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APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL





MENSAJE DEL DÍA 2 DE ENERO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Hija mía, mi Corazón está muy afligido por la ingratitud de los hombres. Los hombres no aceptan mi palabra, les cansan mis mensajes, y vengo a recordarles el Evangelio. Sólo vengo a decirles lo que está escrito; que Cristo lo dejó escrito, y no creen. ¿Cómo iban a creer en cualquier doctrina que se les quisiera enseñar, hijos míos?

EL SEÑOR:

Sólo digo, hijos míos, que vendré a la tierra y no encontraré amor entre los hombres, ni paz. Y dije: "Yo bajaré con mi Padre y con el Espíritu Santo y moraré con aquéllos que hayan cumplido los Mandamientos y, sobre todo, con aquéllos que se amen unos a otros"; eso es lo que he venido a recordar a los hombres, y los hombres cierran sus oídos a mis palabras. ¡Ingratos!

Y tú, hija mía, no te angustien ni los anónimos ni las calumnias ni las palabras. Son seres diabólicos que se han dejado arrastrar por el enemigo y ellos tienen la verdad en su mentira porque hablan por la boca de Satanás. ¿Quieres hacerme un gran regalo, hija mía?: ámalos con todo tu corazón, ora por ellos y sacrifícate, sé víctima de reparación por ellos. No van contra ti, van contra Mí, hija mía. Por eso te pido: sé muy humilde, hija mía, y te repito que el discípulo no es más que el Maestro. ¡Si a Mí me llamaban Belcebú y tantas y tantas perversidades, hija mía! ¿Cómo vas a ser tú más que el Maestro?

Ora por ellos, hija mía, y no guardes en tu corazón ningún resquicio. Yo prometo que con todos tus sufrimientos, todas esas calumnias, hija mía, y toda esa persecución, vendrán muchas almas a mi redil. Y prometo no desaparecer de este lugar. Mis palabras se acabarán pero mi presencia seguirá.

LA VIRGEN:

Acudid, hijos míos, a este lugar que recibiréis gracias en abundancia.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 6 DE FEBRERO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Hijos míos...

AMPARO:

¡Ay, qué belleza...!

LA VIRGEN:

Hija mía, hoy vengo con el manto de fiesta. Son tantas las avemarías que recibo en este lugar, que aunque mi Corazón está dolorido por la situación del mundo, siente un gran gozo porque estas avemarías que se rezan en este lugar, la mayoría de ellos vienen con ansia de Dios, y sale de lo más profundo de su corazon. Pero ¡ay, hija mía, cuántos no quieren seguir esta Obra!

EL SEÑOR:

Sé que te entristeces y que tu corazón sufre cuando ves que un alma ha recibido tantas gracias de este lugar y se van por otros lugares donde los halagan y donde hurtan mi gloria, porque los glorifican. Se glorifican, hija mía, en la oración ellos mismos; por eso muchos no quieren seguir esta Obra, porque aquí, te lo he dicho, que son uno de tantos, y en otros lugares resplandecen. Pero ¡cuántos se presentan ante Mí, hija mía, con un celo negro, que no es ese celo bajado del Cielo, sino es celo terreno, celo diabólico a veces, porque se presentan llenos de vanidades y de vanagloria!

Y Yo intercedo a mis hijos que oren con pureza de corazón para la gloria de Dios; que no se vanaglorien de la oración ni de los trabajos que hagan; que no dejen que los hombres los halaguen y los glorifiquen; que trabajen por los prójimos y para la gloria de Dios; que hagan la voluntad de Dios en todo.

Sí, hija mía, por eso los hombres no quieren seguir esta Obra; porque aquí no son halagados, son perseguidos, calumniados, difamados; pero eso hicieron con Cristo.

LA VIRGEN:

Orad bien, hijos míos, orad bien, para que cuando os presentéis ante la divina majestad de Dios, recibáis vuestro galardón.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para la salvación de las almas, para las almas del Purgatorio.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 6 DE MARZO DE 1999

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



EL SEÑOR:

Hijos míos, una vez más, hago mi presencia y no vengo a deciros nada nuevo, hijos míos, porque ya os lo he dicho; pero no escucháis mi palabra. Yo soy la Puerta del Cielo, y mi Madre es el Puente para venir a la Puerta. El que no pasa por esta puerta es un ladrón que quiere hurtar a mi Iglesia pero no vive para la Iglesia. Hijos míos, si fueseis sordos o ciegos tendríais disculpa, hijos míos, pero ni sois ciegos ni sordos y no queréis ver ni escuchar mi palabra; sois salteadores. Muchos de vosotros os saltáis lo que queréis, y todo el que no pasa por esta Puerta, no tendrá vida eterna. Recoged los rebaños que hay esparcidos, hijos míos, y llevadlos al aprisco, porque Yo he dado mi vida por todos.

¿Cómo rechazáis a los que queréis y os quedáis con lo que os agrada, hijos míos? El que no está contra Mí está conmigo; muchos sois asalariados y no queréis oír mi voz; huís del rebaño y dejáis solo ese rebaño, porque os importa más el salario que las almas. Hijos míos, el pastor que es bueno no abandona a sus ovejas y no huye cuando viene el lobo; y vosotros huís cuando oís hablar del lobo. Yo tengo un rebaño al que he redimido con mi Sangre y vosotros no queréis saber nada de él. Y he ido llamando a este rebaño y mis ovejas han conocido mi voz y me han seguido, tal como Yo he pedido. ¿Por qué sois tan necios, hijos míos, y no queréis escuchar mis palabras? ¡Pobres de vosotros, no tendréis disculpa, porque mi palabra es la verdad y nada va en contra! Sed pastores de almas y no seáis funcionarios ni asalariados, dedicaos a las almas, que hay mucho trabajo, hijos míos.

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como se cometen contra nuestros Corazones.

Hijos míos, sed humildes, porque vuestra soberbia no os deja ver, y ¿quién sois vosotros para limitar a Dios? Acudid a este lugar, que recibiréis gracias muy especiales, hijos míos, para vuestra salvación.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para la conversión de los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 3 DE ABRIL DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Aquí estoy, hija mía, otra vez. Aquí está la llena de gracias, para enseñar a los hombres las virtudes y para que no se les olvide la principal virtud que es la caridad, vínculo de perfección. Hija mía, mis palabras dije que serían cortas; pero los hombres, hija mía, echan en olvido todas las palabras que se les recomienda.

Toda esta multitud que viene a este lugar, ordenada y unida, sería una gran jerarquía para la Iglesia. Hijos míos, todo lo que habéis aprendido y las gracias que habéis recibido de este lugar, los hombres no saben aprovecharlas.

Estad todos juntos, hijos míos, tened una misma voluntad, amaos unos a otros y no os desunáis ni separéis. Todo lo que es separado, te repito, hija mía, está roto y destruído; por eso pido que os unáis unos a otros y que viváis juntos la palabra de Dios. Toda desunión no es buena, hija mía; por eso pido que todos viváis la ley, la ley del Evangelio, que la tenéis olvidada. Y es lo que quiero enseñaros, hijos míos, a conocer a mi Hijo, porque mi Hijo es el gran desconocido.

Y todos, hijos míos, unidos en amor y unidad viviréis vida de ángeles y estaréis viviendo un cielo; pero cuanto más os separéis, hijos míos, menos cumpliréis la ley. Y es lo que vengo a deciros a todos, hijos míos, que Dios está con todos vosotros y el Espíritu Santo está para enseñar a las almas. Estad muy unidos y amaos unos a otros; este mandamiento hay que repetirlo constantemente.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como se cometen en el mundo.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la conversión de los pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 1 DE MAYO DE 1999

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hijos míos, si es verdad que me amáis, respetad mis leyes y amad mis leyes, porque los hombres se han abandonado en Dios. Los padres sólo piensan que sus hijos estudien buenas carreras, y tienen, la mayoría, atados el pensamiento y el corazón a los libros; quieren mejor que sean hombres de ciencia que hombres de Dios. Pero ¿hasta cuándo, hijos míos, puede todo un Dios estar avisando a los hombres, del gran peligro que acecha al mundo? Sois sordos a mis palabras y ciegos a la realidad de lo que hay en el mundo. Y todo es porque falta Dios en los hombres. La mayoría de los hombres son desertores de Dios; han desertado, y donde no está Dios no puede reinar la paz.

LA VIRGEN:

Orad mucho, hijos míos, orad, que se ha olvidado el diálogo con Dios. Los hombres sólo mueven los labios y no meditan las palabras que hay en el Padrenuestro. Y fue el mismo Jesús el que enseñó a los hombres esa oración.

Digo que mis palabras se acaban, pero mis gracias seguiré derramándolas sobre todos vosotros. Acudid, hijos míos a este lugar; son tiempos muy graves, y aquí os enseño a amar a la Iglesia, amar a Dios y a todo lo que compone el camino recto y seguro para llegar al Cielo. ¡Ay, cómo los hombres desaprovechan tantas y tantas gracias y tantos y tantos frutos como hay en este lugar!

Que los hombres no hagan la guerra entre las familias, ni entre las comunidades. Ya hay bastantes desertores y almas que no quieren saber nada de Dios, para armar guerras, matanzas, destrucciones. ¡Qué pena de almas! ¡Todo un Dios pidiendo a sus criaturas que cumplan las leyes; la ley del espíritu, que a los hombres se les olvida esa ley!

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como se cometen contra nuestros Corazones.

Sed humildes unos con otros y reuníos todos para practicar unos con otros, y que se conserve la unidad entre los hombres. Quiero amor entre vosotros, hijos míos, y unidad.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 5 DE JUNIO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID )



LA VIRGEN:

Hija mía, aquí está tu Madre, Madre de los desconsolados, Madre del triste y afligido. Sé que a veces tu alma siente una soledad muy grande, hija mía, pero no te angustie esa soledad; aquí estamos nosotros para extenderte los brazos.

EL SEÑOR:

Tú, sigue reprendiendo a las almas, hija mía, aquello que no les beneficia y aquello que a Mí no me agrada. Las almas, hija mía, cuestan dolor y alegrías; pero tú, sigue aplicando la caridad. Nunca, hija mía, abandones esa virtud aunque te calumnien, aunque te desprecien. Tú repréndelos, hija mía. Si ellos no tienen gratitud a esos favores, son dignos de compasión. Pero tu misión es ayudar a las almas y corregir la mala deformación. Pero, hija mía, les cuesta mucho agachar la cerviz; el orgullo no las deja.

También hago un llamamiento a todos los monitores que traen almas a este lugar: que todos unidos encuentren la paz unos con otros y que nadie forme discordia porque uno hace más que otro; que todos lo hagan para la gloria de Dios; que no sea ni para beneficio propio ni para vanidad ni para glorias terrenas; que todo sea para la gloria de Dios, hijos míos, y para beneficio de las almas. Trabajad, hijos míos, que todos seréis remunerados con una gran recompensa en la eternidad; pero que nadie se crea más que el otro, ni que ninguno se vea más valores que los demás, todos trabajáis para la gloria de Dios.

Conducid a las almas para que beban de esta fuente, que muchas vienen sedientas, hijos míos. Eso es lo que os tiene que preocupar: la salvación de las almas, hijos míos; pero no arméis discordias unos con otros y queráis unos abarcar todas las cosas. Compartid, hijos míos, y ayudaos unos a otros. Todo el que trabaje para mi Obra recibirá gracias especiales, pero no encendáis una vela a Dios y otra al diablo, hijos míos; el que está conmigo no está contra Mí. Amaos unos a otros, ese es el mandamiento más importante: la unidad, el amor y la paz, hijos míos.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 3 DE JULIO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

Hija mía, aquí está tu Madre y Madre de todas las almas. Vengo como Consoladora de los afligidos. Pocas palabras me quedan que decir, hija mía, porque ya he dicho todo lo que hay en el Evangelio.

EL SEÑOR:

Mira, hija mía, cuántos cadáveres pasan por el mundo. Desde el principio de sus vidas son cadáveres. Están muertos, hija mía, porque para ellos no hay ninguna ley; la única ley que hay es su pensamiento. El pensamiento lo tienen puesto en el mundo, y allí donde está el pensamiento está el tesoro, hija mía.

Yo he creado hombres vivos, no cadáveres. He creado hombres con luz, no con tiniebla. Quiero hombres alegres, no tristes; almas que pongan el pensamiento en Dios, no en las cosas caducas, hija mía. Pero los hombres no hay más ley para ellos que la que a ellos les gusta, hija mía; por eso te digo que, desde el principio de su existencia, son cadáveres que han pasado por el mundo y no han llegado a la luz; son almas lánguidas, hija mía; almas que no piensan nada más que en sí mismo, nunca piensan en la existencia del Creador.

LA VIRGEN:

Hijos míos, cambiad vuestras vidas. Acercaos al sacramento de la Eucaristía, al sacramento de la Penitencia. Haced visitas al Santísimo. Trabajad con ilusión, hijos míos, que en el trabajo se aprende a ser humilde. Pero los hombres se han olvidado del trabajo y se han olvidado de las leyes, de los mandamientos. Y el hombre está hecho para trabajar y para glorificar a Dios. Y el hombre se enfrasca en la carne, en los vicios, y su pensamiento lo tiene en las cosas terrenas.

No penséis tanto en vosotros mismos, hijos míos, y pensad en vuestra alma. No miméis tanto vuestros cuerpos. Amaos los unos a los otros. Unidad pido entre todos los hombres, amor, hijos míos, entre todas las criaturas.

Acudid a este lugar que seréis bendecidos y marcados en la frente con una cruz. Orad, hijos míos, y haced penitencia.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día de las tinieblas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 7 DE AGOSTO DE 1999

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



EL SEÑOR:

Hija mía, quiero que todos los días me repitas muchas veces: gracias, Dios mío; te adoro, espero en Ti, te amo y te glorifico. En este mundo, hija mía, tan moderno como los hombres lo han hecho, es poco glorificado Dios. Se glorifican los hombres, ellos mismos, unos a otros, y olvidan al Dios Creador.

Repito, que pocas palabras quedan que decir, hija mía. No vengo a decir nada nuevo y nada que no sepáis, hijos míos; sino a recordaros que tenéis un alma y que tenéis que alabar y glorificar a Dios. Os impongo la ley del amor, hijos míos. Los hombres no se aman, no se soportan unos a otros, porque no hay amor en sus corazones. ¿Sabéis por qué vencí la muerte, hijos míos? Por la Cruz. ¿Y por quién me puse la cruz en las espaldas, y di mi vida? Por el amor a los hombres. Con amor todo lo comprenderéis y todo lo entenderéis; pero sin amor, hijos míos: las guerras, las discordias, las envidias, la destrucción del mundo. Los hijos se emancipan de los hogares sin respetar a los padres.

Yo les di una libertad a los hombres, pero una libertad moderada; y ellos la convierten en libertinaje, y se quieren gobernar por sí mismos, y no quieren que exista el poder eclesiástico ni el civil. Y todo esto está llegando, hijos míos. Y os dije que cuando llegase todo este tiempo, echaos a temblar, hijos míos; pues todo está sucediendo: los hijos han perdido la moral y la dignidad; y la atracción del mundo los embulle y no ven el pecado en nada, hijos míos. Sabéis que los tres enemigos mayores son el mundo, el demonio y la carne; esos son los que vosotros buscáis, hijos míos, y os persiguen.

Amaos unos a otros. Penitencia, oración y sacrificio, hijos míos.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, que todos seréis bendecidos y marcados con una cruz en la frente.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para el día de las tinieblas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 4 DE SEPTIEMBRE DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

¡Cuánto gozo siente mi Corazón, hija mía, por tantas y tantas avemarías como se han desgranado en este lugar! ¡Cuántas conversiones, cuántos frutos salen de él! ¡Qué gozo sienten nuestros Corazones!

Hijos míos, acudid a este lugar con pureza de corazón, para alegrar nuestros Corazones.

EL SEÑOR:

¡Ay, guías de los pueblos, que no queréis reconocer los frutos que salen de este lugar! ¿No os dais cuenta, hijos míos, que exigís cumplir las leyes y vosotros las infringís y no dejáis a los que las cumplen? Cogéis el fruto y apaleáis el árbol. Pero, hijos míos, ¿no tenéis orejas para oír ni ojos para ver? ¿Cómo no os dais cuenta, hijos míos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello? ¿No os dais cuenta de vuestra soberbia, que no os deja reconocer que Dios puede manifestarse a quien quiera y donde quiera? ¿Por qué ponéis un límite a Dios? Queréis coger vosotros los signos, no los signos que Yo mande, sino los que vosotros queráis. ¿Hasta cuándo os tengo que estar avisando, hijos míos? Cambiad vuestras vidas, dejad el hombre viejo y revestíos del hombre nuevo. Algunos de vosotros, hijos míos, sois un desierto helado. Yo quiero almas que sean como la mostaza, que sean levadura y que crezcan las virtudes en su alma. Sólo el amor os puede ayudar, hijos míos. ¿Cómo podéis atropellar y perseguir y calumniar así a los que se llaman míos y me quieren seguir? Ni entráis en el Cielo ni dejáis entrar, hijos míos. ¡Ay de vosotros, que no queréis escuchar mi palabra!

Hija mía, sigue pidiendo por ellos. Mi Corazón los ama a pesar de todo.

Orad, hijos míos, orad, para no caer en tentación.

Y vosotros, guías de los pueblos: el que no está contra Mí está conmigo. Quedaos con lo bueno. ¿Cómo un árbol bueno puede dar mal fruto, hijos míos? ¿Por qué reconocéis el fruto y pisoteáis el árbol? ¡Ciegos, necios! ¿Hasta cuándo, hijos míos? No os deja ver vuestra soberbia. Si sois puros de corazón, creeréis en los signos. Es Dios el que hace al hombre, no el hombre a Dios. El hombre es la criatura. No queráis quitarle el puesto al Creador.

Orad, hijos míos, pedid por ellos. Sacrificio y penitencia. Mi Corazón sufre porque hay una rebelión entre ellos, que no quieren reconocer.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todas las ofensas que cometen contra mi Corazón.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para la conversión de los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 2 DE OCTUBRE DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



EL SEÑOR:

Hija mía, mira la situación del mundo. El mundo está salvaje. El mundo está sin amor, hija mía. El mundo está pere... ¡uy!... perezoso para los rezos, para las oraciones, y ¡cómo se ejercita en los estudios, hija mía, en los trabajos! Está el mundo a punto de perecer, porque el hombre está sin Dios. No piensan nada más que en las cosas materiales. Dejad a Dios, hijos míos, que os enseñe la caridad y el amor perfecto. El amor de la sangre, el amor de la carne... y ¿dónde dejáis el amor a Dios, hijos míos? Antes, los hombres dejaban la sangre y la carne por Dios. Ahora cogen la sangre y la carne y dejan a Dios, hijos míos. ¿No os da pena de la Majestad de Dios?

LA VIRGEN:

Convertid muchas almas, hijos míos; contentaréis a Jesús y le pondréis una corona. Orad, hijos míos; tened ilusión. Ya te lo digo, hija mía, que en esta Obra hay que tener ilusión, para sacarla adelante. Con ilusión y con alegría, trabajad todos para la gloria de Dios. Convertíos, hijos míos, y arrepentíos. Dejad la materia y uníos al espíritu.

EL SEÑOR:

¡Ay, los conventos, muchos cerrados y otros relajados, hija mía!; ¿sabes por qué, hija mía?, por las salidas; las idas y venidas los han relajado, y han perdido su vocación.

Amaos los unos a los otros en el mandamiento del amor. Convertíos y arrepentíos. Acudid a este lugar que todos seréis bendecidos y marcados con una cruz en la frente.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos, con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.





MENSAJE DEL DÍA 6 DE NOVIEMBRE DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



EL SEÑOR:

Siéntate, hija mía; que no te sirva de humillación. Soy Yo el que quiero y el que te escojo para sufrir, hija mía. Tu cuerpo está enfermo. Tu espíritu está sano y fuerte. Nada tienes que temer, nada te preocupe, hija mía. Es la señal clara de los hijos de Dios: la persecución, la calumnia, la difamación; por los mismos defensores de la fe. Sí, hija mía, muchos guías de los pueblos son los que se dedican a perseguiros.

¡Ay, guías de los pueblos, sois defensores de la fe y perseguís a los que la tienen! Tenéis obligación de coger lo bueno, protegerlo y defenderlo; pero, en vez de protegerlo y defenderlo, os juntáis para clavar el aguijón.

Sí, hija mía, la historia se repite, hija mía; si se lo hicieron a Jesús, ¿cómo no van a seguir haciéndolo a la criatura?

Guías orgullosos, que muchos de vosotros estáis llenos de soberbia y no comprendéis ni queréis entender que Dios se manifiesta a los humildes, para confundiros y para enseñaros; pero vosotros no lo aceptáis, hijos míos. ¿No veis que están conmigo? ¿Por qué vais en contra de ellos?

Sí, hija mía, la persecución y la calumnia duele más de los propios que están dentro que de los de fuera. Pero no tengas duda de que eres hija fiel de la Iglesia, hija mía. Ocúpate de traer almas y de contentar nuestros Corazones, hija mía.

¡Ay, muchos de vosotros! ¿Por qué no miráis para abajo y veis el mal que tenéis dentro, los odios... (El que os odia a vosotros me odia a Mí)... y sacáis todo lo que tenéis dentro, hijos míos? Entonces podréis levantar la cabeza para que se os vea el rostro, porque vuestro corazón, en muchos de ellos, está lleno de desamor a Dios, de mundo y de apegos del mundo. Quitad la viga para ver la paja, hijos míos, y venid a Mí, que mi Corazón os espera. Dad un giro a vuestra vida y cambiad, hijos míos. Dad buen ejemplo e imitad a Jesús.

Orad, hijos míos, orad mucho por ellos y seguid con la Obra, hijos míos; que muchos de vosotros todavía no os habéis entregado bien a ella. Extended la mano al necesitado, al desvalido y al pobre, hija mía. Esto os llevará a conseguir la eternidad. Entregaos en cuerpo y alma, que Yo prometo, a todo el que trabaje y ayude para esta Obra, para los pobres y los necesitados, estar en este lugar para toda la eternidad. No perdáis la eternidad, hijos míos, porque estáis apegados al tiempo, y el tiempo se acaba, y la eternidad no se acaba nunca, hijos míos.

Orad por el mundo, hijos míos. Orad por las pasiones de los hombres, para que los hombres amen a Dios. Los hombres han dejado de amar a Dios, y por eso la Naturaleza se está rebelando con los hombres, contra los hombres, hija mía. Porque el hombre sin Dios está muerto, por eso pido a todos lo que vienen a este lugar: convertíos, hijos míos, acercaos al sacramento de la Confesión, al sacramento de la Eucaristía, y confesad vuestras culpas y poneos a bien con Dios. Dios mendiga el amor de los hombres.

Criaturas todas del Señor, amad al Señor. ¿No veis el mundo que está en manos de Satanás? Los hombres han dejado de amar a Dios. Los conventos, la mayoría están vacíos. Muchos de mis pastores no son pastores de mi rebaño, son funcionarios y abandonan el rebaño. El mundo se arreglaría, hija mía, si los pastores se ocuparan del rebaño y en los conventos no salieran; porque las vocaciones han fallado desde que los conventos se han abierto a esa libertad, que luego la han convertido en libertinaje.

Las pocas almas consagradas que quedáis, hijos míos, en los conventos con las reglas antiguas, no las modernicéis, hijos míos. Seguid y orad por los pecadores, que el mundo necesita oración y sacrificio, y los hombres se han olvidado de la oración y del sacrificio.

Orad, para no caer en tentaciones. Amaos unos a otros. El hombre está sin corazón. El hombre se ha olvidado de amar, sólo piensa en gozar. No se aman los hombres, unos a otros.

Hija mía, qué tristeza siente mi Corazón cuando veo que los hombres, cada día, se olvidan más de Nosotros. Ámanos mucho, hija mía. Ámanos y sigue trayendo almas, que nuestro Corazón tiene sed de almas.

Y vosotros, guías de los pueblos, he dicho que tenéis obligación a preocuparos de las almas y de lo bueno, y defenderlo y protegerlo. No de poner trabas y obstáculos en sus caminos. Muchos de vosotros no aceptáis la "manifestación", porque no estáis limpios por dentro y no sois humildes. Dejad a Dios, que Él haga a su antojo lo que quiera, y caminad por el camino de la verdad y sed pastores de almas. Mi Corazón os ama, hijos míos, y ¡qué habéis hecho de ese amor! Vivís en el mundo y para el mundo, no para Dios. Y a aquéllos que quieren vivir el Evangelio y caminar por el camino de la verdad, entorpecéis el camino.

Venid a Mí, hijos míos, que por muy graves que sean vuestras culpas, Yo las limpiaré y nos daremos un abrazo de amigos.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, hijos míos. Todo el que acuda a este lugar será bendecido y marcados con una cruz en la frente, de protección, hijos míos. Amaos unos a otros. El mundo está necesitado de amor, un amor sin egoísmos, un amor sincero y limpio.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.



MENSAJE DEL DÍA 4 DE DICIEMBRE DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



EL SEÑOR:

Hija mía, oración pido; oración, sacrificio, penitencia. El mundo está en esta situación, porque los hombres se han olvidado de la oración, del sacrificio y de la penitencia. Sí, hija mía, la Iglesia está pasando por unos momentos... Mira el Santo Padre, hija mía.

AMPARO:

Está el Santo Padre en una habitación muy grande; está apoyado sobre una mesa, muy triste, fatigado, enfermo, desconsolado; hay muchos sacerdotes, obispos y cardenales a su alrededor.

EL SEÑOR:

Hija mía, mira todos los obispos... el Santo Padre cree que son amigos fieles de él; la mayoría, hija mía, son falsos amigos, muchos de ellos no cumplen las órdenes que él da y se rebelan contra sus palabras; otros, mira, hija mía, cómo son sumisos, obedientes a la Iglesia y al Santo Padre, los de esta parte; pero estos otros, hija mía, son infieles, no son leales.

¡Ah, hijos míos, empezasteis con el espíritu y habéis terminado con la carne!

AMPARO:

Empujan como para demoler la Iglesia los de esta parte, pero estos otros la sostienen con su fidelidad y con su amor.

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados y ofensas como se cometen contra mi Iglesia.

¡Sacerdotes de mi Iglesia, dejad el mal y haced el bien! Predicad el Evangelio y dad frutos buenos de la palabra de Dios. Oración, sacrificio, penitencia, que lo habéis olvidado, hijos míos.

Ora por ellos, hija mía, haz sacrificio y penitencia.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos, con bendiciones especiales para el día de las tinieblas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.




APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL