmaculado, para que os salvéis! No déis mal ejemplo y dejad vuestro ministerio si no cumplís con él. Os quiero almas santas, almas que caminéis por las pisadas de Cristo. ¿Hasta cuándo vais a ser capaces de estar haciendo tanto daño a las almas, hijos míos?

Y no os preocupéis, hijos míos, hay muchos lugares por todo este alrededor para rezar. No abandonéis este lugar, pues seguiré manifestándome en él; mi Hijo así lo quiere, hijos míos. Sed humildes, que Yo derramaré gracias sobre vuestras almas y sobre vuestros hogares.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas hechas a la Divina Majestad de Dios.

Quiero humildad y sacrificios; quiero que renunciéis a tantas comodidades del mundo, quiero que andéis en la verdad, no en la tiniebla, hijos míos, en el enredo y en la mentira. Los hijos de la luz están en la luz y los hijos de las tinieblas se esconden en los escondrijos para maquinar el mal.

¡Ay, pobres de vosotros, qué difícil será vuestra salvación, hijos míos, si no cambiáis vuestras vidas!

Amaos los unos a los otros, no forméis querellas, hijos míos. Cómo odiáis a los hijos de la luz, porque no la veis, hijos míos, porque estáis en la tiniebla. Sed mansos y humildes de corazón.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para vuestras pobres almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 5 DE MARZO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Hija mía, el mensaje va a ser corto, porque ya lo he dicho todo a los hombres y mis palabras, hija mía, las echan en olvido.

Alzad vuestros ojos al cielo, hijos míos, y contemplaréis la Divina mirada de Dios que os protege. Trabajad para su Gloria, hijos míos, que todo el que trabaje para su Gloria recibirá el fruto en la Eternidad. Yo mando operarios a esta Obra para que unos siembren y otros recojan; pero que cada uno trabaje con alegría y con amor para glorificar a Dios.

Quiero que los hombres amen, no de lengua, sino de obra, porque muchas almas piensan que sólo van a salvarse de palabra. ¡Ay de aquellos que tienen bienes en el mundo y ven a sus hermanos padecer hambre y no abren sus entrañas para socorrerlos! No entrarán en el Reino de los Cielos. Os quiero, hijos míos, con un solo corazón y una sola alma: amaos unos a otros. ¡Ay de aquél que habla de su hermano y lo aborrece!, porque es un suicida y los suicidas no entran en el Reino del Cielo. Amad a Dios con todo vuestro corazón, hijos míos, y que las obras que hagáis salgan de lo más profundo de vuestra alma, que no os sirvan para envaneceros.

He dicho que esta Obra la dejo en manos de todos. ¿Cómo os escondéis unos, hijos míos, para ayudar a esta Obra? Y ¡Cómo la herís cuando oís una conversación de persecución! Bienaventurados los que son perseguidos a causa de la justicia de Dios. Pensad en los cristianos, hijos míos, que fueron perseguidos a muerte. Y vosotros queréis estar en las cúpulas sin pasar por la persecución. ¡Ay, hijos míos!, cuando lleguéis arriba no habrá halagos y no habrá alegrías, porque os gustan abajo, hijos míos. Haced las obras y escondeos; os quiero ocultos, hijos míos.

Todo el que acuda a este lugar recibirá gracias muy especiales. Todo aquel que colabore a esta Obra, Yo iré a recibirlo en la hora de la muerte.

Tened cuidado, hijos míos, que es el tiempo del anticristo y el anticristo anda de acá para allá llamándose Cristo. Que nadie os engañe. Cristo vendrá en una nube lleno de gloria con gran poder y gran majestad. No escuchéis cuando os digan que Cristo está aquí. Está el anticristo y sus secuaces queriendo, hijos míos, apoderarse de la mayor parte de las almas. No os dejéis engañar: hablará en varios idiomas, hijos míos, incluso hará milagros. Pero Cristo viene de arriba, porque Él se fue arriba y el anticristo, hijos míos, saldrá de entre los hombres de mala voluntad. Ya está haciendo estragos en el mundo.

Reuníos todos y alabad a Dios, y glorificadlo como los primeros cristianos.

EL SEÑOR:

Hija mía, así vendré ("¡Ay!", gozoso de Amparo). Vendré lleno de gloria, pero no dejaré mi cruz. Y esta señal se verá de todas las partes del mundo. Vendré lleno de gloria y con ejércitos de ángeles.

AMPARO:

¡Ay, Dios mío! (Sigue expresando asombro) .

EL SEÑOR:

Amad mucho nuestros Corazones; amad a María, porque María es el camino para llegar a Jesús. (Nuevamente: "¡Ay!", de Amparo).

Amaos los unos a los otros. Éste es el Mandamiento de la salvación. El que no ama y no tiene caridad con su hermano, no entrará en el Reino de los Cielos.

Mira qué belleza, hija mía; mira los ejércitos de ángeles; mira mi poder y mi Majestad. (Pausa en la que se escuchan: "¡Ay, ah, ah...!" de Amparo).

Seguid acudiendo a este lugar, hijos míos, este lugar es sagrado; el Hijo de Dios vivo lo ha escogido. ¿Cómo los mortales quieren emplear un poder temporal contra el Eterno? ¡Ay de aquellos que se oponen en este camino!

¡Ay, hija mía, compadécete! (más ayes de Amparo) Su orgullo, su vanidad, su soberbia, hija mía, no los deja humillarse. Pedid por ellos.

Pedid por el Papa, hijos míos, es muy perseguido, como fue Cristo, por decir las verdades.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de las almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 2 DE ABRIL DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Hijos míos, mi Corazón viene muy triste y desconsolado, porque veo que los hombres me rechazan de todos los lugares.

Todos aquellos que sois perseguidos, calumniados, no os desconsoléis y luchad, hijos míos, con paciencia, energía y con amor. Pero gritad, hijos míos, que sois católicos de obras y palabras.

¡Qué tristeza siente mi Corazón con este pueblo tan desagradecido!

EL SEÑOR:

Hijos míos, descargáis vuestros rencores por un pasado contra almas inocentes y pacíficas. Levantaré mi mano y la descargaré sobre vosotros, porque todo el que me ama y me sigue lo quiero más que a las niñas de mis ojos. Pero sois paganos, hijos míos, y los paganos no aman a la Iglesia; y el que no ama a la Iglesia no entrará en el Reino del Cielo.

Hijos míos, revisad los mensajes, veréis cómo se están cumpliendo las profecías. Dije que seréis golpeados, calumniados y echados; y así se ha cumplido, hijos míos, mi mensaje.

LA VIRGEN:

¡Ay, pueblo desagradecido, que habéis recibido gracias como los hijos de Israel, y las habéis rechazado!

Ya te dije, hija mía, que no dejaría de manifestarme en este lugar y que el espíritu no tiene distancia, porque tú me sigues viendo con el espíritu en el mismo lugar, hija mía.

Y hago un llamamiento a todos los que habéis acudido a este lugar y habéis recibido miles y miles de gracias, que correspondáis a esas gracias, hijos míos; no tengáis miedo, no os preocupéis tanto por el cuerpo; vale más el alma que el cuerpo, hijos míos, y no cambiéis la eternidad por los miedos que os infunde el demonio. Yo seguiré derramando gracias muy especiales para las almas. Pedid, hijos míos, por vuestros enemigos y amadlos con todo vuestro corazón. Os repito, hijos míos, que son dignos de lástima; no buscan nada más que discordia y enfrentar a los pueblos, y hermanos contra hermanos, y padres contra hijos. Ésta también es una de las profecías: que los hijos se enfrentarán con los padres, las hermanas con los hermanos, la nuera con la suegra y la suegra con la nuera, hijos míos. Es el tiempo del anticristo, es su reinado; pero vosotros, hijos de la Iglesia, con la gracia de la Divina Majestad de Dios, no os turbéis ni os desconsoléis; tened paciencia, hijos míos, y seguid amándonos; y Yo seguiré manifestándome en el mismo lugar. Acudid de todas las partes del mundo a rezar. Ahora, más que nunca, es necesaria la oración y el sacrificio, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como cometen a mi Inmaculado Corazón.

Yo seré honrada y venerada por todas las generaciones; así está escrito y así se cumplirá, hijos míos. Venid a mi Corazón, que Yo os llevaré al Corazón de mi Hijo.

EL SEÑOR:

Y, ¡ay de aquéllos que dicen servir a la Iglesia y se dedican a discordias y a enfrentar a unos contra otros!, más les valiera no haber nacido. ¿No has visto que mi mano se ha descargado sobre ti? ¡Y todavía sigues incordiando, hijo mío, y formando discordia entre el pueblo! ¡Pobre alma, qué compasión siente mi Corazón por ti, hijo mío!

Los hijos de la luz se unen a los hijos de la luz y los hijos de la tiniebla, también se unen, hijos míos. Estás en el lado de las tinieblas y aparentas estar en la luz.

Pide mucho por él, hija mía, porque está ciego y no ve que mi mano se está descargando sobre él y sigue con discordias y enfrentamientos. ¡Pobres almas, hija mía! Haz sacrificio y penitencia por ellas.

Acudid a este lugar, hijos míos, no abandonéis el lugar donde mi Madre ha puesto sus plantas virginales. Seréis protegidos, hijos míos, y vuestra arma que sea el Rosario y las alabanzas a Dios, hijos míos.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 7 DE MAYO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Hija mía, aquí está vuestra Madre Dolorosa, que también participa de vuestro dolor.

Pensad, hijos míos, que, aunque los hombres dicen y piensan en el pasado y en el futuro, Yo estoy en el presente sufriendo con mis hijos; pues mi Hijo me dejó como Madre de los mortales, y una madre sufre cuando ve sufrir a sus hijos. Hijos míos, tenéis que ser muy humildes, pues la guerra, hijos míos, cuando los hombres malvados la empiezan, tardan en acabarla. No tengáis miedo, tened gozo, porque Cristo os ama y Dios pone sus delicias en vosotros y el pórtico del cielo está abierto para todos los que sufren y padecen persecución por mi causa, hijos míos. Bienaventurados los que sois perseguidos a causa de la Justicia, porque entraréis en el Reino de los Cielos.

¡Qué tristes están nuestros Corazones por la perversidad de los hombres! Conservaos en la verdad, hijos míos; la verdad está en Cristo, y Cristo es la vida, y el que no está en Cristo está muerto.

EL SEÑOR:

¡Ay, hombres malvados que habéis apostatado de vuestra fe y empleáis mi nombre para vuestras maldades. Los ángeles se entristecen cuando en vuestros labios oyen la palabra de Dios, porque no la empleáis para convertiros ni arrepentiros, sino para hacer el mal y dividir a los hombres. ¡Ay de aquéllos pastores de la Iglesia que en vez de dirigir a las almas dirigen los partidos! Mi mano seguirá cayendo sobre ellos y aplicaré mi Justicia. Yo soy testigo de vuestras maldades, de vuestra perversidad, hijos míos, de la persecución hacia los cristianos; y el día del Juicio seré testigo de vuestras mentiras, vuestras calumnias.

(Pausa.) ¡Qué ingratos sois, hijos míos! Alimentáis vuestro vientre de la corrupción y de las maldades y luego vuestra boca vomita ese mal que maquináis sobre la religión, hijos míos. Dejad a los cristianos que cumplan su misión, y, si vosotros no entráis en el Reino de los Cielos, dejad que entren ellos. No hay nada oculto, hijos míos, podéis averiguar, si tanto os preocupa, hijos míos, ¿por qué no hacéis vosotros lo mismo: dejáis vuestros bienes a los pobres y vivís como viven estas criaturas? ¡Yo os convertiré en yesca y haré arder la yesca junto a vuestros pecados y cae...

AMPARO:

¡Ay! (se interrumpe la palabra por el lamento de Amparo)

EL SEÑOR:

Caeréis reducidos en cenizas. ¡Cómo os dedicáis a dividir a los hombres de buena voluntad! ¿Cómo, hijos míos, no pensáis nada más (que) en maquinar el mal; y hacéis que los hijos (estén) contra los padres y las familias se pongan en contra, hijos míos? Ya he repetido que soy testigo de todos vuestros males; y vuestros males serán juzgados, porque han traspasado la bóveda del Cielo. ¿Hasta cuándo queréis estar persiguiendo a los cristianos, hijos míos? Habláis del Dios de misericordia, y vosotros no sentís en vuestro corazón nada más que odios y rencores. ¿Vosotros conocéis y aplicáis la misericordia; hijos míos? ¿Cómo decís que Dios es misericordioso, que Dios no es justo? Dios aplica la Justicia sobre los malvados y la misericordia sobre los justos y sobre los pecadores arrepentidos. Dejad ya de dividir los pueblos y de armar contiendas, que sólo os preocupáis, hijos míos, de maquinar el mal. (Pausa)

Vosotros, hijos míos, juntaos todos humildemente; orad mucho para ser fuertes y no escuchéis sus palabras, porque quieren guerra, hijos míos; no os metáis en su guerra y en su mentira.

Bebe unas gotas del cáliz del dolor, hija mía. (Amparo bebe el cáliz entre angustia y arcadas.) Esta amargura siento Yo por la perversidad de la humanidad, hija mía; mira mi rostro, cómo lo ponen los pecados de los hombres y, especialmente, hija mía, algunos pastores infieles que se dedican a encizañar a los pueblos, en vez de poner paz y predicar el Evangelio tal como está escrito, no como vosotros, algunos pastores, lo confundís. (Pausa larga en la que Amparo expresa dolor.)

No hagáis caso, hijos míos, de palabras vanas, ni de insultos, ni ultrajes; sólo puede hablar así el que no tiene a Dios, el que tiene dentro a Satanás, porque Dios es amor, Dios no es discordia; y todo el que se dedica a la discordia y a la desunión está con Satanás, hijos míos. Sed fuertes y orad, la oración lo puede todo.

¿De dónde queréis, ingratos, echar de un pueblo a unos cristianos, (que el único mal que han cometido es dejar sus bienes para los pobres y recoger a los pobres) engañando a la gente con calumnias y con mentiras? ¡Ay, pobres de vosotros, hasta dónde habéis llegado! Vuestro odio y vuestro rencor se están consumiendo. No sólo queréis hacer desaparecer el nombre de María, sino que queréis hacer desaparecer a los católicos, porque odiáis a Cristo. No engañéis al pueblo, que el pueblo sabe, la mayoría, cómo sois, hijos míos.

Pueblo, no os dejéis engañar, ¿no veis que están llenos de mentira y de odio, hijos míos?

Desde niños enseñáis a vuestros hijos a odiar y a despreciar a las criaturas, ¿cómo vais a tener paz dentro de vuestra alma? y soy Yo, el Hijo de Dios vivo, el que lo dice, porque Yo tengo poder para manifestarme, donde quiero y cuando quiero, a los hombres. Yo vine a la tierra con un mensaje de amor y los hombres han destruido ese mensaje, por odios y guerras.

Amaos los unos a los otros como Yo os he amado; ése es el verdadero Mandamiento de la Ley de Dios.

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como los hombres cometen contra nuestros Corazones.

Mira, hija mía, mi Corazón está rodeado de espinas por todos ellos, y ¡qué profundidad tienen las espinas!

Retiraos de las almas perversas y orad y haced sacrificios, hijos míos; la oración lo puede todo.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de las almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.



MENSAJE DEL DÍA 4 DE JUNIO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



EL SEÑOR:

Hija mía, te dije que la lucha iba a ser larga, y así actúan los hombres, hija mía. Todo aquél que es buen cristiano, hija mía, y ama a Dios y lo sigue con todo su corazón, es perseguido. Yo traje un decreto del Cielo que me dio mi Padre; era morir en la Cruz para enseñar a los hombres el amor, para que los hombres se amasen como hermanos; pero las criaturas, hija mía, con su soberbia y su altivez reniegan de Cristo; están metidos en un abismo de maldad y de malicia y de odios que los deja ciegos y ellos mismos creen sus propias mentiras. Yo bajé del Cielo y me hice hombre y me igualé al hombre en todo menos en el pecado, para dar testimonio de la verdad. Pero, ¿qué ha hecho el hombre de todo esto, hija mía?; lo ha desfigurado. No piensan en el amor, hija mía, sólo piensan en guerras sangrientas, donde miles y miles de almas mueren inocentes.

Sed fuertes y no tengáis miedo; estoy más cerca de vosotros que nunca. Yo haré que resplandezca la luz. ¿Cómo voy a permitir que los hijos de las tinieblas destruyan mis obras? Reuníos todos y animaos unos a otros como los primeros cristianos. Era tanto el amor que sentían unos por otros, que sólo los odiaban por ese amor que se tenían. Así fueron caminando hacia el martirio, hija mía. Hay muchas maneras de ser mártires; a veces la impiedad de los hombres y maldad, y la injusticia, las calumnias, pueden llegar a hacer mártir a la criatura.

Cada día crece más el rebaño y, por eso, Satanás cada día está más revolucionado. Sois un gran número, hijos míos, los que camináis por el camino de la verdad y del Evangelio, pues el camino por el Evangelio es la verdad. Todo aquél que camina recto y seguro, practica el Evangelio de Cristo. Hay pocas almas, hijos míos, que vivan el Evangelio como lo vivieron aquellos cristianos. Por eso, hijos míos, que vuestra arma sea el Rosario y vuestra defensa sea una justicia santa.

¡Ay pueblo! ¿Cómo sois capaces, hijos míos, de tratar a las criaturas con esta impiedad? ¿No veis, hijos míos, que los hombres de mala voluntad lo que quieren es dividir a los hombres? ¿Qué os han hecho, estas criaturas, para que os comportéis con ellos así, hijos míos? No os dejéis engañar, pueblo de Dios; pensad, hijos míos, que Satanás tiene mucha astucia y, con palabras conquistadoras, os ofrecerán grandes cosas que luego no cumplirán. ¿Cómo Dios puede estar en esas almas que desunen, si Dios es unidad, si Dios vino a enseñar a los hombres el amor?

Sed pacientes, hijos míos, que la luz resplandecerá. Si os he dicho que nada tenéis que ocultar, nada temáis; Dios está por encima de todas las criaturas. Amaos como Yo os he amado, dice el Señor: Amarás al Señor con todas tus fuerzas, con todo tu corazón y, al prójimo, como a ti mismo. El que no ama al prójimo no ama a Dios.

¿Hasta dónde queréis llegar, criaturas despiadadas? Averiguad por todos los lugares, hijos míos, que aquí no hay nada que no vaya encaminado al Evangelio. Para vosotros Cristo es un sectario; y las sectas dividen, y estáis dividiendo a los pueblos con palabras mentirosas y con maldades y rencores que tenéis dentro de vuestro corazón. Arrepentíos y convertíos que todavía estáis a tiempo, hijos míos, pero no sembréis vuestras maldades entre los hombre, porque vosotros odiáis al Creador.

Y vosotros, criaturas inocentes, que os dejáis arrastrar sin saber dónde os llevan con promesas mentirosas y engañosas, ¿cómo os dejáis vender así, hijos míos, si el alma no tiene precio? Guardad vuestra alma para el Creador, que el Creador la puso dentro de vuestro cuerpo, hijos míos. No sembréis maldades ni mentiras. Amaos como buenos cristianos, hijos míos, donde no hay paz no está Dios; y vosotros no hacéis nada más que buscar la guerra, hijos míos. Amaos como hermanos, que Yo di mi vida por toda la humanidad y no tuve distinciones de razas ni colores, hijos míos, porque todos fueron creados por la mano del Creador. Respetad la libertad de los cristianos como ellos respetan vuestra libertad.

Pedid por ellos, hijos míos, pues muchos siguen las patrañas del enemigo sin conocer las verdades, hijos míos. Pedid para que vean la luz y no se contagien de la tiniebla.

Seguid acudiendo a este lugar, hijos míos y venid de todos los puntos del mundo, que Yo derramaré gracias para todos vosotros, y pedid por vuestros enemigos, pues son dignos de compasión. Sed humildes, hijos míos, pero defendeos con la justicia, con esa justicia santa, no a golpes como ellos, porque el que a hierro mata, a hierro muere.

Para Mí no hay distancias, hijos míos, os he repetido. Os han quitado ese lugar sagrado, pero Yo sigo en él y la distancia para el alma no existe; sólo existen las distancias para el cuerpo. Por eso parece que las criaturas se han quedado sin alma y les gusta distanciar a los cristianos. Reuníos todos y animaos, como aquellos primeros cristianos se animaban unos a otros para ir al martirio. Yo estoy con vosotros, hijos míos, y la luz puede más que la tiniebla. Y cada día voy derramando más gracias sobre las almas.

LA VIRGEN:

Hijos míos, mi Corazón dolorido sufre por todos vosotros; uníos a mi Corazón, pues Yo fui Corredentora con Cristo del género humano; y ¿cómo una madre no va a sufrir por sus hijos?

Sed pacientes, hijos míos, y humildes, y amad mucho nuestros Corazones. Amad a la Iglesia con todo vuestro corazón, amad al Vicario de Cristo, amad a los sacerdotes, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados y tanta crueldad como tienen esos corazones.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

Pedid por este pueblo, para que aquellos que no creen, crean y vean la luz de la verdad.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 2 DE JULIO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



EL SEÑOR:

Hija mía, ¿ves cómo a tu dolor hay una recompensa? Siempre te he dicho, hija mía, que daré el ciento por uno a las almas. Yo te he dado ese ciento por uno. Nada te angustie, hija mía; piensa que esos hombres de mal espíritu, que sus venganzas y sus odios los vuelcan contra vosotros, hijos míos.

¡Pero cuántas veces voy a decir, que el Creador está por encima de la creatura! Hay creaturas, hija mía, en la tierra que descienden del mal, que dentro de ellas hay un mal espíritu. (Amparo expresa dolor con un "¡Ay!" repetido).

Al perder la gracia, el hombre se convirtió en una bestia, y Yo vine a morir en una cruz para que su espíritu alcanzara la gracia, hija mía, pero muchos espíritus no quisieron recibir esa gracia ni aún muriendo Yo por ellos. Por eso los hombres de mala voluntad actúan como bestias contra vosotros, hijos míos.

No niegues la verdad, hija mía, ni tengas temores por las palabras de aquellos que hablan de la Iglesia sin amar a la Iglesia; ¿cómo ellos van a entender de Iglesia si se encuentran en la tiniebla, hija mía? Que ni la muerte ni la vida, ni los poderosos, que se creen poderosos en la tierra, ni ninguna criatura te haga negar mi palabra, hija mía. Nada te asuste, hija mía, el que está en la luz busca la luz y el que está en la tiniebla busca la tiniebla. ¿Cómo pueden decir los hombres que Dios sólo es amor y que no es un catastrofista, hija mía? Son los hombres los que cometen las catástrofes porque no aceptan la gracia; y poco entienden esas almas de la palabra de Dios que está escrita. Yo dije que el Hijo de Dios vendría a formar la guerra no la paz, contra aquellos hombres de mala voluntad, y que enfrentaría a la suegra con la nuera, al padre contra el hijo, al hermano contra la hermana, y todo esto está sucediendo en mi profecía, hija mía. ¿Cómo los hombres dicen que el mundo está mejor que nunca y que hay una juventud bella y hermosa, cuando la juventud está corrupta, hija mía, y en el mundo hay un cáncer que se va extendiendo cada día más, porque los hombres no aceptan la palabra de Dios y ese cáncer sólo Dios puede curarlo? Todos aquellos que se acerquen a Mí, aunque hayan puesto su mano sobre mi garganta y el látigo sobre mis espaldas, les abriré los brazos. Pero, ¡ay de aquellos pastores que predican una doctrina fría y confundida! ¡Ay, más les valiera no haber nacido, hija mía! Enfrentan a los hombres en vez de enseñar al rebaño las verdades de el Evangelio. Dios es amor, pero Dios es justicia.

Hay un Cielo y un infierno, hijos míos, un cielo para los justos y un infierno para los ingratos.

¡No, hija mía, Yo no soy el que los condena! se condenan ellos mismos, hija mía, porque no aceptan mi Ley. Ellos se aplican la Ley a su manera y se dejan guiar por los espíritus malignos, y luego se llaman hijos de la Iglesia.

¡Arrepentíos y convertíos, hijos míos, y haced penitencia! Si queréis llegar a Mí, tenéis, hijos míos, que guardar mi Ley.

Las Leyes quedaron para los hombres, porque Yo mandé al Consolador para que consolase a los hombres de buena voluntad; pero muchas almas ingratas han rechazado al Espíritu Santo y se dedican, hija mía, a la mentira y a la hipocresía.

¿Qué clase de doctrina habéis aprendido, hijos míos?

¡Ay de aquéllos de mala voluntad que intentan hacer desaparecer el nombre de mi Madre de este lugar! ¡Ay de aquellos pastores, repito, que predican una doctrina fría y falsa! ¡Ay de aquéllos que no enseñan los Mandamientos, de aquéllos que se llaman Iglesia y se sirven sólo de la Iglesia para negociar en Ella! Pedid por ellos, hijos míos, y no tengáis miedo, porque Yo todos los días pido a mi Padre por vosotros; y el que está conmigo está con mi Padre y el que no está conmigo no está con mi Padre.

Amaos los unos a los otros. Ése es el verdadero Mandamiento, no los odios ni los rencores, ni las mentiras, ni las falsedades, ni la hipocresía. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, el que me siga tendrá vida eterna.

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en la humanidad.

Hija mía, sé muy humilde y nada te angustie. Nuestros Corazones están contigo, hija mía.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 6 DE AGOSTO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Hijos míos, vengo a deciros una vez más que os fortalezcáis en Cristo; Él tiene la fuerza y el poder. Él es el Hijo de Dios vivo y Dios le ha dado poder y majestad para reunir a los hombres.

SEÑOR:

Ceñid vuestra cintura con la verdad; revestid vuestro espíritu de justicia; calzad vuestros pies con celo por el Evangelio; buscad el estandarte de la Cruz; no hagáis caso de serpientes que muerden el alma y la dañan. Guiaos, hijos míos, por el Evangelio. Habéis tenido tiempos malos y vendrán tiempos peor, pero con la oración y con el sacrificio venceréis la astucia del enemigo.

Yo os revestiré con una corona de chapitel a aquellos que sean fieles y celosos en mi Evangelio y gozarán por su celo eternamente de las glorias de Dios.

LA VIRGEN:

Sí, hijos míos, sed humildes, hijos míos, amaos unos a otros. No os durmáis, hijos míos, y estad en vela, pues el demonio nunca duerme. Yo os prometo, hijos míos, por tantas y tantas Avemarías rezadas a mi Corazón, cuando me rogáis: "ahora y en la hora de mi muerte", que Yo no os abandonaré ni en esta hora ni en la otra. Pero tenéis que ser fieles testigos de Cristo, hijos míos, y tenéis que renunciar a muchas cosas del mundo. No se puede servir a dos señores, porque los hombres no se ocupan de Dios, porque están sirviendo a otro señor que es el mundo; es el que arrastra a los hombres a la tiniebla.

Hija mía, tienes que ser firme; te dije que habías nacido para sufrir y cuando hoy repetías unas palabras, hija mía, que te habían regalado un rosario sin Cristo y decías: "¿Tiene valor la cruz sin Cristo?; falta el Crucificado en él". Crucifícate, hija mía, por el amor a los hombres. Ahí falta el Crucificado, como tú has dicho, una cruz sin Cristo no tiene valor.

Mis palabras son cortas, hijos míos, porque ya he dicho tantas cosas. He venido a repetir el Evangelio y los hombres siguen fríos y obstinados en los placeres del mundo y en las vanidades.

Mira, hija mía, cómo está mi Inmaculado Corazón rodeado de espinas sangrantes que, están tan profundas, que no podrás tocar ni una sola, hija mía. Las oraciones son tan pobres, de los hombres, que no salen las espinas de mi Corazón.

Quiero que vuestras oraciones, hijos míos, salgan de lo más profundo de vuestro corazón. Os pido humildad, hijos míos, si no tenéis humildad y caridad, por mucho que mováis vuestros labios vuestras oraciones son vanas, hijos míos.

EL SEÑOR:

Quiero formar un gran rebaño, hijos míos, y reuniros a todos; pero todos, con la fuerza del Evangelio, sin miedos. Y retiraos de aquellas almas que os dañen, hijos míos. Todo lo que dañe vuestra alma tenéis que arrancarlo y tirarlo muy lejos.

Levantad vuestro espíritu a Dios, vuestro Creador, Él ama a sus creaturas.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, hijos míos, que os sigo repitiendo que para mi Corazón no hay distancias, hijos míos, la distancia es corta y las gracias las recibís igual, hijos míos, desde aquel lugar que desde éste, hijos míos.

Sed firmes y luchad para caminar por el Evangelio de Cristo.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como se cometen en el mundo... (pausa) y refúgiate en nuestros Corazones, y todo lo que obstaculice tu camino, retíralo, hija mía.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día de las tinieblas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 3 DE SEPTIEMBRE DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Hija mía, quiero que des un consejo, lo primero, hija mía. (Luz Amparo se acerca a uno de los presentes.)

Quiero, hijo mío, llevaros a Dios con un celo, un santo celo para que lleguéis a la Iglesia como casta virgen que se desposa con un solo marido. No quiero, hijos míos, que os prediquéis unos a otros, sino que vuestra predicación sea para la salvación de las almas. Pensad que tenéis que ser pastores apóstoles de Cristo y no tenéis que separaros de la cepa. El sarmiento tiene que estar unido a la cepa para alimentarse de Él.

EL SEÑOR:

Mira, hija mía, todos los que se han separado de la Vid, dónde han parado. Se han dejado tentar como Eva por Satanás y, el demonio ha hecho que Eva tiente a Adán. Y así os pasará a vosotros, hijos míos. Quiero que seáis pastores de almas no falsos pastores. Pensad, hijos míos, si Luzbel cayó en la tentación, ¿cómo pensáis vosotros que vais a estar fortalecidos si Luzbel estaba junto a Dios y cayó?, vosotros que estáis ante los hombres tenéis que alimentaros de la doctrina de Dios. La Iglesia la han desfigurado los hombres. La Iglesia es fundada por Cristo; pero los hombres, los pastores que se han dejado tentar por la astucia del enemigo, son los que están destruyendo la Iglesia.

Chupad de la Vid, hijos míos, y no os halaguéis unos a otros; perjudicáis vuestra propia alma. La paz te dejo, hijo mío. (Pausa; Luz Amparo retrocede y cae de rodillas, como es su posición habitual).

Y vosotros, hijos míos, Yo escudriñaré vuestras entrañas como os escudriño vuestros corazones y, aquellos que sean fieles a mi Palabra y no nieguen mi Nombre y hagan buenas obras, Yo pondré una piedra blanca en sus manos con un nombre que estará inscrito en el Libro de la Vida.

Yo sé donde se esconden los hijos de Satán, hija mía. Mira, hija mía, cuantas almas se condenan porque reniegan de su fe.

AMPARO: (Llora desconsoladamente y dice): Entre ellos hay sacerdotes... (Luz Amparo aclara: y hay muchos conocidos).

Sí, hija mía, también hay almas consagradas, (el llanto de Amparo continúa por algún tiempo) todo aquél que reniega de su fe, hija mía, vive en la guerra, en la desunión, en la discordia; divide los pueblos, hija mía.

Por eso os pido que pidáis por ellos, hijos míos. Yo pondré una espada de dos filos en mi boca, y haré justicia con los malvados.

¿No ves, hija mía, que están hechizados, que hay un hechicero entre ellos, que se dejan hechizar? Sus corazones están hechizados y llenos de mentira y de odio.

¡Hasta dónde llega vuestro odio, hijos míos! Os haré beber de la amargura que beben los cristianos.

¡Ay de aquellos que persiguen a los cristianos! Serán castigados gravemente, hijos míos. Pero aquellos que los respetan y respetan mi Ley no serán dañados. Que nadie os turbe, hijos míos, ni nada os angustie. Sed pacientes, hijos míos, esa es la insignia de Dios. Si sois pacientes, hijos míos, veréis triunfar el nombre de Dios.

Quiero, hijos míos, que esta Obra se multiplique como las estrellas del cielo; así quiero que se extienda mi Obra, hijos míos. Alimentaos de las gracias que derramo sobre vosotros. No seáis infieles a tantos y tantos favores como habéis recibido, hijos míos.

Ya te lo he dicho, hija mía, en otras ocasiones, ¡cuántas almas han recibido gracias y qué infidelidad a esas gracias! Tú sigue pidiendo por ellas y sigue pidiendo, hija mía, por los pastores de mi Iglesia.

LA VIRGEN:

Amad mucho al Santo Padre y amad a la Iglesia con todo vuestro corazón, hijos míos.

¡Cuántas veces os he dicho que las distancias no cuentan para Mí! ¿Veis cómo Yo me muevo entre vosotros, hijos míos? Yo seguiré derramando gracias para los pobres pecadores. Amad nuestros Corazones que están muy ofendidos, hijos míos; amad el Corazón Inmaculado de María y el Divino Corazón de Jesús.

Este lugar quedará bendecido, hijos míos, todos los que habéis colaborado en él, con la Cruz del Redentor, hijos míos. Amaos en caridad, en caridad fraterna, amaos los unos a los otros; enseñad la palabra de Dios a los hombres, que están sedientos de conocerla.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales, para la conversión de los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos; como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo. (Pausa).

EL SEÑOR:

Vuelve a besarlo, hija mía, no es ninguna humillación, hija mía, Yo puse la cabeza en tierra muchas veces para orar.

Adiós, hijos míos.





MENSAJE DEL DÍA 1° DE OCTUBRE DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy una vez más cumpliendo mi promesa de manifestarme a los hombres, para derramar gracias sobre todos ellos. Aflige mi Corazón mucho la incomprensión de los hombres, hija mía, ¿quiénes son los hombres para poner a Dios un límite?

EL SEÑOR:

Yo vine a salvar a la humanidad, soy el Hijo de Dios vivo, el Cristo Verbo hecho Hombre para salvar a los hombres. Yo me manifiesto a las almas humildes y sencillas para comunicarles mis misterios. Pero los hombres con su soberbia no aceptan que Yo me manifieste a los humildes e incultos para revelar mis misterios, y se los oculte a los grandes sabios y poderosos. Me manifiesto a los humildes, porque su humildad me llena de gozo y entienden mejor mis palabras que los grandes y los poderosos. Su soberbia no les deja ver que Yo revele a un alma sencilla los misterios de mi Iglesia. Tú no te aflijas, hija mía, y habla con la misma sencillez; que Dios se manifiesta a los humildes y sencillos para confundir a los poderosos. Las almas, hija mía, no buscan nada más que títulos y subir de nombre, pero no subir su espíritu hacia el Creador; no entienden la doctrina, que Cristo vino la primera vez a un pesebre a traer la luz al mundo. Y luego se ocultó en el Sagrario para quedarse con los del mundo. Ahí está la grandeza del misterio de Dios. Y ¡cuántos guías de la Iglesia confunden a las almas, porque no entienden o no quieren entender la doctrina de Cristo!, y predican una doctrina pobre y no enseñan a las almas las grandes riquezas que hay en la Iglesia. Hay canales que desembocan en fuentes de agua viva para sanar a los hombres de todos sus males.

Acudid, hijos míos, a esa fuente y bebed de ella, porque todo el que beba de esa fuente no morirá. Os preocupáis más por los alimentos corruptos que por el alimento incorrupto, hijos míos. Ahí en mi Iglesia hay un alimento incorrupto, que todo el que come de ese alimento vivirá eternamente. Y yo me valgo de las almas sencillas y humildes para derramar mis gracias y mi amor y me refugio dentro de sus corazones, porque encuentro solaz en ellos para olvidarme de los pecados de los hombres. ¡Hay tan pocos corazones humildes y sencillos donde refugiarse!..., que cuando encuentro un corazón sencillo y humilde, lo modelo a mi gusto y me refugio en él y me encuentro a gusto en él. ¡Es tan reducido el número de almas capaces de olvidarse del mundo y de las cosas del mundo, para glorificar a Dios, su Creador! También gozo de aquellas almas que se entregan a Mí con ese voto de virginidad; me glorifican más que los ángeles, porque los ángeles no han luchado contra las miserias para conservarse como los ángeles; y estas criaturas luchan contra las miserias humanas y conservan su virginidad y su humildad. Tienen más mérito que los ángeles, porque ellos no han conocido esas miserias. Por eso pido que todas esas almas que se han entregado a Dios, su Creador, sean fieles y construyan su casa en el cielo, luchando contra todas las tentaciones del enemigo. Dios es despreciado y ultrajado; por eso Yo escojo almas para reparar los ultrajes que los hombres hacen a la Divina Majestad de Dios.

¡Hasta cuándo tengo que avisar; que no seáis soberbios y que Dios es el Creador y está por encima de todas las creaturas!

LA VIRGEN:

Seguid acudiendo a este lugar, que recibiréis gracias muy especiales para vuestra salvación.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres moribundos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 5 DE NOVIEMBRE DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, aquí está tu Jesús, mira mi rostro afeado por los pecados que siguen cometiendo los hombres. ¡Mira cómo está mi rostro, mira cómo han puesto mi Cuerpo, hija mía!... Y los hombres siguen sin hacer caso a mis mensajes ni a los mensajes de mi Pura y Santa Madre. Sí, hija mía, el mundo está en un caos de corrupción; su corrupción transpasa las bóvedas del cielo. Los gobernantes, hija mía, son corruptos, y quieren gobernar los pueblos sin Dios; y cada uno piensa nada más que en el poder y en llenar sus graneros, sin ocuparse de los graneros de los pobres que están vacíos. Las almas consagradas, hija mía, gran número de ellas, ya te lo he dicho, hija mía, muchas veces, están marchitas; no quieren cumplir con sus reglas ni con los compromisos que han adquirido con Dios; hay un relajamiento en los Conventos. La juventud, hija mía, está desenfrenada en las pasiones de la carne y del alcohol y de las drogas. Gran número de pastores de mi Iglesia son infieles a su ministerio y a su vocación. Yo llamo a la puerta de mis pastores, hija mía, y no me abren la puerta, cierran sus oídos; si abriesen la puerta, Yo entraría en sus corazones y me comunicaría con ellos y comería con ellos y les enseñaría mis misterios. Pero, ¡ay, ingratos!, ¿cómo podéis juzgar si estáis ciegos? ¿Cómo vais a poder comprender que la Divina Majestad de Dios se manifiesta a los humildes, a los incultos, para confundiros en vuestra soberbia? ¿Cómo queréis, hijos míos, condicionar a Dios, a quién tiene que manifestarse y qué palabras tiene que hablar a las almas? Yo comunico mi Palabra a las almas y las escojo por miserables, y se dejan moldear por mis manos. Pero los sabios y poderosos no los deja su soberbia ver porque tienen una viga en el ojo y no pueden ver, hija mía. ¿Tendrán que quitarse esa viga para ver la paja?

¡Necios! ¿hasta cuándo, hasta cuándo queréis condicionar a Dios, hijos míos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello? ¿Cómo os angustian unas palabras que no van contra Mí y no os angustia la situación de vuestras almas y la situación del mundo? Mandad oración y penitencia a las almas; que vosotros podéis, hijos míos, con vuestro ejemplo, sostener la ira de Dios. Pero ¿cómo os rebeláis contra la Divina Misericordia de Dios?

Esta generación no es digna de mi perdón y de mis gracias, pero por aquel número reducido de almas que viven el Evangelio, por aquel número pequeño que viven escondidos cumpliendo con las Leyes de Dios, voy a derramar mi Misericordia. Voy a dar otra oportunidad a las almas haciendo una llamada a la oración y a la penitencia.

¡Necios!, ¿hasta cuándo os van a estar avisando que estáis ciegos y un ciego no puede guiar a otro ciego? Sed fieles ministros de la Iglesia y llevad a las almas por el camino del Evangelio y la Verdad.

Hija mía, tú no tengas miedo ni te acobardes; di las palabras como se te comunican, hija mía. Piensa que Yo me he fijado en tus miserias, en tu nada; que Yo te amo, hija mía, y el amor no puede temer. Sé humilde, hija mía; no me gusta la soberbia. Ya te avisé, hija mía, que tendrías pruebas muy duras, más duras que las que habías pasado; ésta es la prueba más dura porque va contra los que se llaman míos.

Dejad a las almas, hijos míos; si no van contra Mí están conmigo. ¿Por qué os empeñáis en destruir mi Obra? Vuestro orgullo y vuestra soberbia os deja ciegos.

También las conversiones se copian, hija mía; también los frutos que salen de mis gracias son copiados.

¡Ciegos! que estáis ciegos y no queréis ver ni oír. No queréis que mi Obra se extienda como las estrellas; por eso estáis poniendo impedimentos en ella. Dejad a Dios que obre como quiera, cuando quiera y en quien quiera.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de esa soberbia que tienen los hombres; tú tienes que repararla, hija mía, para no descargar mi cólera sobre ellos. (Pausa.)

¿Hasta cuándo todo un Dios tiene que estar dando avisos a las almas? No hacen caso de mi Misericordia ni de mi Justicia.

Todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales para su alma y su cuerpo. Y que vuestra oración, hijos míos, sea rica, no sea pobre; que salga de lo más profundo de vuestro corazón.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, que Yo seguiré bendiciéndoos, hijos míos. Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 3 DE DICIEMBRE DE 1994, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL

(MADRID)

PRIMER SÁBADO DE MES



Sí, hijos mios, éste es el perfume de los bienaventurados.

Hijos mios, vuelvo a repetir que el mundo está hundido. Muchos gobernantes de los pueblos -corruptores de ellos y corruptores de la juventud- con promesas que no cumplen y con palabras de engaño, conquistan a la juventud. Sí, hija mía, para sus fines diabólicos. Los hombres han perdido la mirada de Dios, buscan cosas que Yo no les he prometido en mi Evangelio. Yo soy Divino y los hombres no me ven como Divino; y como soy Divino soy purificador. Yo vendré a purificar la tierra. Quiero acrisolar a los hombres como al oro. Yo vendré a poner fuego a la tierra y arderá toda.

¡Ay, ingratos, cómo os reís de mis palabras y de mis mensajes! ¿Hasta cuándo la Divina Majestad de Dios tiene que avisar a los hombres? Mi voz es como juez y mis Palabras son de Justicia.

Ya he dicho todo lo que tenía que decir, hijos míos, y los hombres siguen obstinados en el pecado. Yo haré retirar el grano de la tierra; haré que metan los trigos en los graneros y prenderé fuego a la cizaña.

¿Hasta cuándo, corruptores de los pueblos, queréis desafiar a la Divina Majestad de Dios?

Aquellos que cumplís mis leyes, permaneced unidos, hijos míos, que vuestra conducta sea santa, y permaneced en oración, en penitencia y en sacrificio; combatid al enemigo con buenas obras. No os importe que os llamen fanáticos, hijos míos, que os llamen locos, que os llamen despreciables. Cumplid mis Leyes, hijos míos, y coged el arma del Evangelio para que nadie os confunda: "Tuve hambre y me disteis de comer, estuve desnudo y me vestisteis, en la cárcel y me visitasteis..."

Sí, hija mía, ahí se conocerá quién cumple mi Evangelio. El que no está conmigo está contra Mí; el que quiere seguirme tiene que coger su cruz, negarse a sí mismo y seguir mis pasos. Ahí está la Ley, que nadie os confunda, hijos míos. El que quiere a su padre, a su madre, a su hermano, a su hermana más que a Mí, no es digno de llamarse hijo mío; ése es el Evangelio, hijos míos. Que nadie os confunda. Ahí está toda la Palabra de todo un Dios. Amaos los unos a los otros y permaneced unidos, que nada os afectará. Pero ya es hora de segar la cizaña y traspasar el trigo a los graneros.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día de las tinieblas.

Todo el que acuda a este lugar recibirá gracias muy especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espiritu Santo.




APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL