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APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL








ENERO 1984

MAYO 1984

JUNIO 1984

JULIO 1984

SEPTIEMBRE 1984


MENSAJE DEL DÍA 7 DE JULIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



HABLA LA STMA. VIRGEN:

"Que nadie, hija mía, te quite la paz; nadie. Piensa que tu camino es corto; pero este poco camino que te queda tienes que ayudar a salvar muchas almas. Te aborrecen los del mundo, hija mía, porque no eres del mundo. A mi Hijo le aborrecían por ir publicando la doctrina de Cristo. Por eso te aborrecen, hija mía, los del mundo. Lo llevan ellos mismos y se meten en los placeres del mundo para disfrutarlos.

Piensan también que tú no puedes ser escogida por Cristo. Si Cristo te ha escogido entre ellos, no es ni por santa ni por buena, hija mía, fue por gran pecadora, porque muchos de los grandes santos fueron grandes pecadores, hija mía. Por eso te persiguen, hija mía. Porque las cosas de Cristo sientan muy mal a la humanidad. (Llanto)

Tienes que ser humilde, hija mía, y aceptar todo lo que Yo te mande. Dichosos aquellos que son calumniados por el nombre de Cristo, hija mía. Tú, hija mía, tienes que guardar silencio, aunque te calumnien y aunque te llamen bruja, hija mía. Tú que has visto de paso en paso la pasión de Cristo y has visto que en ningún momento sus labios se abrieron para protestar; sólo se abrieron, hija mía, para pedir perdón al Padre Eterno por ellos. Dichoso aquel que sea calumniado por nuestros nombres, hija mía; porque ellos entrarán en el reino del cielo. Piensa que a mi Hijo le calumniaron y no es más el siervo que el Maestro. Con sacrificio y con humildad vencerás al enemigo. El enemigo quiere quitarte la paz, para destruir la obra de Dios. Pide, hija mía, pide (lengua extraña,) porque ahí tienes tu prueba, hija mía, en tu propia (lengua extraña).

Ya sabes que amar a tus enemigos es muy grande, hija mía, pero que nadie se te ponga en tu camino para salvar un alma. Sigue adelante, hija mía, sigue adelante con la cruz. Es muy pesada la cruz de Cristo, hija mía; pero es de la única forma en que se puede conseguir la gloria. El que coge la cruz y sigue a Cristo ese puede alcanzar la gloria. Y bienaventurados los que son calumniados porque ellos tendrán un eslabón más para subir al cielo. ¡Cuántos, cuántos, hija mía, cuántos hay aquí presentes que en su vida han rezado ni un avemaría, hija mía! Pide por ellos; pide que se conviertan. Que piensen que tienen un alma y que el cuerpo no les va a servir ni para estiércol. Y tú, hija mía, con el silencio..., el silencio es muy grande; tiene una gran virtud el poderse callar cuando te calumnian. Porque a mi Hijo le llamaban el endemoniado, el vagabundo, porque iba de pueblo de pueblo publicando el Evangelio. Los humanos son crueles, hija mía, se llaman humanos, pero son muy poco humanos, hija mía.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo (Pausa), por todos los pecadores del mundo, hija mía. Pide por esas almas que rechazan mis gracias. ¡Pobres almas! Piensan que el tiempo está lejos; y el tiempo se aproxima y no cambian, hija mía. No asusto a la humanidad; sólo aviso para que se conviertan. Hijos míos, sacrificio y penitencia. Vas a besar el suelo por las almas consagradas; pero antes, hija mía, vas a beber unas gotas del cáliz del dolor. ('Bebe y se oye la deglución). Está muy amargo, hija mía. Es lo último que queda del cáliz del dolor. Sólo quedan unas gotas, hija mía. Estad preparados, hijos míos, que cuando el cáliz se acabe, se levantará nación contra nación y habrá grandes Castigos que azotarán a la humanidad. Estad alerta, hijos míos; no creáis que vuestra Madre os quiere asustar. Os doy avisos para que os convirtáis, hijos míos. Y tú, hija mía, sé humilde; que el camino está corto para llegar al cielo. Si eres fuerte para poder llegar este trozo de camino...



AMPARO: iAy! ¡Ay qué poco!

¿Ves como siempre se llega al final, hija mía? Sólo te falta este trecho. Si lo pasas, hija mía, conseguirás recibir la gloria, eterna para toda la eternidad; como la condenación es para toda la eternidad.

Confesad vuestras culpas, hijos míos; poneos a bien con Dios; que el tiempo se aproxima y vuestras almas están en pecado.

Tú, hija mía, sigue haciendo sacrificio y penitencia.



AMPARO: iAy! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!



Esto será terrible, hija mía. Serán derrumbados artefactos atómicos. Pide mucho, hija mía, para que se conviertan muchas almas para cuando llegue este momento, es-a la derecha del Padre. Dios es misericordioso y lleno de amor; pero pensad que es Juez y todos los jueces darán su sentencia al reo. Pero este juez es muy severo. Tú, hija mía, coge la cruz y sigue a Cristo; pero cuida este camino que te queda; es poco, hija mía, pero muy lleno de espinas.

No creáis, hijos míos, que todos los que estáis disfrutando de los placeres del mundo vais a conseguir subir al cielo a disfrutar también de la gloria. Hay que imitar a Cristo para llegar al cielo y seguir los Evangelios; sus santos Evangelios.

Y todos aquellos que tengáis dos túnicas, repartid una a vuestro hermano, hijos míos; que Cristo iba de pueblo en pueblo sin túnica de repuesto.



AMPARO: iAy!. ¡Ay! ¡Ayyy, ay, ay, ay...! ¡Ay! ¡Ay!, ¡ay!... Por favor, ¡ay! ¡ay!



Este tormento es el que sentirán los cuerpos ese día tan terrible.



AMPARO: ¡Ay! ¡Ay!, Dios mío, perdónalos; aunque se rían, pero no los... ¡pobrecitos!, Madre, Tú que eres tan buena, perdónalos a todos.



Todos aquellos que cumplan con los diez Mandamientos de la Ley de Dios, se salvarán, hija mía.



AMPARO: ¡Ay!; pero muchos es que no lo saben.

No condeno a los ignorantes, hija mía; sino a los que me conocen y me desprecian.



AMPARO: ¡Perdónalos! Yo, si quieres, el tiempo que me queda, hago lo que sea; pero Tú perdona a todos los que hay aquí hoy. Dales una gracia para que se confiesen.



Muchos rechazan mi gracia; hija mía.



AMPARO: Pero, ¡pobrecitos! Haz algo, haz... Séllalos a todos y, así, les das la gracia. ¡Anda! Séllalos a los que no están sellados; ¡Anda, Madre mía! Hazlo, Tú eres tan buena. Séllalos. ¡Ay! ¡Ay! a el ángel con el sello. Los va a sellar a todos... Muchos sentirán en su frente la marca.



AMPARO: ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay qué alegría! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Sella a éste que está medio. ¡Ayyy! ¡Ay, gra... Madre; gracias! Y al que no quiera salvarse...; pero Tú los has sellado a todos. ¡Ay qué alegría! ¡Ay, ay, ay, ay! Voy a besar el suelo, porque es la alegría que me da... ¡Ayyy, Madre! ¡Ay, ay!, qué feliz soy. ¡Ay! ¡ay!; aunque no quieren recibir tu gracia; pero están sellados.

¡Ay! ¡Ay! Gracias, Madre mía. ¡Gracias! A los de detrás también los he visto. ¡Ay, qué alegría! Madre! Ayúdanos a ser buenos. ¡Ay! Porque Tú no sabes lo duro que es estar aquí. Aunque quieres ser buena, no puede ser. ¡Ay, Madre! ¡Ay! Déjame que te toque el pie; ¡ay! sólo un poquito ¡Ayyy...!, gracias, gracias, Madre mía. Y los que se ríen; pues perdónalos también ¡Ay!



Yo los quiero a todos

Hija mía, el hablar de Cristo...; hay muchos enemigos...



AMPARO: Bueno, pero no importa. Yo los quiero a todos. ¡Ay!, Tú también. ¡Ay...! ¿Vas a bendecir los objetos...? ¡Ay!



LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos.



AMPARO: ¡Ah...!



LA VIRGEN:

Todos han sido bendecidos.



AMPARO: ¡Ay...!



LA VIRGEN:

Hija mía: sé humilde y silencio te pido, hija mía. El silencio es muy importante.



AMPARO: ¡Ayyy...! pues ya me voy a callar, para todo ¡Ah...! ¡Ay! danos la bendición.



LA VIRGEN:

Os bendigo, hijos míos como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós..."





MENSAJE DEL DÍA 8 DE JULIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESECORIAL (MADRID)



Amparo comienza normalmente el rezo del santo Rosario. Reza profundamente emocionada ante la presencia de la Stma. Virgen que ella contempla. Enunciado el cuarto misterio, entra en profundo éxtasis y tiene lugar el siguiente diálogo.



AMPARO:

Por cada misterio se besará el suelo. ¡Ay, qué alegría! Hoy voy a pedirte por toda la gente. ¿No se dice "gente"? ¿Cómo se dice?



LA VIRGEN: "Por todos los humanos.



AMPARO:

Pues, por todos los humanos. Voy a pedirte, -que ya falta poquito, ¿eh?- para que los perdones. ¿Pero los vas a perdonar a todos? ¡Ay!, yo te lo digo, pero no se entera ninguno. Si Tú lo dices...; pero yo no lo diré a nadie. Bueno, si los perdonas... Pero que ellos se conviertan. Porque no los vas a perdonar y van a seguir pecando. Si los perdonas es para seguir a Cristo, ¿eh? ¡Ay! Si eres tan grande, Madre mía. Ponles el sello a los que no se lo has puesto, porque si corre prisa, que estén sellados, aunque no crean. Luego... Tú les das una luz para que crean, ¿eh? ¡Ay! ¡Ay! Te pido por ellos. ¡Ay! ¡Ay!, ¿ese es el sello? ¿Con él vas a sellar?

¡Ay, qué grande eres! ¡Ay, qué grande, Madre mía! Y que se rían de Ti... con todas las gracias que estás dando. Yo quisiera que todos se convirtieran... Y que no se rieran de Ti. ¡Ay!, muchos, muchos no quieren, ¿eh? ¡Ay! A mi me da mucha pena de sus almas ¡Ay! ¡Ay!



LA VIRGEN:

Porque muchos de los humanos son crueles y desprecian la gracia divina de Cristo.



AMPARO:

Pero, ayúdales Tú...; que Tú puedes. Yo te lo he pedido tantas veces... Y te pido por toda mi casa, también. Por todos mis hijos; por todos... ¡Ay! Madre. ¡Ay!; por el "pequeño" también, ¿sabes? Porque; ¡qué alegría!, tener un cristiano más entre toda la humanidad. Porque te prometo... que se lo dejaré dicho a mis hijos, que lo crien en el santo temor de Dios. Si yo no vivo... Pero lo diré; que se lo cuenten y que crean en Ti y en tu Hijo. Y, si Tú me llevas antes, yo... ¿me dejarás que pida por ellos, verdad? Por todos. Porque hay uno que no quiere. El pequeño, es el que no quiere saber... Yo te ofrezco mi vida por, él ¡Concédemelo, Madre mía! Y que se convierta.

Si es bueno, ¿sabes?; pero no quiere saber nada de Tí. Sí, es muy bueno. Te lo pido, Madre mía, por mis hijos; por todos, ¿eh? Y, si me llevas antes, permíteme que ruegue por ellos donde esté.

Pero me tienes que llevar a un sitio bueno, ¿eh? Porque, como dices que todavía no sé si estoy salvada... llévame donde pueda pedir por ellos. ¡Por todos! ¡Por todos los de mi casa! Pero te pido más por ese, ¿eh? Tú ya sabes los años que tiene, ¿no? Y sabes también el que es: Jesús, ¿eh? Como Tú Hijo; ¿sabes? Se llama como tu Hijo; pero no se parece en nada. Yo te doy la vida para que Tú lo conviertas. Yo no quiero que se condene. Tú, que eres Madre, lo sabes, Madre mía, Tú lo sabes; que eres Madre de Cristo y sufriste mucho también por El; no porque fuese malo; pero ¡Cuánto sufriste por tu Hijo!

Pues yo soy madre. Te lo pido. Haz lo que quieras conmigo; pero a él, conviértele. Llévame cuanto antes, si quieres mi vida a cambio de la de él. Pero Tú pide al Señor la conversión de él, ¡Madre mía! Te lo pido. Yo sé que soy muy pecadora; pero quiero darte mi vida por la de mi hijo. Concédeme lo que te pido. ¡Madre! yo no quiero que se condene.

Yo, cuando quieras, estoy dispuesta, ¿eh?, a que me lleves. Y, si desde arriba o donde me lleves, puedo pedir por él..., lo dejo en tus manos, Madre mía. Y Tú, que eres Madre, concédemelo también a mí.

Te tenía que pedir tántas cosas, ¡Madre mía! Pero ya sabes, te las diré a Tí, a solas, cuando no estén ésos ahí, ¿eh? ("Esos" son ángeles).



LA VIRGEN: Estos son espíritus celestes.



AMPARO:

¡Ah!, entonces puedes Tú... Hazlo delante de ellos. No te pido me lo prometas, porque soy muy soberbia. Si te pido que me prometas que me llevas a cambio de la conversión de mi hijo. Prométemelo. Delante de los ángeles, también te lo pido. Ellos no sé si podrán hacer algo; pero se lo pido a ellos también para que pidan a tu Hijo.

Aquí... se está muy bien aquí ¿sabes? No creas que es porque se está bien; por lo que quiero cambiarte la vida por la conversión de mí hijo; no es por eso; es porque quiero que sea bueno. Todos son buenos, ¿sabes? Pero ese pobrecito... El enemigo es tan malo... Se está aprovechando de él para hacerme a mí sufrir. Y Tú no sabes cómo sufro. Tú sufriste por tu Hijo; pero yo estoy sufriendo mucho. Si me lo dejas para sufrir, que se haga tu voluntad. Pero yo... que no quiero que se condene. ¡Ay, Madre mía! Perdóname por ser tan egoísta como soy. ¡Qué soberbia soy! Pero Tú dices que, cuando una madre es buena...; cuando ve a su hijo en el precipicio, que le avisa para que no caiga; pues yo te pido por él; Madre, que no caiga por el precipicio. Te lo digo otra vez: te cambio mi vida por su conversión. Cuando quieras, te espero ¡Madre mía!, para que hagas el cambio.



LA VIRGEN:

Pide eso a Santa Mónica. ¡Lo que sufrió por su hijo! Y es el gran santo que hay en el cielo. ¡Un gran santo, hija mía!



AMPARO: Pero yo no soy Santa Mónica.



LA VIRGEN: Sus ojos se hundieron de tanto llorar por su hijo.



AMPARO:

Yo también lloro mucho por él; pero ¡nada!; aunque lloro, no me hace caso. ¡Quítale esas amistades, Madre mía! Yo te pido por los otros, también; pero yo no quiero que se junte con ellos. Y te pido por ellos ¡pobrecitos! ¡Madre mía, qué grande eres! ¡Ay! ¿Cuándo podré yo conseguir estar aquí?



LA VIRGEN:

Te he dicho que tu camino es muy corto; pero tu trayecto está lleno de abrojos y de espinas.



AMPARO:

Bueno, pero si me ayudas... Es por él. Llévame de prisa, ¿eh? ¿sabes? Aquí. ¡Ay, Madre, ayyy! ¡Cuánto te quiero, Madre mía! Y a tu Hijo también. ¡Ay!, os he conocido muy tarde. Os quiero tanto...



LA VIRGEN:

Nosotros también te queremos, hija mía. Refúgiate sobre nuestros corazones cuando esa tristeza te invada; pues que nosotros no te vamos a fallar, hija mía. Todos los seres humanos fallan; pero nosotros nunca fallaremos.



AMPARO:

¡Ay!, pues yo no quiero fallarte a Ti tampoco. Ayúdame. Y, además, también te digo que ¿por qué vienes tantas veces y bajas abajo? ¿Por qué?



LA VIRGEN:

Porque quiero salvar a las almas, hija mía; pero las almas no quieren salvarse.



AMPARO:

Bueno, pues entre Tú y yo y tu Hijo las vamos a salvar, ¿verdad que sí? Muchas vamos a salvar. Dame más, más sacrificio, y te prometo que te ayudaré a salvarlas; aunque muchas se creen que no existís; pero Tú tienes que ayudarles.

¡Ay!, Madre mía. ¡Ay!, mi corazón... ¡Ah! lo que siente. ¡Ay! Dame que bese tu pie; sólo el dedo... ¡Ay! ¡Ay! Madre mía, ¡Ayyy! ¡Ay! Has sellado a todos, ¿verdad? ¡Ay!, gracias; ¡ay!, gracias, Madre mía. No sabes cuánto te quiero. A mi me mandas para abajo. ¡Ay!, allí no hay más que sufrimiento. ¡Ay! Tú no sabes lo que hay allá abajo.



LA VIRGEN: La santificación, hija mía. Se santifican con los humanos.



AMPARO :

Bueno, lo que Tú quieras. ¡Ay! ¡Ay!, mi Madre. ¡Ay! Bueno, hoy Tú vas a bendecirnos.



LA VIRGEN:

Os bendigo, hijos míos como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós..."





MENSAJE DEL DÍA 14 DE JULIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:



"Mi mensaje, hija mía, será muy corto. Te dije que se estaban acabando, porque todo lo tengo dicho: Sacrificio y penitencia, hijos míos, acompañado de la humildad y de la caridad.

Amad a vuestro prójimo. Si no amáis a vuestros semejantes, no digáis que amáis a Dios. Los Mandamientos que instituyó Dios se encerraban en uno solo, hija mía: "Amarás a Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo".

Todo aquel que cumpla con estos Mandamientos, recibirá la gloria eterna, hijos míos.

Mis mensajes se acaban; pero mis visiones..., no se acabarán, hijos míos, hasta que no cumplan lo que Yo pido: Pido, hijos míos, -os lo he repetido muchas veces-, que en este lugar se haga una Capilla en honor a mi nombre; que vengan a meditar de todas las partes del mundo la pasión de Cristo que está olvidada, hijos míos.

También pido que se haga un Sagrario y esté de día y de noche para que podáis acompañar a Cristo, hijos míos.

¡Cuántas veces he pedido que hagan esta Capilla, hijos míos!

En este lugar hace años me manifesté; pero no escucharon mis mensajes, hija mía.. Sabes...; que este lugar sagrado hace años; pero... (habla en lengua extraña).



AMPARO:

¿Por qué no la dejaron aquí? ¿A dónde la llevaron? (La Virgen responde en lengua extraña).

¡Ah!, pero yo no lo puedo decir... ¿Le pertenece a este lugar? ¿Bajo otra advocación?



LA VIRGEN:

Fue bajo esta misma advocación, hija mía. Ellos añadieron la otra advocación. Es lo mismo la VIRGEN DE GRACIA que la VIRGEN DE LOS DOLORES, hija mía. ¡LA MISMA! Cualquiera... advocación. No hay nada más que una: LA VIRGEN MARÍA MADRE DE DIOS. Haced sacrificio, hijos míos, y haced penitencia.

Aquí presentes, hijos míos, hay muchos que todavía no habéis querido recibir la gracia divina, de Dios.



AMPARO:

¡Los he visto! (Se refiere a sus "verdugos" que también hoy están en Prado Nuevo como el 22 de Abril. La Virgen los descubre hoy como los descubrió entonces) ¡los he visto! Y de dónde son, lo sé.



LA VIRGEN:

Tú, hija mía, sigue haciendo penitencia y sacrificio y ofrécelo por tus enemigos (solloza Amparo). Que no tengas ningún enemigo, hija mía; aunque ese enemigo sea tu verdugo; pero no tengas enemigos, hija mía. ¿Ves cómo ellos tienen la poca delicadeza, hija mía, de presentarse en este lugar? Pero, perdónalos, hija mía y pide por ellos. ¡Pobrecitos, hijos míos! Están tan necesitados de gracia y de penitencia... ¡Qué astutos son, hija mía!

Cuando caminan con tanta maldad, hijos míos... Es como el reo, cuando lo buscan para ir a la muerte; se esconderá entre los matorrales para que no lo encuentren, hija mía. Pues eso está sucediendo en este momento. Perdónalos, hija mía. Perdona a tus enemigos como Cristo perdonó a los suyos en la cruz. Sus palabras fueron: "Padre mío, perdónalos, que no saben, lo que se hacen". Sí lo sabían, hija mía; pero Cristo pedía perdón por ellos. Humildad te pido, hija mía. Humildad y sacrificio.

Pero no quieras matar tu cuerpo. Quiero cuerpos sanos; no quiero cuerpos enfermos para mi obra, hija mía.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo. Esto te pido que hagas diariamente por tus enemigos, hija mía.

También te pido... (habla en lengua extraña).

Mis mensajes se están acabando, hija mía. Te puedo decir que son los últimos, hija mía; pero penitencia y sacrificio; y mi presencia en este lugar seguirá hasta el fin... (ininteligible).

Por eso os vuelvo a repetir, hijos míos: ¡Id donde sea! Id al Obispo y pedidlo, pero ¡pedidlo, hijos míos! ¡No aguardéis más tiempo! Decidle que pide vuestra Madre una CAPILLA para orar; que no os pide que seáis ladrones ni criminales, sino que seáis sacrificados por Cristo, hijos míos; y que os sacrifiquéis por El, como El se sacrificó por vosotros. ¡Qué pena de almas, hija mía, esas almas que no quieren recibir la luz divina de Dios! El castigo que se les aproxima, hija mía... Yo no quiero asustaros, hijos míos. Sólo vengo a avisaros. (Amparo llora). Ya sabéis que medí el terreno. Quiero, hija mía, que el Sagrario se ponga a la puesta del sol.



AMPARO: No sé que es eso; pero "a la puesta...", no sé qué es.



LA VIRGEN:

Mi mensaje está escrito, hija mía; y lo escrito, escrito está, como dijo Pilatos. QUIERO LA CAPILLA, hijos míos; LA CAPILLA PARA MEDITAR. UNÍOS TODOS. Id a pedir lo que pide vuestra Madre.



AMPARO:

Yo..., yo... no puedo... Yo no he podido... sola; y ¿cómo se puede hacer?



LA VIRGEN: Yendo directamente. Ya te lo he dicho un montón de veces.



AMPARO: ¿Un montón...? Sí..., cuatro veces.



LA VIRGEN:

Muchas veces, hija mía. Ya hace años que te lo dije que fueses a hablar con el Obispo.



AMPARO:

Y, ¿cómo voy, si no quiere que vaya yo allí? A ver, ¿cómo voy a ir?



LA VIRGEN:

Hay muchas personas que pueden por mediación hacerlo, hija mía; pero que no se acobarden, que sean fuertes; y que hagan lo que pide vuestra Madre, hijos míos, y que el Santo Sacramento esté, de día y de noche, expuesto para todo el que quiera venir a orar a este lugar; pero que Cristo no esté nunca solo, hija mía. Porque, ¡pobre, mi Hijo! Oís la Misa, hijos míos, y os marcháis, y El se queda triste y solo, entre esa piedra fría, esperándoos para que vayáis a visitarle.



AMPARO.: ¡Ayúdanos Tú! ¿Qué le podemos hacer? A ver, ¿qué dicen?



LA VIRGEN:

¡Ay!, ya te he dicho que hay personas que pueden hacerlo. Por mediación de esas personas, hija mía, pide una Capilla. No pido una sala de diversiones, ni una discoteca; pido una CAPILLA, si pidiese una discoteca, ya estaría hecha, hija mía; pero, como pido una Capilla, ¡cuánto cuesta, hija mía!

Hija mía, seguirás viendo mi presencia; pero mis mensajes, ya los he dicho. Desde el primero hasta el final se cumplirán, hija mía.

Ahora os aconsejo, hijos míos: acercáos al sacramento de la Eucaristía. Confesad vuestras culpas y poneos a bien con Dios. Amad a vuestro prójimo; que si no amáis al prójimo, no amáis a Dios. Que vengan de todos los lugares del mundo a rezar el santo Rosario. ¡Cuántos serán bendecidos y, muchos sellados, hija mía!



AMPARO:

Pero, no te vayas y no me dejes así sola. Quiero que vengas, que vengas más veces.



LA VIRGEN: Tus ojos no dejarán de ver mi presencia.



AMPARO:

¡Ay! Eso es lo que yo quiero: que vengas, así me des fuerza para seguir porque ya sabes dónde estoy.



LA VIRGEN: Sí, hija mía; la humanidad es cruel.



AMPARO : Se ríen de mí y me llaman bruja y dicen que es el demonio.



LA VIRGEN:

Ya te he dicho que "el demonio destruye; no construye", hija mía. ¿Sabes dónde está el demonio, hija mía? En las discotecas..., en las salas de fiesta.., porque; ¡cuánto dinero derrochan en esas salas, habiendo tanta necesidad y tantas almas que lo necesitan, hija mía! tendrán que dar cuenta a Dios de todo ese derroche, hija mía. Pero ¡bienaventurado todo aquél que ha adquirido riquezas y las distribuye con los pobres!, porque de ellos es el reino de los cielos también. No sólo de los pobres, sino de los ricos que adquieren riquezas y las reparten con los pobres.

Besa el suelo otra vez, hija mía, por las almas consagradas. Lo último que os pido, hijos míos: sacrificio y penitencia. Sin sacrificio no os salvaréis. Seguid a Cristo. Cuando andaba en la tierra, sólo llevaba unas sandalias y una túnica; pero no llevaba otra de repuesto, hijos míos. Imitadle a Cristo. Imitad la humildad, la humildad de vuestra Madre, hijos míos. La humildad..., la caridad... Porque yo quedé en la tierra sola muchos años para enseñaros y para dar testimonio de la Iglesia, hijos míos. Por eso soy MADRE DE LA IGLESIA. ¡Sacrificio acompañado de oración, hijos míos!

Voy a bendecir los objetos, hijos míos. Otra gracia más para que no digáis que vuestra Madre no derrama gracias sobre vosotros. Levantad todos los objetos.

Todos han sido bendecidos, hijos míos.

Os voy a bendecir, hijos míos. Esta bendición os la daré alguna vez, hijos míos. Aunque no haya mensaje, pero vuestra Madre os seguirá bendiciendo. Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo".





MENSAJE DEL DÍA 15 DE JULIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hijos míos, os bendigo como el Padre os bendice, por medio del Hijo (repite) el Padre, el Hijo y del Espíritu Santo.

Pide, hija mía, por los que no rezan nunca, ni tienen quien rece por ellos.

PENITENCIA Y SACRIFICIO

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo. Este acto de humildad sirve para la conversión de las almas, hija mía.

Adiós, hijos míos, ¡adiós!"





MENSAJE DEL DÍA 16 DE JULIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Hijos míos, SACRIFICIO Y PENITENCIA.



AMPARO: - ¡Ay, ay, ayyy...! Me abrasa. ¡Ay, ay!



LA VIRGEN:

Con vuestro sacrificio y con vuestra penitencia: mirad las almas que salen a gozar las moradas celestiales.

Mi imagen está reflejada en el sol. Mirad qué colores más maravillosos, hijos míos:

azul, rosa, amarillo. ¡Qué maravilla hijos míos! Decid lo que veáis. No seáis fariseos.



AMPARO: - ¡Ay, ay, ay, María!



LA VIRGEN:

Besa el suelo. ¡Qué rosa más maravilloso, hijos míos!

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós".





MENSAJE DEL DÍA 21 DE JULIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



LA VIRGEN:

"Sólo vengo a repetiros, hijos míos: SACRIFICIO, SACRIFICIO Y ORACION.

Os Voy a dar mi santa bendición.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, ¡adiós!"





HECHOS RELATADOS POR AMPARO EL DÍA 22 DE JULIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



En la sexta avemaría del cuarto misterio Amparo entra en éxtasis con manifestaciones de intenso gozo. La santísima Virgen, tras inculcar sacrificio, da su bendición y se despide:

"Sacrificio, hijos míos, sacrificio y penitencia. Os lo estoy repitiendo diariamente. Os voy a dar mi santa bendición: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós".

(Desaparecida la santísima Virgen, Amparo no se recobra, sino que sigue en su arrobamiento contemplando doce ángeles que forman un círculo de luz con la cual son iluminadas las personas asistentes que rezan el santo Rosario, Amparo lo expresa así):

Así todos los ángeles... los ángeles rodean a todos... Los ángeles vueltos así con la luz esa a todo alrededor, los han dejado en medio a todos así puestos. Alrededor no se podía quitar nadie de ahí. No podía salir nadie de ese redondel. Desde aquella parte, así, andan toda la parte; a toda la quedan bajo la luz (aquí se oye una voz agradable de hombre que pronuncia las palabras "la luz"), pues toda los ha cogido como si fuesen en un redondel. Pero ese redondel tenía una cosa como de oro que los recogía a todos para acá, pero no podían salir para allá, para aquella parte (Amparo acciona con las manos), de aquella parte de los árboles, y de la otra parte, que hay una fuente. Tampoco podían ir para allá; sólo se quedaban en el centro, y con eso los envolvían, se llenaba toda la cara de todos.

Muchos de los que no han creído, en este momento están creyendo porque la Virgen con sus ángeles, que los ha mandado desde la parte de arriba, han bajado cuando Ella se ha subido y a todos los ha dejado envueltos en una luz. Todo el redondel, todo, hasta unas piedras que hay por allí. Unos humanos los ha dejado todos envueltos en esa luz; están iluminados.

(Sigue Amparo diciendo): Ahora lo que tienen que hacer es corresponder a esa iluminación. ¡Ay, qué alegría! ¿Eh? ¡Ay! Pero todos tenéis que corresponder porque eso ha sido tan grande, grande, grande... Así que los envolvía a todos por aquella parte, por aquella parte, por aquella de allí lejos. Y luego volvía así, los envolvía a todos hasta aquella otra parte, aquella parte de atrás. Allí también había personas, porque se pueden decir también las personas; los humanos son las personas; y allí, por aquellas piedras también había.

¡Ay, qué contenta! De todo eso ha pasado. Pero no creáis que ha sido un ángel solo; han sido doce ángeles. Los doce corrían, no así, así, ni así; sino iban así, así, así y así; sin dar pies así; sólo iban por encima de todos vosotros. Todos, todos habéis quedado iluminados.

No creáis que esto es brujería, porque alguno, que podría acercarme y decirle el que está pensando que es brujería; pero no es ninguna brujería; ha sido todo iluminado. Todo este lado del Prado que nos hemos quedado en medio de esa luz. ¡Ay, qué grande es eso! ¡Ay, ay, qué grande! Están todos por encima iluminados. ¡Ay, ay! Aquél está pensando que es brujería; podría ir y cogerlo; pero no es brujería ¿eh? Es cosa de Dios, por eso pido a todos que creáis, que os acerquéis al sacramento de la confesión.

Es muy importante; a ti también te lo digo; que tú tampoco crees. Al otro que hay ahí, tampoco cree, ¡pobrecito! (Amparo llora y señala a distintas personas). Tú no crees, ni tú tampoco, aquel hombre y aquel chico tampoco creen; pero, ¡pobrecitos!, pedid mucho por ellos. ¡Ay, ay! Esos dos no creen, pero podría decir muchos más que hay que no creen. Pero yo pediré por vosotros para que la Virgen os toque el corazón. Pediré por ti; por ti también; y por ti. Y también pediré por ese que hay ahí también; tampoco cree, ¡pobrecito!, pediré por ti, te lo prometo.

Pensad que tenéis un alma; ya lo dice la Virgen que no vale el cuerpo ni para estiércol; y cuando nos muramos, no nos va a servir el cuerpo ni para basura. Por eso os pido, que desde hoy cambiéis vuestra vida, os pongáis a bien con Dios. Cumplid con los Diez Mandamientos. Es muy importante, que el castigo está cerca. (Dirigiéndose a una de las personas presentes, le dice): No te rías; es verdad que tienes un alma. Yo pediré por ti para que ese corazón que tienes tan endurecido se te ablande (Emite largos suspiros). Yo, venga a pedir por ellos, venga; y ellos, no quieren hacer caso. La Virgen pide sacrificio, venga sacrificio. Como ellos no quieren convertirse tampoco... (dos palabras ininteligibles) así como vivís vosotros. (Tras unos momentos de profundos sollozos, Amparo empieza a recuperarse y, después de volver en sí, continúa):

Vamos a cantar a la Virgen; vamos a cantarle la Salve (una voz de hombre entona el "Salve, Madre", que todos prosiguen).





MENSAJE DEL DÍA 29 DE JULIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Prado Nuevo, El Escorial. Terminada la exposición de las intenciones del tercer misterio de gloria, Amparo entra en éxtasis y contempla a la Stma. Virgen que le dice:

"Hija mía, hoy te voy a decir una palabra más, de lo corriente que te digo todos los sábados: Yo me manifiesto todas las veces que quiero, cuando quiero, y nadie, ningún ser humano, puede decir cuándo, ni dónde, ni cómo, puedo manifestarme. (Amparo habla llorando y sólo se le entiende):

- ...todos los días ¡ay!

- Como decía esa gran Santa, hija mía, esa gran Santa que fue Santa Teresa: Nada te turbe, ni nada te espante, hija mía. (Largamente suspira Amparo con gozo).

Voy a dar mi santa bendición, a todos los aquí presentes: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

- No tengas miedo, hija mía, a nadie, nadie puede matar tu alma. Te he dicho que podrán matar tu cuerpo; pero tu alma nadie, y este mensaje es privado para ti, sólo para ti, hija mía.

Ayúdame Tú, ayúdame, yo no puedo sola, ayúdame Tú.

Ya te he dicho; hija mía, que en otros lugares, han hecho desaparecer mi nombre; pero en este lugar, no harán desaparecer mi nombre. Si no me manifiesto dentro, me manifestaré fuera, y no dejaré de manifestarme hasta que cumplan, con lo que Yo he pedido hija mía.

Pero Tú tienes que ayudarme, porque yo estoy sola, y no puedo, yo no puedo más, Tú sabes que yo estoy muy enferma, por la salvación de las almas.

(Amparo ve al Niño Jesús) ¡Ay! ¡Déjame que abrace a ese Niño! ¡Déjame que lo abrace! ¡Ay!, ¡ay!, ¡ay!, ¡ayy! ¡Ay, qué bonito eres...! ¡Qué bonito! ¿Sabes cuánto te quiero...? Aunque seas Niño te quiero mucho. Ayúdame Tú que eres tan pequeño, porque Tú quieres las cosas pequeñas.

¡Ay, ay...!, ¡Ay Madre mía, cuánto te quiero! ¡Te quiero tanto..., que soy capaz de morir por las almas! Yo, yo también, yo también salvo a las almas, porque algunas ¡son más duras...! Tócales los corazones, para que se conviertan.

¡Ay, qué grande eres...!, pero sin tu ayuda, yo no soy nadie; no soy nada, nada. ¡Ay qué hermosura! ¡Ay qué hermosura! Yo quisiera en este momento que me llevaras contigo, pero ¡no puede ser...! ¡Ayúdame! ¿Qué hago yo? Yo quiero ser humilde, no quiero revelarlo, pero Tú ayúdame. ¡Ay, qué grande eres...! ¡Ay!

Y Tú, Niño mío... ¡Ay qué Niño! ¡Ay qué Niño más lindo...! ¡Ay qué hermosura...! (Se dirige a la Virgen) ¡Tu Hijo...! Piensa en tu Hijo, El... que lo puede todo, con la ayuda de Dios. ¿Me prometes que me vas a ayudar? ¡Niño mío Pequeño! ¡Qué lindo eres! ¡Te quiero tanto...! Que ingrata fui al no quererte antes. Ahora... ¡te quiero tanto... con toda mi alma! Y a Ti, Madre mía, que eres la única Madre que he tenido. Sobre la tierra no he tenido madre; pero Tú no me has abandonado nunca. ¡No me abandones ahora!

Yo he querido aceptar esto, pero con vuestra ayuda... ¡Ay qué grande eres!

¿Ya te vas? ¡Madre no te vayas...! ¡Ay, que no...!

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!"





MENSAJE DEL DÍA 4 DE AGOSTO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



En el rezo del santo Rosario, al llegar al quinto misterio, dice Amparo:



En este quinto misterio vamos a pedir a la santísima Virgen por todos los que estamos aquí presentes, para que nos ayude a ser fieles hasta la muerte. También le vamos a pedir que sepamos aceptar las cruces que el Señor nos mande. Pronuncia unas palabras que no se entienden y prorrumpe en manifestaciones de gozosa ternura, ante la presencia de la santísima Virgen que abre diálogo diciendo:



"Lo primero besa el suelo, hija mía (lo besa lentamente) por la salvación de las almas. Vamos a glorificar a Dios:

Padre nuestro... (reza lentamente, con dulzura, el Padrenuestro. Amparo no puede contener el delicioso gozo que la embarga. No reza el Avemaría; y el Gloria lo reza sin el "Como era...", y prosigue la celestial Señora):

Es para ti privado, hija mía; los mensajes han acabado. (Amparo llora y, en lenguaje extraño parece como que ella pregunta y la Virgen responde. Sigue hablando la santísima Virgen). Tus sufrimientos, hija mía, tienen mucho valor. Mira las almas (acentúa la Virgen su dulzura. Amparo exclama con emocionado sentimiento):

No puedo, no. No puedo más. Ya sabes que no puedo más; haré lo que Tú me pidas; aunque yo no puedo. Y algunas almas son tan crueles...

Ya te he dicho en otras ocasiones, hija mía, que los humanos son crueles. Pero hay que salvarlos; pero hay que salvarlos a costa de sufrimientos y de penitencias, hija mía. No eres tú sola; hay muchas almas víctimas (aquí parece que dice Amparo: ¡Ay, no puedo! A lo que la Virgen responde):

Nunca digas: "No puedo más", porque Cristo no te dará más de lo que puedes.

Es duro seguir a Cristo.

Tienes que cargar con la cruz que tú aceptaste, hija mía, y seguir adelante.

¡Hay pruebas tan duras...! Yo sufro por las almas; pero las almas, que son -como Tú has dicho- tan crueles, no quieren salvarse...

Con el sacrificio, con la penitencia y la oración salvarás muchas almas, hija mía. Y no estés triste; ya te hemos dicho mi Hijo y Yo que te refugies en nuestros Corazones, y te consolaremos. Pero nunca reniegues de lo que has aceptado, hija mía.



Si yo no reniego. ¡A veces es tan duro...!



No creas que ganar el cielo es fácil. Es a base del sufrimiento, ¡del sacrificio!



Pero, ¿cuánto tiempo?



Ganar el cielo cuesta mucho tiempo, hija mía.



Pues ayúdame. No me dejes tanto tiempo sola. Tú dices que me refugie en tu Corazón; pero ¡hay veces que no te encuentro!



Esa ha sido la fe viva de los grandes santos. ¡Cuántas veces han buscado a Cristo y no lo han encontrado, hija mía. Es una prueba. Cuando Jesús te deja sola, quiere probarte, hija mía; a ver cómo aceptas la prueba que Dios te manda.

Te dije que en cada misterio había que besar el suelo, hija mía. Es un acto de humildad; y no te avergüences de humillarte y besar el suelo. Cristo lo besaba, y era el Hijo de Dios y no se avergonzaba porque lo hacía por la salvación de las almas. Esto es para ti, hija mía: quiero que seas fuerte, ¡fuerte!; y que nadie, ¡nadie! te confunda.



Soy... estoy muy mala y ¡no puedo!



Tiene más mérito todavía estar mala y ofrecerte por la salvación de las almas.

Pero ¡es que no puedo! Ayúdame Tú, porque, si Tú no me ayudas, yo no sé hasta dónde voy a llegar.



Si del enemigo, hija mía, te he protegido, ¿cómo voy a faltar ahora? Esa protección no te puede faltar.



¡Ay! ¡Ayúdame! Intenta aunque sea sólo un poquito. (Entre tiernos suspiros) ¡Qué pies más bonitos tienes! ¡Qué hermosa eres! ¡Cada día eres más guapa! ¡Ay, mi Madre, qué hermosa eres! Y esta hermosura no es como las de la tierra. ¡Es la luz que tienes...! ¡Aaayyy! Yo quiero ir pronto ahí contigo. Y voy a pedir por todos estos que no creen, ¡pobrecitos! ¡Qué no sepan que tienen un alma...! Déjame que te bese sólo la punta del dedo. (Suspiros de felicidad). ¡Ay, qué grande...!



Soy grande porque soy Madre de toda la humanidad.



(Amparo expresa deliciosa fruición).

¡Ay, bendícenos los objetos! Pero te pido una bendición especial para un niño. Tú sabes quién es. (Amparo llora).



¡Una bendición especial! Esta bendición especial es de la cruz de tu Hijo y la tuya.

Lo bendigo como el Padre lo bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Esta bendición es para todos: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, ¡adiós!"



(Se nota profundo impacto emotivo en el público. Prosigue el santo Rosario).





MENSAJE DEL DÍA 5 DE AGOSTO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Este día hizo su aparición la Stma. Virgen y bendijo a todos los presentes diciendo:



Hija mía, vengo a daros mi santa bendición como os prometí.

Os bendigo como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 11 DE AGOSTO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Debida a la debilidad de Amparo, este Rosario lo reza D. José Arranz. En el tercer misterio entra en éxtasis Amparo al llegar a la cuarta avemaría, y transmite el siguiente mensaje:



"Hija mía, vengo a recordarte, como te dije, la oración y la penitencia: sacrificio, hija mía. Sin sacrificio no se alcanzará el cielo. También voy a dar la gracia especial de bendecir todos los objetos, levantad todos los objetos; todos serán bendecidos.

Ahora a todos los aquí presentes voy a dar mi santa bendición. Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hija mía, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 12 DE AGOSTO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Sigue débil Amparo y reza D. José. En el tercer misterio, antes de empezar la cuarta avemaría, habla la santísima Virgen:



"No te confundas, dije que no daría avisos para la humanidad pero no dejaría de darte avisos a ti, y de bendecir a todos aquellos que vengan a este lugar. Serán bendecidos y muchos objetos de aquéllos que traen serán también bendecidos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo. Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos.

No te confundas, hija mía, está atenta a mis palabras. Oración pido; oración y sacrificio. Sin oración y sin sacrificio no podréis alcanzar vuestra morada. Vas a besar el suelo, hija mía, en acto de humildad (Amparo y los presentes besan el suelo). Este acto de humildad sirve para la salvación de las almas.

No tengáis miedo, hijos míos, de los avisos celestes, tened miedo al enemigo porque el enemigo destruye, -ya te lo he dicho, hija mía- destruye, pero no construye.

Ese arco, que viste el otro día, hija mía, que estaba rodeado de todos los aquí presentes, veías que uno era cogido y otro era dejado y era metido en ese arco que tú veías. Por eso digo que les digas, hija mía, digo yo que les digas que estén preparados. No tengáis miedo, hijos míos, si estáis preparados, ¿a quién podéis tener miedo?

Pero mira la pobre alma que no cumple con los Mandamientos de la Ley de Dios, mira, hija mía: este es otro castigo. (Amparo intensifica la amargura del sollozo). Es terrible hija mía; pero todo el que llega a este lugar, es porque quiere; pero mira este otro lugar (suspiros de gozo y satisfacción).

¡Qué maravilla! ¡Qué maravilla! Haz que todos lleguen a este lugar. ¡Ay, ampara..., ampárales; son tus hijos! Haz que todos lo consigan. Esto que es tan grande. No los condenes; sálvales a todos, aunque no crean, Tú eres Madre. (ininteligible). No les condenes. Qué grande es esto. ¡Ay! ¡Madre mía!, qué hermosa eres. Bendícenos de la otra forma ¿Jesús?

Os bendigo como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

¡Ay, qué grande! Que miren la silueta tuya que esta en el sol. ¡Qué grande! ¡Qué grande! ¡Ay! ¡Qué maravilla, es la cara de Jesús!

Adiós, hijos míos; mirad, estad atentos.

¡Qué maravilla!

Adiós, hijos míos, adiós".





MENSAJE DEL DÍA 15 DE AGOSTO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



Antes de terminar la meditación del cuarto misterio glorioso "La Asunción de la Stma. Virgen en cuerpo y alma a los cielos", cae de repente Amparo al suelo y comienza el coloquio.



"Vengo a consolarte hija mía. ¡Cuántas veces te he dicho, que "nada te turbe, y que nada te espante", como decía esa gran Santa, Teresa de Jesús (Amparo gime y llora con pena). La tristeza te invade hija mía. No vale la pena, el sufrimiento, en tu persona, sin el sufrimiento para la salvación de las almas. Los humanos son crueles, hija mía. Hasta tu propia sangre, te desprecia. ¡Ay, sí! como tu dices hija mía; te están matando poco a poco; pero la gloria no se da poco a poco; se da (una palabra que no se entiende), hija mía.

Ahora hija mía, consuela; vas a ver la Asunción, cómo me transportaron los ángeles al cielo. No estaba mi cuerpo muerto, estaba dormido; me transportaron al cielo después de estar en la tierra. También sufrí mucho hija mía. (Pausa, Amparo exterioriza incontenible alegría).

¡Ay, ay, rodeada de ángeles! ¡Rodeada de ángeles! ¡Cómo te llevan...! ¡Ay, qué grande eres...! ¡Estás muerta! ¡Ay!



Mi cuerpo no estaba muerto hija mía. Te he dicho que todo, todo mi cuerpo estaba adormecido. Los ángeles, me transportaron de esta manera al cielo. Y tú, hija mía, si con tu sufrimiento..., pero el sufrimiento que más duele es el de los seres queridos, hija mía. Ofrécete como víctima, por Cristo Jesús, y con tu sufrimiento alcanzarás este cielo, hija mía, y estarás rodeada de ángeles. (Pausa). Todo tu cuerpo, se estremecerá, hija mía, cuando entres aquí.

¡Ah, ah, ah! Ayúdame, ayúdame! No puedo. Tú sabes que no puedo más. ¡No puedo, Madre! Contigo, yo quiero ir contigo. No quiero estar aquí ¡Ven; mi corazón no puede más, no puedo ya más...! Yo quiero que me llevéis ahí con vosotros. Si todavía me falta mucho... ¡ay, no quiero que me falte mucho!



No te falta mucho, hija mía, estás casi pulida.



¡Ah, ah, ay...!

Besa el suelo, en acto de humildad, hija mía (Amparo besa el suelo). ¿Ves cuán dichosa es la gloria hija mía?



Yo quiero quedarme aquí. Yo no quiero irme de aquí, yo no quiero volver otra vez a lo mismo. Déjame un poquito, y te lo piensas, y si me puedo quedar... ¡Ay, Madre mía. Si me tengo que enfrentar otra vez...! Yo no puedo, ¡déjame aquí!



Si aquí no se puede hacer ningún trabajo para salvar a las almas...

Aquí no hay trabajo, hija mía, aquí sólo se alaba a Dios.



¡Ay, pues mejor todavía! No me mandes otra vez ahí abajo. Tú no sabes lo que es estar aquí abajo, ahí abajo. Tú no sabes, Tú... Que me falta poco...!, pero ¿cuánto tiempo es ese poco? ¿Es mucho?



Te he dicho que poco, hija mía.

¡Ay, ah, ay... ah...!

Todavía te queda un poco que luchar con los humanos, hija mía. Aunque los humanos sean crueles, tú tienes que estar con ellos, hasta que nuestros Corazones, te abran la puerta para la morada que te corresponde, hija mía.



Ay, que sea pronto...! Ayy...!

Vas a beber una sola gota del cáliz del dolor. Mira qué poco queda, hija mía. Estoy avisando, cuando el cáliz se acabe, será terrible, hijos míos. Muchos no lo creéis, pero cuando llegue el momento, ¡pobres almas...! (Amparo bebe, se le nota la deglución, tose). Cada gota que quede, hija mía, del fondo del cáliz, está más amarga, porque el tiempo está más cerca, y el castigo será terrible. Estad preparados, díselo a todos, hija mía, que preparen sus almas, para llegar a la vida eterna hijos míos.

Vuelve a besar el suelo hija mía, por las almas consagradas. (Amparo besa el suelo y la Stma. Virgen repite con lentitud): por las almas consagradas tienes que pedir mucho hija mía, y hacer mucho sacrificio. Están arrastrando muchas almas al abismo. ¡Pobres almas... el castigo que se les avecina...!



(Con llorosa aflicción Amparo suplica):

Pues perdónalos.



Vas a ver el infierno, de toda clase de almas; también hay almas consagradas.

¡Ah, ay, ah, ah, ayyy, ay...!

Por los pecados de estas almas consagradas, siguen todavía en otras almas consagradas; el pecado sigue hija mía, pero mira, el castigo es terrible. (Amparo gime mucho al ver el castigo).

Voy a bendecir todos los objetos hijos míos. Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos. (Pausa). Todos han sido bendecidos.

Os doy mi santa bendición hijos míos: os bendigo como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, ¡adiós!"





MENSAJE DEL DÍA 19 DE AGOSTO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)



"Hija mía, prometí daros la bendición y os daré mi bendición, pero antes quiero que adoréis al Padre Eterno rezando el Padrenuestro.

(La santísima Virgen reza el Padrenuestro muy lentamente):

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy, perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos nuestros deudores, no nos dejes caer en la tentación, más libranos del mal. Amen. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Esta es la manera de alabar a Dios, rezando el Padrenuestro alabaréis a Dios Padre.

Comunícaselo a todos, hija mía, quitando el Dios te Salve María y Santa María, sólo el Padrenuestro, que sea en alabanza al Padre Eterno.

Ahora os voy a dar mi santa bendición.

Os bendigo, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!".





APARICIONES DE PRADO NUEVO DEL ESCORIAL